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Marzo 2008
La
construcción de la verdad
¿Conoce
usted cómo se construyen los debates
públicos? No se sorprenda por el
uso del verbo “construir”. En
el mundo postmoderno, la verdad se construye.
Por
lo regular, los debates públicos
giran en torno a asuntos que afectan a segmentos
importantes de la sociedad. Estos grupos
se organizan y toman posiciones a favor
o en contra del asunto. Los grupos tienen
ideólogos que compilan documentos
y escriben ensayos que avanzan sus posiciones.
A partir de estos documentos, se hacen resúmenes
que pautan la agenda del debate.
Estos
resúmenes, que se conocen en inglés
como “talking points”, se distribuyen
a simpatizantes y a representantes de los
medios de comunicación masiva. También
se envían a quienes escriben “blogs”,
un formato que cada vez cobra más
fuerza en los debates ideológicos.
Parte
de la estrategia de los grupos de presión
es “deconstruir” los argumentos
de los grupos contrarios. La técnica
que se usa para esto se conoce en inglés
como “spin”. La idea es “girar”
o “darle vuelta” al argumento
del oponente, colocando ideas periferales
al centro y moviendo las ideas centrales
a la periferia.
Este
método puede usarse responsablemente.
Sin embargo, se puede abusar del “spin”.
Permítanme ofrecer dos ejemplos negativos.
El primero es el uso del término
“fundamentalista” para infundir
miedo. Los opositores a la Resolución
99 han logrado endilgarle la etiqueta de
“fundamentalistas” a los proponentes
de la medida y la prensa lo ha comenzado
a usar como sinónimo de términos
tales como “religiosos” o “pentecostales”.
Claro
está, la inmensa mayoría de
los proponentes de la Resolución
99 no son fundamentalistas. Tampoco es cierto
que sólo los extremistas religiosos
favorecen el matrimonio tradicional. Sin
embargo, la estrategia es insistir en el
uso de la palabreja porque el pueblo la
asocia con los extremistas islámicos
y con el terrorismo internacional. La estrategia
es sugerir que los líderes religiosos
protestantes son “talibanes”,
una idea que es, sencillamente, ridícula.
El
segundo ejemplo proviene del otro extremo
del ámbito político. Ideólogos
republicanos han comenzado a sugerir que
Barack Obama es musulmán, aprovechando
que su segundo nombre es Hussein. Desde
hace dos semanas, casi todos los comentaristas
de radio y analistas de noticias republicanos
se refieren constantemente al candidato
demócrata como “Barack Hussein
Obama” con el propósito de
calumniarle. En realidad, Obama es protestante
y no tiene lazos con el terrorismo internacional.
Los
ideólogos que diseñaron estas
estrategias saben que están mintiendo,
pero perseveran en sus mentiras para avanzar
sus causas.
En
el mundo postmoderno, cada persona tiene
que buscar la verdad. No se puede aceptar
ciegamente la veracidad de lo que se lee
en los medios, ni siquiera de lo que usted
pueda leer en esta columna. La única
alternativa es buscar información
adicional, estudiar y analizar cada asunto
cuidadosamente antes de tomar una decisión.
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