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Discipulado – un estilo de vida diferente – Mateo 16.24-25

Discipulado, un estilo de vida diferente, es parte de una serie sobre el discipulado cristiano y trata sobre el llamado radical que Jesús le hace a todo ser humano. 

¿Qué significa seguir a Jesús en un mundo que exalta el individualismo, la comodidad y el poder? En este nuevo video, “Un estilo de vida diferente”, reflexionamos sobre el llamado radical de Jesús en Mateo 16.24–25 y sobre la manera en que el Reino de Dios transforma nuestras prioridades, nuestros valores y nuestra identidad.

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El discipulado cristiano es una decisión diaria: negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz y seguir a Jesús. Negarse no significa despreciarse, sino dejar de colocar el ego en el centro. Tomar la cruz significa asumir con fidelidad el costo del Reino. Seguir a Jesús implica mucho más que admirarlo: significa obedecerlo, caminar tras sus pasos y servir como él sirvió.

También exploraremos la gran paradoja del evangelio: quien intenta conservar su vida únicamente para sí termina perdiendo lo verdaderamente valioso; pero quien la entrega por amor a Cristo encuentra libertad, propósito y vida abundante. El camino del discípulo exige valentía, sacrificio y perseverancia, pero también conduce al gozo, la esperanza y la comunión con Dios.

Este mensaje nos invita a preguntarnos: ¿Qué ocupa hoy el centro de nuestra vida? ¿Estamos dispuestos a amar, perdonar, compartir, servir y defender la justicia, incluso cuando hacerlo resulte incómodo? ¿Reflejan nuestras decisiones que realmente seguimos a Jesús?

Te invitamos a ver el video completo, meditar en esta enseñanza y compartirla con otras personas. Déjanos en los comentarios qué significa para ti vivir como discípulo o discípula en medio de un mundo contradictorio. Suscríbete a nuestra página y acompáñanos a descubrir una fe que no se limita a las palabras, sino que se convierte en una forma de vida.

Permite que esta palabra confronte, inspire y renueve tu caminar cristiano.

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Pedro, ¿me amas? – Juan 21

Pedro, ¿me amas? es un sermón basado en Juan 21.15-19 que recorre el viaje de Pedro desde el fracaso hasta la gracia restauradora de Jesús.

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Como muchos de nosotros, Pedro deseaba recuperar la vida que había perdido. Sin embargo, no podía hacerlo mediante su propia fuerza. Su exceso de confianza, su arrogancia y su violencia culminaron en tres negaciones que parecían destruir para siempre su llamado y liderazgo.

En la orilla del mar de Galilea, Cristo resucitado salió al encuentro del discípulo caído. Frente a un fuego de carbones, escenario que evocaba la noche de su negación, Jesús formuló tres preguntas que confrontaron y sanaron las heridas de Pedro. Con ternura, descendió hasta el nivel en que Pedro podía responder y transformó su vergüenza en una nueva oportunidad de servicio: «Apacienta mis ovejas».

Este mensaje proclama que nuestros errores no tienen la última palabra. Jesús no desecha a quienes fracasan; los busca, restaura y vuelve a comisionar. Pedro pensó que había perdido su identidad, su llamado y su ministerio, pero la gracia se los devolvió. Quienes cargan culpa, viven atados al pasado o anhelan comenzar de nuevo encontrarán aquí una invitación a recibir el amor restaurador de Cristo y recuperar la vida que creían perdida.

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Dios llama, capacita y envía – Jeremías 1

Dios llama, capacita y envía es un sermón sobre el llamado o la vocación al ministerio basado en la historia del llamamiento del profeta Jeremías.

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Jeremías 1.4-10 presenta uno de los relatos de vocación más impactantes de las Sagradas Escrituras. Antes de su nacimiento, Jeremías ya era conocido, apartado y consagrado por Dios para ejercer el ministerio profético. Sin embargo, al escuchar el llamado divino, respondió con temor: era joven, no sabía hablar y no se consideraba capaz de asumir una responsabilidad tan grande.

Su reacción no fue única. Moisés, Gedeón e Isaías también presentaron objeciones cuando Dios los llamó. Nosotros hacemos lo mismo cuando permitimos que la inseguridad, el pasado, la falta de experiencia o el temor al fracaso definan nuestros límites.

Dios promete acompañarnos, colocar su Palabra en nuestros labios y concedernos los dones necesarios para cumplir la misión. Su respuesta a Jeremías continúa hablándonos hoy: “No temas, porque yo estoy contigo”.

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Este sermón explora tres movimientos fundamentales del llamado cristiano: Dios llama, Dios capacita y Dios envía. La vocación no consiste solamente en descubrir nuestros talentos, sino en responder con fe al propósito de Dios. Quien llama es también quien sostiene, prepara y fortalece.

La tarea profética y misionera todavía continúa. Dios sigue convocando a hombres y mujeres para proclamar el Evangelio, hacer discípulos, promover la reconciliación, anunciar la salvación y comunicar paz a una generación necesitada de esperanza.

Este mensaje es para quienes sienten un llamado, pero dudan de sus capacidades; para quienes desean descubrir su propósito; y para las iglesias que necesitan renovar su compromiso con la misión.

Rechacemos el discurso de derrota que nos mantiene atados al fracaso. Confiemos en el Dios que conoce nuestra vida, vence nuestras excusas y nos acompaña en el camino. Si Dios te llama, también te capacitará y te enviará.

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Adquiera la Agenda Ministerial 2027

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La Agenda Ministerial 2027 es una herramienta creada para quienes desean servir con propósito, organizar mejor su tiempo y mantener la Palabra de Dios en el centro de cada semana. Diseñada especialmente para pastores, predicadores, líderes y equipos de iglesia, reúne en un solo volumen todo lo necesario para planificar el año ministerial con claridad, equilibrio y visión.

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En sus 198 páginas, esta práctica agenda en formato 6 × 9 pulgadas ofrece un calendario anual de referencia, calendarios mensuales y amplios espacios de planificación semanal. Cada mes permite registrar asuntos importantes, tareas pendientes, motivos de oración y eventos especiales, facilitando la coordinación de cultos, reuniones, visitas, estudios bíblicos, actividades congregacionales y compromisos personales.

Una de sus características más valiosas es la inclusión de lecturas bíblicas sugeridas para los domingos del calendario litúrgico. Estas referencias apoyan la preparación de sermones, la selección de textos y la organización de la adoración, mientras que las páginas dominicales distribuyen la jornada en mañana, tarde y noche. Los días de la semana también cuentan con espacios generosos para anotar citas, responsabilidades, ideas y recordatorios. Además, aparecen señaladas fechas cristianas relevantes, ayudando a anticipar las distintas temporadas de la vida litúrgica.

La agenda incluye páginas para contactos ministeriales, un espacio inicial donde definir el tema, el texto bíblico y los objetivos del año, notas mensuales y secciones finales para elaborar un resumen anual, celebrar el mayor logro de 2027 e identificar asuntos pendientes. Incluso incorpora el calendario de 2028 para facilitar la planificación futura.

Su diseño sobrio, elegante y limpio favorece la escritura y evita distracciones. No es simplemente un calendario: es una herramienta de trabajo pensada para transformar múltiples responsabilidades en un plan visible, ordenado y espiritualmente enfocado.

Comience 2027 con una herramienta que comprende el ritmo real del ministerio. Organice sus prioridades, cuide cada detalle y libere más tiempo para lo esencial: estudiar, predicar, acompañar y servir. La Agenda Ministerial 2027 es también un obsequio útil y significativo para toda persona comprometida con el liderazgo cristiano. Adquiérala hoy y convierta cada página en una oportunidad para avanzar con intención, fidelidad y esperanza durante el año.

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Masterclass – El ABC de la predicación

Conferencia magistral o “Masterclass” sobre diseño sermonario basada en El ABC de la predicación, grabada en Xonacatlán, Toluca. MX.

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Predicar es proclamar el Evangelio en el contexto del culto cristiano, en un acontecimiento sagrado donde la Palabra cobra vida y la congregación puede encontrarse con Cristo. Por eso, preparar un sermón exige fidelidad bíblica, claridad homilética, sensibilidad pastoral y dependencia del Espíritu Santo.

En este recorrido estudiaremos los cimientos de la proclamación: la relación entre homilética, kerigma y predicación. Distinguiremos entre predicación bíblica, sermón y homilía, y examinaremos diferentes tipos de sermones según su fuente y propósito.

También veremos la arquitectura básica del mensaje: título, texto, idea central, área, propósito, introducción, cuerpo y conclusión. Compararemos las lógicas deductiva e inductiva, prestando atención a la manera en que cada una conduce a la audiencia hacia la verdad.

Después recorreremos cinco etapas clásicas de preparación: invención, disposición, elocución, memoria y entrega. Consideraremos, además, las herramientas retóricas que ayudan a comenzar, desarrollar y concluir con eficacia; el uso responsable de ilustraciones; las ventajas del bosquejo y el manuscrito; y la expresión física del mensaje mediante la voz, la mirada, los gestos, la postura y una actitud de oración.

Tanto si usted comienza en el ministerio como si tiene años de experiencia, encontrará principios y herramientas para fortalecer su preparación y comunicación. Finalmente, reflexionaremos sobre el leccionario y el ritmo del Año Cristiano.

Mi propósito es ayudarle a diseñar sermones fieles al texto, claros en su estructura y guiados por el Espíritu. Porque la meta de la predicación es capacitar a la comunidad para interpretar su vida a la luz de la fe cristiana. ¡Comencemos!

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DrPabloJimenez.com da la bienvenida

Le damos la bienvenida a drpablojimenez.com, un canal dedicado a la predicación, el liderazgo y la teología pastoral.

Dr. Pablo A. Jiménez
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Le invitamos a visitar las diversas páginas de nuestro canal, entre las cuales se destacan:

Homilética: Materiales educativos sobre teoría homilética, la enseñanza y la práctica de la predicación cristiana, producidos por el Dr. Pablo A. Jiménez. Estas publicaciones tienen el propósito de enseñar cómo predicar a principiantes y cómo optimizar la predicación de personas de experiencia.

Sermones: Acceda a todas nuestras páginas de sermones y prédicas cristianas. Aquí encontrará el índice que le llevará a nuestras diversas páginas relacionadas. En cada una de esas páginas encontrará lo más visto en DrPabloJimenez.com: audios, vídeos, manuscritos y bosquejos, algunos listos para predicar, completamente libres de costo.

Biblia: Acceda a vídeos y materiales educativos sobre la Biblia, enfocando en el estudio del Nuevo Testamento y en la hermenéutica o interpretación bíblica.

Liderazgo pastoral: Vea, escuche o lea vídeos, audios y libros sobre diversos aspectos del liderazgo pastoral y la revitalización de la iglesia.

Teología: Acceda a vídeos, audios, artículos, ensayos y otros materiales sobre teología, teología pastoral, teología práctica, e historia de la Iglesia, por Pablo A. Jiménez.

Educación cristiana: Acceda a varios escritos, audios y vídeos sobre educación cristiana, discipulado y formación espiritual.

Libros: Adquiera publicaciones escritas por el Dr. Pablo A. Jiménez o producidas por su ministerio (Prediquemos y drpablojimenez.com) por medio de nuestra tienda cibernética en Amazon.com.

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Hacia una teología de las puertorriqueñidades

Hacia una teología de las puertorriqueñidades es un ensayo sobre teología e identidad puertorriqueña, incluyendo la diáspora boricua.

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Cuando yo era un niño, la música de Rafael Hernández dominaba las ondas radiales. El bardo había regresado a Puerto Rico en 1953, después de pasar más de 13 años en México. A principios de los 1960’s, Hernández era el compositor más conocido en Puerto Rico. 

Una de las canciones de Rafael Hernández marcó mi mente infantil. Se trata de “El Buen Borincano”. La primera estrofa de esta canción dice:

Si yo no hubiera nacido en la tierra en que nací

estuviera arrepentido de no haber nacido allí.

Yo no nací en Puerto Rico; yo nací en Manhattan, en la ciudad de New York, en los Estados Unidos. De acuerdo con la canción de Hernández, mi lugar social estaba entre “los arrepentidos”.

Hoy enfrento un problema similar. Para mí, hablar de teología puertorriqueña es problemático, dado que yo sé que algunas personas cuestionan mi identidad como puertorriqueño. Después de haber pasado tantos años trabajando con las comunidades hispanas en los Estados Unidos y Canadá, muchos piensan que yo no tengo derecho a hablar sobre este tema.

En cualquier caso, el dilema planteado apunta al tema central de nuestro ensayo: ¿Qué es la teología puertorriqueña?

En diversos trabajos, Moisés Rosa Ramos y Luis Rivera Pagán entablaron un diálogo seminal sobre el problema metodológico de la teología puertorriqueña. Rosa planteó el tema en el primer número de la revista Casabe, cuando acotó:

¿Qué pensamiento podemos llamar teología puertorriqueña? A esta pregunta, que hace fundamentos, solamente es posible contestar de dos formas: Allí en donde quiera que un puertorriqueño/a reflexione sobre la realidad de Dios, está haciendo teología puertorriqueña. O es teología puertorriqueña aquella reflexión que los cristianos/as puertorriqueños/as (sic) y todos los que han optado por la puertorriqueñidad han hecho y hacen sobre nuestra realidad y destino, pensando y obrando desde un entendimiento de fe.1

Moisés, quien se caracterizó por su pensamiento dialéctico, afirma que estas opciones son excluyentes:

Ambas respuestas son exclusivas. Es que plantear metodológicamente la existencia de un pensamiento teológico puertorriqueño, es una acción de poner bordes y limitar el espacio humano–ámbito–en sobre el cual se reflexiona.2

En la conclusión del ensayo, Rosa opta por la segunda opción, afirmando que ésta “toma en cuenta nuestra particular problemática”.3

En parte, los planteamientos de Rosa se oponen a los de Luis Rivera Pagán, quien ha dedicado varios trabajos al tema. Quizás el más importante sea el libro Senderos Teológicos, en cuya introducción Rivera ofrece la siguiente advertencia: “La puertorriqueñidad de una obra o pensamiento no debe definirse de manera nacionalista o insularista”.4

Rivera Pagán amplía este planteamiento en otros ensayos, donde indica:

El estudio de nuestra producción teológica debe hacerse sin nacionalismos excluyentes y, por consiguiente, dando carta de ciudadanía puertorriqueña a la literatura, primero de personas nacidas en el extranjero pero que han elaborado intelectualmente en nuestra comunidad…y, segundo, a la efectuada en el extranjero por puertorriqueños emigrantes…La diáspora y el peregrinaje son dimensiones esenciales de nuestra historia nacional. El corolario obligado de este segundo principio, en mi opinión, es que también debemos aceptar como puertorriqueña la producción teológica realizada por hijos e hijas de este país en ámbitos académicos estadounidenses y escrita, por consiguiente, en inglés…5

Luis Rivera Rodríguez se inserta en este diálogo con el artículo titulado “Teología puertorriqueña y teología puertorriqueñista”, indicando que las definiciones de Rosa y Rivera Pagán apuntan a realidades distintas. Rivera Rodríguez sugiere que debemos distinguir entre la teología puertorriqueña (representada por la posición de Rivera Pagán) y la “puertorriqueñista” (representada por la posición de Rosa Ramos).

Teología puertorriqueña es la reflexión crítica sobre Dios y los asuntos fundamentales de la existencia y el destino humano en la historia referida directa o indirectamente a la experiencia puertorriqueña, hecha desde una perspectiva y praxis cristiana y llevada a cabo principalmente por nacionales residentes, sin excluir posibles aportes de extranjeros residentes y otros nacionales en la diáspora.

Teología puertorriqueñista es aquella reflexión desde la fe y la praxis cristiana sobre Dios y la condición y destino humano en la experiencia y contexto puertorriqueño hecha por nacionales residentes o en diáspora y extranjeros residentes con una opción por la puertorriqueñidad.6

Quizás algunas personas piensen que esta es una distinción sin diferencias reales. Sin embargo, el aporte de Rivera Rodríguez nos lleva a considerar el problema ideológico de fondo. Para Rosa, la “opción por la puertorriqueñidad” implica la afirmación y la búsqueda de la soberanía nacional puertorriqueña. En este sentido, la definición de Rosa excluye la obra teológica de quienes desean la estadidad para Puerto Rico, de quienes sostienen opciones que no cambian la condición colonial de la Isla y de quienes evaden el tema en sus escritos. 

Rivera Pagán muestra más sutileza en su acercamiento al tema, afirmando la identidad puertorriqueña de teólogos y teólogas que manifiestan una “opción por la puertorriqueñidad”, para usar el eufemismo de Rosa. Esto le permite, por ejemplo, reconocer el trabajo de Ángel M. Mergal, a pesar de sus opciones políticas.7

En fin, la distinción de Rivera Rodríguez es útil, pues nos permite “concluir que toda teología puertorriqueñista es puertorriqueña; pero no toda teología puertorriqueña es puertorriqueñista.” 8

En términos generales, yo no tengo objeción alguna a la definición de Teología puertorriqueña que ofrece Rivera Rodríguez en su trabajo. Tampoco tengo objeciones a su definición de Teología puertorriqueñista. Sin embargo, tengo dos preocupaciones sobre el tema. La primera se relaciona a la hibridez que caracteriza al pueblo puertorriqueño y la segunda al temario de la teología puertorriqueña.

Las definiciones de teología puertorriqueña reseñadas arriba afirman la existencia de una identidad nacional boricua y dan por sentada la posibilidad de identificar dicha identidad. Sin embargo, el Puerto Rico de hoy es el resultado de más de 500 años de coloniaje bajo dos metrópolis. Esto explica la hibridez cultural de Puerto Rico.

Podemos definir la hibridez cultural de la siguiente manera:

La hibridez se refiere comúnmente a la creación de nuevas formas transculturales dentro de la zona de contacto producida por la colonización. Al igual que se usa en la horticultura, el término se refiere al cruce de dos especies por medio de injertos o la polinización cruzada para formar una tercera especie “híbrida”. La “hibridación” se manifiesta en diversas formas: lingüísticas, culturales, políticas, raciales, etc.9

En los contextos coloniales, la identidad cultural se construye de manera polémica, en espacios contradictorios y ambivalentes. Esto hace imposible cualquier reclamo de pureza cultural.10

En un ambiente como el puertorriqueño, la identidad se construye en dos frentes: en contraste con la herencia española, esclavista y colonial, y en contraste con la estadounidense, capitalista y neocolonial. El resultado es una identidad diferente a las de las metrópolis, pero influenciada por ambas.

Para muchas personas, la identidad híbrida es un escándalo, pues se aparta de las normas hegemónicas. Sin embargo, la hibridez es una forma de resistencia, que transgrede los nacionalismos y se opone diametralmente al jingoísmo, definido como patriotismo extremo que se manifiesta en un orgullo nacional exagerado y en pretensiones de superioridad que promueven la agresión a otras naciones.11

Mientras las afirmaciones de la cultura nacional y de las tradiciones precoloniales han jugado un rol importante en la creación de un discurso anti-colonial y en la discusión de un proyecto descolonizador activo, las teorías de la naturaleza híbrida de la cultura postcolonial afirman un modelo de resistencia, localizándolo en un contra-discurso subversivo implícito en la ambivalencia colonial misma y, por lo tanto, minando las bases mismas sobre las cuales el discurso imperialista y colonialista construye sus reclamos de superioridad.12

Es innegable que la identidad puertorriqueña oscila entre los dos polos: la hispanofilia y el “proamericanismo”. Por un lado, algunas personas exaltan la herencia española de la “madre patria”, olvidando los genocidios que trajo la colonia. Ven el idioma español como un instrumento de resistencia, olvidando que es también parte de la herencia colonial. Por otro lado, otras personas exaltan la influencia estadounidense, olvidando los males que ha traído el neocolonialismo. El mundo protestante tiende a asociar la influencia cultural estadounidense con el evangelio, motivando sentimientos proamericanos en el pueblo evangélico. 

La hibridez cultural puertorriqueña transgrede ambos polos, pues se niega a escoger uno de ellos. A los hispanófilos les ofende el biculturalismo y el bilingüismo, mientras que a los asimilistas les ofende la irreductibilidad del carácter puertorriqueño. Por eso, los comentaristas afiliados a ambos polos atacan a las personas puertorriqueñas “híbridas”, llamándoles “New York Ricans”.

Líderes culturales estadounidenses también han criticado la hibridez boricua. Por ejemplo, el ex-senador Daniel Patrick Moynihan escribió junto a Daniel Glazar Beyond the Melting Pot: The Negroes, Puerto Ricans, Jews, Italians and Irish in New York City. 13 Moyniham avanza la idea de que el paradigma del “melting pot” o crisol ha fallado, dado que varias etnias han probado que no pueden “derretirse” para “fundirse” o asimilarse a la cultura anglo-europea estadounidense. Moynihan definió a estos grupos étnicos como los “unmeltables”.

Ante la realidad de la hibridez boricua, avanzo la idea de que la teología puertorriqueña en el siglo XXI debe considerar a las comunidades puertorriqueñas bilingües y biculturales como objeto y como sujeto de su reflexión teológica. Si digo “comunidades”, es porque hay diferencias marcadas entre la población puertorriqueña en el sureste, en el noreste y en el medio-oeste de los Estados Unidos. No es lo mismo vivir en Orlando, New Jersey o Hammond, Indiana. Del mismo modo, hablo en plural porque en Puerto Rico hay miles de personas puertorriqueñas que viven en “la guagua aérea”, viajando constantemente a los Estados Unidos.

Avanzo esta propuesta sabiendo que encontrará jingoístas que avanzan críticas muy similares a las que presenta el racismo estadounidense.

  • Mientras en los Estados Unidos luchamos en contra del “English only”, en Puerto Rico luchamos en contra del “Spanish only”. 
  • Mientras en los Estados Unidos hay personas que nos critican por hablar español en público, en Puerto Rico nos critican por hablar inglés con nuestros hijos. 
  • Mientras en los Estados Unidos nos mandan de vuelta a casa (“go home”), en Puerto Rico nos mandan… a otros lugares.

A pesar de estas luchas, estoy convencido de que tengo derecho a vivir como puertorriqueño bicultural y bilingüe. Estoy convencido de que la historia me da el derecho a no tener que escoger entre la hispanofilia y el asimilismo. Y estoy convencido de que tengo el derecho a disfrutar de todas las libertades que me da el ser puertorriqueño.

Ahora bien, no puedo terminar sin volver a examinar la frase que emplea Moisés Rosa para avanzar su propuesta teológica: “una opción por la puertorriqueñidad”. Como indiqué anteriormente, si entiendo bien a Rosa, esta frase se refiere a una opción política que le permita al pueblo puertorriqueño alcanzar y sostener su soberanía nacional. En términos políticos, se refiere a la independencia.

El problema es que, a principios del siglo XXI, Puerto Rico se ve empujado a aceptar la libre asociación como opción política única. Las administraciones de Bush-Cheney y Trump-Pence dejaron claro su deseo de cambiar radicalmente la relación entre la metrópoli y la Isla, dado que el cierre de las bases militares en la Isla Grande y sus islas adyacentes ha mermado la importancia de Puerto Rico como bastión militar.

La pregunta que planteo es: ¿El modelo de la libre asociación es “una opción por la puertorriqueñidad”? ¿Es la republica asociada una opción descolonizadora o solo otra forma de disfrazar la colonia? Las personas que abogan por opciones “soberanistas” en sus reflexiones teológicas, ¿hacen teología puertorriqueña o “puertorriquenista”?

En mi humilde opinión, creo que la libre asociación no es más que otra forma de neocolonialismo. Creo que se engañan quienes piensan que las Islas Marshall y los otros antiguos territorios estadounidenses en el Pacífico son verdaderamente independientes. A mi juicio, la libre asociación es simplemente otra forma de coloniaje, vestido en ropaje postmoderno. Como me dijo un sociólogo costarricense en 1987 después de leer escritos de Juan Manuel García Passalacqua, la “libre asociación” llevaría a Puerto Rico a ser “otra república donde los gringos mandan”.

Todo esto me lleva a proponer la ampliación del temario de la teología puertorriqueña. Creo que la teología puertorriqueña debe incluir una reflexión activa sobre la situación de los cinco millones de personas de ascendencia puertorriqueña que viven en los Estados Unidos. Y creo que esta propuesta se hace aún más urgente si, en realidad, Puerto Rico está abocado a un nuevo status político que seguramente agudizará las diferencias entre las comunidades puertorriqueñas que viven en el sagrado terruño y las que viven en “las entrañas del monstruo”.

En resumen, propongo que en lugar de hablar de una “Teología puertorriqueña”, debemos hablar de una “teología de las puertorriqueñidades” que explore las diversas expresiones del ser puertorriqueño. Esta “teología de las puertorriqueñidades” reflexionaría sobre temas tales como la hibridez cultural, la inmigración y la condición postcolonial. Examinaría tanto las condiciones de vida en la Isla como las condiciones de vida de las comunidades puertorriqueñas que viven en los Estados Unidos. Además, tomaría en serio la realidad de las comunidades “neoriqueñas” que viven en Puerto Rico. Finalmente, fomentaría el diálogo entre quienes hacen teología desde y para Puerto Rico con las personas de trasfondo puertorriqueño que hacen teología tanto en los Estados Unidos como en América Latina.

Avanzo estas ideas sin pretensiones de dictar pautas o forzar agendas futuras. Hablo desde mi lugar social como un hombre puertorriqueño, nacido en New York, cuyas hijas nacieron en los Estados Unidos y cuyo hijo nació en Puerto Rico, a pesar de que en algún lugar de su cuerpo debe tener un sello que lea “Producto centroamericano, hecho en Costa Rica”.

Es, precisamente, pensando en las nuevas generaciones–cuyo carácter postmoderno les invita a transgredir bordes, márgenes y fronteras–que hago este llamado a repensar los bordes y límites de la teología puertorriqueña.

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Teología e identidad puertorriqueña
Moisés Rosa Ramos
Luis Rivera Pagán
Diáspora puertorriqueña
Hibridez cultural
Teología puertorriqueña
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Jiménez, Pablo A. “Hacia una teología de las puertorriqueñidades: Teología e identidad puertorriqueña”. DrPabloJimenez.com. Accesado el *día* de *mes* de *año*. https://www.drpablojimenez.com/2026/09/15/hacia-una-teologia-de-las-puertorriquenidades/

  1. Moisés Rosa Ramos, “Teología puertorriqueña (El problema metodológico)” Casabe 1 (Agosto 1989): 3. ↩︎
  2. Ibid. ↩︎
  3. Ibid., 4. ↩︎
  4. Luis Rivera Pagán, Senderos teológicos: El pensamiento evangélico puertorriqueño (San Juan: Editorial La Reforma, 1989), 25, ↩︎
  5. Luis Rivera Pagán, en el ensayo titulado “Migajas teológicas: breves reflexiones sobre la producción” teológica en Puerto Rico», incluido en Los sueños del ciervo: Perspectivas teológicas del Caribe (San Juan: Ediciones CLAI, 1995), 71, ↩︎
  6. Luis Rivera Rodríguez, “Teología Puertorriqueña: El problema metodológico”, Casabe 2 (Febrero 1990): 6-7. ↩︎
  7. Rivera Pagán, Senderos, 104. ↩︎
  8. Rivera Rodríguez, 7. ↩︎
  9. Bill Ashcroft, Gareth Griffiths & Helen Tiffin, Key Concepts in Post-Colonial Studies (Londres: Routledge, 1998), s.v. “hybridity”, 118. (Traducción nuestra) ↩︎
  10. Ibid. ↩︎
  11. Diccionario de la Real Academia Española, s.v. “Jingoísmo”, disponible en: https://dle.rae.es/jingo%C3%ADsmo. Accesado el 29 de abril de 2022. ↩︎
  12.  Ashcroft, et. al., “hybridity”, 121. (Traducción nuestra) ↩︎
  13. Nathan Glazer & Daniel Patrick Moynihan, Beyond the Melting Pot, Second Edition: The Negroes, Puerto Ricans, Jews, Italians and Irish in New York City (Boston: The MIT Press, 1970). ↩︎
Vea otros escritos sobre teología pastoral.

Jeremías 29.11 – Dios tiene un plan

Dios tiene un plan para tu vida” es un sermón textual-expositivo sobre Jeremías 29.11, por el Dr. Pablo A. Jiménez.

¿Qué significa realmente la promesa de Jeremías 29.11? Muchas veces citamos este versículo como una garantía de que Dios eliminará inmediatamente nuestros problemas. Sin embargo, su mensaje original nació en medio del exilio, la pérdida, la angustia y la incertidumbre del pueblo de Judá.

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En este vídeo exploraremos el contexto histórico y pastoral de las palabras del profeta Jeremías. Descubriremos que Dios no ofreció una salida rápida de Babilonia, sino una esperanza firme para perseverar, construir, sembrar, formar familias y vivir fielmente mientras llegaba el tiempo de la restauración.

Sólo yo sé los planes que tengo para ustedes. Son planes para su bien, y no para su mal, para que tengan un futuro lleno de esperanza.”
—Palabra del Señor.

Jeremías 29.11 RVC

El mensaje se desarrolla alrededor de tres grandes verdades: el conocimiento divino, el propósito integral y el futuro glorioso. Dios conoce nuestras circunstancias y nuestro sufrimiento, aun cuando no logramos comprender lo que sucede. Sus pensamientos son de paz, es decir, de shalom: bienestar completo, restauración y plenitud. Además, su propósito trasciende lo inmediato y apunta hacia una renovación espiritual y eterna.

Esta enseñanza conecta la experiencia del exilio babilónico con nuestros propios tiempos turbulentos. Ante la enfermedad, la pérdida, las crisis familiares, la incertidumbre económica o el cansancio espiritual, podemos confiar en que Dios continúa soberano. Él conoce, restaura y cumple. Su juicio no es la palabra final; su propósito de bondad permanece.

En Jesucristo, esta esperanza queda confirmada: quien comenzó la buena obra la perfeccionará. Aunque hoy no veas el plan completo, Dios sigue trabajando en tu historia. Este mensaje te ayudará a leer esta promesa con nuevos ojos y caminar con paciencia, confianza y fidelidad.

Mira el vídeo, compártelo con alguien que necesite ánimo y suscríbete al canal. Sigue adelante con certeza: el carácter de Dios es fiel y amoroso. En medio del sufrimiento hay consuelo, y en las manos de Dios hay un futuro de paz, restauración y esperanza preparado para ti.

Plan de Dios
Dios tiene un plan
El plan de Dios para tu vida
Dios tiene un plan para tu vida
Jeremías 29.11
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros
pensamientos de paz, y no de mal
Vea otros sermones del Dr. Jiménez, listos para predicar

Una visión diferente – Mateo 5.3

“Una visión diferente” es parte de una serie sobre el discipulado cristiano que trata sobre la felicidad de acuerdo a los valores del Reino de Dios.

La “ley de la felicidad” según el Reino de Dios

En Mateo 5.3, Jesús declara: «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos». Con estas palabras comienza el Sermón del Monte y presenta una visión distinta de la vida, la felicidad y el éxito.

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La cultura suele admirar la autosuficiencia, el poder, la riqueza y el prestigio. Jesús, en cambio, llama bienaventuradas a las personas que reconocen su necesidad de Dios y se acercan a Él con humildad, las manos vacías y el corazón abierto. Ser pobre en espíritu no significa vivir sin valor ni fortaleza; significa abandonar la ilusión de que podemos sostener la vida por nuestra cuenta y depender de la gracia divina.

Esta bienaventuranza abre la puerta para comprender las demás. El Reino honra a quienes lloran, practican la mansedumbre, buscan la justicia, ofrecen misericordia, cultivan un corazón limpio, trabajan por la paz y permanecen fieles aun frente a la persecución. Así, Jesús invierte los valores y nos invita a mirar a las personas con los ojos de Dios.

La felicidad, entonces, no depende de circunstancias, posesiones o reconocimiento. Nace de una relación correcta con Dios y se expresa en una vida dedicada al amor, el servicio, la compasión y la justicia.

El Reino no es una promesa futura: comienza a experimentarse hoy cuando acogemos la voluntad de Dios y encarnamos sus valores en el hogar, la iglesia, el trabajo y la comunidad.

Este mensaje exige una decisión: vivir según la lógica de la competencia y el ego, o seguir el camino de Cristo.

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Una doctrina para tiempos de crisis

La perseverancia de los santos, que trata sobre la seguridad de salvación, es una de las doctrinas centrales de la fe reformada.

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La perseverancia de los santos

Por Pablo A. Jiménez

Texto: Efesios 1.3-6

Idea central: La doctrina de la perseverancia de los santos es una expresión de confianza en el carácter de Dios.

Área: Formación espiritual

Propósito: Presentar la doctrina de la perseverancia de los santos como un llamado a la esperanza en Dios en tiempos de crisis.

Lógica: Inductiva

Diseño: Doctrinal 

¿A qué se dedica usted? ¿Cuál es su trabajo, su vocación o su ministerio? En mi caso, durante toda mi vida he estado dedicado al ministerio cristiano. He sido pastor, administrador y educador; y he trabajado con diversas denominaciones, instituciones cristianas y escuelas teológicas.

Cuando comienzo un curso, siempre trato de tomar un tiempo para presentarme y para conocer a mis estudiantes. En ocasiones, estos primeros encuentros producen situaciones interesantes. Por ejemplo, hace unos años, en la primera reunión de un curso virtual, un estudiante me preguntó qué denominación me había ordenado al ministerio. Le contesté, dándole el nombre de mi denominación: La Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico. Sorprendido por mi respuesta, el estudiante continuó su interrogatorio, preguntando por el origen de mi denominación. Le dije que salimos del movimiento presbiteriano. Entonces, el estudiante me preguntó: “¿Esos son los ´salvo siempre salvo´?” 

Yo procedí a responderle al estudiante que Juan Calvino nunca dijo la frase “salvo siempre salvo” y que el nombre correcto de la doctrina a la que se refería era “la perseverancia de los santos”. Confundido, el estudiante dejó de preguntar. Sin embargo, era evidente que no tenía la más mínima idea del significado de mis palabras. 

Efesios 1 abre la primera parte de la carta, que presenta las enseñanzas teológicas principales, con una gran bendición dirigida a Dios. La carta se presenta como escrita por Pablo, “apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios” (1.1), y más adelante el autor se identifica como “prisionero en el Señor” (4.1), dato que vincula Efesios con el grupo tradicionalmente conocido como las “cartas de la prisión”, junto con Filipenses, Colosenses y Filemón. 

Después del saludo inicial, la epístola pasa inmediatamente a la doxología: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (v. 3). El pasaje de Efesios 1.3-14 es famoso porque, en el griego del Nuevo Testamento, forma una sola oración larga y densamente construida. Varias traducciones modernas la dividen en varias oraciones para facilitar la lectura, pero la estructura original tiene el carácter de una alabanza continua, casi como una cascada teológica. En este sentido, Efesios 1.3-14 funciona como una gran bendición que estructura todo el pasaje, enumerando las bendiciones que Dios ha dado en Cristo.  

El v. 3 dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. El foco de esta oración es la bendición. El texto griego usa tres palabras de la misma familia: Εὐλογητὸς (Eulogētos, “bendito”), εὐλογήσας (eulogēsas, “habiendo bendecido”) y εὐλογίᾳ (eulogia, “bendición”). El efecto retórico es claro: la comunidad bendice a Dios porque Dios ya la ha bendecido primero.

“Con toda bendición espiritual”: En Efesios, lo “espiritual” se refiere a aquello que pertenece a la nueva era en la historia de la salvación inaugurada por la obra del Señor Jesucristo. La bendición describe la nueva realidad, es decir, la salvación por medio de la cual Dios incorpora a judíos y gentiles en un solo pueblo.

La expresión “en los lugares celestiales” traduce el griego ἐν τοῖς ἐπουρανίοις. En Efesios, esta frase aparece varias veces y se relaciona con el señorío de Cristo, quien ha resucitado y ha sido exaltado. La obra de Cristo le da una nueva posición a los creyentes y los capacita para lidiar con el conflicto cósmico contra los poderes espirituales. Esta expresión, dentro de Efesios, designa el ámbito del Señor resucitado y ascendido, así como la esfera en la que la vida cristiana se relaciona con realidades espirituales.  

La frase decisiva es ἐν Χριστῷ: “en Cristo”. En Efesios, la salvación no se entiende principalmente como una experiencia aislada del individuo, sino como incorporación a Cristo. Dios:

  • Bendice “en Cristo”, 
  • Escoge “en él”, 
  • Concede gracia “en el Amado”, 
  • Redime “en él” 
  • Y reúne todas las cosas “en Cristo”. 

Por lo tanto, la cristología es el centro organizador del pasaje.

El v. 4 afirma que Dios “nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. El verbo griego es ἐξελέξατο (exelexato), una forma de de eklegomai, “escoger” o “elegir”. La elección ocurre ἐν αὐτῷ, “en él”, es decir, en Cristo. Esto es fundamental: Efesios presenta la elección como una realidad cristológica. Dios escoge a su pueblo por medio de la obra de Cristo.

La frase “antes de la fundación del mundo” sitúa la salvación dentro del propósito eterno de Dios. La redención es parte del designio eterno de Dios. Esto conecta con la afirmación del v. 10, donde se habla de una οἰκονομία (oikonomia), es decir, una administración, plan o disposición divina para la plenitud de los tiempos.

El propósito de la elección es tanto doctrinal como ético: “para que fuésemos santos y sin mancha”. El texto griego dice ἁγίους καὶ ἀμώμους (hagious kai amōmous). La “santidad” indica pertenencia a Dios; “sin mancha” evoca lenguaje sacrificial y de pureza. La elección no es una licencia para la arrogancia religiosa, sino un llamado a vivir como pueblo consagrado.

El v. 5 continúa diciendo: “en amor, habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo”. La frase “en amor” puede conectarse con el final del v. 4 o con el inicio del v. 5. En ambos casos, el sentido teológico es coherente: la elección y la adopción nacen del amor de Dios.

El participio προορίσας (proorisas) significa “habiendo predestinado” o “habiendo determinado de antemano”. El destino señalado es la υἱοθεσία (huiothesia), el ser hecho hijos, es decir, la adopción filial. En el mundo grecorromano, la adopción otorgaba estatus, pertenencia familiar y derechos de herencia. Pablo usa ese lenguaje para afirmar que la salvación no se limita al perdón legal; implica ser incorporados a la familia de Dios.

Esta adopción ocurre “por medio de Jesucristo” y “según el puro afecto de su voluntad”. El griego habla del εὐδοκία (eudokia) de la voluntad divina: el beneplácito, agrado o propósito bondadoso de Dios. La iniciativa es divina de principio a fin.

El v. 6 revela la finalidad última: “para alabanza de la gloria de su gracia”. Esta es una de las afirmaciones teológicas centrales del pasaje. El plan de salvación tiene como fin la glorificación de Dios. La gracia que rescata al ser humano también revela la gloria del Dios que salva. Por eso, la epístola a los Efesios comienza adorando a Dios. Por lo tanto, la adoración es tanto el punto de partida como el de llegada de la teología. La teología que nace en el contexto de la adoración conduce a la doxología.

La expresión “en el Amado” traduce ἐν τῷ ἠγαπημένῳ (en tō ēgapēmenō). El Amado es Cristo. Dios concede su gracia en aquel que es objeto de su amor perfecto. La identidad del creyente, por tanto, depende de su unión con el Hijo amado.

En resumen

  1. Efesios 1.3-10 presenta una visión majestuosa de la salvación. Dios bendice al mundo por medio de Jesucristo. Antes de la creación, Dios escogió a su pueblo en Cristo para vivir en santidad. En amor, lo predestinó para adopción. Esta adopción no tiene como fin primario la exaltación humana, sino “la alabanza de la gloria de su gracia”. La humanidad goza de redención y perdón por la sangre de Cristo, no por mérito propio. Y esa gracia revela un misterio: el propósito de Dios es reunir todas las cosas en Cristo.
  2. El pasaje también ofrece una visión profundamente paulina de la iglesia. La comunidad cristiana existe porque ha sido bendecida, escogida, adoptada, redimida e incorporada al propósito eterno de Dios. La iglesia no es una asociación voluntaria de personas con intereses religiosos comunes; es el pueblo formado por la gracia de Dios en Cristo. Por eso, Efesios puede pasar más adelante de la doxología a la ética: quienes han sido bendecidos en Cristo deben vivir de manera digna de su llamamiento.
  3. Finalmente, Efesios 1.3-10 debe leerse como una invitación a la adoración. El pasaje no ofrece una teoría fría de la elección, la predestinación o la redención. Es una bendición litúrgica, una proclamación gozosa, una confesión de fe. Pablo —o la voz apostólica que la carta reclama desde 1.1— no comienza explicando lo que la iglesia debe hacer, sino anunciando lo que Dios ha hecho en Cristo. La respuesta adecuada es alabar, confiar y vivir en la historia como pueblo que sabe que el destino final de todas las cosas está en manos de Dios.

La doctrina de la perseverancia de los santos afirma la fidelidad de Dios. Esta doctrina central de la fe reformada afirma que quienes han sido verdaderamente unidos a Cristo por la gracia de Dios, llamados eficazmente por el Espíritu Santo, justificados y adoptados como hijos e hijas de Dios, no caerán total ni finalmente del estado de gracia, sino que serán guardados por Dios hasta el fin. Por lo tanto, la salvación descansa en la fidelidad del Dios que salva. 

Por eso, la Confesión de Fe de Westminster declara que quienes Dios ha aceptado en Cristo, llamado eficazmente y santificado por su Espíritu, “ciertamente perseverarán” hasta el fin y serán eternamente salvos.  

Esta doctrina enseña que Dios preserva a los suyos de tal manera que perseveran en la fe, aunque puedan experimentar luchas, caídas, dudas y temporadas de debilidad. 

La doctrina de la perseverancia de los santos se apoya en varios ejes bíblicos. 

  • Primero, descansa en la fidelidad del Padre, quien elige, llama y guarda. 
  • Segundo, descansa en la obra perfecta de Cristo, cuya muerte, resurrección e intercesión aseguran la salvación de su pueblo. 
  • Tercero, descansa en la presencia permanente del Espíritu Santo, quien sella, santifica, corrige y fortalece al creyente. 
  • Cuarto, descansa en el pacto de gracia, por medio del cual Dios promete ser fiel a su pueblo. 

Una vez más, la Confesión de Westminster afirma que esta perseverancia no depende del libre albedrío humano, sino del amor inmutable del Padre, del mérito y la intercesión de Cristo, de la permanencia del Espíritu y de la naturaleza del pacto de gracia.  

Un texto clave para comprender esta doctrina es Filipenses 1.6: “Estoy persuadido de que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (RVC).

Por lo tanto, la doctrina de la perseverancia de los santos es una expresión de confianza en el carácter de Dios.

Ahora bien, debe quedar claro que la perseverancia no cancela la responsabilidad humana. Dios llama a cada creyente a velar, orar, resistir la tentación, alejarse del pecado y crecer en santidad.

La perseverancia de los santos fue elaborada como una doctrina pastoral para sostener la fe de comunidades sometidas al conflicto, el temor, la ansiedad, la persecución y la muerte.

Las iglesias reformadas de Europa surgieron en medio de confrontaciones políticas, religiosas y sociales profundas. La reflexión teológica sobre la perseverancia de los santos surge en un mundo marcado por la experiencia de iglesias perseguidas, pastores ejecutados, comunidades cristianas reducidas al clandestinaje y creyentes obligados a escoger entre la fe de Jesucristo y la seguridad personal.

Por tanto, cuando las iglesias reformadas afirmaban que Dios preserva a los suyos:

  • Hablaban a creyentes que podían perder propiedades, familia, libertad y vida. 
  • Hablaban a comunidades que habían visto morir a sus pastores. 
  • Hablaban a personas que necesitaban saber si la gracia de Dios podía sostenerlas cuando los poderes del mundo parecían invencibles.

Vista desde esta perspectiva, la doctrina de la perseverancia de los santos nos llama a la resistencia y esperanza. 

En el pasado, le dijo a la iglesia perseguida: “Tu salvación no está en manos del magistrado, del inquisidor, del rey ni del verdugo. Está en manos de Dios”. 

  • Decía a quienes caminaban hacia el exilio: “Cristo no pierde a sus ovejas”. 
  • Decía a quienes lloraban a sus mártires: “La muerte no tiene la última palabra”. 
  • Decía a quienes estaban tentados a apostatar bajo presión: “El Espíritu intercede, sostiene, corrige y restaura”.

Cuando se comprende correctamente, la doctrina de la perseverancia de los santos produce humildad, destruyendo la autosuficiencia espiritual. Reconoce que, si la salvación dependiera finalmente de la naturaleza humana, nadie tendría esperanza. Por esta razón, es buena noticia para todos nosotros, que somos frágiles, estamos expuestos a la tentación y necesitamos la gracia divina.

Por todas estas razones, esta doctrina llama a la iglesia a practicar una pastoral de esperanza. 

  • Las personas que caen deben ser llamadas al arrepentimiento, pero no abandonadas a la desesperación. 
  • Las personas débiles deben ser fortalecidas, no aplastadas. 
  • Las personas perseguidas deben ser acompañadas con la promesa de que Dios termina lo que comienza. 
  • La perseverancia de los santos, correctamente entendida, anuncia que la gracia de Dios es suficiente para mantenernos firmes en el Amado.
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