La promesa sigue abierta es un sermón basado en Hechos 1.4 sobre el impacto del Espíritu Santo en la iglesia hoy.
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Este sermón ofrece una reflexión exegética, pastoral y contextual sobre Hechos 1, bajo el título “Hasta que Dios cumpla su promesa”, destacando la centralidad de la espera como dimensión esencial de la fe cristiana. Lejos de ser un simple preámbulo narrativo, Hechos 1 se presenta como el espacio teológico donde se forja la identidad de la Iglesia, llamada a vivir entre la promesa recibida y su cumplimiento histórico por medio del Espíritu Santo. Desde una perspectiva hispana y pastoral, la espera se conecta con las experiencias de marginación, incertidumbre y esperanza que marcan la vida de muchas comunidades hoy.
El sermón subraya que la espera cristiana no es pasividad ni resignación, sino una preparación activa y expectante. Los discípulos, tras la Ascensión, viven un “entre-tiempo” formativo: sin la presencia física de Jesús, pero sostenidos por la promesa del Padre. Este período se convierte en un crisol donde Dios transforma el miedo en esperanza y prepara a la comunidad para la misión. Así, la espera se revela como parte integral del proceso de Dios para moldear el carácter y la vocación ministerial de su pueblo.
El análisis exegético de Hechos 1.4–8 destaca la promesa del bautismo en el Espíritu Santo como cumplimiento de la esperanza profética del Antiguo Testamento. El texto enfatiza que el “poder” (dýnamis) prometido no tiene fines de dominación política ni de prestigio personal, sino que capacita a la Iglesia para participar en la missio Dei como comunidad de testigos (mártyres). Sin esta obra del Espíritu, toda acción misionera queda reducida a esfuerzo humano sin fruto duradero.
A partir de esta promesa, el sermón identifica tres efectos fundamentales que definen la vida de la Iglesia: una experiencia espiritual extraordinaria que transforma la fe en vivencia; una capacitación y poder extraordinarios que sostienen la proclamación, la perseverancia y la eficacia del testimonio; y la formación de una comunidad extraordinaria, unida en un mismo sentir (homothymadon), inclusiva y contracultural en un mundo marcado por la fragmentación.
El mensaje concluye con un llamado urgente a la Iglesia contemporánea: volver al “aposento alto”, esperar en Dios con paciencia activa, clamar por la obra del Espíritu y salir al mundo empoderada para vivir y anunciar el Reino. Hechos 1 se presenta así como una palabra viva que invita a la Iglesia a no detenerse, sino a perseverar con fidelidad hasta que Dios cumpla su promesa.



Y asi con fe y esperanza, nos aferramos a esa promesa. seguimos esperanzados y perseverando en el Señor. Mientras viviremos siguiendo Sus preceptos hasta que se cumpla la promesa. La fe y esperanza y la oración continua nos dará la fortaleza y sabiduría para vivir de acuerdo a Su voluntad aqui en la tierra como en Su morada.
Amén y Amén