:: Teología Pastoral
28 de agosto de 2011
Las finanzas de las Iglesias protestantes
Recientemente escuché a un comentarista de noticias afirmando que
“todos” los ministros son un “hato de ladrones”. Una radioescucha afirmaba
sus palabras, ofreciendo como ejemplo a dos famosos ministros de iglesias
independientes. Es evidente que tanto el comentarista como su interlocutora
desconocen cómo funcionan la mayor parte de las iglesias protestantes
en Puerto Rico.
Los comentarios negativos que reciben mis columnas también demuestran
que muchas personas desconocen cómo se desarrollan los procesos financieros
en las iglesias protestantes. Permítanme, pues, hablar sobre ese tema
con el propósito de aclarar dudas y educar al pueblo.
Aclaro que voy a describir cómo funcionan las iglesias protestantes
tradicionales, particularmente las afiliadas al Concilio de Iglesias
de Puerto Rico. Las iglesias independientes pueden funcionar de otras
maneras, aunque muchas siguen un modelo similar al que describiré a
continuación.
Las iglesias protestantes tradicionales funcionan como instituciones
sin fines de lucro. Cada congregación tiene una junta de directores,
cuyo nombre varía de acuerdo con la tradición eclesiástica. Esta junta
es la que supervisa los procesos administrativos de la congregación.
Las personas que sirven voluntariamente en estos cuerpos son elegidas
o nombradas por la iglesia. En mi denominación, la Iglesia Cristiana
(Discípulos de Cristo), ese nombramiento ocurre en una asamblea congregacional
en la que cada miembro de la iglesia tiene voz y voto. Los puestos
se nombran por un año y nadie puede estar más de tres años en el mismo
puesto.
La iglesia aprueba un presupuesto anual, documento que regula los
egresos. No se puede comprar nada que esté fuera del presupuesto y
no se puede alterar el presupuesto sin un proceso administrativo para
enmendarlo.
El pastor o la pastora tiene un salario asignado. Este salario también
es aprobado por la congregación. Por lo regular, es un porcentaje modesto
del presupuesto. En mi caso, mi salario es cerca del 13% del ingreso
proyectado para este año, aunque en una iglesia pequeña el porcentaje
puede ser mucho más alto. Los pastores y las pastoras protestantes
rendimos planillas de contribución sobre ingresos, pagamos impuestos
y seguro social (aunque los ministros podemos optar por quedar fuera
del seguro social, procurando planes de retiro alternos).
Debo aclarar que la iglesia no me provee un auto. Mi carrito es un
Ford Escort del 1997, que necesita una mano de pintura y varias reparaciones.
También pago mis gastos de teléfono, peajes y estacionamiento, entre
muchos otros.
Los pastores no tenemos libre acceso a los fondos de las iglesias.
En mi caso, mi iglesia tiene un comité de finanzas que supervisa ingresos
y egresos. Todo el dinero que entra a la iglesia se cuenta y se deposita
en el banco. Todos los egresos se pagan con cheques y cada cheque necesita
dos firmas autorizadas. Yo no tengo acceso a dinero en efectivo. Si
solicito un reembolso por un gasto imprevisto, tengo que presentar
recibos.
Las propiedades están a nombre de la iglesia local y de la denominación.
Los terrenos y los templos de las iglesias protestantes tradicionales
no están a nombre de su pastor o de su pastora. Una iglesia no puede
alterar, destruir ni vender su templo sin el visto bueno de su denominación.
Esta medida evita que un ministro corrupto convenza a una iglesia de
vender su templo o su propiedad para darle el dinero.
Por lo regular, los ministros protestantes no tocan el dinero que
la gente dona. Tan pronto se recogen las ofrendas, una persona laica
lo lleva a la oficina de finanzas. Allí hay un comité encargado de
contar las ofrendas. Una vez contabilizado el dinero, se deposita en
el banco. Los donantes regulares tienen números de cuenta asignados,
de manera que pueden pedir un informe anual de sus donativos.
La junta de directores produce un informe mensual del movimiento financiero
de la congregación. Estos informes están disponibles para toda persona
que sea miembro de la iglesia. En mi caso, mi congregación también
produce un informe anual y ese informe es público. El informe se presenta
en una asamblea congregacional en la que cualquier miembro puede pedir
que se le explique el movimiento de la partida que desee.
Las iglesias protestantes tradicionales envían informes financieros
anuales a sus respectivas denominaciones. Esto permite la supervisión
del movimiento financiero, identificando los casos de malversación
de fondos. El ministro que incurre en fraude es expulsado de su denominación
y está abierto a cargos criminales y a demandas civiles.
Las denominaciones siguen procesos económicos similares a las iglesias.
También tienen juntas de directores, comités de finanzas y procesos
públicos de presupuesto. Y sus informes financieros también son públicos.
Muchas personas piensan que los ministros no debemos tener salario
alguno. En mi caso, sería imposible servir como pastor de mi iglesia
sin recibir sostén. En un día de trabajo normal, yo paso entre 8 y
11 horas ocupado en tareas de la iglesia. Estas tareas incluyen actividades
tales como: diseñar y dirigir servicios religiosos, visitar personas
enfermas, presidir funerales, aconsejar a personas en crisis, mediar
en conflictos, preparar parejas para el matrimonio, casar parejas,
oficiar en quinceañeros, predicar, ofrecer estudios bíblicos y conferencias,
organizar retiros, participar en organizaciones comunitarias, visitar
la cárcel, representar a la congregación en diversos foros, conseguir
donativos para personas en crisis, asistir a tribunales para transportar
o acompañar a una persona en crisis, ofrecer oraciones de invocación
en actividades públicas, participar en programas de radio o de televisión,
redactar materiales y hasta buscar ayudas gubernamentales para programas
que beneficien la comunidad, entre otras tareas.
En resumen, la inmensa mayoría de los pastores y las pastoras protestantes
somos profesionales que recibimos salarios modestos, a pesar de tener
varios grados universitarios. Trabajamos con la iglesia y con la comunidad
de manera responsable. No explotamos nuestras congregaciones y cumplimos
con nuestras responsabilidades ciudadanas.
Debo reconocer que hay congregaciones evangélicas que funcionan de
manera muy diferente a la descrita arriba. Además, como en toda profesión,
algunas personas abusan de su autoridad y de su influencia. Del mismo
modo que usted puede encontrar a un mecánico o a un abogado corrupto,
también puede encontrar ministros protestantes corruptos. Y el mal
ejemplo de los pocos mancha a los muchos.
Yo creo que todas las iglesias deben funcionar como organizaciones
sin fines de lucro. Yo nunca sería pastor ni miembro de una congregación
que funcione de otra manera. Si usted asiste a una iglesia que funciona
como un negocio propio del pastor, en la cual todas las propiedades
y todo el dinero sobrante le pertenece al ministro, esa es su opción.
Pero recuerde que esa no es la única alternativa.