¿Qué es la predicación? – Prediquemos…en vivo

Qué es la predicación – es la proclamación del Evangelio de Jesucristo en el contexto de la adoración cristiana, guiada por las Sagradas Escrituras.

En esta edición del podcast PREDIQUEMOS contestamos la siguiente pregunta: ¿Qué es la predicación? El anfitrión invitado es el el Rev. Dr. Ramón O. Martínez Orabona.

Vídeo editado

La predicación es la proclamación del Evangelio de Jesucristo en el contexto de la adoración cristiana, guiada por las Sagradas Escrituras. La Iglesia confía esta tarea a personas maduras en la fe, quienes deben prepararse para comunicar el mensaje bíblico de manera relevante, conectando la teología cristiana con la vida cotidiana.

Audio editado

Su objetivo es ayudar a los creyentes a interpretar sus experiencias bajo la luz de la fe, promoviendo una vida en comunión con Dios, el prójimo y la creación. El Evangelio actúa como un “guión de redención”, permitiendo examinar el pasado, reconocer errores y recibir el perdón y la transformación divina.

Los predicadores necesitan formación en disciplinas como exégesis bíblica, teología, historia eclesiástica, consejería pastoral y comunicación, integrando conocimientos para un ministerio efectivo. Aunque cualquier creyente maduro puede compartir reflexiones ocasionales, la predicación profesional demanda preparación rigurosa.

La predicación es una forma verbal de proclamación (kerigma), término griego que evoca el rol del heraldo (kerux) que anunciaba noticias en la antigüedad. La Iglesia adoptó este concepto para describir la proclamación del euangelion (buena noticia): la salvación en Cristo mediante el Espíritu Santo. El kerigma representa tanto el mensaje central del cristianismo como el acto de proclamarlo, que también puede expresarse de manera no verbal (ej. arte o gestos).

Vídeo de la transmisión en vivo (sin editar)

La predicación es considerada “Palabra de Dios” cuando testimonia fielmente a Cristo según las Escrituras. Así, la Iglesia sostiene que, aunque mediada por seres humanos, la predicación auténtica transmite la voz divina, invitando a una vida transformada por el Evangelio.

Libros recomendados

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Libro del año en el campo de la predicación: The Big Idea Companion for Preaching and Teaching

El Dr. Pablo A Jimenez es uno de los colaboradores el libro del año en el campo de la predicación: The Big Idea Companion for Preaching and Teaching, editado por los doctores Kim y Gibson. Ordene su copia por medio de Amazon.com.

Cinco niveles de interpretación bíblica

Una conferencia de teoría homilética avanzada, sobre interpretación bíblica aplicada a la predicación.

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Cómo predicar en las redes sociales

Homilética & cibernética en el siglo XXI

¡Aprenda a predicar en las redes sociales! Esta conferencia discute tanto la elaboración del sermón como la producción de materiales audiovisuales.

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Teología y Predicación en tiempos de PANDEMIA

Una conferencia sobre teología y predicación pastoral en tiempos de crisis, particularmente en tiempos de pandemia.

El liderazgo involucra cuatro elementos básicos: La persona que dirige, la relación entre el líder y sus seguidores, la misión que la organización debe llevar a cabo y la influencia que tanto el líder como la organización tienen sobre el público, las organizaciones y el contexto que le rodea.

Quien ocupa una posición de liderazgo debe comunicar tanto su visión para la organización como los valores que informan dicha visión. Además, debe «traducir» la visión, explicándola con claridad y comunicándola de manera efectiva y segmentándola en etapas alcanzables. El liderazgo efectivo comunica la visión con tanto entusiasmo que motiva a los demás, tanto dentro como fuera de la organización.

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Puede encontrar otros recursos sobre liderazgo pastoral en tiempos de crisis en el primer capítulo del libro titulado Liderazgo vital: Trece ensayos sobre liderazgo y teología pastoral, escrito por el Dr. Pablo A. Jiménez.

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Gracia y Predicación en Puerto Rico

Una perspectiva homilética en forma de ensayo sobre la gracia y predicación, escrito por el Dr. Pablo A. Jiménez.

gracia y predicación
Gracia y predicación

Introducción

El tema de la gracia une y divide al pueblo de Dios. Mientras todos los grupos cristianos afirman la centralidad de la gracia divina, por medio de la cual los seres humanos alcanzamos salvación, los diversos acercamientos a este tema también evidencian las diferencias teológicas que sufre la cristiandad. (Continúa abajo)

Medios

Divididos por la gracia

En primer lugar, el tema de la gracia divide a católicos y a protestantes. En el 1997 Mary Catherine Hilkert publicó una visión teológica de la predicación, desde una perspectiva católica. Lo llamó Naming Grace: Preaching and the Sacramental Imagination.[1] El libro afirma que el propósito principal de la predicación cristiana es enseñarle al pueblo de Dios a discernir la presencia divina en nuestros medios. Es decir, a identificar cuándo, dónde y cómo se manifiesta la gracia divina en nuestro mundo.

Esta perspectiva contrasta con la visión protestante, que recalca la centralidad de Jesucristo. Este contraste quedó claro con la publicación, también en el 1997, de Preaching Jesus: New Directions for Homiletics in Hans Freis Postliberal Theology, de Charles L. Campbell.[2] La predicación protestante ve a Jesús como la más clara manifestación de la gracia divina. Jesús es el salvador, con quien cada creyente debe establecer una relación íntima y personal. De ahí el énfasis evangélico en la pública confesión de fe, aceptando a Jesús como salvador personal.

Como podemos ver, el tema de la gracia se convierte así en campo de batalla ideológica entre católicos y protestantes. Mientras unos reafirman la presencia de la gracia divina en todo el orden creado, los otros recalcan la importancia de la experiencia íntima y personal con Dios.

En segundo lugar, el tema de la gracia también divide al mundo protestante.[3] En particular, el movimiento reformado, el movimiento wesleyano y el movimiento pentecostal tienen visiones distintas de la manifestación de la gracia divina y, por lo tanto, de la teología de la predicación.

La visión reformada afirma la iniciativa divina.[4] El ser humano responde a la gracia irresistible que Dios manifiesta hacia la humanidad, particularmente a las personas electas por decreto divino. Empero, la gracia divina se manifiesta de manera limitada; sólo se manifiesta plenamente en las vidas de las personas que han sido electas por Dios.

La visión arminiana,[5] prevalente en el ámbito wesleyano, recalca la gracia preveniente. En esta visión, Dios manifiesta su gracia a toda la humanidad, llamando a todo ser humano a tomar una decisión de fe. Sin embargo, cada ser humano tiene libertad para aceptar o para rechazar esta gratuita oferta de salvación.

Los debates entre calvinistas y arminianos son legendarios. La visión calvinista critica la arminiana, afirmando que devalúa el valor de la gracia divina. Y la visión arminiana critica la calvinista, horrorizada ante la idea de que Dios pueda predestinar a un ser humano a la condenación.

El movimiento wesleyano también recalca la importancia de la gracia santificante. Este don divino le permite al creyente crecer en obediencia a Dios. La santificación es un proceso, pero ese proceso comienza con una experiencia personal.

El Pentecostalismo, hijo espiritual del movimiento wesleyano, también es mayoritariamente arminiano.[6] No obstante, su sello distintivo es la afirmación de que la gracia santificante se manifiesta de manera especial a partir del bautismo en el Espíritu Santo.[7] En el Pentecostalismo clásico, el bautismo en el Espíritu va acompañado de la glosolalia; quien recibe el bautismo habla en lenguas, aunque sea una sola vez en la vida.

La doctrina de la gracia y la teología de la predicación

Las diferencias en torno a la doctrina de la gracia tienen un impacto directo en la teología y la práctica de la predicación. Como veremos a continuación, nuestro concepto de la gracia determina, en muchos sentidos, el contenido de nuestros sermones.

El mundo católico tiende a ver la predicación como el anuncio de la gracia divina a la humanidad; a toda la humanidad. Por eso, la predicación católica trata de evangelizar la cultura, en general. Esto explica por qué las emisoras radiales y televisivas católicas transmiten programas seculares de valor cultural. También explica por qué el Papa, cuando visita un país, oficia servicios religiosos en grandes estadios y ofrece conferencias de prensa para todos los medios de comunicación.

El mundo protestante tiende a ver la predicación como un llamado a tomar una decisión personal por Cristo, aceptando la salvación que Dios nos ofrece gratuitamente.[8] En términos generales, el protestantismo trata de evangelizar al individuo, no a la cultura. La mayoría de las personas que se definen a sí mismas como «evangélicas», piensan que antes de transformar la sociedad es necesario transformar el corazón de cada ser humano.

El mundo pentecostal entiende que la predicación es el anuncio de la poderosa palabra de Dios que transforma al individuo por medio de la acción pastoral del Espíritu Santo en nuestros medios. Entiende, pues, que la transformación de la sociedad ocurrirá por medio de la acción sobrenatural del Espíritu en el corazón de las personas que aceptan el Señorío de Cristo. A esto debemos añadir que algunos líderes del movimiento neopentecostal, que difiere en muchos puntos del pentecostalismo clásico, convocan reuniones multitudinarias donde miles de creyentes interceden por un país, pidiéndole a Dios que le libre de la acción demoniaca y de las «maldiciones generacionales» que empobrecen la calidad de vida del pueblo.[9]

Estas diferencias doctrinales explican los diversos acercamientos de la comunidad cristiana a los problemas sociales. La predicación católica, como parte de su énfasis en la evangelización de la cultura, tiende a hablarle a toda la sociedad. Cuando habla sobre el pecado, bien puede atacar el «pecado estructural» que se manifiesta en diversas formas de opresión social. Por eso, la Iglesia Católica sostiene organizaciones que ofrecen servicios sociales a toda la sociedad, tales como hospitales, escuelas y orfanatos, entre muchos otros.

Por su parte, la predicación protestante y pentecostal tiende a referirse a los problemas sociales como evidencia de la crisis social; crisis que debe motivarnos a entrar cuanto antes en una relación personal con Cristo Jesús. Aunque son muchas las Iglesias protestantes que sostienen programas de servicios sociales para la comunidad, debemos reconocer que algunas usan ese tipo de programas como medios de evangelización y que otras entienden que la «obra social» es innecesaria, ya sea porque distrae a la Iglesia de la tarea misionera o porque son relativamente inútiles ante la inminencia de la segunda venida de Cristo .

Un llamado a la acción

Creo que después de este corto resumen podrán comprobar la veracidad de mi aseveración inicial: el tema de la gracia divina une y divide a la comunidad cristiana en Puerto Rico. Para decirlo más claramente, nuestros acercamientos a la proclamación del Evangelio dividen a la comunidad cristiana en el país.

La comunidad cristiana en Puerto Rico necesita superar las divisiones que le aquejan. Mientras sigamos separados por luchas doctrinales, estilos de adoración y énfasis pastorales, la Iglesia no podrá trabajar unida para fomentar el cambio social que necesita nuestra Isla para atajar la severa crisis social que la aqueja.

La predicación cristiana—tanto católica como protestante—debe ejercer su ministerio profético, denunciando los pecados estructurales y llamando a forjar una sociedad más justa. Y debe hacer esto sin obviar la importancia que tiene el cultivo de la espiritualidad para el crecimiento espiritual de cada creyente.

Lo que es más, los problemas sociales que enfrenta el Puerto Rico del Siglo XXI requieren que el pueblo cristiano se una, a pesar de las diferencias, para desarrollar estrategias que fomenten el cambio social. Para trabajar unidos necesitamos tolerancia y comprensión. Y si recalco la palabra «tolerancia», es porque los proyectos interdenominacionales o ecuménicos no deben ser vehículos para criticar o convertir a las personas que pertenecen a otros grupos cristianos. El objetivo es crear un ambiente de cooperación, respetando los énfasis teológicos y pastorales de los demás.

Conclusión

La predicación cristiana es un instrumento poderoso tanto para la formación espiritual del pueblo como para la transformación positiva de la sociedad. Es importante, pues, reflexionar sobre la teoría y práctica de la predicación del evangelio en Puerto Rico, analizando el impacto de nuestra prédica en nuestro país.

Y si digo «analizar», es porque Puerto Rico vive una gran paradoja. El momento cuando hay más iglesias en el país, coincide con el momento cuando el crimen ha llegado a su punto más alto en la historia de la Isla. A mi juicio, esto es una evidencia clara de la inefectividad de nuestra predicación.

Recalco, entonces, la necesidad de crear espacios para el diálogo teológico amplio, para el análisis del contenido de nuestros mensajes y para el análisis de nuestra acción pastoral. Puerto Rico lo necesita.


Notas bibliográficas

[1] Mary Catherine Hilkert, Naming Grace: Preaching and the Sacramental Imagination (Continuum: 1997).

[2] Charles L. Campbell, Preaching Jesus: New Directions for Homiletics in Hans Freis Postliberal Theology (Grand Rapids: Eerdmanns, 1997). Hilkert y Campbell participaron en un debate sobre sus libros en la reunión de la Societas Homiletica—organización que agrupa expertos en el arte cristiano de la predicación de distintas partes del mundo—que se llevó a cabo en 1998 en el Virginia Theological Seminary, una escuela teológica relacionada a la Iglesia Episcopal.

[3] Véase el artículo sobre el tema de la gracia en la obra de Justo L. González, Diccionario Manual Teológico [en adelante, DMT] (Barcelona: Editorial CLIE, 2010), 132-134.

[4] Véase el artículo sobre la predestinación en el DMT, 234-236.

[5] Véase el artículo sobre el arminianismo en el DMT, 41-42.

[6] Para una introducción al pentecostalismo, véase Manda Fuego: Introducción al Pentecostalismo, el nuevo libro de Eldin Villafañe, a ser publicado próximamente por Abingdon Press y Libros AETH.

[7] Véase el artículo sobre la santificación en el DMT, 265-266.

[8] Para una visión evangélica de la teología de la predicación, véase a Donald English, An Evangelical Theology of Preaching (Nashville: Abingdon Press, 1996).

[9] Sobre este tema véase a C. Peter Wagner, Territorial Spirits: Practical Strategies for How to Crush the Enemy through Spiritual Warfare (Shippensburg, PA: Destiny Image, 2012). 


Ficha bibliográfica

Si desea citar este escrito en un ensayo académico, puede usar el siguiente formato:

Jiménez, Pablo A. «Gracia y predicación en Puerto Rico» Disponible en: https://www.drpablojimenez.com/2020/08/18/gracia-y-predicacion-en-puerto-rico/

Recuerde incluir el día en el cual accedió al escrito.


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El ABC de la predicación

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Fuentes teológicas y sociales de la predicación

Una conferencia sobre la teología y práctica de la predicación cristiana, basada en el libro La Predicación en el Siglo XXI, publicado por la Editorial CLIE.

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Dr. Pablo A Jiménez

Cómo hacer ilustraciones para sermones

Un ensayo que ofrece consejos prácticos para la elaboración de ilustraciones para sermones, por el Dr. Pablo A. Jiménez.

Una ilustración es una anécdota o una historia que desarrolla, aclara o apoya una de las ideas presentadas en un sermón. También se consideran como «ilustraciones» el uso de símiles, metáforas, analogías, alegorías, ejemplos, poemas, y testimonios, entre otros recursos literarios y figuras de construcción.

Una ilustración efectiva debe ser tan clara que no necesite mayores explicaciones. Las ilustraciones demasiado complejas o complicadas no tienen utilidad alguna. A menos que usted tenga una enorme capacidad para explicar temas complejos, no emplee ilustraciones que hablen de asuntos científicos o técnicos, tales como la electricidad o la medicina. Una buena ilustración debe aclarar una idea; una mala ilustración confunde, aburre o distrae.

Todo sermón debe tener, por lo menos, una ilustración, anécdota o una historia que aclare o ejemplifique su mensaje. Es común encontrar libros que recogen cientos de ilustraciones para sermones. En términos generales, estos libros son de poca utilidad por dos razones fundamentales. Por un lado, estas historias, anécdotas y citas son tan conocidas que la mayor parte de nuestra feligresía ya las ha escuchado anteriormente. Por otro lado, muchas de estas historias hacen referencia a la historia y la literatura europea o estadounidense. Por esta razón, gran parte de nuestra feligresía no las puede comprender a cabalidad.

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En el pasado, era común usar escenas de la literatura universal como ilustraciones para sermones. Por ejemplo, quienes predicaban citaban las obras de Cervantes, Shakespeare o de Calderón de la Barca. Sin embargo, es difícil hacer este tipo de referencias literarias en la actualidad sin darle al predicador un aire de superioridad, pues la mayor parte de la gente no conoce las novelas y las obras de teatro que hoy se consideran como «clásicos» de la literatura. Por lo tanto, si usa ilustraciones tomadas de la literatura, asegúrese que la audiencia comprenda adecuadamente su contenido.

Podemos encontrar una nueva fuente de ilustraciones para la predicación en las películas de cine y los programas de televisión. Sin embargo, es necesario evitar referencias a los productos culturales que puedan distraer a la audiencia, sobre todo a películas y a programas de televisión no tienen la dignidad que merece el púlpito cristiano. Nunca cite materiales chabacanos.

En conclusión, la mejor opción es que la persona que predica escriba sus propias ilustraciones, haciendo referencias claras que sean comprensibles para la congregación. En el proceso, evite el error de hablar de su vida privada, publicando las interioridades de su vida familiar. Busque historias, anécdotas y citas que ayuden a su congregación a recordar los puntos principales de su sermón.

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12 consejos prácticos para diseñar sermones narrativos

Consejos prácticos para el diseño y la presentación de sermones narrativos, por el Dr. Pablo A. Jiménez.

El sermón narrativo es un tipo de predicación muy sencilla que apela a todos. Tanto grandes como chicos se involucran en la historia, prestándole más atención al sermón. Sin embargo, el diseño de sermones narrativos puede ser muy difícil, especialmente para aquellas personas que no están acostumbradas a prepararlos. A continuación presentamos doce consejos prácticos que podrán ayudarle a diseñar este tipo de sermones.

  1. Apréndase bien la historia: El primer paso para predicar un sermón narrativo en forma efectiva es aprender la historia que vamos a narrar. Para lograr este objetivo podemos seguir el siguiente método. Primero, lea la historia varias veces. Segundo, encuentre las secciones principales de la historia (marco escénico, trama, punto culminante y desenlace) e identifique sus episodios más importantes. Tercero, identifique cada sección por medio de una palabra clave. Cuarto, haga un corto bosquejo siguiendo las palabras claves. Finalmente, memorice el bosquejo.
  2. Identifique los tipos de personajes: Recuerde que una historia puede tener hasta tres tipos de personajes. Las «sombras» son los personajes que apenas se mencionan en la historia. Éstos, más que personajes, son parte del trasfondo de la narración. Los «tipos» son los personajes que representan a una clase de persona o a un grupo social. Es común que los «tipos» carezcan de nombre, por lo cual se les denomina por sus profesiones (un fariseo, un sacerdote, etc.). Muchos personajes secundarios pertenecen a esta clasificación. Los «caracteres» son aquellos personajes que se desarrollan a plenitud. En unión a la profesión que puedan tener, también tienen características personales que les distinguen. La mayor parte de los personajes principales de las historias son «caracteres».
  3. Estudie el contexto social e histórico del pasaje bíblico: El conocimiento del contexto de la Biblia no sólo puede darle más vida a la historia sino que puede ayudarle a relacionar la narración con la vida diaria de su congregación. Por ejemplo, en Israel las mujeres no podían hablar en público con hombre alguno, ni siquiera con sus esposos. También estaba prohibido el contacto físico en lugares públicos entre personas de sexos opuestos. Estos detalles le ayudarán a comprender cómo la conducta de Jesús–quien hablaba públicamente con mujeres y hasta permitía que le tocaran los pies o le ungieran la cabeza–era escandalizante para el liderazgo religioso de la época. Del mismo modo, estos detalles le permitirán recalcar en sus sermones la actitud inclusiva y liberadora de Jesús hacia las mujeres de ayer y de hoy.
  4. Conozca el contexto literario del pasaje: Quien predica un sermón narrativo debe tener presente los eventos que han ocurrido antes del pasaje bíblico que desea exponer. De otro modo, podrá cometer errores graves. Como un estudiante que, predicando un sermón de práctica sobre Lucas 5.1-11, recalcó varias veces que ésta era la primera vez que Simón (Pedro) veía o escuchaba a Jesús. Este novel predicador no había leído el capítulo anterior, donde Lucas 4.38-39 narra cómo Jesús sanó a la suegra de Simón.
  5. No invente episodios: En ocasiones, debido a la brevedad de las historias bíblicas, algunos predicadores se sienten tentados a alargar las narraciones inventando episodios que no aparecen en el texto. Este es una práctica que debemos evitar pues tiende a confundir a los oyentes y a fomentar interpretaciones bíblicas equivocadas. Recuerdo con tristeza cuando un día mi abuela quiso enseñarme el pasaje bíblico que había servido de base al hermoso sermón que su pastor había predicado aquella mañana. Después de una larga búsqueda, encontramos el texto por medio de la concordancia. Pero al leer el pasaje nos dimos cuenta que, basado en la poca información que ofrecía el pasaje bíblico, su pastor había creado una versión ampliada de la historia.
  6. No omita episodios: La mayor parte de las historias bíblicas son tan breves que, si se salta un episodio, se pierde el sentido de la historia. Hasta en historias bien conocidas, como la parábola del Hijo Pródigo (Lc. 15.11-32), es común omitir detalles. La inmensa mayoría de las personas que predican esta historia afirman que el hijo menor cae en una situación deplorable a consecuencia de haber despilfarrado su dinero. Pero pocos recuerdan que la región donde vivía este joven fue afectada por una crisis económica que dejó al pueblo hambriento (v. 14). Esto explica por qué el muchacho no pudo conseguir un trabajo honesto y tuvo que dedicarse a una profesión inmunda, como lo era la crianza de cerdos para el pueblo judío.
  7. Evite los anacronismos: El anacronismo ocurre cuando se dice que un evento ocurrió en una fecha que resulta ser equivocada. ¡Como el predicador aquel que, exponiendo la historia de Ruth, afirmó que la situación de las viudas en la Biblia no era tan desesperada porque «el gobierno ayuda a las viudas y a los envejecientes»! Eso es un anacronismo, ya que en el mundo antiguo no habían programas de seguridad social. Ahora bien, los anacronismos más comunes en los sermones surgen del desconocimiento de la cronología bíblica. Por ejemplo, quien no conoce el orden de los eventos bíblicos puede afirmar equivocadamente que Salomón escuchó las profecías de Jeremías o que el apóstol Pablo estuvo presente en la «Última Cena».
  8. Corrija sus errores: Si por alguna razón se salta un episodio o cambia el orden de la historia, detenga su sermón para explicar cual es el orden correcto de la historia. De otro modo, la congregación podrá salir de la iglesia pensando que su versión equivocada de los hechos es la correcta.
  9. Apele a los sentidos: Hábleles del olor del campo, del rumor del arroyo y de la suavidad de la brisa. De primera intención, este consejo parece contradecir la regla de que no debemos añadir elementos a la historia. Pero esto no es así. Lo que estamos recomendando es describir en forma vívida los detalles que pueda contener el pasaje bíblico. En este sentido, si el texto indica que Jesús estaba con los discípulos en una barca es enteramente correcto hablar de la humedad en el viento o del ruido que hace el agua al chocar contra la embarcación.
  10. Déle más importancia al verbo que al adjetivo: El exceso de adjetivos y adverbios recarga los sermones, restándole agilidad a la expresión. Por el contrario, los verbos le dan movimiento a la narración. Digamos que deseamos caracterizar a Judas Iscariote. Quienes dependen de adjetivos dirán: «Judas Iscariote era un hombre deshonesto, infiel, pusilánime y traicionero». Por el contrario, quienes prefieren el verbo se expresarán de la siguiente manera: «Judas Iscariote traicionó a Jesús. Lo delató a cambio de un poco de plata. Y usó un beso, signo de compañerismo y amistad, para identificarle ante la policía del templo.» Como ven, la segunda descripción es mucho más amplia y más ágil que la primera.
  11. Déle sabor contemporáneo a la historia: Salpique la narración con alusiones a elementos comunes en la vida de su audiencia. Hay dos maneras de incluir estos elementos. La primera es comparando la situación del mundo antiguo con la actual: «En Israel los leprosos eran echados de sus comunidades cuando se enfermaban, pues la gente temía contagiarse con una enfermedad incurable. Era una actitud muy parecida a la de quienes hoy rechazan a las personas enfermas de SIDA.» La segunda es usando el anacronismo en forma responsable, es decir, presentando al personaje bíblico como si viviera en nuestro barrio: «Los soldados se acercaron a Jesús con sus ametralladoras y sus bayonetas.» Aunque esta segunda técnica puede ser muy impactante, debemos usarla en forma limitada. Ya explicamos anteriormente las consecuencias desastrosas que puede tener el mal uso del anacronismo en la predicación.
  12. Privilegie los encuentros: Las narrativas que narran encuentros, sobre todo los encuentros con Jesús en los relatos evangélicos, son una fuente excelente  para la predicación. Considere hacer una serie de sermones sobre este tipo de historias. Por ejemplo, puede predicar dos sermones sobre encuentros con Dios en el Antiguo Testamento; o cuatro sobre confrontaciones entre los profetas de Israel y la corte real; o tres sobre las mujeres que tuvieron encuentros transformadores con Jesús.

Esperamos que estos consejos prácticos le ayuden a diseñar sermones narrativos que lleguen a la mente y el corazón de su congregación.

12 Consejos para diseñar sermones narrativos
12 Consejos Sermón Narrativo

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Milagros, Parábolas e Historias de Llamamiento Profético

Aspectos bíblicos del sermón narrativo

por Pablo A. Jiménez

Introducción

En artículos anteriores hemos tratado el tema del sermón narrativo. En dichos artículos sugerimos que nuestros sermones narrativos pueden seguir la estructura del cuento corto: marco escénico, trama, punto culminante y desenlace. Ahora bien, hay otras alternativas para diseñar sermones narrativos. Específicamente, podemos seguir la forma y la estructura literaria del pasaje bíblico que deseamos predicar.

En esta ocasión, presentamos algunas sugerencias sobre cómo predicar sermones sobre tres tipos de narrativas bíblicas: las historias de milagros, las parábolas y las historias de llamamiento profético. Veamos, pues, cómo podemos diseñar sermones sobre estos tipos de literatura bíblica.

Cómo predicar las historias de milagros

En los evangelios encontramos dos tipos principales de historias de milagros: los milagros de sanidad y los exorcismos. Estas historias de milagros tienen cuatro componentes principales. Por regla general, los milagros comienzan describiendo la situación que requiere la intervención milagrosa. Es decir, nos indican cuál es el problema que afecta a la persona: si es leprosa, si está endemoniada o si  tiene un familiar gravemente enfermo. Pasa entonces a narrar el encuentro entre las personas necesitadas y el «agente» que Dios utilizará para llevar a cabo el milagro. En el Antiguo Testamento, los agentes divinos son los profetas, mientras que en el Nuevo, Jesús lleva a cabo los milagros en los Evangelios y los apóstoles en el libro de los Hechos. Después del encuentro, ocurre el milagro como tal y se presenta la evidencia de que la necesidad ha sido resuelta. 

Este sermón sigue el siguiente bosquejo:

I. Descripción de la necesidad

II. Encuentro con el agente divino

III. El milagro o exorcismo

IV. La evidencia de que el milagro ha ocurrido

Casi todos los milagros que narra el evangelio de Marcos le añaden un quinto elemento a las historias de milagro. Este elemento es el asombro de la multitud. En ocasiones, Jesús responde ante tal asombro indicándole a sus discípulos que no deben decir que él es el Mesías enviado por Dios (esto se conoce como el «Secreto Mesiánico»). En ocasiones, los milagros narrados por Mateo y Lucas también incluyen este quinto elemento.

Cómo predicar las parábolas

Las parábolas tienen una estructura muy sencilla. La misma tiene tres partes: marco escénico, trama y desenlace sorpresivo. Este desenlace sorpresivo sustituye al punto culminante y al desenlace que encontramos en el cuento corto. Como regla general, en estos finales sorpresivos se «invierten» algunos elementos de la historia. Por ejemplo, el hijo perdido vuelve, la oveja perdida regresa  al redil o la semilla da muchísimo más fruto de lo esperado. 

Este sería el modelo a seguir para predicar una parábola:

I. Marco escénico

II. Trama

III. Desenlace sorpresivo

La gran dificultad que encontramos al predicar las parábolas hoy es que nuestras congregaciones conocen muy bien cómo terminan estas historias. Por lo tanto, es difícil lograr el efecto sorpresivo que tanto necesitamos para predicar las parábolas en forma efectiva. Lo ideal es estudiar bien las parábolas hasta comprender en qué radicaba tal sorpresa y tratar de darle a la conclusión de nuestro sermón un sabor contemporáneo que recupere tal efecto. 

O, para decirlo con más claridad, si la gente se escandalizaba al escuchar una parábola, nosotros no podemos predicarla hasta que comprendamos por qué era escandalosa.

Cómo predicar las historias de llamamiento profético

Las historias de llamamiento profético aparecen mayormente en el Antiguo Testamento. Sin embargo, podemos encontrar algunas de estas historias en el Evangelio de Lucas–como la anunciación a María (Lucas 1.26-38) y la pesca milagrosa (Lucas 5.1-11)–y en el libro de los Hechos de los Apóstoles–como la conversión de Pablo (Hechos 9.1-6). Lo que distingue estas historias es que la persona llamada por Dios se resiste al llamado divino. Por eso Isaías afirma ser un hombre de labios inmundos (Isaías 6.5) y Jeremías trata de evadir el llamado divino afirmando ser sólo un niño (Jeremías 1). 

Un bosquejo sermonario basado en esta forma tendría la siguiente estructura:

I. Introducción

II. Confrontación: Encuentro del personaje bíblico con Dios o con el agente divino (un ángel o Jesucristo resucitado).

III. Comisión: Llamamiento al ministerio (profético)

IV. Protesta: La persona llamada expresa dudas sobre su propia capacidad para llevar a cabo la tarea que le ha sido asignada.

V. Reacción divina: Dios afirma su llamamiento mediante una promesa de salvación y un acto milagroso que le sirve de señal al profeta.

VI. Conclusión 

Al predicar estas historias de llamamiento profético debemos comparar las objeciones que presentan los personajes bíblicos con las excusas que los seres humanos continuamente presentamos al llamamiento que Dios nos hace hoy día.

Conclusión

Ofrecemos estas ideas con la esperanza de animar a quienes desean practicar el arte de la predicación narrativa. Aunque estos apuntes son breves, esperamos que los mismos le motiven a continuar el estudio y la práctica de este tipo de predicación. 


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