El silencio de Cristo es una prédica sobre Lucas 23.9, que trata sobre la confrontación entre la fe verdadera y el entretenimiento religioso.
Vivimos en una época donde la fe corre el riesgo de convertirse en espectáculo. En medio de la cultura del clic, de la viralidad y de la búsqueda constante de atención, muchas personas han confundido el Evangelio con el entretenimiento religioso. Pero Jesucristo no vino a divertir multitudes ni a satisfacer curiosidades superficiales. Vino a revelar la verdad del Reino de Dios, a confrontar el pecado, a ofrecer salvación y a transformar la vida humana desde lo más profundo.
En este nuevo video, reflexiono sobre “El silencio de Cristo” y la diferencia radical entre la fe bíblica y el entretenimiento religioso. A partir de episodios bíblicos, experiencias pastorales y una lectura crítica de nuestra cultura contemporánea, analizo cómo la “espectacularización” de la religión ha distorsionado la predicación cristiana, convirtiendo a ciertos líderes en figuras mediáticas que buscan fama, influencia y monetización, en lugar de mostrar fidelidad al mensaje de Jesús.
El video también examina un punto crucial: el silencio de Jesús ante Herodes en Lucas 23.9. Herodes deseaba ver una señal, un truco, un acto que alimentara su curiosidad. Pero Cristo no respondió. Ese silencio es profundamente revelador. Jesús se negó a participar en el juego del espectáculo. Se negó a convertirse en objeto de entretenimiento para el poder. Ese mismo silencio sigue hablándonos hoy, cuando tantas personas buscan una religión que impresione, pero no necesariamente una fe que transforme.
Además, este mensaje denuncia el uso irresponsable de supuestas “palabras de ciencia” o “palabras de sabiduría” que, en muchos casos, no son más que ambigüedades diseñadas para manipular a personas vulnerables. Frente a eso, afirmamos una verdad central: el discipulado cristiano es una relación gratuita con Dios por medio de Jesucristo, en el poder del Espíritu Santo. No se compra, no se vende, no depende de celebridades religiosas y no necesita intermediarios.
Le invito a ver este video, reflexionar en oración y compartirlo con otras personas. Ha llegado el momento de dejar de buscar el próximo evento viral y comenzar a buscar, con seriedad y humildad, al Cristo que camina con nosotros en lo cotidiano.
Después de Bad Bunny, ¿Qué debe hacer la iglesia? es un ensayo sobre la revitalización de la iglesia escrito por el Dr. Pablo A. Jiménez.
Después del discutido espectáculo que presentó Benito Antonio Martínez Ocasio—mejor conocido como “Bad Bunny”—el domingo 8 de febrero de 2026 en el medio tiempo o descanso del Super Bowl LX, ¿qué debe hacer la iglesia?
Por varias semanas las redes sociales se vieron congestionadas por comentarios a favor o en contra del artista y de su espectáculo. Muchos de esos comentarios fueron colocados en las redes por personas cristianas: agentes pastorales, líderes congregacionales y feligreses, en general. Ahora que ha pasado el espectáculo, ¿qué debe hacer la iglesia?
Imagino que muchas personas creyentes continuarán enfrascadas en las batallas culturales, en general, y en la denuncia de las letras de la música urbana, en particular. Si van a invertir su tiempo en esas tareas, les indico que hay muchos otros artistas e “influencers” que publican líricas objetables en sus canciones, muchas de ellas mucho más fuertes que las de Martínez Ocasio. Pueden comenzar con Annuel AA, seguir con Karol G (quien tiene canciones muy subidas de tono a pesar de su actual “look” inocente) y terminar con Young Miko. De ahí pueden seguir examinando otras líricas sexualmente explícitas, como las de Tokisha, o analizar el subgénero del “maleanteo”, donde se destacó el difunto Pacho, que en paz descanse.
Creo que otras personas tornarán su mirada a temas políticos, como los archivos de Epstein, que contienen una larga lista de hombres adinerados que, ayudados por algunas mujeres, se dedicaron a la trata humana, la explotación de chicas adolescentes y la promoción de la perversión sexual, en general. Esos pervertidos ya tendrán su recompensa: “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo” (2 Co 5.10 NVI).
Ahora bien, les ruego que me permitan hacer una recomendación. En lugar de desgastarnos en batallas culturales y en debates políticos interminables, tornemos nuestra mirada a las ordenanzas y mandamientos que nos dejó nuestro Señor Jesús. En particular, quiero resaltar dos pasajes bíblicos del Evangelio según San Mateo: la parábola del Juicio a las Naciones (Mt 25.31-46) y las palabras finales de Jesucristo resucitado, pasaje apodado “La Gran Comisión” (Mt 28.16-20).
La parábola del Juicio a las Naciones presenta los criterios que el Hijo del Hombre utilizará para juzgar al mundo: dar alimento al hambriento, agua al sediento, hospitalidad al forastero, vestimenta al desnudo, cuidado pastoral al enfermo y atención a las personas encarceladas (Mt 25.35-36 y 42-43). Si unimos los primeros dos, dar alimento y agua a las personas hambrientas y sedientas, obtenemos cinco criterios normativos.
»Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. 32 Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará a unos de otros, como separa el pastor las ovejas de las cabras. 33 Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda. 34»Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: “Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. 35Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; fui forastero y me dieron alojamiento; 36 necesité ropa y me vistieron; estuve enfermo y me atendieron; estuve en la cárcel y me visitaron”. 37Y le contestarán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos o sediento y te dimos de beber? 38¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento o necesitado de ropa y te vestimos? 39¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?”. 40El Rey les responderá: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”. 41»Luego dirá a los que estén a su izquierda: “Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42Porque tuve hambre y ustedes no me dieron nada de comer; tuve sed y no me dieron nada de beber; 43fui forastero y no me dieron alojamiento; necesité ropa y no me vistieron; estuve enfermo y en la cárcel, y no me atendieron”. 44Ellos también contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o como forastero, o necesitado de ropa, enfermo o en la cárcel y no te ayudamos?”. 45Él responderá: “Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí”. 46»Aquellos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».
Mateo 25.31-46
Al leer la parábola, nótese que tanto las personas que se salvan como las que se condenan le preguntan al Juez Celestial cuándo hicieron o dejaron de hacer estas cosas (vv. 38-39 y 42-43). Es decir, ninguno de los dos grupos cumplió o rechazó los criterios usados por Jesús de manera consciente; dicho de otro modo, se salvaron o se condenaron “sin darse cuenta”. La respuesta de Jesús a ambos reclamos es contundente: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí” (Mt 25.40 NVI, véase el paralelo en el v. 45).
Yo creo que la iglesia debe prestar más atención a estos cinco criterios. ¿Por qué? Porque yo soy un viejo profesor que muchas veces le he dicho a mis estudiantes que incluiré tal o cual pregunta en el examen final. Por lo regular, quienes prestan atención estudian los temas señalados y obtienen buenas calificaciones. Empero, quienes no prestan atención a mis palabras tienden a fracasar en el curso.
Desde este punto de vista, creo que Jesús de Nazaret nos dio cinco preguntas clave que incluirá en el “examen final” de nuestras vidas. Se supone que las personas de fe sincera cumplan los criterios de manera orgánica, sin darse cuenta de que se han convertido en parte integral de su vida cotidiana. Repito, el creyente que menosprecia los cinco criterios estipulados por Jesús en la parábola del Juicio a las Naciones pone en peligro su salvación.
El segundo pasaje es tan conocido que la mayor parte de ustedes conocen, por lo menos, algunas de sus partes de memoria.
Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña que Jesús les había indicado. 17Cuando lo vieron, lo adoraron; pero algunos dudaban. 18Jesús se acercó entonces a ellos y dijo: —Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. 19Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.
Mateo 28.16-20
Desde mi punto de vista, entiendo que las instrucciones finales de Jesús en Mateo 28.16-20 contienen órdenes que la Iglesia debe seguir hoy: discipular nuevos creyentes de todos los pueblos de la tierra, bautizar a las personas discipuladas, y enseñarles a seguir los mandamientos de Jesús. Dicho de otro modo, por medio de “La Gran Comisión”, Jesús invita a la iglesia a participar en el plan de salvación de Dios para el mundo. Esta es una misión “global” que trasciende barreras étnicas, lingüísticas y culturales. Es un llamado a ser “embajadores en nombre de Cristo” que proclamen el “mensaje de la reconciliación” (2 Co 5.20 NVI).
Basado en estos dos pasajes bíblicos, me aventuro a sugerirles diez tareas que bien pueden orientar y hasta reorientar nuestro ministerio pastoral.
Reviva el tema de la evangelización en su iglesia local. Recalque la tarea misionera de la Iglesia en predicación, en sus estudios bíblicos y en la escuela bíblica dominical. Cada miembro de su iglesia local debe comprender que Dios desea que toda persona tenga la oportunidad de escuchar el mensaje del evangelio, confesar a Jesucristo como Señor y entrar en el proceso de formación y crecimiento espiritual que llamamos “discipulado cristiano”. Por esta razón, su iglesia local debe recibir con entusiasmo y amor a toda persona que se acerque buscando una experiencia espiritual transformadora con Dios.
Reciba con amor a quienes visitan su iglesia por primera vez. Su iglesia local debe tener un grupo de líderes que reciban a todas las personas que asisten regularmente a sus oportunidades de adoración. Sin embargo, deben prestar particular atención a quienes asisten a su iglesia por primera vez. La iglesia debe tener material informativo listo para distribuir a las personas visitantes. Por ejemplo, debe tener un folleto que detalle el programa de la iglesia, el horario de la oficina y los números telefónicos y correos electrónicos de contacto. También debe distribuir porciones bíblicas, tales como tratados con textos bíblicos, libros de la Biblia (como el evangelio de Juan), o copias gratuitas del Nuevo Testamento. Otra buena opción sería regalarle a cada visitante un USB con copias electrónicas de los folletos informativos y con una prédica o estudio bíblico en audio o vídeo.
Predique sermones evangelísticos regularmente. Sugerimos que dedique todo un mes de cada año al tema de la evangelización. Durante los restantes once meses, debe predicar al menos un sermón enfocado en la evangelización. Es decir, sugerimos que predique un mínimo de quince sermones evangelísticos al año. Recuerde que un buen sermón evangelístico se expresa en lenguaje sencillo, no en “jerga evangélica”, ya que se dirige a personas que ni han leído la Biblia ni conocen la cultura de las iglesias protestantes, evangélicas o pentecostales. Repito: predique partiendo de la premisa de que las personas que le escuchan hoy nunca antes han escuchado el mensaje del evangelio. De esta manera, su sermón será tan sencillo que toda persona que preste atención podrá comprenderlo bien.
Oriente a todas las personas que respondan a los llamados al altar. Es común terminar los sermones con un tiempo de oración donde se invita a las personas que han sido conmovidas por la prédica a pasar al altar. Lamentablemente, la inmensa mayoría de las congregaciones cristianas no aprovechan estas oportunidades para confirmar las experiencias de fe. ¿Cómo remediar esta situación? Sugerimos que reclute y adiestre a un grupo de miembros de su iglesia local interesados en orientar a nuevos creyentes. Estas personas deben acercarse a quienes pidan la oración y preguntarles si ya son creyentes. Si no lo son, deben invitarles a confesar a Jesucristo como Señor y Salvador por medio de la oración de fe. Quienes hagan esa oración deben pasar a un salón u oficina para recibir una orientación por miembros del grupo de evangelización. Si sus recursos lo permiten, regálale a cada nuevo creyente una Biblia que pueda atesorar como un recuerdo del día de su conversión.
Ofrezca clases para nuevos creyentes y candidatos al bautismo. Invite a los nuevos creyentes a tomar las clases básicas de discipulado cristiano. Como parte del plan de estudio del curso, debe explicar el plan de salvación, lo que implica ser miembro de una iglesia cristiana y el significado de las ordenanzas o sacramentos. El curso debe preparar a los nuevos creyentes para ser bautizados.
Organice un banco de alimentos. En obediencia a Mateo 25.31-46, sugerimos que organice un banco de alimentos para proveer sustento a las personas necesitadas. Puede recaudar una ofrenda especial una vez al mes para apoyar este esfuerzo, solicitando a cada familia de la Iglesia que done alimentos no perecederos o dinero. Además, puede entrar en acuerdos de colaboración con bancos de comida establecidos por el gobierno o por organizaciones no gubernamentales, pues estas organizaciones casi siempre están dispuestas a proveer alimentos a instituciones religiosas.
Organice un banco de ropa. Mateo 25 también exhorta a la Iglesia a proveer vestimenta a las personas necesitadas. Su iglesia puede recoger ropa, zapatos y otros artículos del hogar para distribuirlos posteriormente. Nótese que este tipo de proyectos requiere mucho trabajo y, por lo tanto, necesita que un grupo de personas voluntarias lo desempeñe como un ministerio. La ropa recibida debe ser debidamente clasificada. La iglesia debe apartar un lugar donde colocar los artículos y tener un horario específico para recibir a las personas visitantes. Los artículos deben ser donados, no vendidos. Tome en consideración que tendrá que descartar parte de la ropa donada, pues algunas personas tienden a aportar artículos rotos o inservibles. Del mismo modo, cuídese de los acaparadores que desean llevarse la mayor cantidad de artículos posibles para revenderlos después.
Recalque la visita a personas enfermas. En la parábola del juicio a las naciones también se recalca la importancia de visitar a las personas enfermas. Su iglesia local debe tener un ministerio donde personas debidamente adiestradas visiten regularmente a quienes están enfermos. Este es un ministerio muy completo, dado que la enfermedad tiene muchas variables: hay enfermedad pasajera y enfermedad crónica; hay personas que convalecen en sus hogares, mientras otras están en hospitales; y hay personas enfermas que son miembros de la iglesia, mientras otras forman parte de la comunidad que rodea a la Iglesia. Sea cual sea la situación, el ministerio de visita a enfermos debe estar preparado para ministrar con amor.
Desarrolle ministerios carcelarios. Son muchos los pasajes bíblicos que recalcan la importancia de los ministerios carcelarios. Al igual que los anteriores, el desarrollo de ministerios carcelarios es complejo. Algo que aumenta el grado de dificultad es que las personas que sirven en la capellanía voluntaria deben ser debidamente reconocidas por las autoridades. Por lo tanto, es posible que deban tomar algún curso y entregar alguna documentación para obtener los permisos requeridos. Del mismo modo, las visitas a las cárceles deben ser coordinadas con la administración de cada institución penal.
Provea servicios pastorales a personas extranjeras. ¿Qué está haciendo su iglesia local para cumplir activamente con el mandato de recibir al “forastero” (Mt 25.35)? Quizás la instrucción menos obedecida Jesús sea la de bendecir a las personas extranjeras. No obstante, esta enseñanza está presente en toda la Biblia. Desde los relatos del Éxodo, que recalcan la importancia de mostrar misericordia a los huérfanos y a las viudas (Éx 22.22), hasta Apocalipsis 7.9-10, donde creyentes de toda tribu, lengua y nación alaban al Cordero, la Palabra de Dios recalca el alcance global de la fe cristiana.
En conclusión, ¿qué debe hacer la iglesia? La iglesia cristiana debe adorar a Dios, proclamar el evangelio del Reino y hacer nuevos discípulos de Jesucristo, bautizándoles y formándoles en la fe de acuerdo a sus enseñanzas. Esta es la tarea principal de la Iglesia hoy.
Imagino que algunos criticarán mis palabras, argumentando que lo que pongo sobre la mesa como agenda para el futuro no es más que una reiteración de la misión de Dios, en la cual la iglesia debe participar activamente. Les concedo el punto. ¡Tienen toda la razón! Después de la presentación de Bad Bunny, la iglesia debe enfocarse en lo que debió estar haciendo antes y durante el espectáculo presentado en el Super Bowl LX: adorar a Dios, proclamar el evangelio y hacer nuevos discípulos, bautizándoles y formándoles en la fe de Jesucristo.
“La iglesia debe enfocarse en lo que debió estar haciendo antes… adorar a Dios, proclamar el evangelio y hacer nuevos discípulos, bautizándoles y formándoles en la fe de Jesucristo.”
El certificado está diseñado para fortalecer, renovar y transformar el ministerio de la predicación en diversos contextos congregacionales y comunitarios. Este programa surge de la convicción de que la predicación fiel, contextual y espiritualmente saludable puede edificar una iglesia misionera y así generar comunidades más justas, compasivas y comprometidas con el cambio social.
Voices for Change propone una formación integral que combina crecimiento espiritual, discernimiento contextual, profundidad bíblica, excelencia comunicativa y predicación fiel. Su visión es formar una red diversa de mujeres y hombres que ejerzan la predicación como un ministerio de cuidado pastoral, liderazgo comunitario y transformación espiritual. Para lograrlo, el programa se estructura en tres cursos, que se ofrecen en línea a lo largo del año académico 2026. Estos cursos son:
Formación (marzo–mayo): El primer curso se enfoca en la formación del predicador o la predicadora, abordando temas como la espiritualidad, la salud emocional y física, el carácter, la responsabilidad ética y la predicación como disciplina espiritual.
Contexto (agosto–octubre): El segundo profundiza en el contexto, explorando la realidad congregacional, las relaciones comunitarias, la diversidad multicultural y multigeneracional, el liderazgo comunitario y la predicación misional y profética.
Contenido y presentación (octubre–diciembre): El tercero se concentra en el contenido y la presentación, incluyendo la teología y la doctrina, la interpretación bíblica, el diseño del sermón, la predicación en contextos digitales, la comunicación oral y la narración de historias.
Los cursos se ofrecen en español, inglés y créole. Los cursos en español serán impartidos por el Dr. Pablo A. Jiménez. Se espera que quienes se inscriban completen el programa tomando los tres cursos.
Un detalle importante es que las personas que completen este programa pueden aplicar hasta tres créditos académicos a nivel de bachillerato o de maestría, sin costo adicional, a programas presenciales o en línea de Palm Beach Atlantic University.
¡Este certificado es accesible! Cada curso tiene un valor de solo $200 dólares, lo que significa que el costo total del programa es de $600 por estudiante. La fecha límite para inscribirse es el 1 de marzo de 2026. ¡Inscríbete hoy mismo!
Si deseas crecer espiritualmente, comprender mejor tu contexto, refinar tus destrezas de predicación y formar parte de una comunidad diversa comprometida con la transformación, este programa es para ti. Te invitamos a matricularte en Voices for Change usando el enlace adjunto. Da hoy un paso decisivo hacia una predicación que inspire, sane y transforme vidas.
¿Por qué tu liderazgo se siente como una carga? Probablemente porque operas bajo una ilusión tan frustrante como agotadora. En algún momento de tu formación, alguien te enseñó que dirigir o “liderar” es sinónimo de gestionar soluciones a crisis, manejar conflictos o custodiar el status quo, de manera que no haya cambio alguno. De acuerdo a ese paradigma, el liderazgo no es una vocación, sino una carga. Es dedicar la vida a tratar de “apagar” una serie de “incendios”; de manejar “emergencias” cuya resolución, en realidad, no cambia nada.
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Si tu liderazgo se siente como una carga, es probable que no estés a la cabeza de una comunidad de fe entusiasta, sino administrando una organización en declive. Estás manteniendo una estructura en lugar de nutrir una visión.
El Liderazgo Vital propone una ruptura violenta con esta inercia. No se trata de conocer las bases de la buena administración, sino de trascenderla. El liderazgo vital nos llama a pasar del manejo de programas eclesiásticos a discernir la visión divina y el crecimiento orgánico.
Conflicto: El pulso de un organismo en crecimiento
Es común pensar que una iglesia local dirigida eficazmente no experimenta conflictos. Sin embargo, esto es un error. La ausencia de conflicto, en lugar de una señal de salud, a menudo es un síntoma de parálisis. ¿Por qué? Porque implica que todas las personas que quedan en la congregación piensan de manera similar, ya que comparten valores, experiencias y rasgos sociales, tales como su nivel socioeconómico. Dicho de otro modo, no hay conflictos porque no hay un flujo de visitantes, nuevos creyentes y nuevos miembros provenientes de distintos contextos.
El liderazgo vital entiende que el conflicto es una consecuencia natural de la expansión. Toda organización en crecimiento experimenta “dolores de parto”, pues necesita discipular a los nuevos creyentes y a los nuevos miembros para facilitar su incorporación a la congregación existente.
Hechos 6.1-7 describe una de las muchas crisis de crecimiento que enfrentó la iglesia primitiva. El conflicto narrado en esta porción bíblica no fue motivado por asuntos triviales o mezquinos. Por el contrario, encontró su origen en puntos de fricción étnica y cultural entre judíos-cristianos helenistas provenientes de la diáspora, cuyo primer idioma era el griego común, y los judíos-cristianos hebreos, criados en Judea y Galilea, cuyo primer idioma era el arameo. El conflicto surgió porque el grupo minoritario —los helenistas— denunciaron la injusticia percibida en la distribución diaria de alimentos y ayuda a las viudas de habla griega que formaban parte de la comunidad cristiana en Jerusalén.
Un líder “agotado” vería una situación similar como un problema que debe resolver de forma paternalista. Probablemente se pondría a dirigir la distribución de los alimentos personalmente. Quizás hasta justificaría la discriminación contra el grupo minoritario argumentando que debía someterse a las reglas de la mayoría, ya que ellos eran los miembros “originales” de la iglesia.
Sin embargo, un líder “vital” adoptaría estrategias radicalmente distintas para evitar la destrucción de la congregación. Siguiendo el ejemplo de los apóstoles, intervendría de manera inmediata y decidida, pero no asumiría la carga solo. En lugar de tomar decisiones de manera unilateral, involucraría a los afectados, delegaría autoridad en una nueva generación de líderes y transformaría el conflicto inicial en una nueva oportunidad de servicio cristiano.
“Toda iglesia en crecimiento experimenta cierto nivel de conflicto. Dado que el conflicto es inevitable, nuestra meta debe ser manejar el conflicto de manera adecuada, con consonancia con los valores del Evangelio que proclamamos.
Dr. Pablo A. Jiménez
La Visión: Un mapa realista, no un sueño imposible
La visión no es una fantasía abstracta. ¡Todo lo contrario! La visión es una imagen mental clara del futuro que Dios prefiere para cada persona creyente, al nivel individual, y para la iglesia, al nivel comunitario.
Por esta razón, el líder vital domina una distinción crítica que todo agente pastoral debe conocer:
La visión indica la meta que Dios desea que alcancemos y el impacto final que Dios desea que tengamos.
La misión es la ruta; la clarificación de los pasos que debemos seguir mientras caminamos en dirección a la meta trazada por la visión.
Una visión es realista porque no se fundamenta en el optimismo humano, sino en el carácter de Dios. Por esta razón, una visión verdaderamente inspirada por Dios nos lleva a soñar sueños que podamos convertir en proyectos que causen cambios que transformen nuestra vida espiritual.
Ahora bien, es necesario actualizar periódicamente la visión para asegurar la efectividad de nuestros esfuerzos ministeriales y renovar el entusiasmo de la feligresía. Una comunidad de fe debe llevar a cabo un proceso de visión cada 7 a 10 años. De otro modo, la visión envejece y deja de producir cambios. Una visión anacrónica puede convertirse en una “sentencia de muerte” para una iglesia local.
Para ser vital, la visión debe cumplir un propósito triple:
Satisfacer la voluntad de Dios.
Satisfacer los anhelos legítimos de la iglesia local.
Satisfacer las necesidades profundas del pueblo.
La trampa del plagio, el peligro de la competencia
El error más común del liderazgo inefectivo es el “plagio visionario”. Ningún agente pastoral debe tratar de copiar la declaración de visión y la estrategia misionera de otra comunidad cristiana. Seguir la pauta establecida por otra organización es un síntoma de pereza espiritual que, en lugar de conducir al crecimiento, bien puede crear un ambiente enfermizo de competencia.
Cuando dos congregaciones en el mismo sector intentan ser idénticas, terminan “canibalizando” los mismos recursos humanos, físicos y financieros. Competir por las mismas personas, edificios y donativos es una pérdida de tiempo. Cada visión ministerial es específica y, por lo tanto, única. El líder vital entiende que su trabajo debe complementar, no competir, con la labor del resto del liderazgo religioso en su comunidad. El “plagio” nos distrae de la verdadera batalla espiritual y nos impide luchar contra los verdaderos enemigos del evangelio.
La Ley del Tope: El sacrificio como inversión
El liderazgo es influencia. Nada más, nada menos. Al estudiar los principios de John C. Maxwell encontramos la “Ley del Tope”: tu capacidad de liderazgo determina el techo de eficacia de tu organización.
Para sobrepasar ese límite, el líder vital procura aumentar su capacidad de liderazgo, abrazando la “Ley del Sacrificio”. Aquí radica la diferencia entre la carga y la vitalidad:
La carga es un peso impuesto por el mantenimiento del pasado.
El sacrificio es una renuncia voluntaria y estratégica para alcanzar el futuro.
Un líder vital sabe cuándo debe “ceder para ganar”. El crecimiento exige renunciar hoy a comodidades y prerrogativas para ganar mañana una influencia más profunda.
Unidad no es uniformidad
No debemos confundir la unidad con la conformidad, es decir, estar unidos no significa que todos debamos hacer lo mismo, de la misma manera, al mismo tiempo. Confundir la unidad con la uniformidad es un error conceptual que asfixia la creatividad. Mientras la uniformidad exige que todos hagamos lo mismo, la unidad surge cuando compartimos una misma visión y un mismo conjunto de valores cristianos, que nos llevan a diseñar programas diversos, a desarrollar iniciativas distintas y a ejecutarlas de diversas maneras.
En este proceso, la oración juega un papel crucial, ya que la visión busca satisfacer la voluntad divina, no nuestras expectativas humanas. El “éxito” de la visión no se mide por la cantidad de personas que se congregan en nuestra iglesia o por el dinero que recaudamos por medio de las ofrendas, sino por la formación de discípulos y discípulas que demuestren un claro compromiso con Dios y con los valores de su Reino. Dicho de otro modo, en un proceso de visión la oración no es un rito, sino el motor que inicia, sostiene y avanza nuestros esfuerzos para discernir la voluntad divina. La oración nos recuerda que la autoridad emana de Dios, no de la persona que ocupa una posición de liderazgo.
“La oración es un elemento crucial para el desarrollo del liderazgo cristiano. Todos nuestros planes deben estar sometidos a la perfecta voluntad de Dios. La oración humilde promueve la unidad de la Iglesia, dado que recalca que el poder, la autoridad y la gloria le pertenecen solamente a Dios”.
Dr. Pablo A. Jiménez
La Ley del Legado: Tu éxito es tu sucesión
El valor duradero de una persona que sirve como líder ministerial se mide por lo que ocurre cuando ya no está. Como afirma Maxwell, la “Ley de la Reproducción” es ineludible: se necesita un líder para levantar a otro líder. Las estadísticas no mienten: más del 80% de los líderes efectivos son producto del mentoreo, es decir, del esfuerzo de líderes establecidos para desarrollar nuevos líderes, en el nombre del Señor Jesucristo.
El liderazgo vital no se aferra a los puestos, sino que se obsesiona con la sucesión. Formar líderes efectivos que asuman responsabilidad por el futuro es la única forma de garantizar que una organización cristiana sobreviva los embates del tiempo.
Conclusión: El fin del status quo
En resumen, el liderazgo se siente como una carga cuando intentas sostener lo que Dios ya ha dejado de bendecir. Caminar hacia una visión desgastada puede frustrar a cualquier líder. Redescubrir el Liderazgo Vital exige una “insatisfacción santa” con el presente y la valentía para abandonar el status quo.
¿Es tu liderazgo actual un techo que limita a tu gente, o es el motor que los impulsa hacia el futuro que Dios prefiere? ¡Muévete al futuro en esperanza, en el nombre de Jesús! AMÉN.
Introducción: La búsqueda de lo real en un mundo falso
Vivimos en un mundo de performance. Desde la perfección cuidada de un feed de Instagram hasta el drama artificial de los reality shows, estamos constantemente rodeados de un “espectáculo”, de un “show”. Es una cultura del espectáculo, donde el entretenimiento es el valor más alto y escapar del aburrimiento se ha convertido en una pasión universal. En esta búsqueda incesante de la siguiente distracción, surge una pregunta persistente: ¿Cómo encontramos algo auténtico? ¿Cómo construimos conexiones reales en una cultura que valora la apariencia de las cosas por encima de las cosas en sí mismas?
El Dr. Pablo Jiménez, pastor y teólogo, aborda esta cuestión de frente. Inspirado en el libro de Mario Vargas Llosa titulado La civilización del espectáculo, el Dr. Jiménez ofrece una crítica contundente de cómo esta cultura del “espectáculo” está transformando silenciosamente nuestra fe, nuestras iglesias y nuestra relación con Dios. Aquí presentamos cinco de sus verdades más sorprendentes e impactantes para navegar la fe en la era del espectáculo.
1. La idea de que vivimos en “los peores tiempos” es un mito.
Es un cliché común en los círculos cristianos decir: “Estamos viviendo el peor momento de la historia”. Jiménez argumenta que esta idea no solo es falsa, sino también una forma ineficaz de conectar con la gente. Es una frase desgastada que hace que el público se desconecte incluso antes de que comience el mensaje.
La realidad, señala, es que el mundo siempre ha estado en crisis. Consideremos la constante amenaza nuclear de la Guerra Fría, la devastación global de las Guerras Mundiales, o las brutales realidades de la época romana. En la Roma del primer siglo, la esperanza de vida era de tan solo 40 años, y la mortalidad infantil era tan desenfrenada que los padres a menudo se negaban a ponerle nombre a su bebé hasta que cumpliera un año, “para no encariñarse con él”. En lugar de comparar épocas inútilmente, hoy el verdadero reto para las personas de fe es comprender los desafíos únicos de nuestro momento actual.
“Esta idea de que vivimos el peor momento de la historia es, ante todo, falsa… el mundo siempre ha estado en crisis… lo que debemos hacer es tratar de comprender los desafíos que tenemos hoy.”
2. Un ministerio eficaz requiere diálogo, no una declaración de guerra a la cultura.
Para que la fe tenga algún impacto, no puede aislarse dentro de una subcultura protegida. El Dr. Jiménez presenta argumentos convincentes para encontrar puntos en común con la cultura circundante, argumentando que la iglesia debe dialogar con la sociedad, no declararle la guerra.
Utiliza el Evangelio de Juan como una lección magistral sobre este enfoque. A los griegos y a los romanos, Juan les presenta a Jesús como el Logos (“la Palabra”, Jn 1.1), adentrándose en sus conceptos filosóficos más profundos. Pero el genio de Juan se manifiesta plenamente en la historia de Jesús y la samaritana junto al pozo (Jn 4.1-41). En la Biblia hebrea, el encuentro donde un hombre conoce a una mujer junto a un pozo casi siempre conduce a una escena de compromiso (como el caso de Jacob). Al enmarcar este encuentro de la misma manera, Juan presenta a Jesús como el “Novio” divino que viene a buscar a su “novia”, la comunidad de fe entre la cual se encuentran los samaritanos y, por extensión, todo el mundo no judío. Juan no desestimó su mundo, sino que se adentró en su historia para revelar una verdad más profunda.
“No se puede ir a la cultura y decir: ‘No quiero saber lo que crees, no me importa lo que pienses’… Hay que saber dónde está la gente para luego entablar un diálogo y explicar cómo el evangelio de Jesucristo responde a sus necesidades”.
Esto plantea un desafío difícil para las iglesias modernas que, en sus palabras, han “abandonado el mundo”. Cuando se niegan a entrar en contacto con la sociedad, pierden la cultura evangelística que fueron llamados a cultivar.
3. Nuestras iglesias corren el peligro de convertirse en “no lugares” no auténticos.
Cuando una iglesia declara la guerra a la cultura y “abandona el mundo”, no se convierte en una fortaleza sagrada. ¡Todo lo contrario! Corre el riesgo de convertirse en algo mucho peor: una comunidad falsa. Para comprender este peligro, el Dr. Jiménez recurre a dos pensadores franceses que lo previeron hace décadas. Primero, Jean Baudrillard advirtió sobre un mundo de simulacros —cosas que parecen reales pero son completamente artificiales— prediciendo que un día crearíamos mentiras más convincentes que la verdad misma.
Esto nos lleva directamente a la obra de Marc Augé y su concepto de “no lugares”. Un “no lugar” es un espacio donde las interacciones humanas son fundamentalmente falsas y transaccionales, aunque parezcan amistosas. Piense en la amabilidad ensayada de su conductor de Uber o en un camarero de restaurante que lo trata como a un amigo hasta que llega la hora de pagar. La relación es simulada, alimentada por una transacción comercial. El Dr. Jiménez plantea una pregunta crucial: “¿En cuántas iglesias se tiene una comunidad falsa en lugar de una real?”. El peligro es que las iglesias se conviertan en meros “auditorios evangélicos”, donde la gente disfrute de un espectáculo religioso refinado, pero se marche sin experimentar una auténtica comunidad, comunión o atención pastoral.
4. La cultura de la celebridad convierte al pastor en el objetivo, no a Jesús.
La transformación de la iglesia en un “auditorio evangélico” conduce lógicamente al desarrollo de su “artista” estrella: el pastor “celebridad” o “influencer” religioso. En la economía del espectáculo, la indignación es moneda de cambio. El Dr. Jiménez critica esta cultura que prospera sobre la base del escándalo y la controversia —lo que en el mundo del reggaetón se llama “tiraera”— porque, “el escándalo te pauta” y las mentiras monetizadas mantienen la relevancia de la marca.
El principal peligro espiritual aquí es profundo. Cuando el ministro se convierte en una celebridad, sin darse cuenta se convierte en el centro de atención. El objetivo cambia de guiar a la gente a Jesús a atraer el público por la personalidad del pastor. El Dr. Jiménez ofrece un ejemplo del verdadero rol del predicador para contrarrestar esta distorsión.
“Como predicador, no soy más que una señal de tráfico que dice: ‘Por aquí se llega a Jesús’. Yo no soy la meta; la meta es Jesús.”
En una época donde el auge de la marca personal (o “branding”) a menudo se confunde con un ministerio fructífero, esta distinción es más crucial que nunca. La señal nunca es más importante que el destino; la persona que predica nunca será más importante que Jesús.
5. El antídoto contra el espectáculo se encuentra en la conexión humana real.
Si el problema es una fe construida sobre la apariencia, la solución no es un espectáculo mejor. El antídoto, insiste el Dr. Jiménez, es volver a las transacciones auténticas y reales.
Comparte una conmovedora historia sobre su encuentro con un padre cuya hija acababa de ser brutalmente asesinada. Mientras el padre lloraba frente a la funeraria, Jiménez se acercó a él. No le ofreció un rito religioso prefabricado ni le pidió que relatara su trauma. En cambio, le dijo al padre afligido: “Ya conozco la historia. Usted hizo todo lo que pudo para salvarla”. El acto pastoral consistió en liberar al padre del dolor de tener que volver a contar la historia del asesinato de su hija. Luego, Jiménez simplemente prometió acompañarle al día siguiente en el funeral, gesto que el padre agradeció. Fue una interacción real, basada en la humanidad compartida.
Es un privilegio que alguien te diga: ‘Por favor, acompáñame en el momento más difícil de mi vida’. Esas son transacciones reales. Necesitamos transacciones reales.
En última instancia, la verdadera fe no se confirma con argumentos intelectuales ni producciones deslumbrantes. Se confirma mediante un encuentro personal con el Cristo vivo, un encuentro matizado por estos pequeños momentos reales y humanos.
Conclusión: Elegir la autenticidad en un mundo que espera un espectáculo
Las reflexiones del Dr. Jiménez revelan el conflicto central que enfrentan las personas de fe hoy: ceder ante el atractivo seductor de la Civilización del Espectáculo o afirmar el llamado silencioso, a menudo difícil, a la verdad, la autenticidad y la verdadera comunidad. En una era de falsificaciones profundas (“deep fakes”), relaciones artificiales y presentaciones refinadas, quizás el testimonio cristiano más radical sea establecer una conexión humana genuina basada en la realidad de un Cristo vivo.
En un mundo que recompensa el performance y el show, ¿qué paso puedes dar hoy para cultivar una fe más auténtica?
El compañerismo cristiano no es mera convivencia. Es una relación de pacto donde personas diferentes aprenden a vivir juntas bajo el señorío de Jesucristo y de acuerdo con los valores del Reino. En Romanos 14, Pablo nos muestra cómo recibir al “débil en la fe” sin pelear, cómo dejar de juzgarnos, y cómo caminar en unidad para la gloria de Dios.
1. Un pasaje para tiempos de tensiones (Rom 14:1–9)
La meditación parte del texto inicial del capítulo 14: “Reciban al que es débil en la fe, pero no para entrar en discusiones.” Pablo reconoce diferencias reales en la iglesia de Roma (dietas, días especiales), pero dirige la mirada a una verdad mayor: “si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos”. El punto es contundente: pertenecemos al Señor; por eso, nuestras decisiones y nuestras diferencias deben someterse a su señorío.
La declaración de la idea central enmarca el mensaje: el verdadero compañerismo es una relación de pacto con Dios para trabajar unidos en los valores del Reino.
El sermón identifica dos sensibilidades en conflicto:
Dietas: unos comen de todo; otros, por convicción, solo legumbres. Pablo no ridiculiza a ninguna parte; pide respeto mutuo, porque Dios ya ha aceptado a ambos.
Días: para algunos, ciertos días son especiales; para otros, todos los días son iguales. De nuevo, la clave no es imponer la propia práctica, sino hacerlo “para el Señor”.
En otras palabras, Pablo discipula para vivir la diversidad sin romper la comunión.
3. El único juez es Cristo
La prédica nos recuerda que solo Jesucristo es juez (véase la alusión a Isaías 45:23 y su eco cristológico). Cuando juzgamos a una hermana o a un hermano por asuntos de opinion, usurpamos un lugar que no nos corresponde. Por eso, el apóstol aterriza el llamado: dejemos de juzgarnos y evitemos ser piedra de tropiezo. La meta no es ganar debates, sino adorar con una sola voz.
4. Conflictos: Inevitables, pero también formativos
El conflicto aparece en todo grupo humano (familias, barrios, naciones). No es malo en sí mismo; se vuelve destructivo cuando lo resolvemos con violencia verbal, emocional o física. En la iglesia, la diversidad (edad, trasfondo, educación, valores familiares) aumenta la fricción, pero también abre una oportunidad: quienes dialogan y aman crecen como discípulos. El problema real surge cuando demonizamos al otro y polarizamos la congregación.
5. Compañerismo: una forma radical de discipulado
El discipulado radical se define el concepto como vivir en comunidad según los valores del Reino, orientada por el señorío de Jesús. Esto implica:
Compromiso mutuo con una manera alternativa de vida.
Priorizar el bienestar de los demás sobre el éxito individual.
Perseguir la meta del evangelio: una nueva humanidad que practica la justicia, proclama la vida y evidencia una novedad de vida que otros notan.
6. Siete prácticas para cultivar el compañerismo cristiano hoy
A la luz del pasaje y del material, propongo estas acciones concretas para iglesias y grupos pequeños:
Recibir sin discutir. Haz espacio para la persona “débil en la fe” sin convertir su llegada en un campo de batalla (Rom 14:1).
Honrar la conciencia ajena. Si para alguien un día o una dieta es importante “para el Señor”, respétalo sin sarcasmo (Rom 14:5–6).
Renunciar a juzgar. Antes de evaluar la práctica de otro, recuerda: no vives para ti y Cristo es el único juez (Rom 14:7–12).
Dejar de ser tropiezo. Si tu libertad hiere, limítala por amor.
Compartir la mesa con mansedumbre. Comer juntos sin pelear por “lo permitido” edifica más que cualquier argumento.
Elevar la adoración común. Que las preferencias no apaguen la alabanza con una sola voz.
Medir el éxito por el bien del prójimo. Cambia la lógica “yo gano/tú pierdes” por “o ganamos todos o no hay juego”.
7. Preguntas que construyen comunidad
Si predicas este sermón en tu reunión de liderazgo, tu célula o tu clase bíblica usa esta “Preguntas clave” como examen de conciencia comunitario:
¿Estamos viviendo de acuerdo con los valores del Reino?
¿Somos, en la práctica, una verdadera comunidad cristiana?
¿Es el evangelio de Jesucristo lo que dirige nuestras decisiones diarias?
Responder con honestidad es vital, porque nuestra sociedad necesita iglesias que vivan el evangelio en serio.
Conclusión: Vivir “para el Señor” cambia la forma de estar juntos
El Imperio Romano impuso su dominio sobre los otros pueblos de manera violenta; aun así, el evangelio echó raíces y floreció en comunidades comprometidas con Cristo y entre sí. Hoy, en contextos también tensos, Romanos 14 nos llama a algo más que tolerancia: pacto, respeto, edificación mutua y adoración unánime. No buscamos uniformidad, sino unidad bajo el señorío de Jesús.
¡Que el Espíritu Santo nos ayude a recibir, servir y amar como quienes pertenecen al Señor, para que nuestras iglesias brillen como señales vivas del Reino!
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El capítulo 10 de la Epístola a los Romanos nos presenta una enseñanza profunda sobre la dinámica de la salvación. El apóstol Pablo, en su teología sobre la justificación por la fe, nos invita a reflexionar sobre la cercanía del mensaje de Dios. La Palabra no está lejos ni es inalcanzable: está cerca, en nuestra boca y en nuestro corazón. Esta afirmación, tomada de Deuteronomio 30, se convierte en la base para una interpretación cristológica que nos conduce a una verdad esencial: La salvación se manifiesta cuando confesamos a Jesucristo como Señor y creemos que Dios lo levantó de los muertos .
Una confesión pública y transformadora
Confesar la fe no es simplemente pronunciar una oración. No se trata de un acto mágico o de una fórmula legal. Es un actoprofundamente espiritual, profundamente humano y absolutamente público. La fe no puede vivirse en secreto, ni separada de la comunidad de creyentes que conformamos como iglesia. A pesar de algunas tendencias modernas que promueven una espiritualidad individualista, el Evangelio nos llama a vivir nuestra fe con integridad, en comunidad, y de manera visible .
El poder de la confesión
Algunas personas pueden pensar que repetir una oración garantiza la vida eterna. Pero la verdadera confesión de fe va mucho más allá. Es el primer paso en una jornada de transformación que dura toda la vida. Una confesión sincera debe surgir de un corazón quebrantado, deseoso de caminar con Dios y vivir conforme a los valores de Jesucristo. La confesión efectiva se demuestra a través de vidas que agradan a Dios y reflejan su amor .
Una oración que puede cambiar su vida
A lo largo de los años, he utilizado una sencilla oración como modelo de confesión de fe. Esta oración puede servirle como punto de partida para iniciar —o reafirmar— su caminar con Dios:
Buen Dios, he escuchado tu palabra y respondo con fe. Me arrepiento de mis pecados y ruego tu perdón. Confieso a Jesucristo como Señor y Salvador. Te ruego que aceptes mi confesión de fe, que me llenes de tu Espíritu Santo y que me des salvación. En el nombre de Jesús. AMÉN.
Si usted nunca ha hecho esta confesión, hoy es el día perfecto para hacerlo. Si alguna vez la hizo, pero se ha alejado del Evangelio, este es el momento de regresar. Y si usted ha perseverado en la fe, hoy es el día ideal para renovar su compromiso con Dios .
Una invitación al testimonio
Vivimos en un mundo donde muchas personas viven sin fe y sin esperanza. La confesión de fe no solo transforma vidas; también impulsa a compartir las buenas nuevas. Pablo nos recuerda: «¡Cuán hermosa es la llegada de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!» (Romanos 10:15). Que usted y yo podamos ser portadores y portadoras de esa buena noticia, proclamando con nuestras palabras y acciones lo que Dios ha hecho en nuestras vidas .
Diálogos transformadores, con el Dr. Samuel Pagán, presenta el nuevo libro del Obispo Benjamín Feliz, titulado El crecimiento integral y saludable de la iglesia.
En el campo del liderazgo cristiano y la administración eclesial, cada generación necesita voces proféticas y estudios serios que inspiren y orienten a las iglesias en su misión de hacer discípulos. Uno de esos aportes valiosos llega de la mano del Obispo Benjamín Feliz con su libro titulado El crecimiento integral y saludable de la iglesia, una obra exhaustiva y profundamente documentada que merece la atención de todo líder comprometido con el Reino de Dios.
El libro es fruto de investigaciones doctorales enfocadas en el desarrollo de las iglesias, con énfasis particular en el avance de la Iglesia de Dios de la Profecía (COGOP) en México, Centroamérica y el Caribe hispano. Feliz analiza el período comprendido entre la fundación de la primera congregación en Costa Rica en 1932 y el año 2020, mostrando un crecimiento sostenido y dinámico que hoy se refleja en 3,376 congregaciones y 182,607 feligreses en la región. Este crecimiento no es fruto del azar, sino del compromiso misionero, la contextualización del mensaje y una administración estratégica.
Uno de los elementos más enriquecedores del libro es su capacidad de extraer principios aplicables más allá de una sola denominación. Aunque el estudio se centra en la COGOP, sus hallazgos resultan útiles para cualquier comunidad de fe interesada en expandir el Evangelio de manera responsable y contextualizada. Las conclusiones y recomendaciones que ofrece sirven como guía práctica para líderes y pastores que buscan enfrentar los desafíos contemporáneos de la plantación de iglesias y la formación de discípulos.
El texto destaca además la importancia de la colaboración estratégica con otras instituciones y el desarrollo de líderes como prioridad fundamental para la misión de la iglesia. En este sentido, Feliz dedica especial atención al proyecto “Visión 2020”, un plan estratégico que optimizó la administración y los recursos económicos de la denominación para llevar a cabo la misión cristiana con mayor efectividad.
Más allá de los datos estadísticos y el análisis organizacional, el libro invita a la reflexión espiritual. Feliz enfatiza que el crecimiento verdadero comienza con la oración, el discernimiento de la voluntad de Dios y la disposición a servir con humildad y excelencia. Su lenguaje claro y accesible convierte esta obra en una lectura inspiradora tanto para académicos como para líderes y miembros laicos.
El autor no escribe desde una torre de marfil académica. Con más de 30 años de ministerio, el Obispo Benjamín Feliz ha servido como presbítero general para México, Centroamérica y el Caribe de habla hispana, supervisor en la región sureste hispana de los Estados Unidos, pastor de iglesias, líder de ministerios de música y jóvenes, y presidente de la Fraternidad de Concilios de Avivamiento. Su experiencia internacional y su formación teológica (MBA, maestrías en teología y un doctorado en ministerio) respaldan la solidez de su análisis.
El crecimiento integral y saludable de la iglesia! es más que un libro de historia denominacional; es un recurso de visión, fe y acción. En un tiempo en el que la iglesia necesita respuestas creativas y firmes, esta obra provee herramientas para discernir el presente y construir un futuro donde el Reino de Dios siga avanzando con integridad y salud.
¿Qué es el Evangelio? es una prédica cristiana que define el concepto “evangelio” de acuerdo a los vv. 16 y 17 del primer capítulo de la Epístola a los Romanos.
El Evangelio, según el Apóstol Pablo en Romanos 1:16-17, no es simplemente una tradición religiosa o un credo teológico. Es poder de Dios para la salvación de toda persona que cree. Así lo expresa de manera contundente el Apóstol Pablo al comenzar su carta a los Romanos, una comunidad dividida entre creyentes judíos y gentiles. Ante esta realidad, afirma que la salvación está disponible para todos, sin distinción cultural o étnica.
Una buena noticia que transforma
La palabra griega usada por Pablo, dúnamis, da origen a nuestro término “dinamita” y comunica fuerza, energía y capacidad de transformación. El Evangelio no solo informa, ¡impacta! No es letra muerta, sino un mensaje vivo que libera, restaura y sana.
El mensaje del Evangelio tiene siete implicaciones, características o consecuen cias, de acuerdo a Romanos 1:16-17. El Evangelio:
Da honor a quienes creen en Cristo Jesús.
Tiene poder para transformar.
Trae salud integral: física, mental y espiritual.
Ofrece salvación tanto a judíos como a gentiles.
Revela la justicia de Dios.
Nos conduce a una vida de fe.
Y proclama la justificación por la fe.
El pecado y el reto de la sociedad moderna
El Evangelio también confronta una verdad incómoda: el pecado humano. Romanos enseña que todos hemos pecado, alejándonos de la voluntad de Dios para seguir la nuestra. Pero la buena noticia es doble: Dios nos salva del pecado y nos llama a cumplir una misión.
En una cultura que relativiza la verdad y ve el pecado como un concepto obsoleto, comunicar este mensaje resulta desafiante. Sin embargo, es urgente recuperar una comprensión clara, incluso actualizada, del pecado —incluyendo los pecados sociales: guerras injustas, destrucción ambiental y otras injusticias estructurales.
Una “buena noticia” para hoy
El mensaje central de Romanos 1.16-17 sigue vigente: El Evangelio es poder de Dios. Esta es una excelente noticia para quienes se sienten vulnerables o indefensos. ¡No estamos a merced del mal! Podemos resistirlo y vencerlo. Aquellas personas que se acercan a Dios por medio de Jesucristo pueden vivir en el poder del Espíritu Santo.
El año cuando dejamos de ser humanos es un ensayo sobre las raíces del racismo y la discriminación racial en las Américas.
San Juan, PR
Cuando los europeos llegaron por primera vez al Caribe estaban completamente perdidos. Al principio, pensaron que habían llegado a la India, lo que explica por qué las islas todavía se llaman «Las Indias Occidentales». Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que estaban equivocados.
Según el Derecho Internacional, un país no puede invadir otra nación sin una razón válida. Esta situación desencadenó una pregunta fundamental: ¿Son los indígenas plenamente humanos? Si lo fueran, entonces España tendría que reconocer sus territorios como naciones y relacionarse con ellos de acuerdo con el Derecho Internacional. Sin embargo, si no eran completamente humanos, las tierras estaban «inhabitadas» y España podría reclamarlas como suyas.
Durante estos años, algunos filósofos habían comenzado a teorizar que las personas «de color» tenían un origen diferente al de los «caucásicos». Pensaban que la «gente blanca» descendía de Adán y Eva, mientras las personas «de color» descendían del mono. De acuerdo con estas teorías, solo los caucásicos eran completamente humanos, ya que las personas de color eran humanoides o primates altamente evolucionados.
¿Quién podría resolver la disputa? Entendiendo que se trataba de una cuestión metafísica, la Corona española llamó a la Iglesia a dirimir el asunto. Las deliberaciones comenzaron en 1511 y se extendieron hasta 1512. Juan López de Palacios Burgos y Matías de Paz escribieron trabajos defendiendo la idea de que la Iglesia tenía derechos espirituales sobrenaturales que reemplazaban a los derechos naturales. Por lo tanto, la Iglesia podría comisionar a los dueños de haciendas—llamados «Encomenderos»—a «evangelizar» a grupos de pueblos indígenas, que debían demostrar su «gratitud» por el «don de la salvación» trabajando en las haciendas sin salario, solo por alojamiento y comida. Por supuesto, el sistema de las «Encomiendas» era simplemente otra forma de esclavitud.
En 1512, concretamente el 27 de diciembre, el rey Fernando II firmó un documento titulado Las Capitulaciones de Burgos. El documento detallaba las leyes que regularían el manejo de las tierras y las relaciones con los indígenas del «Nuevo Mundo». Las Capitulaciones establecieron claramente que los habitantes de las Américas eran efectivamente humanos. Sin embargo, tenían que someterse (o ser sometidos por la fuerza) a los españoles. El documento también legitimó el uso de la violencia para «evangelizar» a los indígenas. Los conquistadores solo tenían que leer un documento que les «requería» convertirse —titulado «Requerimiento»— antes de emprender la guerra. Por supuesto, el documento estaba escrito y era leído en español, idioma ajeno a los grupos indígenas. Así se legitimaba el uso de la violencia contra los indígenas.
En conclusión, 1512 es el año en que los habitantes del Caribe dejaron de ser plenamente humanos a los ojos de la Iglesia. Eran considerados personas de «segunda clase», cuya inteligencia era limitada. Eran vistos como «niños» que necesitaban estar bajo la tutela de los Conquistadores, lo que explica por qué a los nativos varones adultos se les llamaba «muchachos».
Desde un punto de vista teológico, lo más triste es que este proceso racista fue facilitado por la Iglesia, que prestó a sus teólogos para crear el mito de la inferioridad moral e intelectual de las personas de los grupos indígenas y, eventualmente de los africanos, para legitimar la guerra, el genocidio y la esclavitud. Hoy lamentamos la forma como la Iglesia manchó su testimonio legitimando ideologías y acciones indefendibles. Como parte de la Iglesia, a través del tiempo y el espacio, también nos arrepentimos y pedimos perdón, en el nombre de Jesucristo.
La buena noticia es que, dentro de la misma Iglesia, hubo brillantes voces de esperanza que afirmaron la plena humanidad de los pueblos indígenas. Sacerdotes católicos, como Antonio de Montesinos, confrontaron valientemente a los hacendados en sus sermones y en sus prácticas pastorales. Más adelante en el siglo, Bartolomé de Las Casas se convirtió en el «apóstol» de los pueblos indígenas y otras órdenes católicas sirvieron a los grupos indígenas en América del Sur. Incluso en el «valle de las sombras de la muerte», la Iglesia siempre ha tenido profetas de esperanza que proclaman el Evangelio liberador de Jesucristo.
Tomando estas dos opciones como paradigmas, hoy Dios llama a la iglesia a fomentar el amor, la unidad y la esperanza, afirmando la humanidad plena de toda persona, particularmente de las deshumanizadas por los poderes del mal, del pecado y de la muerte. Proféticamente, celebramos el triunfo definitivo del Dios de la Vida, pues «la salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero» (Ap. 7.10b).