Sígueme: Un sermón narrativo basado en el encuentro entre Jesús de Nazaret y Leví, el cobrador de impuestos, basado en marcos 2.13-14.

Y serás bendición es un sermón sobre el tema de la ley de la bendición, basado en el relato del llamamiento de Abram en Génesis 12:1-13.
Este sermón se basa en Génesis 12:1-3, donde Dios llama a Abram a dejar su tierra y le promete bendecirlo para que sea una bendición para toda la humanidad.
Comienza indicando que las modas también influyen en la iglesia, tomando como ejemplo el término “bendición”. Algunas prácticas modernas han reducido su significado a una simple confesión verbal o a la prosperidad material.
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Bendecir significa hablar bien de alguien, pero en un sentido más profundo, es un acto profético en el que se pide a Dios que otorgue su gracia y vida a las personas. La bendición proviene de Dios, quien es la fuente de toda vida y bien.
Dios llamó a Abram y le dió una promesa de bendición, diciéndole que lo usaría como un instrumento para formar un pueblo que viviera en comunión con Él. El propósito divino era bendecir a Abram para que, a su vez, su descendencia y toda la humanidad fueran bendecidas.
En el v. 3, Dios promete bendecir a quienes bendigan a su pueblo y maldecir a quienes lo maldigan. La maldición implica alejarse de Dios, quedando a merced del mal. La historia de David y Goliat ilustra cómo los enemigos de Dios no pueden prevalecer sobre sus bendecidos.
El propósito divino es que todas las naciones sean bendecidas a través del pueblo de Dios. En Gálatas 3:13-14, Pablo enseña que esta promesa se cumple en Cristo, quien redimió a la humanidad de la maldición y abrió el acceso a la bendición de Abraham para los gentiles.
Dios nos llama a ser canales de bendición para nuestras familias, comunidades y el mundo. El mandato dado a Abram también es nuestro: “Y serás bendición”.
Dios del pacto: Un sermón sobre el pacto entre Dios y la humanidad, basado en Génesis 9:8-17.
Vea otros sermones sobre el Antiguo Testamento.
¿Dónde estás tú? es un sermón sobre la caída del ser humano en pecado y sus consecuencias, basado en Génesis 3.9 y 10.
Este sermón, basado en Génesis 3:9-10, examina cómo el pecado rompe las relaciones fundamentales humanas y llama a buscar la gracia salvadora de Dios.
Génesis narra el relato de la creación dos veces. La primera narración se encuentra en Génesis 1.1 y termina en Génesis 2.4a. Este es un resumen que exalta a Dios como el soberano creador.
La segunda narración comienza en Génesis 2.4b y es mucho más detallada. Describe cómo el ser humano se rebeló contra Dios, cayendo en pecado y perdiendo la comunión que gozaba con su Creador.
En el huerto de Edén, Dios concede al ser humano tanto libertad como responsabilidad. Empero, le prohíbe comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. La serpiente, que actúa como agente de las fuerzas del mal, persuade a la mujer prometiéndole que sería como Dios. Ella come del fruto y lo comparte con el hombre, quien también es seducido por la idea de ser igual al creador.
El problema es que, en lugar de alcanzar la divinidad, ambos experimentan culpa, vergüenza y miedo. La primera pregunta “misionera” que encontramos en la Biblia se encuentra en Génesis 3.9, cuando Dios pregunta: “¿Dónde estás tú?”. Aunque la respuesta a la pregunta planteada por Dios debió mencionar el lugar donde se encontraba, el hombre responde con una descripción del estado en el cuál le dejó el pecado: está desnudo, temeroso y escondido (Gn 3.10).
Nótese que el pecado produce cuatro separaciones o rupturas:
La historia de Caín y Abel demuestra la expansión de esta corrupción (Gn. 4.1-15). Sin embargo, incluso después de asesinar a su hermano (Gn 4.8), Dios protege a Caín con una señal (Gn. 4.15). La fidelidad divina permanece firma y anticipa el mensaje del evangelio de Jesucristo: Dios quiere vencer la muerte, restaurar la creación y reconciliar las relaciones rotas.
El gran escándalo de la fe es que Dios está dispuesto a perdonar y a restaurar al pecador.
Ante una sociedad separada de Dios, del prójimo, de la naturaleza y de sí misma, la Iglesia debe proclamar con palabras y acciones que existe otra manera de vivir. La pregunta “misionera” continúa vigente; Dios sigue preguntándonos “¿Dónde estás tú?”.
Dios nos llama a abandonar el pecado y escoger el camino de la gracia, el amor, la sanidad y la restauración que sólo se alcanza por medio de la obra de Jesucristo, en el poder del Espíritu Santo.
Un sermón sobre Hageo 2.9, en ocasión del aniversario de una Iglesia local.
Esta grabación en audio recoge el último sermón que el Dr. Roberto Amparo Rivera predicó antes de fallecer. El sermón se titula “Raudal” y está basado en Juan 5.1-18. Roberto predicó este sermón en la Iglesia de Dios “Mission Board” en Vega Baja, Puerto Rico.
Oración y ayuno: Un sermón sobre el tema del ayuno, basado en Isaías 58:6-12.
En la plenitud del tiempo es un sermón para las temporadas de Adviento y Navidad, sobre Gálatas 4:4-5, con un bosquejo listo para predicar.
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Texto: Gálatas 4:4-6
Idea central: Jesús nació «en la plenitud del tiempo» para salvar a la humanidad.
Área: Formación espiritual
Propósito: Explorar el significado del nacimiento de Jesús.
Diseño: Expositivo, en ocasión de Adviento y Navidad
Lógica: Inductiva
Una de las cosas más preciadas que los seres humanos podemos intercambiar es una promesa. Una promesa compromete nuestro honor. No es un artículo que puede perderse ni un objeto que pueda romperse. Es, sencillamente, una idea, una frase, una oración donde empeñamos nuestra palabra asegurando que haremos algo en el futuro. Sin embargo, a pesar de su sencillez, las promesas son peligrosas. Son peligrosas porque crean dos cosas: primero, un pacto entre quien promete y quien recibe la promesa; y segundo, crean expectativa, pues quien recibe la promesa queda esperando su cumplimiento.
Navidad es, precisamente, una promesa. En esta temporada celebramos el cumplimiento de la promesa que Dios hizo a la humanidad: la promesa de enviar un Salvador que liberara al mundo del pecado, la maldad y la opresión. Lo notable es que ese Salvador no sería un ángel ni un ser sobrenatural, sino una persona. La fe de Israel esperaba el cumplimiento de lo anunciado por el profeta Isaías 7.14: «La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel». Por lo tanto, el Salvador sería un ser humano ungido por Dios para una tarea extraordinaria, plenamente humano y plenamente divino. Ese es el motivo por el cual su nacimiento era tan esperado.
El apóstol Pablo, profundo conocedor de las Escrituras, interpreta el nacimiento de Jesús como el cumplimiento de esa promesa divina. Escribiendo a las iglesias de Galacia, declara que «cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley» (Gá 4.4). Con esta frase, Pablo afirma que Jesús nació en el momento perfecto de la historia, en la “plenitud del tiempo”, convirtiendo en realidad la promesa largamente esperada.
Pablo también destaca que Jesús nació de una mujer, subrayando así el papel de la mujer en el plan redentor y afirmando la plena humanidad de Cristo. Jesús no fue un ser etéreo ni un espíritu ilusorio, sino un ser humano real que conoce nuestras pasiones, luchas y necesidades. Finalmente, Pablo enseña que, por medio de la obra del Hijo, recibimos la adopción como hijos e hijas de Dios. El Espíritu Santo transforma nuestro corazón y nos permite clamar «¡Abba, Padre!» (Ro 8.15; Gá 4.6), una expresión íntima que significa “papá”, “papi”, la palabra que un infante usa para dirigirse con confianza a su padre.
Hoy, mientras nos preparamos para celebrar la Navidad, recordamos que Jesús nació «en la plenitud del tiempo» para salvar a la humanidad. En medio de las fiestas, los regalos y las comidas, hagamos un alto para celebrar el cumplimiento de la promesa divina. Que esta Navidad sea un recordatorio de la fidelidad de Dios y de nuestra identidad como hijos e hijas del Padre celestial.
