¡El Señor es Rey! (Salmo 145)

Audio, vídeo y bosquejo listo para predicar un sermón basado en el Salmo 145, en ocasión de las elecciones generales.

Vídeo – Salmo 145

Audio:

Bosquejo listo para predicar – Salmo 145

Texto: Salmo 145

Tema: La Iglesia recuerda, afirma y proclama que Dios es su único y verdadero rey. 

Área: Desafío profético

Propósito: Recalcar la soberanía de Dios.

Diseño: Expositivo

Lógica: Inductiva

Introducción

Te exaltaré, mi Dios, mi Rey;

por siempre y siempre bendeciré tu nombre.

Todos los días te bendeciré,

por siempre y siempre alabaré tu nombre.

Salmo 145.1-2

El Salmo 145 comienza alabando a Dios con pasión. El Salmista proclama, afirma y declara que Dios es Rey. Por eso, se compromete a alabar a Dios continuamente, bendiciendo y alabando su santo nombre.

Los atributos divinos

El salmista tiene muchas razones por las cuales alabar a Dios. En particular, el salmista alaba a Dios por sus atributos, es decir, por las cualidades y las propiedades de su ser.

El primer atributo que menciona el salmista es la grandeza de Dios. Esto lo encontramos en los vv. 3 al 7, que dicen de la siguiente manera:

Grande es el Señor, y digno de suprema alabanza;

su grandeza es inescrutable.

Todas las generaciones celebrarán tus obras,

y darán a conocer tus grandes proezas.

Hablarán de tu gloria y majestad,

y yo proclamaré tus hechos maravillosos.

Reconocerán el poder de tus sublimes obras,

y yo daré a conocer tu grandeza.

Salmo 145.3-7

Los pueblos que han conocido a Dios celebran su grandeza, de generación en generación. ¿Por qué? Porque la gente recuerda cómo Dios ha intervenido tanto en su vida cotidiana, como en la historia de sus respectivas comunidades. Si hoy alabamos a Dios con gratitud, es porque recordamos las obras que hizo ayer en beneficio nuestro.

La próxima sección, que se encuentra en los vv. 8 al 13, celebra un trío de atributos divinos: Dios es clemente, misericordioso y bueno.

Divulgarán el recuerdo de tu inmensa bondad,

y a grandes voces dirán que tú eres justo.

El Señor es compasivo y lleno de ternura;

lento para la ira y grande en misericordia.

El Señor es bueno con todos,

y se compadece de toda su creación.

Señor, ¡que toda tu creación te alabe!

¡Que te bendiga todos tus fieles!

¡Que proclamen la gloria de tu reino!

¡Que den a conocer tu poder!

¡Que conozcan todos tus hechos poderosos

y la gloriosa majestad de tu reino! 

Tu reino es un reino de todos los siglos;

tu dominio durará por todas las generaciones.

Salmo 145.8-13

El propósito del salmista es proclamar la gloria del reino de Dios, como dicen los vv. 11-13. El tema del Reino de Dios nos lleva necesariamente a pensar en Jesús de Nazaret, quien comenzó su ministerio afirmando que:

El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado. ¡Arrepiéntanse, y crean en el evangelio!

Marcos 1.15

El Reino de Dios es la plena manifestación de la voluntad de Dios en el mundo; es la certeza de que nuestra historia, tanto personal como colectiva, está en las manos de Dios, quien nos dirige con amor.

Dios gobierna al mundo con justicia, con misericordia y con verdad, es decir, de acuerdo a los valores que surgen de su carácter.

  • El Dios bueno nos dirige con bondad.
  • El Dios justo nos dirige con justicia.
  • El Dios amoroso nos dirige con misericordia.

La próxima sección, que se encuentra en los vv. 14 al 16, recalca que Dios actúa sobre la base de esos atributos que surgen de su carácter.

Tú, Señor, levantas a los que tropiezan,

y reanimas a los que están fatigados.

Todos fijan en ti su mirada,

y tú les das su comida a su tiempo.

Cuando abres tus manos,

colmas de bendiciones a todos los seres vivos.

Salmo 145.14-16

El salmista afirma que Dios sostiene a las personas que desfallecen y que levanta a las personas caídas. Esto explica por qué las personas que tienen fe buscan de Dios en momentos de crisis. Buscamos el rostro del Señor con amor porque tenemos la esperanza de que Dios ha de escuchar nuestros ruegos, nuestras súplicas y nuestras plegarias.

Ahora bien, debe quedar claro que Dios no actúa de manera arbitraria. Por el contrario, el salmista afirma que Dios actúa con justicia. Esto lo vemos en los vv. 17 al 20, que dicen:

Tú, Señor, eres justo en todo lo que haces,

y todo lo haces con misericordia.

Tú, Señor, estás cerca de quienes te invocan,

de quienes te invocan con sinceridad.

Tú respondes a las peticiones de quienes te honran;

escuchas su clamor, y los salvas.

Tú, Señor, proteges a los que te aman,

pero destruyes a los malvados.

Salmo 145.17-20

Los actos divinos

Ahora tenemos un cuadro mucho más claro. Sí, afirmamos que Dios interviene en nuestro favor, dándonos fuerzas para continuar y levantándonos cuando caemos. Empero, Dios siempre actúa con justicia.

Si nuestros reclamos son justos, podemos regocijarnos sabiendo que Dios intervendrá en favor nuestro. Pero si nuestros reclamos son injustos, de nada valdrán nuestras oraciones. Para decirlo con toda claridad, las oraciones de las personas de fe solo mueven a Dios a responder cuando pedimos lo bueno, lo amable y lo correcto.

  • Dios no escucha oraciones vanas;
  • Dios no atiende las palabras de odio;
  • Dios no responde a reclamos injustos.

No importa cuanto podamos orar, ayunar u ofrendar, nuestra fe jamás podrá mover a Dios a actuar en contra de su santa y bendita voluntad.

El salmo termina con una declaración de alabanza que evoca los versículos iniciales del poema sagrado. El v. 21 dice de la siguiente manera:

Señor, mis labios proclamarán tu alabanza.

¡Que la humanidad entera bendiga tu santo nombre

desde ahora y hasta siempre!

Salmo 145.21

Conclusión

Las declaraciones teológicas del Salmo 145 cobran pertinencia particular cuando estamos cerca de una contienda eleccionaria. Ante las elecciones, la Iglesia recuerda, afirma y proclama que Dios es su único y verdadero rey.

  • Nuestra esperanza está en Dios.
  • Nuestro socorro viene de Dios.
  • Nuestra obediencia es a Dios.

Y

  • Es de Dios de quien esperamos el bien.
  • Es de Dios de quien esperamos justicia.
  • Es de Dios de quien esperamos la paz.

Cobremos ánimo sabiendo que, no importa el resultado de los comicios electorales, nuestro único y verdadero “rey” es el Dios que se ha revelado a la humanidad por medio de

  • De la historia de Israel,
  • De la obra de Jesucristo,
  • Y de la historia de la Iglesia cristiana.

Al soberano Dios le decimos hoy: “Alabaré tu nombre eternamente y para siempre” (v. 1b, RVR 1960), en el nombre de Jesús, AMÉN.

Salmo 145
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El valor de la familia - Salmo 127
Salmo 127
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Como las águilas (Isaías 40.28-31)

Como las águilas es un sermón listo para predicar sobre el tema de la esperanza, basado en Isaías 40.28-31.

Vea este sermón en nuestro canal de YouTube.

Escuche este sermón en PREDIQUEMOS, nuestro podcast cristiano.

Texto: Isaías 40.28-31

Tema: El pueblo de Dios debe mirar el futuro con esperanza, sabiendo que Dios está con él en medio de la crisis. 

Área: Desafío profético

Propósito: Dar esperanza al pueblo de Dios.

Diseño: Expositivo

Lógica: Inductiva

Decir “adiós” se ha convertido en una costumbre en nuestro países. En el mundo de habla hispana la migración es común, tanto entre países hispanoamericanos como de nuestros países a los Estados Unidos.

Claro está, la emigración masiva de nuestros pueblos se debe a una combinación de factores muy particulares. 

  1. La gente emigra para escapar de situaciones de violencia y pobreza, esperando encontrar estabilidad social y económica en un nuevo hogar. 
  2. La gente emigra para reunirse con familiares que se han reubicado en otros países.
  3. La gente emigra cuando se ve desplazada por gobiernos corruptos u organizaciones criminales.

Lo triste es que las personas que emigran muchas veces son rechazadas en los países donde intentan reubicarse. Lo que es más, en varias ocasiones hasta se tilda a los inmigrantes de ser criminales, es decir, de ser una carga para la sociedad.

Sin embargo, la fe nos da herramientas espirituales para lidiar con la crisis. La Biblia—la maravillosa Palabra de Dios—nos capacita para enfrentar y vencer los problemas de la vida. Este caso no es la excepción: La Biblia hace referencias continuas a situaciones de exilio muy similares a las nuestras.

Aunque podríamos hacer referencia a toda una variedad de textos y períodos bíblicos, hoy quiero centrarme en los tiempos del “Exilio Babilónico”. “¿Qué es eso?”, usted preguntará. El Exilio fue un período en la historia de Israel y Judá caracterizado por la deportación en masa de la población.

Comencemos recordando que Israel se constituyó como un reino en el Siglo X antes de la Era Cristiana. Sus primeros reyes fueron Saul, David y Salomón. Después del reinado de Salomón, el Reino se dividió en dos. Al norte quedó Israel, cuya capital estaba en la ciudad de Samaria. Al sur quedó Judá, cuya capital estaba en la ciudad de Jerusalén.

Israel, también conocido como “El Reino del Norte”, estuvo gobernado, en su mayoría, por una serie de hombres malvados, quienes vivían muy lejos de Dios. La historia de este reino es violenta, pues en varias ocasiones sufrió sangrientos golpes de estado que sacudieron las bases de la sociedad.

Judá, también conocido como “El Reino del Sur”, estuvo gobernado por descendientes del Rey David. En términos generales, estos hombres fueron un más piadosos que los reyes del Norte. Sin embargo, algunos fueron infieles, tanto que llevaron a Jerusalén al colapso.

Israel fue el primero que cayó en manos extranjeras, cuando fue conquistado por los Asirios. Eventualmente, Judá también cayó ante el ejercito de Babilonia.

Los babilonios tenían una práctica opresiva muy particular. Cuando conquistaban un reino, encarcelaban en campos de concentración a los hombres adultos que habían sobrevivido la invasión militar. Este fue el caso de Judá, pueblo que vio como sus líderes más hábiles y sus jóvenes de mayor potencial fueron deportados a Babilonia.

Para complicar la situación, la juventud hebrea en Babilonia sufría una enorme presión para asimilarse, es decir, para abandonar su identidad judía y para abrazar la identidad de sus captores.

Sí, la situación es dura. Empero, la Palabra de Dios trae consuelo aun en medio de las situaciones más difíciles. Leamos el capítulo 40 del libro del Profeta Isaías. Allí encontramos palabras de consuelo, cuando Dios le ordena al profeta que anuncie el final del cautiverio. El texto dice: 

El Dios de ustedes dice: «Consuelen a mi pueblo; ¡consuélenlo! ¡Hablen al corazón de Jerusalén! ¡Díganle a voz en cuello que ya se ha cumplido su tiempo, que su pecado ya ha sido perdonado; que ya ha recibido de manos del Señor el doble por todos sus pecados.» (Isaías 40.1-2)

Dios también le ordena al profeta que anuncie la construcción de un camino que llevará a su pueblo de vuelta a Jerusalén. El texto dice:

Una voz clama en el desierto: “Preparen el camino del Señor; enderecen en el páramo una calzada a nuestro Dios. Que todo valle sea enaltecido; que se hunda todo monte y collado; que se enderece lo torcido y que lo áspero se allane. Se manifestará la gloria del Señor, y la humanidad entera la verá. La boca del Señor ha hablado.” (Isaías 40.3-5)

Nótese que estos anuncios fueron proféticos, es decir, que ocurrieron antes de los eventos que anuncian. Pasaron varios años antes de que estos anuncios proféticos se convirtieran en realidad. 

De manera sarcástica y pesimista, algunas personas podrían cuestionar las bondades de estas profecías. ¿De qué vale saber que la situación mejorará en el futuro, cuando estamos sufriendo hoy? Y esta es la actitud de mucha gente negativa, que vive derrotada por los problemas que enfrenta.

Sí, hay personas negativas, sarcásticas y pesimistas. Pero el pueblo de Dios no puede dejarse vencer por estas actitudes malsanas. Quienes adoramos al Dios del Cielo, al Señor de la Vida, no podemos dejarnos vencer por el desánimo. Dios no nos llama a vivir derrotados. Por el contrario, Dios nos llama a vivir en esperanza, sabiendo “que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, es decir, de los que él ha llamado de acuerdo a su propósito”.(Romanos 8.28).

Una de las expresiones más hermosas de la esperanza que Dios da a su pueblo se encuentra al final de Isaías 40. El texto dice:

Tú, Jacob, ¿por qué dices que tu camino está oculto para el Señor? ¿Por qué, Israel, alegas que Dios pasa por alto tu derecho? ¿Acaso no sabes, ni nunca oíste decir, que el Señor es el Dios eterno y que él creó los confines de la tierra? El Señor no desfallece, ni se fatiga con cansancio; ¡no hay quien alcance a comprender su entendimiento! El Señor da fuerzas al cansado, y aumenta el vigor del que desfallece. Los jóvenes se fatigan y se cansan; los más fuertes flaquean y caen; pero los que confían en el Señor recobran las fuerzas y levantan el vuelo, como las águilas; corren, y no se cansan; caminan, y no se fatigan. (Isaías 41.27-41)

¡Escuchen la Palabra de Dios! La Biblia no niega la crisis, sino que nos recuerda que el Señor está con nosotros en medio de la crisis.

Este hermoso pasaje bíblico nos recuerda que:

  • Dios se preocupa por nosotros, ya que no se olvida de su pueblo.
  • Dios no se cansa de amarnos, de cuidarnos y de bendecirnos.
  • Dios continúa siendo poderoso, ya que los problemas humanos no anulan el poder divino.
  • Dios renueva las fuerzas de su pueblo; Dios da nuevas fuerzas a los hombres y a las mujeres que le buscan con fe.
  • Dios renueva a las personas que confían en él.

Hermanos y hermanas, este es un mensaje muy pertinente para nuestra iglesia local, para nuestra comunidad, y para todo nuestro pueblo: El pueblo de Dios debe mirar el futuro con esperanza, sabiendo que Dios está con él en medio de la crisis. 

Dios nos llama a levantarnos sobre la crisis, así como las águilas remontan vuelo sobre la tierra. ¿Por qué?

  • Porque la crisis tendrá fin.
  • Porque nuestro problemas no son eternos.
  • Y porque nos esperan nuevos tiempos de prosperidad, en el nombre del Señor. Amén. 
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Cómo las águilas
Isaías 40.27-31
Consuelen a mi pueblo
esperanza
Isaías 40.27-31

Id y a haced discípulos (Mateo 28.16-20)

Id y haced discípulos es un sermón sobre la tarea educativa de la Iglesia, basado en Mateo 28.16-20.

Introducción:
Los últimos versículos del Evangelio de Mateo (28:16-20) describen un encuentro entre el Cristo resucitado y sus discípulos en Galilea. Este pasaje es fundamental para la evangelización y la formación espiritual, ofreciendo directrices para el ministerio educativo de la Iglesia.

Contexto:
La reunión ocurre en un monte, un lugar recurrente de revelaciones divinas en el Evangelio de Mateo, comparando a Jesús con Moisés. Los discípulos, aunque dudosos, adoran a Jesús, quien afirma haber recibido “toda potestad en el cielo y en la tierra”.

El Mandamiento:
Jesús da un nuevo mandamiento: “Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos… y enseñándoles…”. Este mandamiento se desglosa en tres puntos:

  1. Id a todas las naciones: Jesús redefine la misión, haciéndola inclusiva para toda la humanidad, no solo para Israel.
  2. Haced discípulos: Ser discípulo implica imitar al maestro, viviendo en comunión con él y aprendiendo de su ejemplo y enseñanzas.
  3. Bautizando y enseñando: El bautismo inicia a los nuevos creyentes en la comunidad de fe, mientras que la enseñanza les guía a vivir según los mandamientos de Jesús.

Conclusión:
El ministerio educativo de la Iglesia busca preparar a nuevos creyentes para el discipulado cristiano, promoviendo una práctica de la fe basada en las enseñanzas de Jesús. Este proceso no es teórico, sino práctico, con la promesa de Jesús de estar con sus seguidores hasta el fin del mundo (Mt. 28:20).

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Bienaventurado el varón (Salmo 1) – Un sermón para el Día de los Padres

Bienaventurado el varón es un sermón para el Día de los Padres basado en el Salmo 1, con un bosquejo listo para predicar.

Audio:

Texto bíblico: Salmo 1

Ocasión: Día de los Padres (o culto especial para hombres)

Propósito: Exhortar a los hombres a vivir con integridad en una sociedad en crisis.

Vea este sermón en nuestro canal de YouTube.


Celebramos el Día de los Padres en un mundo profundamente marcado por la incertidumbre. Vivimos tiempos convulsionados, donde se combinan crisis económicas, desgaste emocional, tensiones familiares y, sobre todo, una gran pérdida de valores.

En medio de este panorama difícil, necesitamos levantar una voz de profética, llena de esperanza. Dios nos llama a vivir en una relación de amor y justicia con nuestro Señor. Esto nos convertirá en hombres que aman a Dios, que cuidan de sus familias y que viven con integridad. Hoy, queremos recalcar ese llamado, porque la Palabra de Dios afirma que es “bienaventurado el varón” que persevera en la justicia.

Para guiarnos en esta reflexión, vamos al Salmo 1.


El Salmo 1 no es simplemente otro poema bíblico: es la puerta de entrada al libro de los Salmos. Este cántico presenta un retrato del hombre bendecido por Dios: un hombre que no sigue el consejo de los malos, que no se detiene en el camino del pecado, y que no convive con burladores.

Este hombre justo se deleita en la Palabra de Dios. No se limita a leerla ocasionalmente: la medita día y noche en la Ley de Dios , permitiendo que esa verdad transforme su vida.

En medio de un mundo donde muchos se dejan arrastrar por lo fácil, el hombre que medita en la Palabra de Dios tiene raíces firmes. Puede resistir la presión y dar fruto a su tiempo.

El salmista utiliza una herramienta poderosa: la comparación. Contrasta al hombre justo con el injusto. No hay puntos medios. No se puede caminar con Dios y seguir la maldad al mismo tiempo.

Veamos tres áreas donde este contraste es evidente:

El hombre justo florece como árbol plantado junto a corrientes de agua. Su vida tiene propósito, dirección, fruto.

En cambio, el impío se desvanece. No tiene raíces. Es como paja que se lleva el viento.

El justo se aparta del mal y busca la comunión con otros que aman a Dios.

El injusto, por su propia conducta, queda fuera de la comunidad de los justos. No encaja en el pueblo que vive conforme a los valores del Reino.

El Señor cuida el camino del justo. Pero el camino del impío… lleva a la perdición.

Hoy, más que nunca, la sociedad necesita hombres valientes, hombres de fe, hombres que opten por la justicia. No perfectos, sino decididos a caminar con Dios.

El mundo necesita hombres que:

  • Honren a sus familias 🏠
  • Sean honestos en el trabajo 💼
  • Sirvan a su comunidad 🤝
  • Busquen a Dios con sinceridad 🙏
  • Sean ejemplo de vida íntegra 💡

Dios está llamando a todos los hombres —especialmente a los padres— a tomar una decisión de fe. Si eliges caminar con Cristo, si eliges deleitarte en su Palabra, serás como árbol junto a corrientes de agua, darás fruto en tu tiempo, y todo lo que hagas prosperará.

Ese hombre es bienaventurado. Ese hombre eres tú, si decides hoy vivir para Dios. Amén.


Vea otros sermones para el Día de los Padres

Ya no vivo yo (Gálatas 2.15-20)

Ya no vivo yo es un sermón expositivo sobre la vida del Apóstol Pablo, basado en Gálatas 2.15-20.

Audio:

Introducción: Todos cargamos un pasado. Para algunos es alegre; para otros, doloroso. Pablo no era la excepción: antes de Cristo, como Saulo, persiguió a la Iglesia (Hechos 9.1-5), incluso aprobando el martirio de Esteban (Hechos 8.1-3). Su celo religioso lo llevó a actuar contra el mandamiento “no matarás” (Éxodo 20.13), hasta que Cristo lo confrontó en el camino a Damasco.

Vídeo:

Vea este sermón en nuestro canal de YouTube.

Punto central: Pablo reconoció su error: “Estaba equivocado”. Su encuentro con Jesús lo transformó, llevándolo a declarar: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2.20). Usando el término “sunestauromai” (concrucificado), Pablo describe su muerte al pasado y su renacimiento en Cristo. La idea central de este sermón es: Dios ofrece una nueva vida, liberándonos de un pasado de culpa y dolor (Gálatas 2.15-20).

El pasado de Pablo: Antes de su encuentro con Cristo, Pablo (entonces Saulo) perseguía violentamente a los cristianos, incluso participando en el martirio de Esteban (Hechos 8.1-3). Como fariseo celoso, creía estar sirviendo a Dios, pero su encuentro con Jesús en el camino a Damasco (Hechos 9) lo hizo ver su error. Comprendió que había vivido equivocado, usando la religión para justificar la violencia.

Transformación: Tras su conversión, Pablo experimentó una muerte simbólica a su pasado. En Gálatas 2.19-20, declara: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Esta “concrucifixión” representa su renuncia a su antigua vida y su nueva identidad en Cristo.

Conclusión: Si tu pasado te condena, la solución es morir a él y nacer de nuevo en Cristo. Hoy puedes decir como Pablo: “Ya no vivo yo”, y comenzar una vida transformada por su gracia.

Ya no vivo yo
Gálatas 2.20
Sermones sobre las Epístolas Paulinas
Sermones sobre las Epístolas Paulinas.
Gálatas 2.20
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Un solo Evangelio (Gálatas 1.6-9)

Un sermón expositivo sobre Gálatas 1.6-9.

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Para decir adios (Filipenses 1.12-30)

Un sermón expositivo sobre Filipenses 1.12-30.

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Filipenses 1.21
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