Historia de la Iglesia Cristiana – Resumen Global

Descubre la Historia de la Iglesia Cristiana para ver cómo ha evolucionado desde los mártires y los concilios del Imperio Romano hasta el cristianismo global contemporáneo. ¡Un recorrido histórico y teológico sobre la fe que transformó el mundo!

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La historia de la Iglesia Cristiana es una de las narraciones más fascinantes de la humanidad. En ella se entrelazan fe, cultura, poder y esperanza. Desde los mártires del Imperio Romano hasta las iglesias del siglo XXI, el cristianismo ha sobrevivido a persecuciones, reformas, guerras y revoluciones.

Estudiar la historia de la Iglesia Cristiana no es un ejercicio meramente académico, sino un acto espiritual y pastoral que nos lleva a conocer el pasado para entender el presente y orientarnos al futuro de la fe.


El cristianismo nació en el cruce entre la cultura griega y el poder romano. Desde su origen, fue un movimiento contracultural que proclamaba un reino espiritual en un mundo dominado por la violencia y la idolatría del poder.

Durante los primeros tres siglos, los cristianos fueron perseguidos, pero también consolidaron su identidad. Los mártires encarnaron la fidelidad hasta la muerte, y los apologistas —como Justino Mártir y Tertuliano— defendieron la fe ante la filosofía grecorromana.

De esas luchas surgieron el canon bíblico, los primeros credos y una teología que unió razón y revelación.


El Edicto de Milán (313 d.C.) marcó un antes y un después: Constantino legalizó el cristianismo, transformándolo de religión perseguida a religión imperial. La Iglesia ganó visibilidad, templos y recursos, pero también enfrentó un dilema: ¿cómo conservar la pureza del Evangelio desde el poder?

Los concilios ecuménicos, como Nicea (325), definieron las bases de la fe, mientras los monjes —anacoretas y benedictinos— preservaron la espiritualidad en medio de la institucionalización.

Con la caída de Roma, la Iglesia heredó su función civilizadora, convirtiéndose en el eje cultural de Europa medieval.


Durante la Edad Media, la Iglesia dominó el paisaje espiritual y social. Los monasterios se convirtieron en centros de educación, arte y agricultura. Sin embargo, las cruzadas y la inquisición reflejaron los excesos de una fe aliada al poder.

En contraste, la escolástica —con pensadores como Tomás de Aquino— buscó unir la fe con la razón, mostrando que creer y pensar podían ir de la mano. La Iglesia medieval encarnó tanto la santidad de los santos como la corrupción de los poderosos, anticipando la crisis que desembocaría en la Reforma.


En el siglo XVI, la Reforma Protestante transformó el cristianismo occidental. Martín Lutero, Ulrico Zwinglio y Juan Calvino rompieron con Roma, afirmando que la salvación es por gracia mediante la fe.

La respuesta católica no se hizo esperar: el Concilio de Trento (1545–1563) impulsó una profunda renovación doctrinal y moral.

Simultáneamente, el descubrimiento de América abrió un nuevo campo misionero. Misioneros como Francisco Javier y Bartolomé de las Casas llevaron el Evangelio al Nuevo Mundo, aunque muchas veces la fe se mezcló con la conquista.

La historia de este período es la historia de una tensión: evangelizar sin colonizar, servir sin dominar.


El siglo XIX fue la era dorada de las misiones, pero también la de los grandes desafíos intelectuales. La fe tuvo que dialogar con la ciencia, la razón y el liberalismo.

El siglo XX, marcado por las guerras mundiales y la descolonización, vio el surgimiento de nuevas teologías —como la teología de la liberación y las teologías contextuales africanas y asiáticas— que reafirmaron el Evangelio como liberación integral.

El Concilio Vaticano II (1962–1965) y el movimiento ecuménico buscaron unidad, justicia y diálogo interreligioso, mientras el pentecostalismo reavivó la dimensión espiritual de la fe.

Hoy, el centro del cristianismo se ha desplazado hacia el Sur Global. África, Asia y América Latina no solo reciben misioneros: ahora envían fe y esperanza al mundo. La Iglesia del futuro será diversa, comunitaria y misionera, guiada no por imperios, sino por el Espíritu Santo que sigue soplando sobre toda la tierra.


La historia de la Iglesia es una historia de caídas y resurrecciones. A lo largo de los siglos, el cristianismo ha demostrado que su fuerza no proviene del poder humano, sino del testimonio.

Como recuerda el Dr. Jiménez, esta es la historia de un pueblo en camino: una Iglesia siempre en reforma, llamada a vivir su misión con humildad, justicia y fe. En última instancia, la historia de la Iglesia Cristiana es la historia de Dios obrando en la historia humana.

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Un mensaje a las naciones – Mateo 28.16-20

Un mensaje a las naciones es un sermón sobre misión y discipulado, en clave postcolonial, sobre Mateo 28.16-20, el texto conocido como “La Gran Comisión”.

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Texto: Mateo 28.16-20 

Idea central: Dios llama a la Iglesia a llevar las buenas nuevas de salvación en Cristo a todas las comunidades del mundo.

Área: Evangelización

Propósito: Animar a la iglesia a evangelizar el mundo y a discipular a los nuevos creyentes.

Lógica: Deductiva 

Diseño: Expositivo 

Introducción

Hace unos años estaba escuchando la radio, donde había un debate sobre la vida y la muerte. Algunas personas hablaban a favor o en contra de la reencarnación. Entonces uno de los oyentes dijo: “Creeré el día que alguien regrese de la muerte y me diga si hay cielo o infierno”.

Esas palabras me llevaron a pensar en Jesús, quien venció la muerte con poder al resucitar de entre los muertos. Específicamente, mi mente se remontó a Mateo 28.16 al 20, que dice: 

Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17 Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

En este pasaje hay tres puntos clave:

  • Toda potestad ha sido dada a Jesús.
  • Dios nos ha enviado a bautizar a todas las naciones.
  • Dios nos llama a enseñarle a los nuevos creyentes todo lo que nos ha mandado.

La pregunta que se impone es: ¿Cómo el Imperio Romano tomó esas palabras? ¿Las vieron con un acto revolucionario o como una ofensa a la majestad del Emperador? ¿En qué lugar quedó la Iglesia ante el Imperio?

Puntos a desarrollar

1. Jesús tiene toda potestad sobre cielo y tierra

  • De acuerdo a los criterios del mundo, Roma, su ejército y sus lacayos tenían todo el poder en sus manos. Sin embargo, Jesús afirma en Mateo 28.18 que tiene toda “potestad”, es decir, toda autoridad sobre los cielos y la tierra. ¿Hay algún elemento que pruebe la veracidad de las palabras de Jesús?
  • La transformación que experimentaron los discípulos de Jesús es la mayor prueba de la potestad de Jesucristo sobre los cielos y la tierra. Los mismos once discípulos que huyeron, se escondieron y hasta negaron conocer a Jesús en el día de su crucifixión, son los mismos hombres que se revelan públicamente como mensajeros del Evangelio en el día de Pentecostés (véase Hechos 2). Más aún, la historia de la Iglesia nos enseña que todos ellos estuvieron dispuestos a dar su vida por Cristo. Esa transformación es evidencia clara de la autoridad y el poder de Jesús, el Cristo.
  • Aquí vemos que, a pesar de todos los horrendos sufrimientos que Jesús padeció a manos de las autoridades terrenales, el Cristo resucitado reclama la potestad universal. Se identifica como el misericordioso Señor de la Gracia, del perdón y de la redención. Como dice Filipenses 2.5-11: 

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Esto nos muestra su gran dominio y potestad. 

2. Dios llama a la Iglesia a bautizar personas de todas las naciones

  • En el texto bíblico, “naciones” es la traducción de “ethnos”. Por lo tanto, el texto se refiere a los grupos étnicos no-judíos. De este modo, la fe cristiana, que comenzó como una secta judía, se expande a todas las naciones.
  • Recordemos que el bautismo cristiano surge de los rituales de purificación del judaísmo, según aparecen en las leyes del Antiguo Testamento. De este modo, se expande un ritual nacional para convertirse en un ritual global, que debe llevarse a cabo en todas partes del mundo. Esto explica la oposición del judaísmo normativo a la naciente fe cristiana.
  • Por lo tanto, la fe cristiana en sus inicios sufrió oposición tanto del liderazgo romano como del judío. Visto con ojos humanos, obedecer el mandato de Jesús parecía un suicidio. Sin embargo, la Iglesia de Jesucristo perseveró en la fe y pudo crecer aún entre tanta oposición. Hoy el Imperio Romano no existe, pero la Iglesia Cristiana sigue adelante.

3. Dios llama a la Iglesia a enseñarle a mundo a obedecer las palabras de Jesús.

  • Jesús nos ordena enseñarle al mundo todo lo que nos legó. Esto nos lleva necesariamente a Juan 15.26-27, donde encontramos toda una porción sobre el Espíritu Santo, cuya tarea es precisamente recordarnos las enseñanzas de Jesús. El texto dice:

Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. 27 Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.

  • Así que no estamos solos, sino que la divina presencia de Jesús nos guía a través del Espíritu Santo a compartir las buenas noticias de salvación con toda la humanidad. Este mensaje no es solo para los nuestros, ni para las personas que se parecen a nosotros. Por el contrario, es para toda la humanidad, sin importar lengua, pueblo o nación.
  • El libro de Apocalipsis también afirma esta esperanza. De acuerdo a Apocalipsis 7.9-10, Juan pudo contemplar en visión la Iglesia al final de los tiempos. ¡Y esa Iglesia era multicultural!

Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; 10 y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.

Conclusión

Desde nuestros tempranos años escolares, aprendimos que hay asignaciones que debemos satisfacer. Esas tareas nos ayudan a cumplir con las responsabilidades estudiantiles.

Del mismo modo, Jesús le ha dado una asignación u ordenanza a la Iglesia; una tarea que debemos cumplir: evangelizar al mundo. Dios nos llama a hacer discípulos de todas las naciones, a bautizarles y a educarles en la fe en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

No debemos permitir que el miedo nos cohiba. Debemos dejar a un lado el temor a fracaso y el miedo a ser rechazados. Nuestra tarea no es convencer a la humanidad, sino proclamarles el mensaje del evangelio de Jesucristo. 

Por lo tanto, acerquémonos al Señor y consagremos nuestras vidas a Dios, quien nos dará la valentía necesaria para cumplir con la Gran Comisión que nos ha encomendado. Si Aquel que tiene todo poder, toda autoridad y todo dominio nos envía, ¿por qué temer?

Un mensaje a las naciones
la gran comision
Mateo 28.16-20

Predicación misionera: Desafío para la Iglesia del Siglo XXI

Predicación misionera es una entrevista a Luz Esther Cadiz, quien habla sobre la relación entre la evangelización, las misiones y la predicación.

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Datos biográficos

Puertorriqueña que entregó su corazón a Jesús en 1971. Graduada en Pedagogía de la Universidad de Puerto Rico. Ministro de las Asambleas de Dios. Sirve en misiones desde 1982. Sirvió como misionera en Arequipa, Perú. A su regreso a Puerto Rico fundó la organización misionera Ministerio El-Shaddai, Inc., al presente, AMIES Internacional dedicada a la movilización misionera de la iglesia y el envío de misioneros al campo transcultural. Se destacó en la enseñanza de misiones a través de programas de radio y televisión. Dirigió el movimiento misionero nacional en Puerto Rico, conocido por RECOMI (Red de Cooperación Misionera) y fue miembro de la Junta de COMIBAM Internacional, como representante de la región del Caribe. En el 2002 se une a la agencia WEC Internacional en Pennsylvania y da inicio a WEC Latino, un ministerio para movilizar las iglesias hispanas en Estados Unidos. Al presente, WEC Latino es una base de envío transnacional, impulsando el envío de misioneros latinos de todo el continente. Luz Esther sirvió como pastora de misiones y miembro del departamento de misiones de las Asambleas de Dios en la Florida. Al presente, sirve como Movilizadora y Asesora en Misiones en la República Dominicana, equipando pastores y líderes en su desempeño misional a nivel local y global. Luz Esther es madre de una hija por adopción y la feliz abuela de tres nietos, quienes son su mayor deleite.

Próximos eventos para pastores:

Enlaces

Visite la página web del Dr. Pablo A Jiménez: www.drpablojimenez.com

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