:: Teología Pastoral
Bases
bíblicas y teológicas de la misión
por
Pablo A. Jiménez
I.
Introducción
1.
Definir lo que es "misión"
es problemático. Igual que es problemático
precisar la relación entre misión
y evangelización.
2.
Para efectos de este estudio, definiremos la
misión como el movimiento de la Iglesia
hacia la humanidad. Es decir, la misión
de la Iglesia es alcanzar al mundo con el mensaje
liberador del evangelio. Esa intención
de alcanzar a los demás constituye la
característica básica de la misión.
3.
Aunque la misión es abarcadora, no todo
lo que la Iglesia hace es misión. Mucho
del trabajo de la Iglesia tiene que ver con
la edificación de los creyentes a través
de la alabanza a Dios, la enseñanza y
la comunión con la familia de la fe.
4.
En este contexto, la evangelización es
una dimensión esencial de la misión.
A través de la evangelización,
la Iglesia proclama el evangelio con el fin
de que aquellas personas que se consideran a
sí mismas como “no-creyentes”
tengan un encuentro con la verdad de Dios en
Cristo por el poder del Espíritu Santo.
5.
Con este trasfondo de base, veamos ahora algunos
aspectos relevantes de la misión en perspectiva
bíblica.
II.
Biblia y misión
1.
La Biblia necesita ser interpretada: esto es,
no puede utilizarse en forma arbitraria ni leerse
de manera literal.
2.
Aunque en la Biblia encontramos textos que nos
hablan de la misión en forma específica,
es necesario comprender que toda la Biblia habla
de la misión. Esto es así porque
la misión cristiana emana del carácter
de Dios tal y como ha sido revelado en las Escrituras.
III.
La misericordia de Dios
1.
Así encontramos que el elemento principal
en el desarrollo de la misión es la misericordia
de Dios. A través de toda la Biblia,
Dios se revela como aquel que tiene compasión
de la persona pobre, marginada, débil
y oprimida.
2.
En el Antiguo Testamento (AT), esa misericordia
se ve en la elección del pueblo de Israel
(Dt. 4:32-38; 7:6-8) y en la liberación
del pueblo de Dios del yugo de esclavitud en
Egipto (Ex. 20:2).
3.
La misericordia de Dios se ha revelado en forma
definitiva en el ministerio de Jesús.
En su declaración programática
de Lc. 4:16-2 vemos que Jesús declara
que ha llegado el tiempo de la gracia. Esto
lo revelará Jesús en su propia
vida, actuando en favor de los marginados.
IV.
El Dios que se revela en la historia
1.
El Dios de Jesucristo no es una divinidad ahistórica;
la religión cristiana no se basa en un
sueño o en una visión. Por el
contrario, la base de nuestra fe es la intervención
de Dios en la historia; primeramente en el pueblo
de Israel y, en forma definitiva, en la persona
de Jesucristo.
2.
El Dios que se ha revelado en las Escrituras
es aquel que hace cosas nuevas en medio de su
pueblo. Es un Dios que actúa, tal y como
actuó en la vida de Abraham (Gen. 12:1-3)
y en la creación de la Iglesia.
3.
De este modo, la misión cristiana se
define como una tarea que la Iglesia realiza
en la historia, tomando en cuenta la realidad
social de cada comunidad.
V.
El testimonio del pueblo de Dios
1.
La misión necesita testigos que proclamen
la verdad de Dios. Estos testigos deben comunicar
la fe no como una utopía teórica
sino como una experiencia personal (I Jn. 1:1-3).
2.
En el AT el testigo por excelencia está
personificado en el Siervo Sufriente de Is.
53. En el Nuevo Testamento (NT), el testigo
por excelencia es el Cristo crucificado.
3.
Así encontramos que seguir a Jesús
no sólo significa estudiar bajo su tutela
-- como implicaba el seguir a un maestro de
la ley judía -- sino identificarse con
su sufrimiento. Esto se debe a que es precisamente
por medio de su sufrimiento que Dios se ha identificado
con la humanidad.
VI.
La misión de Dios
1.
Debemos recalcar que la misión es una
empresa divina. Dios mismo es el sujeto de la
misión. Es Dios quien nos capacita y
nos impulsa a cumplir con la misión.
2.
Por lo tanto, Dios y el ser humano son compañeros
en misión (II Co. 5:18-20).