15 Abril 2008

Bodas, funerales y otros ritos

Las bodas y los funerales son dos constantes en la vida de los líderes religiosos. Los ritos que hacemos para marcar estos eventos son tan importantes que hasta los estudiamos en los seminarios. Lo que es más, en el caso de las bodas el estado nos permite firmar los documentos legales necesarios para inscribir los matrimonios. Sin embargo, muchas personas optan por celebrar estos eventos con ceremonias que no incluyen elementos religiosos.

Al parecer, los seres humanos necesitamos marcar los cambios y las transiciones fundamentales de nuestras vidas con ritos y celebraciones. Estos ritos no sólo son importantes debido a su contenido religioso, sino también por su impacto psicológico y social. Cuando una pareja celebra un matrimonio, se compromete públicamente a formar una nueva familia. Cuando una familia celebra un funeral, invita a la comunidad a celebrar la vida y a llorar la partida de su ser querido.

Sin embargo, cada vez son más las parejas que eligen vivir juntas sin casarse y las familias que escogen cremar los cadáveres de sus familiares sin ceremonia alguna. Los primeros afirman que no es necesario tener “un papel” para amar. Los segundos piensan que el funeral sólo aumentará su dolor.

Con todo respeto, les indico a las personas que minimizan la importancia de las bodas y los funerales que están en un error. Estos ritos son importantes para la salud emocional y espiritual de los seres humanos. Permítanme, pues, presentar un ejemplo.

Tiempo atrás sostuve un diálogo pastoral con un caballero que, según me indicó, estaba pasando por una profunda crisis matrimonial. Sin embargo, pronto me di cuenta que nunca se había casado legalmente. La tristeza de este hombre era inmensa, pues no encontraba cómo describir su situación. Lo mismo se refería a su ex pareja como su esposa, su compañera o como “la mamá de los nenes”. Quedó claro que la relación comenzó de forma atropellada, tan atropellada como está terminando.

Quizás alguien piense que, por lo menos, este hombre no tendrá que pasar por un proceso de divorcio. No obstante, aunque yo no le deseo un divorcio a nadie, éste juega un papel importante en el proceso de separación. Del mismo modo que la boda marca el comienzo, el divorcio marca el final. Cuando el juez o la jueza declara a una pareja divorciada, su declaración pone punto final a la relación no sólo en términos legales, sino también en términos emocionales y hasta espirituales. Como no se va a divorciar legalmente, este caballero no tendrá un rito social que marque el final de su matrimonio. En lugar de tener una conclusión, su relación sencillamente se detendrá.

Como pueden ver, esto ritos no tienen que ser necesariamente religiosos. Si usted así lo desea, puede casarse ante un juez o puede organizar un funeral donde amistades y familares se reúnan para recordar a la persona que ha partido sin la presencia de líderes religiosos. Lo importante es que no menospreciemos el valor de los ritos que marcan los comienzos y los finales de los eventos claves en nuestras vidas.

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