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El juicio de Dios

Por Pablo A. Jiménez

Texto: Oseas 7.1-2

Tema: Dios castiga la práctica de la injusticia en la comunidad de fe.

Área: Educación Cristiana

Propósito: Exhortar a la iglesia a practicar la justicia.

Diseño: Sermón doctrinal

Lógica: Deductiva

Introducción

El final del siglo octavo encuentra al pueblo de Israel en medio del caos social por causa de las intrigas políticas y las luchas de palacio. La crisis era tan profunda que afectaba toda la vida comunitaria de Israel y afectaba su relación con Dios. Por eso, en medio de la crisis, Dios levanta al profeta Oseas, con un mensaje distinto que llamaba al pueblo a dejar atrás el pecado y a volver al Señor.

Puntos a desarrollar

A. La ruptura de las relaciones con Dios crea injusticia en la comunidad de fe.

1. El pecado del pueblo consistía básicamente en romper el pacto mediante el cual se había establecido una relación especial entre Dios e Israel (v. 6.7). El pacto afirmaba que Dios era el Dios de Israel y que Israel era el pueblo de Dios.

2. Romper el pacto era como traicionar al Señor, violando así la integridad de la relación personal entre Dios y su pueblo. Por eso, Oseas usa la imagen del matrimonio para describir la relación que encierra el pacto y la imagen del adulterio para la ruptura del mismo (véase Oseas 1 y 2).

3. Esta ruptura de las relaciones con Dios se manifiesta en las obras de «hacedores de maldad». Estas personas se dedican a levantar calumnias, a crear intrigas y a atacar viciosamente a las personas justos (vv. 6.8-9), contaminando así a todo el pueblo con su pecado (v. 6.11).

B. La práctica de la injusticia coloca la comunidad bajo el juicio de Dios

1. A pesar de su injusticia, los opresores continuaban participando en el culto a Dios. Hacían esto con dos propósitos fundamentales:

  • Presentar ante el pueblo una falsa apariencia de piedad que les librara de toda sospecha.
  • Tratar de «manipular a Dios», pensando que su falsa adoración podía distraer a Dios mientras ellos cometían su pecado.

2. Los opresores hacían esto «sin pensar» (v. 7.2) que la presencia del Señor no está restringida al ámbito del templo. Dios, en su infinito poder, conoce la totalidad de la experiencia humana. Como dice la Escritura: «Aún las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día, lo mismo te son las tinieblas que la luz» (Salmo 139.12).

3. Porque el Dios no es solo Señor del culto, sino que es Señor de todo. Sí, Dios es el «Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo» (Is 6.1b). Pero Dios también es el Señor que se «pasea» en medio de su creación, llegando a nosotros para desenmascarar nuestro pecado (Gn. 3.8-10).

C. El juicio de Dios crea un nuevo orden de justicia.

1. Mientras los pecadores trataban de manipular a Dios por medio del culto falso y de sus ofrendas robadas, el Señor se preparaba a trastocar sus planes. Sí, porque Dios «salva a los rectos de corazón» (Salmo 7.10b) y permite que los impíos caigan en el hoyo que cavaron (Salmo 7.15).

2. Podemos afirmar, pues, que el juicio de Dios vendrá para eliminar la práctica de la injusticia en nuestros medios. Al eliminar la maldad, el juicio divino creará un nuevo orden de justicia en la comunidad de fe. Dios defenderá a quienes le obedecen con fe—echando fuera la calumnia, la mentira y la murmuración—mediante el amor y la justicia.

3. Sólo así la comunidad puede sobreponerse al pecado que le aqueja y llamarse asamblea de creyentes, pueblo de Dios.

Porque misericordia quiero, y no sacrificio,
Y conocimiento de Dios más que holocaustos (Oseas 6.6).

Conclusión

Por lo tanto, hermanos y hermanas, Dios nos llama por medio de este pasaje a ser una comunidad que exprese su fe no sólo por medio del culto, sino en el amor a los demás. Recordemos que la injusticia no debe tener parte ni suerte en la comunidad de fe. Dios nos llama a actuar con justicia en todas nuestras relaciones.