El silencio de Cristo – Fe versus celebridad

El silencio de Cristo es una prédica sobre Lucas 23.9, que trata sobre la confrontación entre la fe verdadera y el entretenimiento religioso.

Vivimos en una época donde la fe corre el riesgo de convertirse en espectáculo. En medio de la cultura del clic, de la viralidad y de la búsqueda constante de atención, muchas personas han confundido el Evangelio con el entretenimiento religioso. Pero Jesucristo no vino a divertir multitudes ni a satisfacer curiosidades superficiales. Vino a revelar la verdad del Reino de Dios, a confrontar el pecado, a ofrecer salvación y a transformar la vida humana desde lo más profundo.

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En este nuevo video, reflexiono sobre “El silencio de Cristo” y la diferencia radical entre la fe bíblica y el entretenimiento religioso. A partir de episodios bíblicos, experiencias pastorales y una lectura crítica de nuestra cultura contemporánea, analizo cómo la “espectacularización” de la religión ha distorsionado la predicación cristiana, convirtiendo a ciertos líderes en figuras mediáticas que buscan fama, influencia y monetización, en lugar de mostrar fidelidad al mensaje de Jesús.

El video también examina un punto crucial: el silencio de Jesús ante Herodes en Lucas 23.9. Herodes deseaba ver una señal, un truco, un acto que alimentara su curiosidad. Pero Cristo no respondió. Ese silencio es profundamente revelador. Jesús se negó a participar en el juego del espectáculo. Se negó a convertirse en objeto de entretenimiento para el poder. Ese mismo silencio sigue hablándonos hoy, cuando tantas personas buscan una religión que impresione, pero no necesariamente una fe que transforme.

Además, este mensaje denuncia el uso irresponsable de supuestas “palabras de ciencia” o “palabras de sabiduría” que, en muchos casos, no son más que ambigüedades diseñadas para manipular a personas vulnerables. Frente a eso, afirmamos una verdad central: el discipulado cristiano es una relación gratuita con Dios por medio de Jesucristo, en el poder del Espíritu Santo. No se compra, no se vende, no depende de celebridades religiosas y no necesita intermediarios.

Le invito a ver este video, reflexionar en oración y compartirlo con otras personas. Ha llegado el momento de dejar de buscar el próximo evento viral y comenzar a buscar, con seriedad y humildad, al Cristo que camina con nosotros en lo cotidiano.

El silencio de Cristo
Semana Santa
resurrección
Cultura de la celebridad
Lucas 23
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La predicación, puente entre dos mundos – John R.W. Stott

Esta publicación presenta un resumen detallado del libro La predicación: Puente entre dos mundos, escrito por John R.W. Stott.

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En La predicación: puente entre dos mundos, John R.W. Stott desarrolla una profunda reflexión teológica, histórica y pastoral sobre la naturaleza, la necesidad y la práctica de la predicación cristiana. La tesis central del libro sostiene que la predicación auténtica es un acto de mediación, un puente vivo entre el mundo bíblico y el mundo contemporáneo, entre la revelación divina y la experiencia humana actual. Para Stott, predicar no es un ejercicio retórico ni una mera transmisión de ideas religiosas, sino un acto responsable de comunicación del mensaje de Dios a personas concretas en contextos específicos.

Este libro fue publicado originalmente en inglés bajo el título Between Two Worlds: The Art of Preaching in the Twentieth Century (Gand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1982). De manera profética, Stott anticipa muchas de las tendencias y cambios que la postmodernidad ha traído tanto al mundo de la predicación, como a la vida de la iglesia. Debemos apreciar su contribución, que sigue siendo pertinente para toda personas interesada en el arte cristiano de la predicación.

John R.W. Stott inicia con un recorrido histórico que afirma la centralidad de la predicación en la historia del cristianismo. Desde Jesús como predicador del Reino de Dios, pasando por los apóstoles, los padres de la Iglesia, los reformadores, los puritanos y los grandes predicadores de los siglos XIX y XX, el autor demuestra que la predicación ha sido un medio privilegiado de la acción de Dios en la Iglesia. Este repaso no es meramente nostálgico, sino que busca recuperar la “gloria” del ministerio de la predicación frente a su desprestigio contemporáneo.

El autor analiza críticamente las principales objeciones modernas al sermón: el rechazo a la autoridad, la influencia de los medios audiovisuales, los cambios en los procesos de aprendizaje y la pérdida de confianza de la Iglesia en el evangelio. Stott reconoce la legitimidad de algunas críticas, pero rechaza la idea de que la predicación sea obsoleta. Propone una respuesta cristiana que distinga entre autoritarismo y autoridad legítima, y que recupere la predicación como servicio humilde a la verdad revelada.

Aquí John R.W. Stott establece las convicciones teológicas que sostienen la predicación: una doctrina clara de Dios que habla de las Escrituras como Palabra revelada, de la Iglesia como comunidad oyente y del ministerio pastoral como vocación. La predicación se fundamenta en la iniciativa divina: Dios ha hablado y sigue hablando, y el predicador es testigo y servidor de esa Palabra, no su dueño.

Antes de desarrollar el concepto de la predicación como puente de comunicación, me parece necesario describirlo…para evitar malentendidos. …si bien he hablado de un abismo sin puentes entre los mundos bíblicos y moderno, reconozco que en efecto ha habido una larga sucesión de constructores de puentes; que en toda la historia de la iglesia, los cristianos han tratado de relacionar el mensaje bíblico con su cultura, en particular, y que cada nueva generación ha proseguido con el trabajo de sus predecesores. Por lo tanto, ha habido mayor continuidad en la construcción de puentes que la que indicaría mi analogía. En ocasiones, en lugar de construir un nuevo puente, la nueva generación en realidad adapta y reconstruye uno antiguo y agrega un tramo por aquí y reemplaza una viga por allá. No obstante, el mundo cambia tan rápido hoy que cada nueva generación siente el desafío de la amplitud de abismo y de la necesidad de construir un nuevo puente. 

Stott, La predicación: Puente entre dos mundos, p. 133.

Este capítulo constituye el corazón del libro. Stott afirma que el predicador debe habitar dos mundos: el bíblico y el contemporáneo. Predicar implica comprender el texto bíblico con rigor exegético y, al mismo tiempo, comprender la cultura, los problemas y las preguntas del presente. El sermón fiel es aquel que se apoya con igual firmeza en ambos extremos del puente.

El autor subraya la disciplina intelectual y espiritual del predicador. El estudio bíblico, la lectura del mundo moderno y los hábitos de reflexión son indispensables. La preparación del sermón incluye la selección del texto, la identificación de la idea central, la organización del material y la oración, integrando mente y espíritu.

Finalmente, Stott aborda las cualidades personales del predicador: sinceridad, seriedad, valor y humildad. La autoridad del sermón no proviene de la personalidad del predicador, sino de la fidelidad a la Palabra de Dios y de una vida coherente bajo el señorío de Cristo.

By BlueMoses at en.wikipedia, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=17240589

En conjunto, La predicación: puente entre dos mundos es una obra clásica de la homilética contemporánea que combina profundidad teológica, sensibilidad pastoral y compromiso con la misión de la Iglesia. Su aporte principal es recordar que la predicación sigue siendo esencial cuando es bíblica, contextual, humilde y fiel al Dios que habla.

Después de Bad Bunny, qué debe hacer la iglesia

Después de Bad Bunny, ¿Qué debe hacer la iglesia? es un ensayo sobre la revitalización de la iglesia escrito por el Dr. Pablo A. Jiménez.

Después del discutido espectáculo que presentó Benito Antonio Martínez Ocasio—mejor conocido como “Bad Bunny”—el domingo 8 de febrero de 2026 en el medio tiempo o descanso del Super Bowl LX, ¿qué debe hacer la iglesia? 

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Por varias semanas las redes sociales se vieron congestionadas por comentarios a favor o en contra del artista y de su espectáculo. Muchos de esos comentarios fueron colocados en las redes por personas cristianas: agentes pastorales, líderes congregacionales y feligreses, en general. Ahora que ha pasado el espectáculo, ¿qué debe hacer la iglesia?

Imagino que muchas personas creyentes continuarán enfrascadas en las batallas culturales, en general, y en la denuncia de las letras de la música urbana, en particular. Si van a invertir su tiempo en esas tareas, les indico que hay muchos otros artistas e “influencers” que publican líricas objetables en sus canciones, muchas de ellas mucho más fuertes que las de Martínez Ocasio. Pueden comenzar con Annuel AA, seguir con Karol G (quien tiene canciones muy subidas de tono a pesar de su actual “look” inocente) y terminar con Young Miko. De ahí pueden seguir examinando otras líricas sexualmente explícitas, como las de Tokisha, o analizar el subgénero del “maleanteo”, donde se destacó el difunto Pacho, que en paz descanse. 

Creo que otras personas tornarán su mirada a temas políticos, como los archivos de Epstein, que contienen una larga lista de hombres adinerados que, ayudados por algunas mujeres, se dedicaron a la trata humana, la explotación de chicas adolescentes y la promoción de la perversión sexual, en general. Esos pervertidos ya tendrán su recompensa: “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo” (2 Co 5.10 NVI). 

Ahora bien, les ruego que me permitan hacer una recomendación. En lugar de desgastarnos en batallas culturales y en debates políticos interminables, tornemos nuestra mirada a las ordenanzas y mandamientos que nos dejó nuestro Señor Jesús. En particular, quiero resaltar dos pasajes bíblicos del Evangelio según San Mateo: la parábola del Juicio a las Naciones (Mt 25.31-46) y las palabras finales de Jesucristo resucitado, pasaje apodado “La Gran Comisión” (Mt 28.16-20).

La parábola del Juicio a las Naciones presenta los criterios que el Hijo del Hombre utilizará para juzgar al mundo: dar alimento al hambriento, agua al sediento, hospitalidad al forastero, vestimenta al desnudo, cuidado pastoral al enfermo y atención a las personas encarceladas (Mt 25.35-36 y 42-43). Si unimos los primeros dos, dar alimento y agua a las personas hambrientas y sedientas, obtenemos cinco criterios normativos.

Al leer la parábola, nótese que tanto las personas que se salvan como las que se condenan le preguntan al Juez Celestial cuándo hicieron o dejaron de hacer estas cosas (vv. 38-39 y 42-43). Es decir, ninguno de los dos grupos cumplió o rechazó los criterios usados por Jesús de manera consciente; dicho de otro modo, se salvaron o se condenaron “sin darse cuenta”. La respuesta de Jesús a ambos reclamos es contundente: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí” (Mt 25.40 NVI, véase el paralelo en el v. 45).

Yo creo que la iglesia debe prestar más atención a estos cinco criterios. ¿Por qué? Porque yo soy un viejo profesor que muchas veces le he dicho a mis estudiantes que incluiré tal o cual pregunta en el examen final. Por lo regular, quienes prestan atención estudian los temas señalados y obtienen buenas calificaciones. Empero, quienes no prestan atención a mis palabras tienden a fracasar en el curso.

Desde este punto de vista, creo que Jesús de Nazaret nos dio cinco preguntas clave que incluirá en el “examen final” de nuestras vidas. Se supone que las personas de fe sincera cumplan los criterios de manera orgánica, sin darse cuenta de que se han convertido en parte integral de su vida cotidiana. Repito, el creyente que menosprecia los cinco criterios estipulados por Jesús en la parábola del Juicio a las Naciones pone en peligro su salvación.

El segundo pasaje es tan conocido que la mayor parte de ustedes conocen, por lo menos, algunas de sus partes de memoria. 

Desde mi punto de vista, entiendo que las instrucciones finales de Jesús en Mateo 28.16-20 contienen órdenes que la Iglesia debe seguir hoy: discipular nuevos creyentes de todos los pueblos de la tierra, bautizar a las personas discipuladas, y enseñarles a seguir los mandamientos de Jesús. Dicho de otro modo, por medio de “La Gran Comisión”, Jesús invita a la iglesia a participar en el plan de salvación de Dios para el mundo. Esta es una misión “global” que trasciende barreras étnicas, lingüísticas y culturales. Es un llamado a ser “embajadores en nombre de Cristo” que proclamen el “mensaje de la reconciliación” (2 Co 5.20 NVI).

Basado en estos dos pasajes bíblicos, me aventuro a sugerirles diez tareas que bien pueden orientar y hasta reorientar nuestro ministerio pastoral.

  1. Reviva el tema de la evangelización en su iglesia local. Recalque la tarea misionera de la Iglesia en predicación, en sus estudios bíblicos y en la escuela bíblica dominical. Cada miembro de su iglesia local debe comprender que Dios desea que toda persona tenga la oportunidad de escuchar el mensaje del evangelio, confesar a Jesucristo como Señor y entrar en el proceso de formación y crecimiento espiritual que llamamos “discipulado cristiano”. Por esta razón, su iglesia local debe recibir con entusiasmo y amor a toda persona que se acerque buscando una experiencia espiritual transformadora con Dios.
  2. Reciba con amor a quienes visitan su iglesia por primera vez. Su iglesia local debe tener un grupo de líderes que reciban a todas las personas que asisten regularmente a sus oportunidades de adoración. Sin embargo, deben prestar particular atención a quienes asisten a su iglesia por primera vez. La iglesia debe tener material informativo listo para distribuir a las personas visitantes. Por ejemplo, debe tener un folleto que detalle el programa de la iglesia, el horario de la oficina y los números telefónicos y correos electrónicos de contacto. También debe distribuir porciones bíblicas, tales como tratados con textos bíblicos, libros de la Biblia (como el evangelio de Juan), o copias gratuitas del Nuevo Testamento. Otra buena opción sería regalarle a cada visitante un USB con copias electrónicas de los folletos informativos y con una prédica o estudio bíblico en audio o vídeo.
  3. Predique sermones evangelísticos regularmente. Sugerimos que dedique todo un mes de cada año al tema de la evangelización. Durante los restantes once meses, debe predicar al menos un sermón enfocado en la evangelización. Es decir, sugerimos que predique un mínimo de quince sermones evangelísticos al año. Recuerde que un buen sermón evangelístico se expresa en lenguaje sencillo, no en “jerga evangélica”, ya que se dirige a personas que ni han leído la Biblia ni conocen la cultura de las iglesias protestantes, evangélicas o pentecostales. Repito: predique partiendo de la premisa de que las personas que le escuchan hoy nunca antes han escuchado el mensaje del evangelio. De esta manera, su sermón será tan sencillo que toda persona que preste atención podrá comprenderlo bien.
  4. Oriente a todas las personas que respondan a los llamados al altar. Es común terminar los sermones con un tiempo de oración donde se invita a las personas que han sido conmovidas por la prédica a pasar al altar. Lamentablemente, la inmensa mayoría de las congregaciones cristianas no aprovechan estas oportunidades para confirmar las experiencias de fe. ¿Cómo remediar esta situación? Sugerimos que reclute y adiestre a un grupo de miembros de su iglesia local interesados en orientar a nuevos creyentes. Estas personas deben acercarse a quienes pidan la oración y preguntarles si ya son creyentes. Si no lo son, deben invitarles a confesar a Jesucristo como Señor y Salvador por medio de la oración de fe. Quienes hagan esa oración deben pasar a un salón u oficina para recibir una orientación por miembros del grupo de evangelización. Si sus recursos lo permiten, regálale a cada nuevo creyente una Biblia que pueda atesorar como un recuerdo del día de su conversión.
  5. Ofrezca clases para nuevos creyentes y candidatos al bautismo. Invite a los nuevos creyentes a tomar las clases básicas de discipulado cristiano. Como parte del plan de estudio del curso, debe explicar el plan de salvación, lo que implica ser miembro de una iglesia cristiana y el significado de las ordenanzas o sacramentos. El curso debe preparar a los nuevos creyentes para ser bautizados.
  6. Organice un banco de alimentos. En obediencia a Mateo 25.31-46, sugerimos que organice un banco de alimentos para proveer sustento a las personas necesitadas. Puede recaudar una ofrenda especial una vez al mes para apoyar este esfuerzo, solicitando a cada familia de la Iglesia que done alimentos no perecederos o dinero. Además, puede entrar en acuerdos de colaboración con bancos de comida establecidos por el gobierno o por organizaciones no gubernamentales, pues estas organizaciones casi siempre están dispuestas a proveer alimentos a instituciones religiosas.
  7. Organice un banco de ropa. Mateo 25 también exhorta a la Iglesia a proveer vestimenta a las personas necesitadas. Su iglesia puede recoger ropa, zapatos y otros artículos del hogar para distribuirlos posteriormente. Nótese que este tipo de proyectos requiere mucho trabajo y, por lo tanto, necesita que un grupo de personas voluntarias lo desempeñe como un ministerio. La ropa recibida debe ser debidamente clasificada. La iglesia debe apartar un lugar donde colocar los artículos y tener un horario específico para recibir a las personas visitantes. Los artículos deben ser donados, no vendidos. Tome en consideración que tendrá que descartar parte de la ropa donada, pues algunas personas tienden a aportar artículos rotos o inservibles. Del mismo modo, cuídese de los acaparadores que desean llevarse la mayor cantidad de artículos posibles para revenderlos después. 
  8. Recalque la visita a personas enfermas. En la parábola del juicio a las naciones también se recalca la importancia de visitar a las personas enfermas. Su iglesia local debe tener un ministerio donde personas debidamente adiestradas visiten regularmente a quienes están enfermos. Este es un ministerio muy completo, dado que la enfermedad tiene muchas variables: hay enfermedad pasajera y enfermedad crónica; hay personas que convalecen en sus hogares, mientras otras están en hospitales; y hay personas enfermas que son miembros de la iglesia, mientras otras forman parte de la comunidad que rodea a la Iglesia. Sea cual sea la situación, el ministerio de visita a enfermos debe estar preparado para ministrar con amor.
  9. Desarrolle ministerios carcelarios. Son muchos los pasajes bíblicos que recalcan la importancia de los ministerios carcelarios. Al igual que los anteriores, el desarrollo de ministerios carcelarios es complejo. Algo que aumenta el grado de dificultad es que las personas que sirven en la capellanía voluntaria deben ser debidamente reconocidas por las autoridades. Por lo tanto, es posible que deban tomar algún curso y entregar alguna documentación para obtener los permisos requeridos. Del mismo modo, las visitas a las cárceles deben ser coordinadas con la administración de cada institución penal.
  10. Provea servicios pastorales a personas extranjeras. ¿Qué está haciendo su iglesia local para cumplir activamente con el mandato de recibir al “forastero” (Mt 25.35)? Quizás la instrucción menos obedecida Jesús sea la de bendecir a las personas extranjeras. No obstante, esta enseñanza está presente en toda la Biblia. Desde los relatos del Éxodo, que recalcan la importancia de mostrar misericordia a los huérfanos y a las viudas (Éx 22.22), hasta Apocalipsis 7.9-10, donde creyentes de toda tribu, lengua y nación alaban al Cordero, la Palabra de Dios recalca el alcance global de la fe cristiana. 

Imagino que algunos criticarán mis palabras, argumentando que lo que pongo sobre la mesa como agenda para el futuro no es más que una reiteración de la misión de Dios, en la cual la iglesia debe participar activamente. Les concedo el punto. ¡Tienen toda la razón! Después de la presentación de Bad Bunny, la iglesia debe enfocarse en lo que debió estar haciendo antes y durante el espectáculo presentado en el Super Bowl LX: adorar a Dios, proclamar el evangelio y hacer nuevos discípulos, bautizándoles y formándoles en la fe de Jesucristo.

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La promesa sigue abierta (Hechos 1.4)

La promesa sigue abierta es un sermón basado en Hechos 1.4 sobre el impacto del Espíritu Santo en la iglesia hoy.

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Este sermón ofrece una reflexión exegética, pastoral y contextual sobre Hechos 1, bajo el título “Hasta que Dios cumpla su promesa”, destacando la centralidad de la espera como dimensión esencial de la fe cristiana. Lejos de ser un simple preámbulo narrativo, Hechos 1 se presenta como el espacio teológico donde se forja la identidad de la Iglesia, llamada a vivir entre la promesa recibida y su cumplimiento histórico por medio del Espíritu Santo. Desde una perspectiva hispana y pastoral, la espera se conecta con las experiencias de marginación, incertidumbre y esperanza que marcan la vida de muchas comunidades hoy.

El sermón subraya que la espera cristiana no es pasividad ni resignación, sino una preparación activa y expectante. Los discípulos, tras la Ascensión, viven un “entre-tiempo” formativo: sin la presencia física de Jesús, pero sostenidos por la promesa del Padre. Este período se convierte en un crisol donde Dios transforma el miedo en esperanza y prepara a la comunidad para la misión. Así, la espera se revela como parte integral del proceso de Dios para moldear el carácter y la vocación ministerial de su pueblo.

El análisis exegético de Hechos 1.4–8 destaca la promesa del bautismo en el Espíritu Santo como cumplimiento de la esperanza profética del Antiguo Testamento. El texto enfatiza que el “poder” (dýnamis) prometido no tiene fines de dominación política ni de prestigio personal, sino que capacita a la Iglesia para participar en la missio Dei como comunidad de testigos (mártyres). Sin esta obra del Espíritu, toda acción misionera queda reducida a esfuerzo humano sin fruto duradero.

A partir de esta promesa, el sermón identifica tres efectos fundamentales que definen la vida de la Iglesia: una experiencia espiritual extraordinaria que transforma la fe en vivencia; una capacitación y poder extraordinarios que sostienen la proclamación, la perseverancia y la eficacia del testimonio; y la formación de una comunidad extraordinaria, unida en un mismo sentir (homothymadon), inclusiva y contracultural en un mundo marcado por la fragmentación.

El mensaje concluye con un llamado urgente a la Iglesia contemporánea: volver al “aposento alto”, esperar en Dios con paciencia activa, clamar por la obra del Espíritu y salir al mundo empoderada para vivir y anunciar el Reino. Hechos 1 se presenta así como una palabra viva que invita a la Iglesia a no detenerse, sino a perseverar con fidelidad hasta que Dios cumpla su promesa.

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Sígueme – El Discipulado en la tradición del Ejército de Salvación

Este ensayo sobre el discipulado cristiano —inspirado en la tradición del Ejército de Salvación— explora cómo vivir la fe con propósito, santidad y servicio.


Hay palabras que cambian la historia. Entre ellas, pocas son tan simples y a la vez tan profundas como las que Jesús pronunció a orillas del mar de Galilea: “Ven, sígueme.”

No eran palabras vanas ni una invitación poética. Eran —y siguen siendo— una irrupción divina. Un llamado a dejar lo seguro, lo predecible, lo cómodo… para caminar con Dios hacia lo desconocido.

Ese llamado sigue resonando hoy, en medio de nuestra vida acelerada, nuestros calendarios saturados y nuestras contradicciones espirituales. ¿Por qué? Porque el discipulado cristiano no es un programa para los más piadosos: es la esencia misma de lo que significa creer. Ser discípulo es responder a la voz de Cristo que sigue diciendo: “Sígueme.”

Todo comienza con una proclamación: “El tiempo se ha cumplido. El Reino de Dios se ha acercado. Arrepiéntanse y crean en la buena noticia.” (Marcos 1.15)

Jesús no hablaba de una utopía idealista. Hablaba de una realidad presente: Dios ya está actuando en medio de nosotros. Y si el Reino está cerca, entonces nuestra vida tiene que cambiar de dirección.

Arrepentirse y creer es más que una decisión religiosa: es una rendición total. Es decirle a Dios: “Toma el timón de mi historia.” En la espiritualidad del Ejército de Salvación, esto se vive con una sencillez poderosa: fe que se traduce en acción, santidad que se manifiesta en servicio, amor que se convierte en justicia. William y Catherine Booth lo resumieron así: “Salvados para servir.”

Imagina la escena. Cuatro pescadores en plena faena, cansados, con las manos curtidas y los ojos puestos en sus redes. Y de pronto, una voz. Una mirada. Una propuesta que lo cambia todo: “Ven, sígueme, y te haré pescador de personas.”

Lo asombroso no es solo la invitación, sino la respuesta: “Al instante dejaron sus redes y lo siguieron.”

El discipulado empieza en ese momento: cuando algo dentro de ti dice “sí”, aun sin entender del todo a dónde te llevará ese camino. Seguir a Jesús no es agregarlo a tu agenda; es reordenar toda tu vida en torno a Él. Como decía William Booth, “la medida del poder de una persona es la medida de su entrega.”

Y sí, seguir a Cristo implica dejar atrás algunas redes: la comodidad, el miedo, la búsqueda de aprobación, o el deseo de control. Pero cuando lo haces, descubres algo inesperado: al soltar, te liberas.

Hoy sabemos más de Biblia que nunca antes. Tenemos podcasts, conferencias, seminarios, aplicaciones… y, sin embargo, a veces nuestra vida no refleja lo que decimos creer.

Jesús no busca estudiantes de teología; busca discípulos que vivan como Él.

El discípulo no memoriza ideas: imita una vida. Y eso requiere algo que va más allá de la mente: una transformación del corazón.

Cuando Jesús dice: “Niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9.23), no habla de sacrificios dramáticos, sino de una fidelidad cotidiana. Negarse a uno mismo es elegir amar cuando cuesta, servir cuando nadie ve, perdonar cuando duele.

El Ejército de Salvación entiende bien esta diferencia. Sus soldados no solo firman una declaración de fe: asumen un pacto de vida. El discipulado, para ellos, no es teoría… es práctica. Es la teología convertida en biografía.

Un día, un joven se acercó a Jesús con la mejor de las preguntas: “¿Qué debo hacer para tener vida eterna?” Jesús lo miró con ternura, pero también con verdad: “Vende todo lo que tienes… y sígueme.” (Marcos 10.21)

El joven se fue triste. No porque fuera malo, sino porque no podía soltar. Y ahí está la gran prueba del discipulado: ¿qué cosa, si Jesús te la pidiera hoy, te costaría dejar?

El discipulado no es “gracia barata”. Requiere renuncias reales: ego, orgullo, comodidad, posesiones, control. Pero a cambio, ofrece lo que ningún tesoro puede comprar: una vida libre, plena y significativa.

Los primeros salvacionistas entendieron esto tan bien que vivían con lo justo, sirviendo a los más pobres, convencidos de que su recompensa no estaba en la tierra. Y descubrieron la paradoja del Reino: lo que se entrega, se multiplica. Lo que se pierde por Cristo, se gana en abundancia.

Seguir a Jesús no se sostiene solo con entusiasmo. Se alimenta con hábitos santos. Jesús habló de tres: dar, orar y ayunar. Tres prácticas que, lejos de ser rituales vacíos, son formas de cultivar una relación íntima con el Padre.

  • Dar, porque la generosidad nos cura del egoísmo.
  • Orar, porque el alma necesita oxígeno divino.
  • Ayunar, porque el cuerpo debe recordar que no todo lo que deseamos nos conviene.

En la tradición salvacionista, estas disciplinas no son obligaciones, sino caminos de gracia. Se practican en comunidad, se viven en silencio, se expresan en servicio. La verdadera espiritualidad no se mide por cuántas palabras usamos al orar, sino por cuánto amor ponemos al servir.

Ser discípulo siempre termina en esto: hacer discípulos. Jesús no dijo “vayan y prediquen sermones”, sino “vayan y hagan discípulos.” (Mateo 28.19)

El discipulado no se multiplica por discursos, sino por vidas. Cuando amamos sin condiciones, cuando servimos sin esperar recompensa, cuando perdonamos lo imperdonable… estamos evangelizando.

El Ejército de Salvación lo vive de una manera muy concreta: corazón a Dios, mano al ser humano. Su teología se encarna en comedores sociales, refugios, hospitales y calles. No hay separación entre fe y acción. Evangelizar es vivir de tal modo que otros sientan curiosidad por Jesús.

Jesús nunca prometió un discipulado fácil. “Todos los odiarán por causa de mi nombre, pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo.” (Marcos 13.13)

Seguirlo implica atravesar pruebas, dudas, momentos de cansancio. Pero la perseverancia es el sello del amor verdadero.

El Ejército de Salvación nació enfrentando burlas, violencia y pobreza. Sus primeros predicadores eran golpeados en las calles, pero siguieron adelante porque sabían que Dios era su fuerza. Su lema, “Sangre y Fuego”, resume la pasión del discípulo: la sangre de Cristo que redime, y el fuego del Espíritu que impulsa.

Perseverar no es resistir pasivamente: es seguir amando, sirviendo y creyendo cuando todo parece cuesta arriba. Porque quien empezó la buena obra en nosotros… la terminará (Filipenses 1.6).

El discipulado no es una etapa: es una forma de vivir. Empieza con el llamado, crece en el seguimiento, madura en la entrega y florece en la misión. Cada paso nos va moldeando hasta que un día, sin darnos cuenta, empezamos a parecernos un poco más a Jesús.

La gracia no es solo el punto de partida: es el motor del camino. No seguimos a Cristo para ganarnos su amor; lo seguimos porque ya lo hemos recibido. Y esa gracia nos empuja a vivir con propósito, humildad y esperanza.

El Ejército de Salvación lo expresa con sencillez: “La santidad no nos aparta del mundo; nos envía a servirlo.” El discipulado no es aislamiento, es presencia transformadora.

El tiempo ha pasado, pero la voz sigue siendo la misma: “Ven, sígueme.”

Hoy, igual que ayer, Jesús sigue caminando entre nosotros. Nos encuentra en la rutina, en la duda, en la prisa, y nos invita a confiarle la dirección de nuestra vida. Responder a ese llamado es decirle “sí” cada día. No un sí perfecto, sino uno perseverante.

Seguirlo es vivir en clave de Reino:

  1. Arrepentirse y creer.
  2. Seguir y obedecer.
  3. Aprender e imitar.
  4. Rendirse y servir.
  5. Orar y actuar.
  6. Ir y compartir.
  7. Perseverar y confiar.

Al final, el discipulado no se trata de hacer más cosas para Dios, sino de ser más como Cristo.

Es un camino de gracia, sostenido por el Espíritu, vivido en comunidad y destinado a la gloria.

El Reino está cerca. El tiempo es ahora. Ven y síguelo. Amén.


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El arte de vivir con sabiduría – Proverbios 3

Reflexión del Dr. Pablo A. Jiménez sobre Proverbios 3.1–8: descubre el arte de vivir con sabiduría, aprendiendo a confiar en Dios más que en tu propia prudencia. Un mensaje sobre fe, humildad y propósito cristiano.

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🕊️ La verdadera sabiduría según la Biblia

En un mundo que celebra la autosuficiencia, el libro de Proverbios nos recuerda que la sabiduría no comienza en el conocimiento humano, sino con una relación con Dios. El versículo central del pasaje declara:

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.” (Proverbios 3.5, RVR60)

Esta enseñanza nos invita a confiar plenamente en el Señor, a vivir desde la fe y no desde la lógica limitada del ser humano. La sabiduría bíblica no es solo pensar bien, sino vivir bien, con propósito, humildad y obediencia.

💡 Sabiduría vs. inteligencia: dos caminos diferentes

El mensaje de Proverbios 3.1–8 distingue entre inteligencia e inspiración divina. Una persona puede ser brillante, pero sin temor de Dios su vida carecerá de dirección. En cambio, quien confía en el Creador adquiere la inteligencia espiritual y emocional necesaria para vivir en paz.

El sabio reconoce que el amor, la misericordia y la verdad de Dios —su hesed— son el fundamento de toda buena conducta.

🔥 Confiar en Dios: el arte de vivir con propósito

Este sermón nos desafía a examinar nuestra fe y nuestras decisiones. ¿Ponemos nuestra confianza en el Señor o dependemos de nuestra prudencia?

El llamado es a redescubrir el arte de vivir con sabiduría: caminar con Dios, seguir sus mandamientos y dejar que su gracia guíe cada aspecto de nuestra vida. Así, el creyente encuentra lo que el mundo no puede ofrecer: una vida buena, saludable, larga, fructífera y en paz.

✝️ Conclusión: el camino del sabio

El arte de vivir con sabiduría nos invita a abandonar el orgullo y a abrazar la dependencia de Dios. La verdadera sabiduría no proviene del poder o del conocimiento, sino de una fe humilde que reconoce al Señor como fuente de toda verdad.

Cuando confiamos plenamente en Dios, descubrimos el sentido profundo de la vida cristiana: vivir con propósito, paz y esperanza.

Sabiduría
El arte de vivir con sabiduría
Proverbios 3.1-8
El principio de ls sabiduría
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Qué es la koinonía cristiana – Romanos 14.1-9

Qué es la koinonía cristiana es una meditación sobre la koinonía , es decir, la solidaridad o el compañerismo entre las personas de fe.

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El compañerismo cristiano no es mera convivencia. Es una relación de pacto donde personas diferentes aprenden a vivir juntas bajo el señorío de Jesucristo y de acuerdo con los valores del Reino. En Romanos 14, Pablo nos muestra cómo recibir al “débil en la fe” sin pelear, cómo dejar de juzgarnos, y cómo caminar en unidad para la gloria de Dios.

La meditación parte del texto inicial del capítulo 14: “Reciban al que es débil en la fe, pero no para entrar en discusiones.” Pablo reconoce diferencias reales en la iglesia de Roma (dietas, días especiales), pero dirige la mirada a una verdad mayor: “si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos”. El punto es contundente: pertenecemos al Señor; por eso, nuestras decisiones y nuestras diferencias deben someterse a su señorío.

La declaración de la idea central enmarca el mensaje: el verdadero compañerismo es una relación de pacto con Dios para trabajar unidos en los valores del Reino.

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El sermón identifica dos sensibilidades en conflicto:

  • Dietas: unos comen de todo; otros, por convicción, solo legumbres. Pablo no ridiculiza a ninguna parte; pide respeto mutuo, porque Dios ya ha aceptado a ambos.
  • Días: para algunos, ciertos días son especiales; para otros, todos los días son iguales. De nuevo, la clave no es imponer la propia práctica, sino hacerlo “para el Señor”.

En otras palabras, Pablo discipula para vivir la diversidad sin romper la comunión.

La prédica nos recuerda que solo Jesucristo es juez (véase la alusión a Isaías 45:23 y su eco cristológico). Cuando juzgamos a una hermana o a un hermano por asuntos de opinion, usurpamos un lugar que no nos corresponde. Por eso, el apóstol aterriza el llamado: dejemos de juzgarnos y evitemos ser piedra de tropiezo. La meta no es ganar debates, sino adorar con una sola voz.

El conflicto aparece en todo grupo humano (familias, barrios, naciones). No es malo en sí mismo; se vuelve destructivo cuando lo resolvemos con violencia verbal, emocional o física. En la iglesia, la diversidad (edad, trasfondo, educación, valores familiares) aumenta la fricción, pero también abre una oportunidad: quienes dialogan y aman crecen como discípulos. El problema real surge cuando demonizamos al otro y polarizamos la congregación.

El discipulado radical se define el concepto como vivir en comunidad según los valores del Reino, orientada por el señorío de Jesús. Esto implica:

  • Compromiso mutuo con una manera alternativa de vida.
  • Priorizar el bienestar de los demás sobre el éxito individual.
  • Perseguir la meta del evangelio: una nueva humanidad que practica la justicia, proclama la vida y evidencia una novedad de vida que otros notan.

A la luz del pasaje y del material, propongo estas acciones concretas para iglesias y grupos pequeños:

  1. Recibir sin discutir. Haz espacio para la persona “débil en la fe” sin convertir su llegada en un campo de batalla (Rom 14:1).
  2. Honrar la conciencia ajena. Si para alguien un día o una dieta es importante “para el Señor”, respétalo sin sarcasmo (Rom 14:5–6).
  3. Renunciar a juzgar. Antes de evaluar la práctica de otro, recuerda: no vives para ti y Cristo es el único juez (Rom 14:7–12).
  4. Dejar de ser tropiezo. Si tu libertad hiere, limítala por amor.
  5. Compartir la mesa con mansedumbre. Comer juntos sin pelear por “lo permitido” edifica más que cualquier argumento.
  6. Elevar la adoración común. Que las preferencias no apaguen la alabanza con una sola voz.
  7. Medir el éxito por el bien del prójimo. Cambia la lógica “yo gano/tú pierdes” por “o ganamos todos o no hay juego”.

Si predicas este sermón en tu reunión de liderazgo, tu célula o tu clase bíblica usa esta “Preguntas clave” como examen de conciencia comunitario:

  • ¿Estamos viviendo de acuerdo con los valores del Reino?
  • ¿Somos, en la práctica, una verdadera comunidad cristiana?
  • ¿Es el evangelio de Jesucristo lo que dirige nuestras decisiones diarias?

Responder con honestidad es vital, porque nuestra sociedad necesita iglesias que vivan el evangelio en serio.

El Imperio Romano impuso su dominio sobre los otros pueblos de manera violenta; aun así, el evangelio echó raíces y floreció en comunidades comprometidas con Cristo y entre sí. Hoy, en contextos también tensos, Romanos 14 nos llama a algo más que tolerancia: pacto, respeto, edificación mutua y adoración unánime. No buscamos uniformidad, sino unidad bajo el señorío de Jesús.

¡Que el Espíritu Santo nos ayude a recibir, servir y amar como quienes pertenecen al Señor, para que nuestras iglesias brillen como señales vivas del Reino!


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¿Qué es el Evangelio? Romanos 1:16-17

¿Qué es el Evangelio? es una prédica cristiana que define el concepto “evangelio” de acuerdo a los vv. 16 y 17 del primer capítulo de la Epístola a los Romanos.


El Evangelio es poder de Dios para salvación

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El Evangelio, según el Apóstol Pablo en Romanos 1:16-17, no es simplemente una tradición religiosa o un credo teológico. Es poder de Dios para la salvación de toda persona que cree. Así lo expresa de manera contundente el Apóstol Pablo al comenzar su carta a los Romanos, una comunidad dividida entre creyentes judíos y gentiles. Ante esta realidad, afirma que la salvación está disponible para todos, sin distinción cultural o étnica.

La palabra griega usada por Pablo, dúnamis, da origen a nuestro término “dinamita” y comunica fuerza, energía y capacidad de transformación. El Evangelio no solo informa, ¡impacta! No es letra muerta, sino un mensaje vivo que libera, restaura y sana.

El mensaje del Evangelio tiene siete implicaciones, características o consecuen cias, de acuerdo a Romanos 1:16-17. El Evangelio:

  • Da honor a quienes creen en Cristo Jesús.
  • Tiene poder para transformar.
  • Trae salud integral: física, mental y espiritual.
  • Ofrece salvación tanto a judíos como a gentiles.
  • Revela la justicia de Dios.
  • Nos conduce a una vida de fe.
  • Y proclama la justificación por la fe.

El Evangelio también confronta una verdad incómoda: el pecado humano. Romanos enseña que todos hemos pecado, alejándonos de la voluntad de Dios para seguir la nuestra. Pero la buena noticia es doble: Dios nos salva del pecado y nos llama a cumplir una misión.

En una cultura que relativiza la verdad y ve el pecado como un concepto obsoleto, comunicar este mensaje resulta desafiante. Sin embargo, es urgente recuperar una comprensión clara, incluso actualizada, del pecado —incluyendo los pecados sociales: guerras injustas, destrucción ambiental y otras injusticias estructurales.

El mensaje central de Romanos 1.16-17 sigue vigente: El Evangelio es poder de Dios. Esta es una excelente noticia para quienes se sienten vulnerables o indefensos. ¡No estamos a merced del mal! Podemos resistirlo y vencerlo. Aquellas personas que se acercan a Dios por medio de Jesucristo pueden vivir en el poder del Espíritu Santo.


Qué es el Evangelio
¿Qué es el Evangelio?
Poder de Dios para Salvación
Romanos 1.16-17

El secreto de la Predicación Bíblica

El secreto de la Predicación Bíblica en un vídeo educativo sobre Homilética y Predicación, enfocado en enseñar cómo predicar.

¿Te has preguntado qué hace que un sermón sea verdaderamente bíblico? Hoy vamos a explorar la predicación bíblica, esa que refleja fielmente el contenido, la función y la forma del texto bíblico. ¡Acompáñame para descubrir cómo la Palabra de Dios cobra vida en el sermón!

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La predicación bíblica comienza con un pasaje de las Sagradas Escrituras y busca interpretar su mensaje para nuestro tiempo. Un sermón es bíblico cuando:

  1. El contenido del sermón corresponde al contenido del texto bíblico.
  2. La función del sermón se alinea con el propósito del texto.
  3. La forma del sermón respeta la estructura literaria del pasaje bíblico.

En pocas palabras, el texto bíblico moldea el sermón, permitiendo que Dios hable a través de su Palabra.

Para exponer un texto bíblico con fidelidad, debemos considerar tres elementos fundamentales:

  1. El contexto social e histórico: ¿Quién escribió el texto? ¿Cuál era la situación social y espiritual de los destinatarios?
  2. El mensaje del texto: ¿Qué dice el texto? ¿Qué conceptos teológicos y verdades presenta? ¿Cómo aplica este mensaje a nuestra vida hoy?
  3. El estilo literario: ¿Es narrativo, poético o discursivo? ¿Qué imágenes y figuras literarias utiliza el autor?

Cada uno de estos aspectos nos ayuda a entender y comunicar fielmente el mensaje bíblico.

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Tomemos el libro de Apocalipsis como ejemplo. Este texto fue escrito para consolar a los cristianos que sufrían bajo la opresión del Imperio Romano por negarse a adorar al Emperador. El propósito de Apocalipsis es alentar a la comunidad hostigada a confiar en el Dios que salva y libera.

Si predicas un sermón basado en Apocalipsis, tu mensaje debe reflejar ese propósito: consolar y alentar. Un sermón que infunda miedo traiciona la intención del texto.

Esto nos enseña que la predicación bíblica debe tratar de transmitir el mismo efecto que el pasaje bíblico buscaba crear en su audiencia original.

La estructura de un texto bíblico es clave para entender su mensaje. Por ejemplo, las parábolas suelen tener un final sorpresivo:

  • El esposo llega cuando menos lo esperan (Mateo 25.10).
  • El samaritano ayuda al judío herido (Lucas 10.33-35).
  • El publicano es justificado (Lucas 18.14).

Estos finales inesperados subrayan la novedad del Reino de Dios. Un sermón basado en una parábola debe capturar esta sorpresa para ser impactante y fiel al texto.

En resumen, la predicación cristiana es verdaderamente bíblica cuando el sermón refleja fielmente el contenido, la función y la forma del texto bíblico. Como personas llamadas a predicar, nuestra tarea es procurar que Dios hable a través de su Palabra.

“La predicación cristiana es verdaderamente bíblica cuando el sermón refleja fielmente el contenido, la función y la forma del texto bíblico”

Dr. Pablo A. Jiménez
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Verdaderamente – Una confesión inesperada al pie de la cruz

Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios – escuche el testimonio del Centurión que ejecutó a Jesús – Marcos 15.39.

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“Yo no buscaba a Dios. Era centurión romano, endurecido por la guerra, habituado al castigo y la muerte. Pero esa madrugada todo cambió. Nos avisaron que los líderes judíos habían arrestado a un tal Jesús de Nazaret. Lo acusaban de blasfemia, pero querían que nosotros, los romanos, lo matáramos. Pilato, irritado por la presión política, nos lo entregó para castigo. Nunca imaginé lo que ese día me enseñaría.

Azotamos a Jesús brutalmente. Su cuerpo sangraba por los golpes, su piel abierta por los látigos con huesos y metal. Lo humillamos, burlándonos de su supuesto reinado, colocándole una corona de espinas. Cuando lo llevamos al Gólgota, apenas podía caminar. Obligamos a un tal Simón de Cirene a cargar su cruz. Lo crucificamos en una roca manchada de muerte. Tres clavos lo fijaron al madero.

Pero lo que vino después trastocó mi mundo. Desde la cruz, Jesús habló… ¡oró por nosotros! “Padre, perdónalos”, dijo. Aún colgado, mostró compasión por un ladrón arrepentido y por su madre. Pronunció palabras de amor, esperanza y abandono. “Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” clamó, revelando su angustia.

A las tres de la tarde, la tierra tembló y el cielo se oscureció. Todo Jerusalén quedó en silencio. Entonces, gritó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. No fue un susurro, fue un grito poderoso. Y yo, un verdugo endurecido, no pude más.

Lo que vi no fue simplemente la muerte de un hombre. Fue algo sobrenatural. Fue amor encarnado, crucificado. Allí, al pie de esa cruz, mi corazón de soldado se quebró. Entendí lo que ni los sacerdotes ni la multitud comprendieron.

Por eso, sin temor, con el alma al descubierto, confesé lo que ahora sé con certeza: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.”

Ese día no solo ejecutamos a un inocente. Presenciamos el acto más grande de amor que el mundo haya visto.

Y yo, un centurión romano, me convertí en el primer testigo de esa verdad eterna.”

Verdaderamente
Verdaderamente este hombre era hijo de Dios
La confesión del Centurión
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