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Cómo estudiar sermones impresos

por Pablo A. Jiménez

Los bosquejos y manuscritos de sermones incluidos en este portal electrónico han sido escritos con la intención de ser compartidos con personas como usted. Ahora bien, ¿cómo debe usted estudiarlos? Recomiendo la siguiente metodología para estudiar no solo éstos sino todo bosquejo o manuscrito de sermón:

1. Lea el sermón en voz alta, con entonación y sentimiento. Sí, le recomiendo que “predique” el sermón en vez de leerlo en silencio. Recuerde que estos manuscritos han sido escritos “para el oído”, no para la vista. Si se limita a leerlos en silencio, no podrá apreciar el ritmo y los juegos de palabras contenidos en estos sermones.

2. Determine cuál es la idea central del sermón. En el caso de estos sermones, el tema recoge la idea central de cada manuscrito. Note que la idea central se repite dentro del sermón por lo menos una vez.

3. Trate de comprender el propósito y la ocasión del sermón. Una vez más, ofrezco esta información a principios de cada sermón.

4. Preste atención al diseño y la lógica del sermón. Es importante comprender el diseño y la estructura de un sermón para poder entender su mensaje. La “lógica” es la forma como fluyen las ideas de un sermón. Los sermones tradicionales tienen lógica deductiva, es decir, indican su tema central a principios del sermón y deducen las implicaciones teológicas y pastorales en el cuerpo del sermón. Los sermones inductivos no explicitan su mensaje hasta el final. La introducción y el cuerpo del sermón llevan conducen al tema, que se encuentra en la parte final del cuerpo o en la conclusión del sermón.

Si después de estudiar el sermón desea predicarlo en su iglesia, preste atención a los siguientes consejos prácticos:

1. Asegúrese de tener el permiso necesario para usar este manuscrito de sermón. Recuerde que es ilegal hacer uso indebido de materiales registrados como propiedad intelectual de otra persona. El símbolo “©” significa que el material ha sido registrado. Los sermones impresos en revistas o aún en portales electrónicos en el Internet pueden estar registrados. Usar indebidamente estos manuscritos bien puede constituir un delito.

2. Lea el texto con cuidado, eliminando las secciones que sean poco pertinentes para su congregación o para su contexto. Le aconsejo que imprima una copia del bosquejo que desea usar. De este modo, podrá marcarlo con libertad.

3. Elimine las ilustraciones personales que haya incluido el autor o la autora del sermón. Usar este tipo de referencias personales ajenas no sólo es de mal gusto sino que también puede darle un tono artificial o falso al sermón.

4. Rescriba el texto, usando sus propias palabras. Si el lenguaje teológico del sermón es muy complejo, simplifique las ideas, definiendo los conceptos pertinentes.

5. Expanda el sermón, añadiendo sus propias ideas teológicas, imágenes e ilustraciones. La idea es usar el sermón impreso como la base de su propio sermón.

El próximo paso depende de la cantidad del texto original que use en su sermón. Si su versión del sermón impreso es radicalmente distinta a la original, no es necesario hacer nada más. Sencillamente, predique su sermón esperando el mejor resultado. No obstante, si su versión del sermón impreso es muy parecida a la original, la honestidad le obliga a reconocer dicha fuente. Si su congregación distribuye boletines o periódicos, incluya una nota reconociendo que el sermón predicado en tal domingo fue escrito originalmente por otra persona o fue inspirado por un sermón impreso. Si no desea ponerlo por escrito, sencillamente indique que su sermón está basado en las ideas de otra persona antes de comenzar a predicar.

Los predicadores que usan materiales ajenos sin darles el debido reconocimiento se exponen a pasar momentos de gran humillación. Las anécdotas sobre este tema son muchas. Recuerdo a un compañero de estudios en el seminario que fue disciplinado por su obispo por predicar un sermón de Juan Wesley sin darle el crédito debido. Sé de varias congregaciones que han despedido a sus ministros tras descubrir que estaban usando sermones publicados por otros predicadores en portales electrónicos en el Internet. Finalmente, recuerdo que en una ocasión llegué a una congregación y la pastora me pidió que no predicara mi sermón sobre Mateo 22 porque ella lo había predicado sin mi permiso la semana anterior.

En resumen, predicar sermones escritos originalmente por otras personas es legítimo, siempre y cuando se haga de la manera correcta. La clave es usar el material para inspirar nuestros propios sermones, reconociendo debidamente las fuentes que usamos.