:: Teología Pastoral
La
teología hispana
Apuntes
introductorios
(1997)
Por
Pablo A. Jiménez
Bosquejo:
I.
Introducción
II.
La realidad hispana
III.
Un principio teológico básico
IV.
Ideas teológicas fundamentales
V.
Vertientes de la reflexión teológica
hispana
VI.
Los desafíos que enfrenta la teología
hispana
VII.
Notas bibliográficas
I.
Introducción
La
comunidad hispana en los Estados Unidos de América
ha crecido rápidamente durante los últimos
años. Según el censo de 1990, cerca
de 22.35 millones hispanos viven en la nación.
Es decir, el 9% de la población estadounidense
es hispana.
De acuerdo a estas cifras, Estados Unidos es el
quinto país más grande de habla
hispana en el mundo [1]. Se estima, además,
que para el año 2000, los hispanos constituirán
el grupo minoritario más grande en los
Estados Unidos.
Como
es de esperar, la comunidad hispana sufre dolores
de crecimiento. Los desafíos que enfrenta
nuestra comunidad vienen tanto del exterior como
del interior. Desde el exterior, los estadounidenses
de descendencia anglo-europea tienden a pensar
que la comunidad hispana es un grupo homogéneo
y que eventualmente se asimilará a la sociedad
estadounidense en general, perdiendo así
su lenguaje y modificando su cultura. Por otra
parte, en sus países de origen los hispanos
son vistos con sospecha. Esta situación
es especialmente dolorosa para aquellos que ya
no dominan el español.
Desde
el interior, la comunidad hispana enfrenta el
desafío de compartir con personas de diversas
nacionalidades y de diversos trasfondos culturales.
La mayor parte de los hispanos, no se llaman a
sí mismos "hispanos". Por el
contrario, se identifican por su país de
origen como cubanos, puertorriqueños, o
méxico-americanos, entre otros [2]. Ante
la doble opresión que presenta esta nueva
realidad, la comunidad hispana se ve obligada
a autodefinirse. De esta manera, el término
"hispano" ha llegado a tener un significado
técnico. Llamamos "hispano" a
la persona cuyo trasfondo étnico es hispano-americano,
pero que por alguna razón ahora vive permanentemente
en los Estados Unidos de América [3].
Como
ven, ésta es una definición puramente
sociológica. Sin embargo, para hacer una
teología hispana, es necesario desarrollar
una fundamentación teológica que
le dé sentido a la experiencia hispana
en los Estados Unidos. De aquí surge la
necesidad de una teología que apele, hable
e interprete nuestra realidad.
II.
La realidad hispana
La
teología hispana parte de la realidad del
pueblo latino en los Estados Unidos. Veamos algunos
aspectos de esa realidad. En primer lugar, gran
parte de nuestro pueblo vive en condiciones de
pobreza. En su mayoría, el pueblo hispano
provee mano de obra barata y trabajo a nivel obrero
(lo que en inglés se denomina "blue
collar"). Sin embargo, debemos notar que
hay una emergente clase profesional hispana en
los Estados Unidos. Cada día hacen falta
más profesionales bilingües que puedan
servir tanto a las comunidades hispanas como a
la población en general. Este fenómeno
ha creado un mercado para profesionales hispanos
en la nación, especialmente en aquellas
regiones donde la comunidad hispana crece constantemente.
Esto ha motivado una nueva oleada migratoria.
En algunos países, como en Puerto Rico,
la emigración de profesionales es llamada
"fuga de cerebros" [4].
Segundo,
otra experiencia común en el pueblo hispano,
es la inmigración. Cerca de dos terceras
partes de los hispanos que viven en los Estados
Unidos, han llegado como inmigrantes a la nación,
o son descendientes de inmigrantes. Ahora bien,
es necesario tener en cuenta que cerca de la tercera
parte de los hispanos que viven en los Estados
Unidos no descienden de inmigrantes, sino de personas
que llegaron a ser ciudadanos americanos cuando
los territorios en los cuales vivían fueron
anexados por compra o por guerras de expansión
[5]. Los antepasados de estos hispanos vieron
como la nación se extendió hasta
abarcarlos. Esto choca con los estereotipos que
prevalecen en la cultura estadounidense. No todos
los hispanos somos inmigrantes. Tampoco es cierto
que la mayor parte de los inmigrantes hispanos
han llegado a las costas norteamericanas por razones
puramente económicas. Gran parte del pueblo
hispano que hoy vive en los Estados Unidos, ha
llegado a la nación en calidad de refugiados
políticos, huyendo de regímenes
dictatoriales ya sea de derecha o de izquierda.
Dos ejemplos de esto bastan. En primer lugar,
encontramos la gran comunidad cubano-americana
que se alojó en los Estados Unidos huyendo
del régimen revolucionario de Fidel Castro.
Sin embargo, también tenemos una gran cantidad
de personas centroamericanas --que en los últimos
años han constituido la enorme mayoría
de los inmigrantes-- que han llegado a los Estados
Unidos escapando de las guerras en sus distintos
países. Debemos notar que estas oleadas
migratorias han sido provocadas en gran parte
por el mismo gobierno norteamericano, que avivó
estas guerras proveyendo dinero, entrenamiento
y armas a los gobiernos de El Salvador, Honduras
y Guatemala, y proveyendo fondos para la contra-revolución
nicaragüense [6].
La
tercera característica de la realidad hispana
es la lucha contra el discrimen y el racismo.
El pueblo hispano en los Estados Unidos enfrenta
una dura batalla contra aquellas personas que
resienten la permanencia de nuestro idioma y la
fidelidad a nuestras raíces culturales.
A diferencia de otros grupos étnicos, los
latinos mantenemos contacto con nuestros países
de origen [7]. Aún cuando la familia inmediata
viva en los Estados Unidos, se mantiene comunicación
con la familia extendida que quedó atrás.
Esto provoca movimiento no sólo de personas,
ideas y tradiciones, sino también de recursos
financieros. Muchos hispanos --aún a costa
de su bienestar económico-- contribuyen
económicamente al sustento de sus familiares
en América Latina y el Caribe. Esta situación
refuerza la permanencia tanto de nuestro lenguaje
como de nuestras tradiciones. Esto puede verse
claramente en el sur-oeste de los Estados Unidos,
donde el uso del español se ha conservado
por generaciones. Si el español no cayó
en desuso en el pasado, mucho menos caerá
hoy, que los medios de transporte y de comunicación
masiva permiten acceso inmediato a nuestros países
de origen.
La
cuarta característica del pueblo hispano
--y quizás la más importante para
nuestro estudio-- es que la experiencia de vivir
en los Estados Unidos de Norteamérica y
de compartir con hispanos de diversas nacionalidades,
ha hecho que desarrollemos una nueva cultura hispana
que incorpora elementos de distintas tradiciones
étnicas latinoamericanas [8]. Por un lado,
vivir en los Estados Unidos implica un cambio
de posición social. La persona --que en
su país formaba parte de la mayoría--
pasa a formar parte de una minoría y experimenta
la opresión y el discrimen que conlleva
su nuevo "status". Esta experiencia
común de alienación despierta un
sentido de solidaridad entre personas de distintos
trasfondos culturales hispanos. Solidaridad que,
probablemente, no se daría en sus países
de origen. Tomemos, por ejemplo, la relación
entre un mexicano y un guatemalteco. En México,
el guatemalteco es minoría. Por lo tanto,
sufrirá las penas que trae su condición
social y el discrimen provocado por las rencillas
fronterizas que por siglos han aquejado la forntera
entre México y Guatemala. Sin embargo,
la relación entre un mexicano y un guatemalteco
en los Estados Unidos es muy distinta. Ambos son
minoría; están hermanados por su
hispanidad. Su condición social común
provoca solidaridad. Por otro lado, los hispanos
en los Estados Unidos están creando una
nueva sub-cultura. En su esfuerzo de mantener
sus rasgos culturales, los hispanos de distintas
nacionalidades comparten sus tradiciones, comidas,
vestimenta, música, etc. con latinos de
otros países. De este modo, al recordar
sus raíces culturales, están forjando
una nueva cultura que incorpora rasgos de todos
los países caribeños y latinoamericanos.
III.
Un principio teológico básico
Partiendo
de la realidad hispana, es importante que nos
preguntemos si la teología que tradicionalmente
hemos recibido y desarrollado en nuestros pueblos
es pertinente y habla a la necesidad de nuestro
pueblo. También es importante determinar
si la realidad social de nuestro pueblo se amolda
al estereotipo que tiene el estadounidense promedio
del pueblo hispano.
La
realidad teológica de nuestro pueblo choca
también con la fe privatizante que recibimos
en el pasado. Durante los años 60, se desarrollaron
distintos movimientos sociales de liberación
en comunidades hispanas en los Estados Unidos
de Norteamérica. Esto preparó el
camino para entrar en diálogo con la Teología
Latinoamericana de Liberación. Esta teología
llamó la atención de los teólogos
hispanos e indicó la necesidad de reformular
el pensamiento teológico recibido. Enfatizó,
además, el desarrollo de una teología
desde la realidad de la opresión que vive
el pueblo hispano [9]. Tomando estos puntos en
consideración, varios teólogos hispanos
han desarrollado un pensamiento teológico
que toma en cuenta la doble opresión y
la compleja situación social del pueblo
latino. Podemos decir, que han alcanzado un principio
teológico básico: el "principio
galileo".
Varios
teólogos hispanos han utilizado los relatos
bíblicos en torno a la región de
Galilea, para expresar sus puntos de vista sobre
la realidad del pueblo latino. Los puntos de contacto
entre la experiencia galilea y la experiencia
hispana son evidentes. Galilea es una región
fronteriza que se encuentra en la parte norte
del territorio israelita y que colinda con el
Líbano y Siria. En el tiempo de Jesús,
los líderes religiosos que vivían
en Jerusalén despreciaban a las personas
que venían de esta región. Sus habitantes
eran considerados como personas impuras que se
habían contaminado con prácticas
extranjeras. Este grupo estaba muy cerca de los
samaritanos, que eran considerados mestizos.
At
the time of Jesus, Galilee was peopled by phoenicians,
Syrians, Arabs, Greeks, Orientals, and Jews.
In this mixed, commerce-oriented society, some
Jews had allowed their Jewish exclusivism to
weaken, but others became more militantly exclusivist.
Some of the goyim (non-Jews) converted to Judaism
and intermarried with Jews. Some religious ideas
of other groups were also assimilated, as is
evident in the case of the Essenes. A natural,
ongoing biological and cultural mestizaje was
taking place [10].
El
pueblo hispano también vive al margen de
los grandes centros de poder. Del mismo modo que
Galilea era vista con desprecio por el liderazgo
judío, los hispanos somos vistos con desprecio
por los norteamericanos de descendencia anglo-europea.
Conocemos la experiencia del mestizaje, de la
mulatez y de la biculturalidad. Conocemos
el dolor de ser rechazados tanto por los estadounidenses
como por nuestros hermanos en nuestros países
de origen. Conocemos lo que implica ser --permanentemente--
"los otros" [11]. En una palabra, el
pueblo hispano comparte la experiencia de opresión
y marginalidad que caracteriza a la región
de Galilea en las Escrituras. La clave hermenéutica
de la teología hispana en los Estados Unidos
se encuentra en los conceptos "marginalidad"
y "mestizaje" [12].
Varios
teólogos hispanos han utilizados la imagen
de Galilea para desarrollar su pensamiento teológico.
El más conocido es, sin duda, Virgilio
Elizondo. Este autor católico méxico-americano
ha escrito varios libros explorando la experiencia
del mestizaje y relacionándola con la imagen
bíblica de Galilea. Sus libro más
conocido es Galilean Journey: The Mexican-American
Promise.
Otro
autor que ha trabajado la imagen de Galilea en
su pensamiento teológico es Orlando E.
Costas. Costas escribió varios artículos
relacionando la experiencia galilea con la experiencia
de marginalidad hispana [13]. Si la palabra clave
para entender a Elizondo es "mestizaje",
la palabra clara para entender a Costas es "periferia".
El
tercer autor que ha empleado este principio es
Justo L. González. En su libro Mañana:
Christian Theology from a Hispanic Perspective
[14]--hasta ahora la introducción sistemática
más completa al pensamiento hispano-- desarrolla
el principio de marginalidad para describir la
experiencia hispana.
Estos
tres importantes autores hilvanan sus ideas desde
una visión cristológica particular,
tomando en serio la marginalidad del propio Jesús
como galileo frente a las estructuras político-religiosas
dominantes tanto en Roma como en Jerusalén.
IV.
Ideas teológicas fundamentales
En
unión al "principio galileo",
la teología hispana tiene otras ideas teológicas
fundamentales que debemos tener presentes. Estas
ideas surgen a raíz de un método
teológico particular:
La
manera de trabajar estos temas se ha caracterizado
por la intención de descubrir la forma
particular en la cual se establece una intersección
entre la experiencia histórico-social
de nuestras comunidades y su expresión
religiosa [15].
y
El
tema se discute tomando también en consideración
la experiencia bíblica y eclesiástica
del pasado confrontándola con los retos
del presente para descubrir aquellas dimensiones
inherentes a esta experiencia de fe que permiten
nuevas oportunidades de testimonio cristiano
[16].
La
primera idea teológica fundamental es una
nueva hermenéutica. La teología
hispana se basa en una nueva forma de leer las
Escrituras [17]. Esta nueva hermenéutica
se caracteriza tanto por su punto de partida como
por su metodología [18]. La teología
hispana propone un esquema hermenéutico
que toma como punto de partida la realidad que
vive el pueblo latino. Realidad que se caracteriza
tanto por la experiencia religiosa como el estado
de marginación.
...
nuestra teología, al ser producto del
penoso encuentro entre la palabra de Dios y
la experiencia de marginalidad de nuestros comunidades,
será necesariamente reflejo de la marginalidad
a la cual está sometida esta experiencia
en el contexto de la estructura social [19].
Nuestra
teología propone, además, una metodología
que parte de la "praxis" y busca la
transformación de la realidad que vive
nuestro pueblo. La meta de una teología
que parte del sufrimiento y la opresión
no puede ser más que la lucha, la liberación
y la autodeterminación [20].
Por
lo tanto, la teología hispana ve la Biblia
como un libro "político". Por
"político" no nos referimos a
la política partidista sino al hecho de
que las Escrituras tratan el tema del poder [21].
Dios, quien tiene el poder último sobre
todas las cosas, se ha acercado a aquellos que
no tienen poder alguno para liberarlos de la realidad
de opresión en que viven y conducirlos
por caminos de liberación. Esta nueva forma
de leer la Biblia es el puntal de la teología
hispana.
Otra
idea teológica fundamental de la teología
hispana es la visión y el entendimiento
de Dios [22]. En vez de tratar de encajonar a
Dios en moldes racionalistas, entendemos a Dios
desde una perspectiva pastoral. Lejos de ser una
divinidad inmutable e impasible, el Dios de Jesucristo
sufre nuestra opresión y nuestra injusticia.
Sobre esta base, la teología hispana denuncia
la teología que permanece callada ante
el dolor humano y que legitima la opresión.
El dios que legitima los sistemas de opresión
es un ídolo, no es el Dios de la vida.
Tercero,
del punto teológico anterior se deriva
una nueva visión de la Trinidad [23]. En
lugar de un entendimiento mecanicista, la Trinidad
se entiende en términos pastorales y comunitarios.
Desde una perspectiva pastoral, la distinción
entre el Padre y el Hijo es la expresión
de una dialéctica entre el poder y la debilidad,
entre el sufrimiento y la esperanza [24]. Esta
dialéctica es central a la doctrina de
la redención. Como
dice la Escritura:
Porque
aunque [Jesús] fue crucificado en debilidad,
vive por el poder de Dios. Pues también
nosotros somos débiles en él,
pero viviremos con él por el poder de
Dios.
2
Corintios 13:4
El
poder del Padre transforma la "debilidad"
del Hijo. El sufrimiento de Jesús apunta
a la esperanza de la resurrección. Por
lo tanto, los creyentes podemos confiar en el
Dios de Jesucristo, quien se ha solidarizado con
nuestro sufrimiento y promete el triunfo de la
Vida sobre las fuerzas de la muerte.
La
idea de la Trinidad afirma, además, que
Dios es el principio mismo de la comunidad. El
compañerismo que existe entre las personas
de la Trinidad es el patrón y la meta de
la creación [25]. Por lo tanto, es el modelo
que la sociedad debe seguir. El error que ha cometido
la teología sistemática tradicional
es tratar la Trinidad como un enigma, no como
un ejemplo.
Este
modelo trinitario tiene implicaciones socio-económicas.
Por ejemplo, la expresión clásica
de la doctrina de la Trinidad afirma que las personas
de la Trinidad comparten una misma "sustancia".
El término "sustancia" en latín
tenía ribetes legales y podía ser
entendido como "propiedad" [26]. En
este sentido, ¡podemos decir que las personas
de la Trinidad comparten una misma "propiedad"!
[The
Trinity] It is something we must imitate. If
God is love, life without love is life without
God; and if this is sharing love, such as we
see in the Trinity, then life without sharing
is life without God; and if this sharing is
such that in God the three persons are equal
in power, then life without such power sharing
is life without God [27].
Cuarto,
la nueva visión de la realidad divina lleva
necesariamente a una nueva forma de ver la humanidad
[28]. Es decir, la teología hispana implica
una nueva antropología. El ser humano es
visto como un ser social, creado para vivir en
comunidad. Es un ser integral, no un "alma
buena" atrapada en un "cuerpo malo",
ya que el mundo material ha sido declarado "bueno"
por su Creador. Ambas partes de la humanidad,
la masculina y la femenina, comparten el señorío
y el dominio sobre la creación.
Esta
nueva visión de la humanidad implica un
nuevo entendimiento del pecado. La teología
hispana entiende que el pecado tiene un nivel
privado y otro comunitario. Violar los derechos
de los demás, explotar al pobre y discriminar
contra la mujer son pecados comunitarios, así
como la codicia es un pecado individual. Del mismo
modo, sabemos que hay un desfase entre el pecado
y la legalidad [29]. No todo lo ilegal es pecado;
no todo lo legal es lícito. Jesús
fue asesinado por haber cometido un crimen: declararse
"rey" de una provincia romana cuyo gobernante
supremo era el emperador romano. Su acto fue "ilegal"
de acuerdo a la ley romana; su asesinato, legal.
Del mismo modo, la comunidad hispana se ve obligada
a discernir entre el pecado y la ilegalidad. Es
ilegal darle empleo a un inmigrante indocumentado.
Es legal repatriar a esa persona, aun cuando su
vida corra peligro en el proceso. ¿Cuál
de estos actos constituye un pecado?
Por
último, la teología hispana toma
en serio la espiritualidad de nuestro pueblo [30].
Esta espiritualidad tiene dos aspectos principales.
El primero es la práctica religiosa. El
pueblo hispano es profundamente religioso. Tanto
católicos como protestantes, observan sus
prácticas religiosas con un celo que supera
fácilmente al de otros grupos étnicos
en los Estados Unidos. Basta notar la actitud
hacia la Semana Santa para apreciar la diferencia.
Ahora bien, estas prácticas se caracterizan
por su nivel popular. La santería y el
espiritismo incorporan elementos católicos,
mientras se mantienen al margen de la estructura.
En la Iglesia Católica, el crecimiento
del movimiento carismático y la necesidad
de diáconos que lleven a cabo servicios
bilingües promueve la participación
activa del laicado. Varias denominaciones protestantes
se han visto en la necesidad de obviar el requisito
de una educación universitaria y ordenar
"pastores laicos" --personas con educación
teológica a nivel de instituto-- para atender
las crecientes congregaciones hispanas. Por su
parte, las iglesias hispanas de tradición
pentecostal, que sirven a la mayoría de
las comunidades latinas pobres, continúan
dependiendo de los institutos para adiestrar su
liderazgo.
El
segundo aspecto es la importancia del Espíritu
Santo en las iglesias hispanas. Tanto las comunidades
católicas carismáticas como las
protestantes y las pentecostales le dan un lugar
central a la experiencia de recibir y practicar
los dones del Espíritu en la comunidad
de fe.
Estos
aspectos de nuestra espiritualidad plantean un
doble desafío a la teología hispana.
En primer lugar, es necesario reinterpretar los
símbolos tradicionales en forma pertinente
para nuestro pueblo. No podemos menospreciar la
importancia de las prácticas religiosas
populares. Tomemos, por ejemplo, la tradición
católica sobre la crucifixión. Tanto
en los crucifijos como en las procesiones se presenta
a Jesús maltrecho, herido, desvalido, es
resumen ,"vencido". Tradicionalmente,
los protestantes hemos rechazado esta forma de
entender la cruz. Sin embargo, es posible utilizar
la imagen del Jesús vencido para desarrollar
una analogía que permita reinterpretar
la realidad hispana [31]. El "vencido"
fue resucitado; el "inocente" que murió
injustamente fue reivindicado por medio de la
resurrección. ¿Acaso puede haber
una noticia mejor para un pueblo que ha sido conquistado,
oprimido y victimizado? El Jesús "vencido
y victimizado" es uno con el pueblo latino
que también ha sido "vencido y victimizado".
Nuestro sufrimiento es el suyo; su victoria es
nuestra vindicación.
Segundo,
es necesario desarrollar una teología del
Espíritu Santo que ayude a nuestras comunidades
carismáticas y pentecostales a trascender
la fe privatizante y a comprender las profundas
implicaciones comunitarias y socio-económicas
de nuestra fe.
V.
Vertientes de la reflexión teológica
hispana
Del
mismo modo que el pueblo hispano en los Estados
Unidos no es homogéneo, la teología
hispana tiene diversas vertientes [32]. En este
estudio, identificaremos cuatro variantes principales
del pensamiento teológico hispano: católica,
protestante, pentecostal, y mujerista.
La
Iglesia Católica estadounidense se ha distinguido
por servir a distintas comunidades étnicas.
Esto se debe, por un lado, a que los inmigrantes
trajeron consigo representantes de la iglesia
y, por otro, a que las comunidades francesas e
hispanas que pasaron a formar parte de los Estados
Unidos ya tenían una infraestructura religiosa.
La facción hispana de la Iglesia Católica
está creciendo rápidamente. Esto
ha estimulado el debate y la reflexión
teológica. La vertiente católica
del pensamiento teológico hispana parte
de los trabajos de Virgilio Elizondo [33]. Elizondo
ha desarrollado su teología desde la perspectiva
méxico-americana. Otros teólogos
católicos importantes son los siguientes:
el Padre Allan Figueroa Deck, jesuita méxico-americano;
el Padre Orlando Espín, cubano, pasado
presidente del Academy of Catholic Hispanic
Theologians of the United States (ACTHUS);
Roberto Goizueta, cubano-americano, laico, profesor
en la Universidad de Loyola en Chicago;
y Marina Herrera, dominicana, laica, profesora
en el Washington Theological Union.
Si
Elizondo es el forjador de la teología
hispana católica, Justo L. González
es quien ha abierto camino en el ámbito
protestante. Uno de los instrumentos claves en
el desarrollo de la reflexión teológica
hispana ha sido Apuntes, una publicación
del programa méxico-americano de Perkins
School of Theology, en Dallas. Por 12 años,
Justo ha sido el editor de esta revista.
La
contribución de Orlando E. Costas ya fue
discutida anteriormente. Otros teólogos
importantes son José David Rodríguez,
hijo, puertorriqueño, profesor en el
Lutheran School of Theology in Chicago; Caleb
Rosado, puertorriqueño, profesor de sociología
en Humbolt State University; y Harold
Recinos, profesor en Perkins School of theology.
Dentro
del ámbito protestante, hay un movimiento
que desea desarrollar una teología hispana
de corte pentecostal. Eldin Villafañe --puertorriqueño,
ministro de las Asambleas de Dios, decano asociado
y profesor de ética social en Gordon
Conwell Theological Seminary y fundador de
del Center for Urban Ministerial Education
(CUME)-- es un pionero en este campo. Su
libro The Liberating Spirit: Toward a Hispanic
American Pentecostal Social Ethic ha marcado
un hito en el pensamiento teológico pentecostal.
Otro teólogo destacado en el campo hispano
pentecostal es Samuel Soliván, puertorriqueño,
ministro de las Asambleas de Dios, quien fuera
profesor de teología en Andover Newton
Theological School.
La
teología hispana también tiene una
vertiente dedicada a desarrollar una teología
desde y para la mujer. En lugar de llamarse "feminista",
se llama "mujerista". La pionera en
este campo es Ada María Isasi-Díaz,
laica, católica, profesora de teología
y ética en Drew University. Isasi-Díaz
ha publicado varios libros y artículos
sobre el tema [34]. También escribió,
junto a Yolanda Tarango, el libro Hispanic
Women: Profetic voice of the Church [35].
Otra teóloga católica hispana dedicada
al desarrollo de una teología desde y para
la mujer es María Pilar Aquino, mexicana,
directora del programa pastoral de ministerios
hispanos de Mount St. Mary's College
en Los Angeles. Aunque la teología mujerista
ha sido desarrollada desde una perspectica católica,
se están desarrollando esfuerzos que avanzarán
la reflexión mujerista protestante en los
próximos años.
Debemos
indicar que estas categorías no son exhaustivas.
Preveemos el desarrollo de una teología
caribeña, que integre la experiencia de
la negritud a la reflexión teológica
hispana. Esta teología proveería
un correctivo para el pensamiento hispano, que
si bien ha trabajado el tema del mestizaje desde
la perspectiva méxico-americana, apenas
ha tratado el tema de la mulatez caribeña.
Esto es importante, ya que la teología
hispana en su desarrollo tradicional corre el
peligro de caer en el pecado del racismo que tan
gravemente ha afectado a nuestros pueblos.
Del
mismo modo, la teología hispana tendrá
que entrar en diálogo con la reflexión
teológica puertorriqueña. Aunque
hay muchos ejemplos de colaboración, estos
modelos teológicos difieren en un punto
esencial. La teología hispana ve la comunidad
latina como una minoría dentro de los Estados
Unidos mientras que la puertorriqueña,
en su mayoría, afirma la identidad nacional
boricua. Una vez más, el problema del "status"
de Puerto Rico es la barrera que impide un diálogo
fructífero en este campo.
VI.
Los desafíos que enfrenta la teología
hispana
En
su desarrollo, la teología hispana enfrenta
varios desafíos [36]. El primero es la
cooperación interdenominacional o el ecumenismo.
Por años, tanto las denominaciones hispanas
independientes como las oficinas hispanas de las
distintas denominaciones protestantes estadounidenses
han luchado por establecer su identidad y por
obtener las herramientas necesarias para desarrollar
sus distintos ministerios. Por consiguiente, han
dirigido sus esfuerzos al desarrollo de sus iglesias
locales y de sus estructuras denominacionales.
Esto ha probado ser un impedimento para el desarrollo
de trabajo interdenominacional y ecuménico.
Sin echar a un lado la discusión de temas
teológicos a nivel denominacional, es necesario
entrar en diálogo con otras denominaciones
protestantes para desarrollar una teología
y una práctica que responda a las necesidades
de nuestras comunidades. Es necesario, además,
entrar en diálogo con aquellos sectores
de la Iglesia Católica que comparten nuestro
anhelo de crear una sociedad más justa.
Segundo,
encontramos el desafío que plantea la relación
de la comunidad hispana con otros grupos minoritarios
en los Estados Unidos. En diversos sectores del
país, la tensión entre grupos minoritarios
va en aumento. Tenemos el ejemplo del sur de la
Florida, donde la comunidad afro-americana resiente
la política racista del Departamento de
Inmigración y Naturalización. Mientras
los "inmigrantes ilegales" cubanos son
recibidos como héroes, los haitianos son
repatriados o confinados a campos de concentración.
Debemos mirar esta situación con sospecha.
En lugar de entrar a una lucha estéril
y fratricida, debemos darnos cuenta que el sistema
está provocando una confrontación
étnica. En lugar de ceder al juego de un
sistema socio-político injusto, debemos
abrir canales de comunicación con otros
grupos minoritarios que, al igual que nosotros,
están tratando de desarrollar un pensamiento
teológico que responda a su realidad. Nuestra
lucha es la misma [37].
What
will be most important in our attempts to rediscover
the original liberating gospel will not be our
participation in Spanish culture but our participation,
jointly with the early church, with Jesus and
the apostles, and with Afro-Americans and Asian-Americans,
in the condition of a dispossed minority whom
God is calling to new life. It is from this
perspective that Christian theology must be
rewritten [38].
Tercero,
encontramos el desafío de la "globalización".
La globalización es una tendencia de la
educación teológica en los Estados
Unidos. La misma recalca la importancia de ver
la discusión de los problemas teológicos
en una perspectiva "global", es decir,
internacional. El propósito de esta tendencia
es trascender el aislamiento ideológico
que caracteriza a los Estados Unidos. La globalización
representa un doble desafío para la comunidad
teológica hispana. Por un lado, hay que
romper con el racismo y el clasismo que caracteriza
gran parte de los programas de globalización
en los seminarios estadounidenses. Por ejemplo,
muchos profesores y estudiantes doctorales están
estudiando español para leer la vasta bibliografía
que abarca la Teología Latinoamericana
de la Liberación. Sin embargo, no cuentan
con estudiantes hispanos en sus programas ni desarrollan
programas para alcanzar a las personas en los
barrios hispanos. Es decir, prefieren viajar al
llamado "tercer mundo" antes de visitar
el "tercer mundo" que tienen a la puerta
de sus instituciones. Por otro lado, es necesario
que la teología hispana evada el aislamiento
ideológico que aqueja a la teología
anglo-europea. Debemos comprender que la situación
de los hispanos en los Estados Unidos depende
en gran medida de las condiciones en América
Latina. No podemos dejarnos llevar por la propaganda
y por las noticias filtradas a través de
las grandes transnacionales de la comunicación
masiva. Es necesario mantener contacto con Sur
América, Centro América y el Caribe
para comprender mejor la realidad de nuestros
pueblos. Sólo así podremos desarrollar
una verdadera "reflexión sobre la
praxis partiendo de la realidad".
El
cuarto y último desafío es el elitismo
y el "clasismo". La teología
hispana enfrenta el peligro de convertirse en
un medio para alcanzar legitimación ante
los círculos intelectuales estadounidenses.
Debemos desarrollar una teología para el
pueblo hispano, no otra moda teológica
que satisfaga la "comezón de oír"
de una élite académica. Si la teología
hispana desea partir de la práxis para
reflexionar críticamente sobre la realidad,
es necesario que las personas involucradas en
dicha reflexión teológica formen
parte de la comunidad hispana y estén en
contacto directo con el pueblo [39]. Esto implica
que hay que superar las diferencias de clase y
mediar la distancia que pueda crear la educación
profesional.
Notas
Bibliográficas
1.
Justo L. González, "Hispanics in the
United States", Listening
27:1, (Winter 1992): 7.
2.
Se estima que sobre 13 millones, casi dos terceras
partes, de los hispanos que viven en los Estados
Unidos son méxico-americanos. La octava
parte, 2.6 millones, son puertorriqueños.
La población de ascendencia cubana suma
1.7 millones. El resto viene de diversas partes
de América Latina, en especial de la República
Dominicana, Centro América y Colombia.
Para una explicación más detallada
vease González, Hispanics,
pp. 10-11.
3.
Fernando Segovia, "Two Places and no Place
on Which to Stand: Mixture and Otherness in Hispanic
American Theology", Listening
27:1, (Winter 1992): 27-28.
4.
Este fenómeno no es privativo de la comunidad
hispana. El mercado norteamericano siempre se
ha alimentado de profesionales traídos
del extranjero. A manera de ejemplo, podemos señalar
que 8 de cada 10 pastores ordenados por la Iglesia
Cristiana (Discípulos de Cristo) en Jamaica
viven permanentemente en los Estados Unidos y
pastorean iglesias afro-americanas.
5.
España cedió la Florida a Inglaterra
en 1763 de acuerdo al Tratado de París.
Texas se independizó de México en
1836 como resultado de la invasión de 1819
y de las oleadas migratorias que le sucedieron.
La guerra entre México y Estados Unidos
se extendió de 1846-1848, cuando se llegó
al tratado Guadalupe-Hidalgo. México cedió
-- a cambio de 15 millones de dólares --
més de tres millones de kilometros cuadrados.
Este territorio abarca lo que es hoy Nuevo México,
Arizona, California, Utah, Nevada y parte de Colorado.
Además, reconoció el Río
Grande como la frontera entre Texas y México.
Puerto Rico pasó a ser colonia estadounidense
a raíz de la guerra Hispanoamericana (1898).
6.
Algo similar ha ocurrido entre la comunidad haitiana
a raíz del golpe militar que tronchó
el gobierno de Jean-Bertrand Aristide. La clave
para detener la inmigración ilegal a los
Estados Unidos está en la estabilidad política
y económica de los pueblos caribeños
y centroamericanos. Estabilidad que depende en
gran manera de la actitud del gobierno estadounidense.
7.
González, Hispanics,
pp. 10 y 14.
8.
González, Hispanics,
p. 14.
9.
José David Rodríguez, "De apuntes
a esbozo: diez años de reflexión",
Apuntes 10:4, (Invierno
1990): 75. Justo L. González incluyó
este último artículo en Voces:
Voices from the Hispanic Church (Nashville,
Abingdon Press, 1992), 6-15.
10.
Virgilio Elizondo, Galilean Journey:
The Mexican-American Promise (Maryknoll,
New York: Orbis, 1983), 51.
11.
Segovia, Two Places,
p. 31.
12.
Rodríguez, Diez años,
p. 81.
13.
Orlando Costas, "Evangelism from the Periphery:
A Galilean Model", Apuntes, 2:3, (Otoño
1982): 51-59 y "Evangelism from the Periphery:
The Universality of Galilee", Apuntes,
2:4, (Invierno 1982): 75-84. Justo L. González
incluyó este último artículo
en Voces: Voices from the Hispanic
Church (Nashville,
Abingdon Press, 1992), 16-23. En español,
vea Evangelización contextual:
Fundamentos teológicos y pastorales
(San José: Editorial Sebila, 1986).
14.
Justo L. González, Mañana:
Christian Theology from a Hispanic Perspective
(Nashville: Abingdon Press, 1990).
15.
Rodríguez, Diez años,
p. 78.
16.
Rodríguez, Diez años,
p. 79.
17.
Véase el capítulo titulado "Reading
the Bible in Spanish" en González,
Mañana, pp. 75-87.
18.
Samuel Solivan-Román, "The need for
a North American Hispanic Theology", Listening
27:1, (Winter 1992), 21.
19.
Rodríguez, Diez años,
p. 76.
20.
Segovia, Two Places,
p. 33.
21.
González, Mañana,
p. 85.
22.
Véase el capítulo titulado "Let
the Dead Gods Bury Their God" en González,
Mañana, pp. 89-100.
23.
Véase el capítulo "The One
Who Lives as Three" en González, Mañana,
pp. 111-115.
24.
González, Mañana,
p. 109.
25.
González, Mañana,
p. 113.
26.
González, Mañana,
p. 114.
27.
González, Mañana,
p. 115.
28.
Vea el capítulo "On being Human"
en González, Mañana,
pp. 125-138. Vea, además, a Roberto Goizueta,
"Nosotros: Toward a U.S. Hispanic Antropology",
Listening 27:1, (Winter
1992): 55-69.
29.
González, Mañana,
p. 135.
30.
Vea el capítulo titulado "Life in
the Spirit" en González, Mañana,
pp. 157-167; Orlando Espín, "The God
of the Vanquished; Foundations for a Latino Spirituality",
Listening, 27:1, (Winter
1992): 70-83; y Eldin Villafañe, The
Liberating Spirit: Toward a Hispanic American
Pentecostal Social Ethic, (Lanham,
Maryland: University Press of America, 1992).
31.
Orlando Espín, Vanquished,
pp. 70-82, passim.
32.
Para una lista de los 10 teólogos hispanos
--tanto católicos como protestantes-- más
conocidos en los Estados Unidos vea el National
Catholic Reporter, NCR Books, Fall
Books, September 11, 1992.
33.
Para un análisis más detallado vease
el National Catholic Reporter,
Vol. 28, No. 37, August 28, 1992, pp. 3-5.
34.
Ada María Isasi-Díaz, "Apuntes
for a Hispanic Woman's Theology of Liberation",
Apuntes 6:3, (Fall 1986):
61-71, incluido por Justo L. González en
Voces, pp. 24-31; "Solidarity:
Love of Neighbor in the 1980's" y "The
Bible and Mujerista Theology" en Susan Brooks
Thistlewaite y Mary Potter Engel, editoras, Lift
Every Voice: Constructing Christian Theologies
form the Underside, (San Francisco:
Harper, 1990), 31-40 y 261-269; "Mujerista
Theology's Method: A Liberative Praxis, A Way
of Life", Listening
27:1, (Winter 1992): 41-54.
35.
Ada María Isasi-Díaz y Yolanda Tarango,
Hispanic Women: Profetic Voice of
the Church (San Francisco: Harper
and Row, 1988).
36.
Justo L. González enumera estos desafíos
en "The Next Ten Years", Apuntes,
10:4, (Invierno 1990): 84-86. Este artículo
aparece también en Voces,
pp. 169-171.
37.
Para un ejemplo de diálogo teológico
entre representantes de distintos grupos étnicos
vease Justo L. González, Out
of Every Tribe and Every Nation: Christian Theology
at the Ethnic Roundtable (Nashville:
Abingdon Press, 1992).
38.
González, Mañana,
p. 38.
39.
Roberto S. Goizueta, "Nosotros: Toward a
U.S. Hispanic Antropology", Listening
27:1, (Winter 1992): 60.