:: Sermones
A
puerta cerrada
Por
Pablo A. Jiménez
Texto:
Juan 20:19-22
Tema:
Cristo nos llama a participar activamente
en la misión de alcanzar el mundo con el
mensaje del evangelio.
Área:
Desafío profético
Propósito:
Exhortar a la audiencia a abrazar la misión
cristiana.
Tipo:
Expositivo
Lógica:
Inductiva
Introducción
Hace
un tiempo atrás, cuando dirigía
el Instituto Bíblico de la Iglesia Cristiana
(Discípulos de Cristo) en Puerto Rico,
el Pastor General de esa denominación me
asignó la tarea de escribir material de
escuela bíblica dominical para nuevos creyentes.
Esa tarea fue muy difícil para mi, tanto
que me vi obligado a investigar el tema con cierto
detalle. Aparte de leer varios manuales para nuevos
creyentes, hablé con muchas personas que
apenas comenzaban en la fe. En uno de esos diálogos,
un hombre de mediana edad me preguntó por
qué la Biblia tenía cuatro evangelios
en lugar de uno. Él no entendía
por qué el Nuevo Testamento (NT) narra
la historia de Jesús desde cuatro perspectivas
distintas.
La
pregunta de este hermano es sumamente importante
para la cristiandad. La existencia de cuatro versiones
de la vida de Jesús crea serios problemas.
Por ejemplo:
1.
Hay algunas diferencias o discrepancias entre
las versiones de algunas historias que aparecen
en varios de dos evangelios o más. Tomemos
el caso de la infancia de Jesús. Mateo
no menciona la visita de los magos y Lucas no
menciona el viaje de la sagrada familia a Egipto.
2.
El otro problema está relacionado a la
figura de Jesús. En Mateo y en Juan,
Jesús pronuncia largos discursos en varias
ocasiones. En Lucas y en Marcos, hay menos discursos
y, los que hay, son más cortos. Mateo
presenta a Jesús como un maestro de la
ley; Marcos como un hacedor de milagros; Lucas
como un filósofo que iba de sitio en
sitio; y Juan como un predicador de sabiduría.
¿Cuál
es, pues, la imagen correcta?
La
Iglesia Antigua trató de solucionar el
problema compilando los cuatro evangelios en un
solo documento llamado "Armonía de
los cuatro evangelios". De hecho, esta tradición
sigue hasta el día de hoy, como puede comprobar
cualquier persona que visite una librería
religiosa bien surtida. Sin embargo, la inmensa
mayoría de los creyentes preferimos usar
los evangelios tal y como están en el NT.
La pregunta que se impone una vez más es,
¿por qué?
Perspectivas
La
iglesia decidió incluir los cuatro evangelios
en el NT precisamente porque son distintos. En
su sabiduría, el liderazgo de la Iglesia
Antigua reconoció que los seres humanos
estamos condicionados por nuestras propias perspectivas.
Cada cuál "lee" la realidad desde
un punto de vista distinto, y por eso la entiende
de manera diferente.
Se
cuenta que en una ocasión un elefante visitó
el país de los ciegos. Como no podían
verlo, los ciegos le pidieron al elefante que
les permitiera tocarlo. El elefante accedió
gustoso, pero pronto tuvo que continuar su viaje.
Ido el animal, los ciegos se reunieron a discutir
cómo eran los elefantes. Unos dijeron que
un elefante es como una pared; otros lo compararon
con una serpiente; y aún otros afirmaron
que era como el tronco de un árbol. Cada
cual habló desde su propia experiencia
y, por eso, cada tenía un pedacito de la
razón.
Queda
claro, pues, que cada ser humano aprende de manera
distinta. Nuestra habilidad para percibir está
condicionada por nuestra cultura, por el momento
histórico en el cual vivimos y por nuestro
propio temperamento. Pero, quizás más
importante que todos estos elementos, nuestra
habilidad para aprender está condicionada
por nuestras propias experiencias.
En
parte, esto explica por qué los discípulos
y las discípulas de Jesús reaccionaron
de maneras tan distintas al milagro de la resurrección.
El capítulo 20 del Evangelio según
San Juan describe variadas respuestas a la tumba
vacía.
1.
La mayor parte de las mujeres que fueron al
sepulcro el domingo en la mañana reaccionaron
con fe. La tumba vacía trajo a su memoria
las muchas enseñanzas de Jesús
sobre su propia muerte. Aun llenas de temor
y gozo, las mujeres corrieron a compartir la
buena noticia de la resurrección , piedra
angular del mensaje evangélico hasta
el día de hoy.
2.
Pedro y Juan corrieron al sepulcro. Juan se
quedó fuera, quizás para no contaminarse.
Pero Pedro entró a la tumba y rebuscó
la mortaja que una vez encerró a Jesús.
3.
Por su parte, María Magdalena reacciona
con dolor ante la tumba vacía. Para ella,
el sepulcro abierto evidencia que se ha cometido
un grave crimen. Está segura de que alguien
ha robado el cuerpo de Jesús para desacrarlo.
El dolor que la invade es tan grande que no
le permite reconocer al Cristo Resucitado que
viene a su encuentro. ¡El dolor no la
deja! Por eso, confunde a Jesús con el
jardinero que estaba a cargo de la huerta y
le acusa de desacrar la tumba. No es hasta que
Jesús grita su nombre que María
la de Magdala lo reconoce. Entiendan bien, aún
estando ante la visión del Cristo Resucitado,
María no pudo reconocerlo por sí
misma.
4.
Finalmente, el resto de los discípulos
se resistían a creer el testimonio de
las mujeres. También tomaron con un grano
de sal el testimonio de Pedro y de Juan. Al
final de cuentas, ellos no habían tenido
visión alguna. Hasta ese punto, la visión
del Cristo resucitado era una realidad para
las mujeres y para los dos discípulos
más atrevidos. Sin embargo, la visión
todavía no se había hecho una
realidad en las vidas del resto de los discípulos.
A
puerta cerrada
La
Biblia nos indica que los discípulos se
encontraban aún encerrados y escondidos
tres días después del asesinato
de Jesús. Temían ser arrestados
y asesinados; temían sufrir la misma suerte
de su maestro.
Es
precisamente cuando estaban a puerta cerrada que
el Cristo resucitado se les aparece en visión.
Jesús sabía que el testimonio de
las mujeres no sería suficiente. El sabía
que sus discípulos necesitaban tener una
experiencia personal con lo divino para ser transformados.
Lo que es más, Jesús sabía
que la cultura y la historia conspiraban contra
la fe en el milagro de la resurrección.
Después de todo, la cultura judía
menospreciaba el testimonio de las mujeres y la
historia indicaba que él había muerto
pocos días atrás. Por todas estas
razones, el antes crucificado aparece ahora resucitado
para llevar a sus amados discípulos al
camino de la fe.
Lo
sorprendente es que Jesús no les recrimina
ni su cobardía ni su poca fe. Y comprendan
que bien pudo hacerlo. Después de todo,
los discípulos y las discípulas
que se atrevieron ir hasta la tumba vacía
tuvieron sus respectivas visiones a la luz del
sol. Ellos muy bien pudieran haber salido de su
encierro para encontrarse con el Resucitado.
Pero
ese no fue el caso. Estaban encerrados; paralizados
por el miedo; y convencidos de su propia debilidad.
Demos pues, gracias a Dios porque el Resucitado
venció todo obstáculo para poder
llegar a sus discípulos incrédulos
con el mensaje liberador del evangelio.
En esta hora, debemos preguntarnos a nosotros
mismos cuál es nuestro lugar en esta historia.
Es decir, debemos preguntarnos con cuál
personaje nos identificamos; cual de ellos o de
ellas nos representa.
Esta
pregunta es importante porque Dios continúa
hablándole a la humanidad, revelando el
mensaje liberador del Evangelio de Jesucristo.
Sí, mis buenos hermanos y mis buenas hermanas,
Dios continúa revelando su carácter
y su santa voluntad a la humanidad. El Cristo
Resucitado está presente en nuestro mundo,
por medio del poder del Espíritu Santo,
transformando vidas torcidas y sanando corazones
rotos.
Y
si Dios sigue hablando a la humanidad, también
sigue hablando al liderazgo de su iglesia cristiana.
Para aquellos que se atreven a caminar hasta la
tumba vacía--rodeada por los militares
que defienden los intereses de este mundo--la
visión es clara. Dios llama a su iglesia
a:
- Sanar
- Bendecir
- Ayudar
- Transformar
- Encarnar
el carácter de Dios ante nuestro mundo
Sí,
algunos entre nosotros tienen el mismo celo misionero
de las discípulas, de la Magdalena, de
Pedro y de Juan. Sin embargo, debemos reconocer
que la mayor parte de nosotros, al igual que el
resto de los discípulos, estamos encerrados
por nuestros propios temores. Nos han enseñado
- Que
no tenemos la inteligencia
- Que
no tenemos la habilidad
- Que
no tenemos los recursos financieros
- en
fin, que no podemos
Por
eso es fácil encerrarse; quedarse a puerta
cerrada; atemorizados ante la inmensa tarea que
tenemos por delante.
Pero
hoy Dios nos llama a echar fuera todo temor. El
Cristo Resucitado atraviesa las puertas que nos
aíslan y nos separan. Jesús se hace
presente aún en medio del dolor, del temor,
y del sufrimiento, diciendo: "Paz".