Dios llama, capacita y envía es un sermón sobre el llamado o la vocación al ministerio basado en la historia del llamamiento del profeta Jeremías.
¿Qué ocurre cuando Dios te llama a una tarea para la cual no te sientes preparado?
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Jeremías 1.4-10 presenta uno de los relatos de vocación más impactantes de las Sagradas Escrituras. Antes de su nacimiento, Jeremías ya era conocido, apartado y consagrado por Dios para ejercer el ministerio profético. Sin embargo, al escuchar el llamado divino, respondió con temor: era joven, no sabía hablar y no se consideraba capaz de asumir una responsabilidad tan grande.
La palabra del Señor vino a mí, y me dijo: 5 «Antes de que yo te formara en el vientre, te conocí. Antes de que nacieras, te santifiqué y te presenté ante las naciones como mi profeta.» 6 Yo dije: «¡Ay, Señor! ¡Ay, Señor! ¡Date cuenta de que no sé hablar! ¡No soy más que un muchachito!» 7 Pero el Señor me dijo: «No digas que sólo eres un muchachito, porque harás todo lo que yo te mande hacer, y dirás todo lo que te ordene que digas. 8 No temas delante de nadie, porque yo estoy contigo y te pondré a salvo.» —Palabra del Señor. 9 Y el Señor extendió su mano, me tocó la boca y me dijo: «Yo, el Señor, he puesto mis palabras en tu boca. 10 Date cuenta de que este día te he puesto sobre naciones y reinos, para que arranques y destruyas, para que arruines y derribes, para que construyas y plantes.»
Jeremías 1.4-10 RVC
Su reacción no fue única. Moisés, Gedeón e Isaías también presentaron objeciones cuando Dios los llamó. Nosotros hacemos lo mismo cuando permitimos que la inseguridad, el pasado, la falta de experiencia o el temor al fracaso definan nuestros límites.
Dios promete acompañarnos, colocar su Palabra en nuestros labios y concedernos los dones necesarios para cumplir la misión. Su respuesta a Jeremías continúa hablándonos hoy: “No temas, porque yo estoy contigo”.
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Este sermón explora tres movimientos fundamentales del llamado cristiano: Dios llama, Dios capacita y Dios envía. La vocación no consiste solamente en descubrir nuestros talentos, sino en responder con fe al propósito de Dios. Quien llama es también quien sostiene, prepara y fortalece.
La tarea profética y misionera todavía continúa. Dios sigue convocando a hombres y mujeres para proclamar el Evangelio, hacer discípulos, promover la reconciliación, anunciar la salvación y comunicar paz a una generación necesitada de esperanza.
Este mensaje es para quienes sienten un llamado, pero dudan de sus capacidades; para quienes desean descubrir su propósito; y para las iglesias que necesitan renovar su compromiso con la misión.
Rechacemos el discurso de derrota que nos mantiene atados al fracaso. Confiemos en el Dios que conoce nuestra vida, vence nuestras excusas y nos acompaña en el camino. Si Dios te llama, también te capacitará y te enviará.


