:: Estudios Bíblicos

El Cristo resucitado

en el Apocalipsis

por Pablo A. Jiménez

El libro de Apocalipsis describe la vida de fe como una batalla entre las fuerzas de la vida y las fuerzas de la muerte. Las líneas de batalla están delimitadas claramente. Por un lado, los ejércitos celestiales son las fuerzas del bien. Dios, los ángeles, y los demás miembros de la corte celestial luchan a favor de los creyentes para llevarlos al disfrute de una vida plena. Por otro, Satanás, la Bestia, la Gran Ramera y las demás entidades del mal componen las fuerzas de la muerte, cuyo objetivo es destruir a los creyentes y usurpar el poder divino.

En este drama apocalíptico, los creyentes tienen un campeón que lucha por ellos y les defiende: el Cristo resucitado. El papel determinante que juega Jesús en la historia salvífica queda claro desde la visión inicial del libro, cuando el Hijo del Hombre le dice a Juan el Vidente: "No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades" (Ap. 1.17b-18).

Las palabras de Jesús consolaron a Juan, quien se encontraba prisionero en la isla de Patmos. Cuando la esperanza parecía morir, la visión el Cristo resucitado proclamó la victoria de la Vida sobre las fuerzas del mal. Esto lo vemos en dos detalles importantes. Por un lado, Jesús se describe a sí mismo como el que vive, a pesar de que estuvo muerto. Por otro, el Cristo resucitado afirma que él tiene "las llaves de la muerte y el Hades", es decir, que él tiene poder tanto sobre la muerte como sobre la morada de los muertos.

El contraste entre la vida y la muerte reaparece en Ap. 2.8, donde el Cristo resucitado vuelve a describirse como : "El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió". Cuando el texto habla de la muerte de Jesús, se refiere a su crucifixión. Del mismo modo, cuando el pasaje afirma que Jesús vive eternamente, se refiere al evento de la resurrección. Ahora bien, en el libro de Apocalipsis la resurrección de Jesús no es solamente algo que concierne a su persona individual. ¡Todo lo contrario! El Cristo resucitado es fuente de vida para toda la humanidad. El es vida que se derrama y se comunica. El reinado de Cristo consiste en vida plena; vida que derrota a las fuerzas del mal y capacita al creyente para enfrentar el futuro con esperanza.

La visión que narra el quinto capítulo del libro de la Revelación describe el alcance del poder del Crucificado. El pasaje indica que Dios tenía en su mano derecha "un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos" (v. 1). El texto emplea el número siete como símbolo de la perfección, afirmando así que el libro estaba sellado total y perfectamente. Un ángel preguntó quién --entre todos los habitantes del universo-- era digno de abrir tal libro (v. 2) y encontró que ninguno podía siquiera mirarlo (v. 3). Ante esto, Juan se echó a llorar (v. 4). Los sellos del libro desatarían los juicios divinos contra quienes perseguían al pueblo de Dios (Ap. 6). Si nadie abría los sellos, las fuerzas del mal continuarían matando y destruyendo a la humanidad. Sin embargo, cuando todo parecía indicar que las fuerzas de la muerte habían ganado la partida, el Vidente escuchó la voz de anciano diciendo: "No llores, he aquí el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos" (v. 5). Al levantar la vista, Juan vio al Cristo resucitado como "un Cordero como inmolado" (v. 6). Una vez más encontramos una referencia a la crucifixión. El cordero había sido sacrificado para lograr la salvación del género humano. Con su sangre redimió a "todo linaje y lengua y pueblo y nación" (v. 9). En virtud de su muerte y su resurrección, el Cordero reina como príncipe del universo (vv. 12-14).

El resto del Apocalipsis deja claro que este reino de Vida se opone al poder de las entidades del mal. El Cristo resucitado es el Viviente que se opone a las falsas divinidades falsas. En este punto debemos hacer una distinción entre "vivir" y "existir". Por un lado, la victoria del Cristo resucitado sobre la muerte inaugura una nueva era en la cual el creyente comparte la vida que Jesús le comparte y le comunica. Esta es la vida plena: el estado en el cual la muerte ya no tiene poder sobre el creyente. En una palabra, el Cristo resucitado vive y los creyentes viven juntamente con él. Por otro lado, los seres espirituales malignos no "viven", meramente "existen". Estas entidades del mal no "viven" porque no poseen la vida y no pueden darla; están excluidas de la vida plena que sólo Dios puede dar. En resumen, las falsas divinidades sólo tienen las armas de Satán y, por lo tanto, no tienen vida que transmitir; sólo pueden dar muerte.

El punto culminante de esta batalla espiritual se encuentra en los capítulos 19 y 20 del Apocalipsis. Primero, el Cristo resucitado aparece en los cielos al mando de los ejércitos celestiales cabalgando sobre un caballo blanco (19.11-16). El "Rey de Reyes y Señor de Señores" (v. 16) se enfrenta a Satán, a la Bestia, al Falso Profeta y al resto de las fuerzas de la muerte (19:17-18). Las entidades malignas son apresadas (19:20; 20.2-3) y eventualmente lanzadas al lago de fuego (19.20; 20.10). Finalmente, la muerte y el infierno mismo son destruidas (20.14).

Este pasaje contiene una importante promesa para el pueblo de Dios. El Apocalipsis proclama la victoria de la Vida sobre la muerte. Lo que es más, el libro promete que tanto las huestes satánicas como la mismísima muerte serán destruidas. El Cristo resucitado reinará eternamente sobre un universo en el cual el mal, el llanto, el sufrimiento y la pobreza serán proscritos.

El pueblo latinoamericano debe atesorar esta promesa. A nivel personal, el pasaje nos promete que el Resucitado sabrá liberarnos del pecado y guardarnos del mal. A nivel colectivo, el texto afirma que, a pesar de los problemas sociales que podamos enfrentar, el Dios de la vida vencerá definitivamente a las fuerzas del mal.