:: Sermones

En memoria de mi

por Pablo A. Jiménez

Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.

Lucas 22:19

Y habiendo dado gracias lo partió y les dijo: Tomad, comed, esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.

I Corintios 11:24

Los textos que nos ocupan en esta mañana son textos que cada uno de nosotros lleva hilvanados al alma. Por muchos años, cada domingo en la mañana hemos oído, leído o repetido estos textos a la hora de participar de la mesa del Señor. Por esta razón, el tema no nos es extraño: En memoria de mí.

El evento de la cena del Señor es el momento central de la adoración cristiana. En la cena, conmemoramos el último encuentro --antes de la cruz-- de nuestro Señor con sus discípulos. Aún más, la cena misma es una manera de proclamar el evangelio en forma audiovisual: El pan, símbolo del cuerpo, es roto; la copa --símbolo de la sangre-- es derramada. No hay nada más que decir, la cena resume todo el mensaje del evangelio.

Sabiendo esta verdad tan importante, los Discípulos de Cristo hemos adoptado el evento de la cena del Señor como el centro de la adoración congregacional en nuestra Iglesia. Para los Discípulos de Cristo, la cena es la forma por excelencia de proclamar el mensaje de Cristo.

Ahora bien, en nuestra Iglesia, la cena del Señor también tiene otro aspecto importante; un énfasis que las demás denominaciones cristianas no recalcan con tanta fuerza como nosotros. Para los Discípulos de Cristo, la cena del Señor es el medio a través del cual el creyente renueva el pacto que, en virtud de su bautismo, ha establecido con Dios.

Este nuevo aspecto, le da un nuevo matiz a la cena. La cena es, pues, momento de auto-examen, de desafío y de esperanza.

  • De auto-examen, porque en el momento de la cena debemos preguntarnos si estamos siendo fieles a la relación de pacto en la cual hemos entrado.
  • De desafío, porque en la cena Dios mismo nos llama a poner la mano en el arado al vivir las implicaciones del pacto.
  • De esperanza, porque no importa nuestros errores y nuestro pecado, el evangelio es promesa de un camino nuevo para nuestros pies.

De aquí la importancia de la frase: "En memoria de mí." Es el recuerdo de nuestro maestro lo que nos motiva tanto a participar como a comprender el evento de la cena. Ahora bien, al hablar del recuerdo de nuestro maestro no nos referimos al mero acto de traer a la memoria eventos pasados. El recuerdo que evoca la cena del Señor es mucho más que removerle el polvo a un sarcófago.

Por el contrario, la palabra griega que se utiliza en estos textos es el vocablo "anámnesis". El concepto se refiere a una recordación activa de un evento. Así, al participar de la cena del Señor estamos volviendo a vivir lo recordado. Los momentos que traemos a nuestra memoria por medio de la "anámnesis" están vivos en la mente y el corazón del creyente.

Ciertamente, lo primero que viene a nuestras mentes por medio del memorial es el aspecto salvífico de la cruz; que Jesucristo murió por nuestros pecados. Esto es el primer escalón del evangelio, la piedra angular en torno a la cual se construye todo el edificio. Sin embargo, no debemos restringir el mensaje del evangelio a la salvación personal.

  • "En memoria de mí" significa que traemos a la memoria toda la vida de Jesús. Recordamos, pues, tanto sus palabras como sus obras. "En memoria de mí" significa que la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) se compromete con Dios a vivir en solidaridad y amor, tal como Jesús vivió.
  • "En memoria de mí" es la oración y el mandato de una Iglesia que trata de encarnar el ministerio de Jesús en el mundo de hoy.

Es por esta razón que los textos que nos ocupan en esta mañana deben llevarnos a reflexionar sobre nuestra práctica de la fe. Debemos preguntarnos si nuestros programas, tanto a nivel general como local, reflejan los valores y la acción del Reino venidero que nuestra Iglesia anuncia y proclama.

Sólo cuando nuestra Iglesia esté imitando la práctica de Jesús estaremos siendo verdaderos Discípulos de Cristo. Sólo cuando nuestra Iglesia promueva la solidaridad y la justicia con sus programas estaremos viviendo en memoria de él.