4 Marzo 2008

La construcción de la verdad

¿Conoce usted cómo se construyen los debates públicos? No se sorprenda por el uso del verbo “construir”. En el mundo postmoderno, la verdad se construye.

Por lo regular, los debates públicos giran en torno a asuntos que afectan a segmentos importantes de la sociedad. Estos grupos se organizan y toman posiciones a favor o en contra del asunto. Los grupos tienen ideólogos que compilan documentos y escriben ensayos que avanzan sus posiciones. A partir de estos documentos, se hacen resúmenes que pautan la agenda del debate.

Estos resúmenes, que se conocen en inglés como “talking points”, se distribuyen a simpatizantes y a representantes de los medios de comunicación masiva. También se envían a quienes escriben “blogs”, un formato que cada vez cobra más fuerza en los debates ideológicos.

Parte de la estrategia de los grupos de presión es “deconstruir” los argumentos de los grupos contrarios. La técnica que se usa para esto se conoce en inglés como “spin”. La idea es “girar” o “darle vuelta” al argumento del oponente, colocando ideas periferales al centro y moviendo las ideas centrales a la periferia.

Este método puede usarse responsablemente. Sin embargo, se puede abusar del “spin”. Permítanme ofrecer dos ejemplos negativos. El primero es el uso del término “fundamentalista” para infundir miedo. Los opositores a la Resolución 99 han logrado endilgarle la etiqueta de “fundamentalistas” a los proponentes de la medida y la prensa lo ha comenzado a usar como sinónimo de términos tales como “religiosos” o “pentecostales”.

Claro está, la inmensa mayoría de los proponentes de la Resolución 99 no son fundamentalistas. Tampoco es cierto que sólo los extremistas religiosos favorecen el matrimonio tradicional. Sin embargo, la estrategia es insistir en el uso de la palabreja porque el pueblo la asocia con los extremistas islámicos y con el terrorismo internacional. La estrategia es sugerir que los líderes religiosos protestantes son “talibanes”, una idea que es, sencillamente, ridícula.

El segundo ejemplo proviene del otro extremo del ámbito político. Ideólogos republicanos han comenzado a sugerir que Barack Obama es musulmán, aprovechando que su segundo nombre es Hussein. Desde hace dos semanas, casi todos los comentaristas de radio y analistas de noticias republicanos se refieren constantemente al candidato demócrata como “Barack Hussein Obama” con el propósito de calumniarle. En realidad, Obama es protestante y no tiene lazos con el terrorismo internacional.

Los ideólogos que diseñaron estas estrategias saben que están mintiendo, pero perseveran en sus mentiras para avanzar sus causas.

En el mundo postmoderno, cada persona tiene que buscar la verdad. No se puede aceptar ciegamente la veracidad de lo que se lee en los medios, ni siquiera de lo que usted pueda leer en esta columna. La única alternativa es buscar información adicional, estudiar y analizar cada asunto cuidadosamente antes de tomar una decisión.

Retorno a la página principal