El silencio de Cristo es una prédica sobre Lucas 23.9, que trata sobre la confrontación entre la fe verdadera y el entretenimiento religioso.
Vivimos en una época donde la fe corre el riesgo de convertirse en espectáculo. En medio de la cultura del clic, de la viralidad y de la búsqueda constante de atención, muchas personas han confundido el Evangelio con el entretenimiento religioso. Pero Jesucristo no vino a divertir multitudes ni a satisfacer curiosidades superficiales. Vino a revelar la verdad del Reino de Dios, a confrontar el pecado, a ofrecer salvación y a transformar la vida humana desde lo más profundo.
En este nuevo video, reflexiono sobre “El silencio de Cristo” y la diferencia radical entre la fe bíblica y el entretenimiento religioso. A partir de episodios bíblicos, experiencias pastorales y una lectura crítica de nuestra cultura contemporánea, analizo cómo la “espectacularización” de la religión ha distorsionado la predicación cristiana, convirtiendo a ciertos líderes en figuras mediáticas que buscan fama, influencia y monetización, en lugar de mostrar fidelidad al mensaje de Jesús.
El video también examina un punto crucial: el silencio de Jesús ante Herodes en Lucas 23.9. Herodes deseaba ver una señal, un truco, un acto que alimentara su curiosidad. Pero Cristo no respondió. Ese silencio es profundamente revelador. Jesús se negó a participar en el juego del espectáculo. Se negó a convertirse en objeto de entretenimiento para el poder. Ese mismo silencio sigue hablándonos hoy, cuando tantas personas buscan una religión que impresione, pero no necesariamente una fe que transforme.
Además, este mensaje denuncia el uso irresponsable de supuestas “palabras de ciencia” o “palabras de sabiduría” que, en muchos casos, no son más que ambigüedades diseñadas para manipular a personas vulnerables. Frente a eso, afirmamos una verdad central: el discipulado cristiano es una relación gratuita con Dios por medio de Jesucristo, en el poder del Espíritu Santo. No se compra, no se vende, no depende de celebridades religiosas y no necesita intermediarios.
Le invito a ver este video, reflexionar en oración y compartirlo con otras personas. Ha llegado el momento de dejar de buscar el próximo evento viral y comenzar a buscar, con seriedad y humildad, al Cristo que camina con nosotros en lo cotidiano.
No te alejes de mi es un sermón expositivo sobre el Salmo 22, que es un salmo de lamentación. Fue predicado el 12 de enero de 2020 en la Iglesia Cristiana Nueva Vida, en East Boston, MA.
La memoria herida por la angustia contiene el audio, el video y el manuscrito listo para predicar de un sermón sobre el Salmo 77.
Media
Texto
El dolor es una experiencia común a toda la humanidad. Todos los seres
humanos experimentamos dolor, tanto al nivel físico como al nivel emocional.
El idioma español tiene una palabra que se refiere, específicamente,
al dolor emocional. Esta palabra es sinónimo de la aflicción, la congoja y la
ansiedad. Se define como un temor opresivo que, en muchas ocasiones, no tiene
una causa precisa. Es la sensación de estar en un aprieto, en un apuro. Y ese
dolor emocional es tan intenso que puede provocar síntomas físicos, tales como
la sofocación y la sensación de opresión en el pecho o en el estómago. Ese tipo
de dolor emocional tiene un nombre: angustia.
La Biblia contiene varios textos que describen la angustia que puede
sentir un ser humano. Sin embargo, hoy deseo compartir con ustedes un ejemplo
en particular. Se trata del Salmo 77.
El Salmo 77 es un Salmo de Lamentación. Comienza con
un lamento profundo, donde el poeta expresa toda una serie de dudas sobre su
vida y sobre su relación con Dios. Estas dudas le atormentan. La tensión y la
angustia del salmista son tan grandes que le han quitado el sueño (v. 4); ha
permanecido despierto clamando a Dios y tratando de encontrarle una explicación
a su problema (vv. 1-3).
Los versículos 5 al 9 nos permiten ver el terrible
estado de angustia del salmista. Después de haber examinado su pasado (v. 5) y
de cantar y orar al Señor (v. 6), la duda permanece: ¿Volverá el Señor a
tratarnos con bondad? ¿Se han terminado su amor y su misericordia? ¿Acaso el
Señor ya no es un Dios bueno?
En distintos momentos de la vida, todos dudamos del
amor y la misericordia divina. Se hace difícil mantenerse firme en momentos de
prueba. A veces nos entristecemos pensando que el Señor no escucha nuestra
oración y que ha faltado a sus promesas. Oramos y no escuchamos respuesta a
nuestras plegarias. Aún hay momentos cuando peleamos con Dios, reclamándole que
cumpla las promesas que nos ha hecho. ¿Qué podemos hacer en momentos como esos?
El versículo 10 marca un cambio de dirección en el
poema sagrado. Y esto no debe sorprendernos, porque cuando uno exterioriza sus
dudas puede cambiar su perspectiva de la vida; cuando uno da voz a sus temores,
uno puede encontrar nuevas formas de ver sus problemas. Hablar con una persona
que puede ofrecer un consejo sabio nos permite asimilar las experiencias
pasadas. Por eso, después de expresar sus temores en los primeros nueve
versículos del texto, el salmista recapacita y dice: «Enfermedad mía es ésta;
traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo.»
Este versículo recoge el momento cuando el salmista
encuentra la clave para salir de la angustia que le aquejaba. «Enfermedad mía
es esta»: Dios no le había fallado al salmista. En realidad, el salmista era
víctima de sus propias dudas y de su propia desesperación. En realidad, el
salmista tenía «la memoria herida».
Los seres humanos tenemos tres tipos de memoria. La
memoria sensorial se refiere a la experiencia de revivir una sensación física
pasada. La mente «archiva» la sensación y, ante el estímulo adecuado, usted
vuelve a experimentarla. Pero esto sólo dura un segundo. La memoria a corto
plazo es la conciencia de los eventos y las sensaciones experimentadas en las
últimas horas. Y la memoria a largo plazo es el recuerdo de eventos y sensaciones
del pasado. Empero, nunca recordamos el ayer de manera perfecta. En realidad,
lo que recordamos es nuestra interpretación del ayer.
Cuando recordamos los eventos pasados, los traemos
de la memoria larga a la corta; del lugar dónde están «archivados» hoy. Y esos
recuerdos del ayer vienen acompañados por sensaciones físicas. Usted no sólo
recuerda ideas o palabras, sino que también recuerda golpes, olores y
temperaturas.
Por eso, cuando uno recuerda eventos dolorosos del
ayer, bien puede experimentar dolor hoy. Y ese dolor es real. Cuando usted
recuerda el grito, la amenaza o el golpe recibido, usted vuelve a experimentar
miedo, aprehensión y dolor.
¿Por qué el salmista siente que Dios lo ha
desechado? Porque tiene la memoria herida. Porque sólo puede recordar el dolor
de ayer. Y porque ese recuerdo le provoca angustia hoy, aquí y ahora.
El poeta comprende que para sanar su memoria herida
debe aprender una nueva manera de recordar. En lugar de evocar el dolor de
ayer, debe recordar de los actos portentosos que, a través de los años, Dios ha
hecho en su vida (vv. 10-12).
Así la oración del salmista es contestada. El Poeta
que comenzó dudando del amor de Dios, termina afirmando la existencia de Dios
(v. 13). Una vez mas, el salmista ha recibido una nueva orientación en su vida,
pasando del lamento a la alabanza.
El Salmo 77 nos enseña que no tenemos que andar en angustias, sufriendo porque tenemos la memoria herida. Dios desea sanar nuestros recuerdos. Dios desea librarnos de la angustia. Dios desea que pasemos del lamento a la alabanza.