PREDIQUEMOS es un video y audio podcast dedicado al estudio y la exposición de la predicación, el liderazgo y la teología pastoral.
¿Cuántos tipos de sermones existen? ¿Cómo podemos clasificarlos? ¿Cuáles son sus características básicas? ¿Cuáles son sus propósitos? En este episodio de PREDIQUEMOS el Dr. Pablo A. Jiménez define este importante concepto. Incluimos tanto el audio como el vídeo de este episodio.
La conferencia que presentamos en este episodio está basada en el libro titulado EL ABC DE LA PREDICACION, disponible en distintos formatos. Para ordenar el libro, visite la página web del Dr. Jiménez, www.drpablojimenez.com.
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La Corona de Adviento simboliza esperanza, paz, gozo y amor mediante cuatro velas que preparan para celebrar el nacimiento de Cristo. La vela central recuerda que Jesús, luz del mundo, cumple la promesa divina de salvación eterna.
Guía sobre la Corona de Adviento explorando su proceso, simbolismo y preparación espiritual para celebrar a Cristo.
“Adviento” viene del latín y significa “el cumplimiento de la promesa”. Adviento es el tiempo de preparación para la celebración del nacimiento de nuestro Señor y Salvador; es “Dios con nosotros” (Mateo 1.23).
La corona, por ser redonda, es símbolo tanto de la eternidad como del amor eterno de Dios hacia toda la humanidad. Al añadirle a ésta el follaje del pino, el árbol que siempre está verde (en inglés, “evergreen”), la corona de Adviento simboliza esperanza y vida eterna.
La corona de Adviento tiene cuatro velas. Cada vela representa una semana en la época de Adviento. Las velas púrpuras representan la larga espera del Salvador, mientras que la vela rosa representa el gozo que rodea la venida del Señor. Las velas sirven como un recordatorio de Jesucristo, quien es la verdadera luz del mundo. Cada domingo encendemos una vela nueva para recordar que el día del nacimiento de Cristo se acerca.
Las velas se van encendiendo en secuencia y cada una tiene un significado específico que detallamos a continuación.
Esperanza: La primera vela, llamada ‘la vela de la profecía’, nos lleva de regreso a los muchos versos del Antiguo Testamento sobre la esperanza mesiánica. Esto inicia la época de Adviento. En anticipo de la llegada del niño Jesús, nos preparamos para recibir a Jesús, nuestra esperanza. (Véase Isaías 9.2-3)
Paz: La segunda vela, llamada “la vela de Belén”, evoca al lugar donde nace el Mesías y a la paz que traerá. En anticipo de la llegada del niño Jesús, deseamos que la palabra enviada por Dios nos conduzca a la salvación y nos llene de su paz. (Véase 1 Tesalonicenses 5.23-24)
Gozo: La tercera vela es color de rosa y se conoce como “la vela de los pastores”. Simboliza a los pastores que vinieron a ver al Salvador recién nacido, y que luego fueron a esparcir las buenas nuevas y el gozo por su nacimiento. Pidamos al Señor que la promesa de su presencia nos regocije. (Véase 1 Tesalonicenses 3.11-13)
Amor: La cuarta vela, llamada “la vela de los ángeles”, es símbolo del amor de Dios y de su permanente presencia en nuestras vidas. También significa la anticipación del regreso y segunda venida de nuestro Señor. Pedimos, pues, que el amor de Dios sea símbolo de su presencia en nuestras vidas. (Véase 2 Tesalonicenses 1.6-7)
Una vela más grande de color blanco, llamada “la vela de Cristo”, se coloca en el centro de las cuatro antes descritas. La encendemos el Día de Navidad, como recordatorio del cumplimiento de la promesa de Dios a nosotros a través de su único Hijo:
Porque un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro. Se llamará su nombre “Admirable consejero”, “Dios fuerte”, “Padre eterno”, “Príncipe de paz”. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre.
Isaías 9.6-7 (RVR 1995)
En resumen, la Corona de Adviento y la ceremonia del encendido de las velas sirven como un excelente recordatorio de la verdadera razón de ser de esta época: Jesús, el Hijo de Dios, ha venido a la tierra a darnos salvación y vida eterna. ¡Gracias sean dadas a Dios por su don inefable! (2 Corintios 9.15).