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Reseña Bibliográfica: Christophe Zenses. Siervo de la palabra: Manual de Homilética. Buenos Aires: ISEDET, Publicaciones EDUCAB, 1997. pp. 140. Rústica.
por Pablo A. Jiménez
El Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET) es una de los seminarios más importantes de América Latina. El mismo ha sentado la pauta en la educación teológica en el Cono Sur. Uno de los proyectos que ISEDET ha estado desarrollando recientemente es su Programa de Educación Abierta, mejor conocido por las siglas EDUCAB. Este programa provee educación teológica accesible para líderes laicos y agentes pastores tanto en residencia como a distancia. EDUCAB produce manuales educativos muy particulares. Los mismos presentan ideas teológicas en forma accesible para el pueblo. Además, son un híbrido entre un libro y un cuaderno de trabajo (“workbook”). Esto es, contienen secciones explicativas, lecturas, ejercicios de práctica y una bibliografía comentada para dirigir los pasos de las personas interesadas en profundizar sobre el tema.
La obra Siervo de la Palabra: Manual de Homilética es uno de los libros de texto producidos por EDUCAB. Ha sido escrito por Christophe Zenses, el actual profesor de homilética de ISEDET. El libro se divide en cuatro unidades principales, precedidas por una corta introducción. La primera unidad trata el tema de la teología bíblica de la predicación, partiendo del estudio del concepto “palabra” tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Incluye, además, algunas pistas para la interpretación bíblica. La segunda unidad, titulada Predicación e Iglesia, explora la historia de la predicación y el lugar privilegiado que ocupa el sermón en la tradición protestante. La tercera unidad se titula Predicación: Un sistema de comunicación, tema que explica en forma exhaustiva. La última unidad se llama Elaboración del sermón. Esta propone un sistema para el desarrollo de la homilía, explicando en detalle siete modelos sermonarios. El libro concluye con varios anexos, entre los que se destaca una excelente bibliografía comentada.
El manual de Zenses de distingue del resto de los textos de homilética disponibles en español por varias características. Primero, ofrece útiles ejercicios que facilitan el uso del manual tanto a distancia como en el salón de clases. Segundo, contiene varias secciones con citas extensas sobre el tema de la predicación. La selección de las fuentes de estas citas es muy amplia, ya que entre los autores citados por Zenses se encuentran Crisóstomo, San Agustín, Martín Lutero, Karl Barth, Jacques Ellul, Fred Craddock, Juan Luis Segundo y José Severino Croatto, entre otros. Tercero, Zenses explora algunas de las perspectivas de la nueva escuela norteamericana de homilética, representada por Craddock.
Ahora bien, el aporte principal del libro “Siervo de la palabra” es su perspectiva teológica. Zenses, quien es Europeo, demuestra un extenso conocimiento de la teoría homilética francesa y alemana. El autor se refiere con igual facilidad al desarrollo de las tradiciones homiléticas europeas como a los aportes contemporáneos a la discusión del tema. Entre los autores que cita se destaban Nelson Kirst y Gert Theissen. En este sentido, Siervo de la Palabra es una ventana a la homilética europea contemporánea.
No obstante, debemos reconocer que el manual tiene ciertas limitaciones. La primera es la tipografía, ya que el libro contiene varias erratas de imprenta. La segunda es la limitada sección teológica, que se circunscribe casi exclusivamente a los aspectos bíblicos del tema. La tercera es su inconsistente sección histórica, que prácticamente se detiene en la Reforma Protestante. La cuarta es que, fuera de los libros de Craddock, Zenses no hace referencia a la inmensa cantidad de materiales homiléticos que se están produciendo en los Estados Unidos.
Quizás la debilidad principal del libro es su uso limitado de la bibliografía producida por personas hispanoamericanas sobre el tema de la predicación. Viniendo de un profesor de ISEDET, era de esperarse que el libro incluyera un capítulo sobre Predicación y Liberación. Sin embargo, las referencias a Leonardo Boff y a Justo L. González–quienes han abordado el tema–brillan por su ausencia.
A pesar de las debilidades que hayamos podido señalar, concluimos recomendando el libro “Siervo de la palabra” con entusiasmo. El mismo podría ser particularmente útil para la enseñanza de la predicación en escuelas teológicas de habla hispana y en programas de estudio a distancia.
Una reseña académica de un libro del Dr. Cecilio Arrastía sobre homilética y predicación, escrita por el Dr. Pablo A. Jiménez
Cecilio Arrastía. Teoría y práctica de la predicación. Miami: Editorial Caribe, 1992, 243 pp.
Cecilio Arrastía fue, sin lugar a dudas, uno de los predicadores más conocidos y respetados tanto en América Latina como en el ámbito hispano estadounidense. También fue un destacado estudioso y maestro del arte de la predicación. Por varios años, el mundo hispanoamericano ha esperado la publicación de un manual de homilética escrito por este famoso predicador y maestro cubano. Este libro es la respuesta a este reclamo.
Teoría y práctica de la predicación presenta características que lo distinguen de otros escritos en su género. En primer lugar, se publica como parte del Comentario Bíblico Hispanoamericano. Es un volumen anejo que acompaña la serie con el propósito de fomentar el desarrollo de “una predicación cada vez más bíblica, más pertinente y más ineludible” (p. 7). Segundo, más que un manual de homilética tradicional, el libro presenta la metodología empleada por Arrastía para la preparación de sermones. Esto explica algunos detalles particulares del escrito, tales como la alusión constante a la literatura hispanoamericana y la inclusión del capítulo XII, titulado “La novela y el sermón”.
En el primer capítulo, Arrastía afirma la importancia y la pertinencia de la disciplina para la Iglesia hoy. En el segundo, explora varias definiciones y analogías de la predicación. El método empleado por Arrastía en este capítulo es efectivo, pues al presentar sus analogías mueve la discusión del plano académico a un plano estético y pastoral. El tercer capítulo detalla los “cimientos invisibles” de la homilética. Aquí Arrastía discute el nivel teológico, el emocional y el ético de la predicación.
A partir de este punto Arrastía entra en el campo del diseño del sermón. El cuarto capítulo analiza el problema de la clasificación sermonaria comparando las posiciones de distintos eruditos en la materia. Esta discusión culmina en el quinto con la presentación del modelo existencial o paralelo. Este tipo de sermón hermana aspectos expositivos y narrativos “intercalando entre cada segmento, [sic] reflexiones que vinculen el texto bíblico al texto de la existencia (de ahí lo existencial) de las mujeres y los hombres que oyen” (p. 51). Este es el modelo privilegiado por Arrastía en el escrito. Los capítulos sexto y séptimo consideran problemas hermenéuticos. Una vez más, el primero presenta los métodos abogados por otros expertos en el campo y el segundo presenta la metodología particular de Arrastía. La meta de este proceso de estudio es la elaboración de “la masa homilética”. Esto es, de notas exegéticas acompañadas de citas pertinentes e ilustraciones tanto históricas como literarias. Esta “masa homilética” sirve no sólo para la elaboración del sermón que ha de producirse inmediatamente sino también para producir otras homilías en el futuro. Otra característica del método de Arrastía es el lenguaje que utiliza para referirse a la elaboración del sermón. La “masa homilética” ha de ser vertida en varios bloques o “ladrillos” (p. 72). Estas unidades de pensamiento, en unión a la introducción y a la conclusión, forman el bosquejo del sermón. El método se clarifica en los capítulos octavo y noveno, donde el autor ilustra el proceso presentando la elaboración de sendos sermones. El décimo capítulo culmina la sección sobre diseño ofreciendo consejos prácticos sobre la elaboración de la introducción, el cuerpo, la conclusión y las ilustraciones del sermón.
Los capítulos restantes tratan temas misceláneos tales como el año y el leccionario cristianos (cap. IX), el uso de la literatura hispanoamericana en la elaboración del sermón (cap. X) y el desarrollo de grupos de discusión que apoyen al agente pastoral ya sea en la elaboración o en la evaluación del sermón (cap. XI). El capítulo final, más que una conclusión, es una recapitulación donde Arrastía ofrece otras definiciones y analogías de la predicación, consideraciones hermenéuticas y una reflexión sobre el tema de la vocación. Dos apéndices y una bibliografía redondean el libro.
Arrastía presenta un sistema homilético ecléctico. Por una parte, la base de su sistema es el modelo homilético racionalista inglés. De acuerdo a este modelo, el sermón es un objeto que se “construye”. Esto se ve claramente en el lenguaje que emplea Arrastía: “cimientos homiléticos”, “arquitectura del sermón”, “masa homilética” y “ladrillos”. Por otro lado, Arrastía está al tanto de los defectos del sistema homilético tradicional que hemos aprendido en los manuales de Spurgeon, Broadus y Crane. Por esta razón, modifica el sistema tradicional empleando algunos de los nuevos enfoques de la escuela de homilética norteamericana. Esto lo vemos en las ocasiones cuando se refiere al sermón como un acontecimiento o “happening” (p. 21 y 51); cuando recalca la importancia de la narración en la predicación (pp. 24-26); cuando critica el sermón tradicional de tres puntos (pp. 48-50); y cuando aboga por la inclusión de elementos dialógicos en el sermón (p. 143). Estos elementos enriquecen el modelo de Arrastía y le dan sus rasgos peculiares.
De hecho, Arrastía podría haber mejorado su valiosa obra haciendo referencia a algunos de los tratados de predicación escritos en los últimos años. Por ejemplo, la ausencia de referencias a la extensa obra de Fred Craddock –cuyo libro As One Without Authority (1971) marcó el comienzo de la nueva escuela estadounidense– es sorprendente. El sistema hermenéutico de Arrastía manifiesta la misma falla. La hermenéutica moderna enseña que los textos bíblicos son “polisémicos”, es decir, que pueden ser interpretados de diversas maneras y en distintos sentidos. Sin embargo, el autor afirma que “el pasaje [bíblico] tiene un pensamiento central” (p. 71). Del mismo modo, Arrastía tiende a armonizar los pasajes bíblicos sinópticos, mezclando elementos y frases de los distintos Evangelios sin prestar atención a la teología peculiar de cada autor (vea las pp. 76-80). Esto podría ser corregido fácilmente con una buena dosis de crítica de la redacción.
En este punto debemos recordar las palabras con las cuales el autor comienza la conclusión del libro: “En cierta manera, este libro ha sido un sermón sobre el sermón. Con intención o sin ella, hemos predicado sobre predicar” (p. 213). Esta es una imagen magistral. El libro Teoría y práctica de la predicación es un sermón sobre el arte y la ciencia de la predicación cristiana. Esto explica su hermoso lenguaje, sus punzantes analogías y sus constantes ilustraciones. Esto también explica por qué nuestra respuesta al mismo es un agradecido ¡Amén!
Vea la página dedicada a celebrar el ministerio de Cecilio Arrastía.
“Yo soy” es el título de este bosquejo de sermón listo para predicar, basado en Mateo 14.22-36.
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Escuche un sermón basado en este bosquejo homilético
Texto: Mateo 14:22-36
Tema: La presencia del Cristo resucitado capacita a la iglesia para enfrentar y derrotar a las fuerzas del caos y la muerte.
Área: Cuidado pastoral
Propósito: Llamar a la audiencia a poner la vista en Jesús.
Clasificación: Expositivo
Lógica: Deductiva
Introducción
En ocasiones nuestra lectura de la Biblia se queda en la superficie. No nos damos cuenta de que los ecos de y las referencias a otros pasajes de la Escritura. Tomando esto en cuenta, vamos a tratar de hacer una lectura más profunda de Mateo 14.22-36.
Puntos a desarrollar
A. La súbita tormenta
B. Jesús camina sobre las aguas
C. La respuesta de los discípulos
Conclusión
Este texto es mucho más que una historia de milagro. Es una alegoría donde la barca representa la iglesia; y la tormenta representa la persecución y el sufrimiento. Pedro representa a los discípulos que dudan de la presencia divina y abandonan a la comunidad de fe porque cuestionan la presencia de Dios en sus medios. La única constante es Jesús, como mediador de la presencia divina que salva y transforma la humanidad.
Quiera el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo que calma la tormenta capacitarnos para proclamar el Evangelio aún cuando tengamos que enfrentar los ataques de las fuerzas del mal, del pecado y la muerte.
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Texto: Génesis 4.1-10
Tema: Dios no justifica el asesinato, aun cuando se haga en nombre del honor.
Área: Cuidado pastoral
Propósito: Ayudar a la audiencia a comprender teológicamente los eventos del 11 de septiembre.
Clasificación: Sermón de ocasión, predicado en el servicio de consolación llevado a cabo en la Iglesia Cristiana «La Hermosa» (Discípulos de Cristo), por la Convención Hispana del Noreste, el 14 de octubre de 2001
Diseño: Expositivo
Lógica: Inductiva
Hace un tiempo descubrí un pequeño restaurante de comida árabe, muy cerca de mi oficina, en la ciudad de Indianápolis. Con alegría vi que tenían «baklava», un postre hecho con nueces, azúcar morena, y hojaldre. Mientras decidía si debía romper mi dieta o no, el dueño del restaurante me miró con curiosidad y me preguntó: «¿De qué país viene usted?» Le respondí: «De Puerto Rico, una isla del Caribe». Sorprendido, me dijo: «Usted parece árabe. Debe tener sangre de los moros que vivieron tiempo atrás en España. Yo soy libanés. Total, todos venimos de la cuenca del Mar Mediterráneo.»
Sí, todas las personas hispanas tenemos raíces en la cuenca del Mediterráneo. Esto explica los puntos de contacto entre la cultura hispana y las culturas bíblicas. Por ejemplo, el pueblo latino tiene un alto sentido del honor, al igual que los pueblos hebreos y árabes.
El honor es un valor muy importante en la Biblia. El mismo puede ser muy positivo, pero también puede tener consecuencias negativas. Es positivo cuando nos inspira a hacer el bien, a cumplir nuestra palabra, y a actuar de acuerdo a nuestros ideales. Pero es un valor negativo cuando inspira sentimientos de falso orgullo y de venganza. De hecho, el falso sentido del honor es lo que inspira la primera tragedia de la Biblia: la muerte de Abel a manos de su hermano Caín.
De acuerdo a las Sagradas Escrituras, Adán y Eva, la primera pareja de seres humanos, tuvieron dos hijos (Gn 4.1). El mayor se llamaba Caín, y cuando creció se dedicó a cultivar la tierra. El menor se llamó Abel, y se dedicó a pastorear ovejas (v. 2).
Con el tiempo, Caín y Abel llegaron a ser hombres. Con la madurez, vino la responsabilidad de participar del culto de adoración a Dios. Como sabemos, en los tiempos del Antiguo Israel los sacrificios de animales y la presentación de los frutos del campo eran parte de la adoración a Dios. Es decir, estas eran las «ofrendas» que los creyentes llevaban al altar de Dios.
De acuerdo al relato del Génesis, Caín presentó como ofrenda a Dios parte del fruto que había cosechado (v. 3). Del mismo modo, Abel presentó una oveja como sacrificio a Dios (v. 4a). Es decir, cada hermano trajo consigo una ofrenda que representaba el trabajo que llevaban a cabo diariamente.
Dios consideró las ofrendas de ambos hermanos, mirando con agrado «a Abel y a su ofrenda» (v. 4b). Muchas personas han tratado de explicar por qué Dios prefirió la ofrenda del hermano menor. Podríamos esbozar algunas de esas teorías, defendiendo a Dios en el proceso. Sin embargo, Dios no necesita defensa. Sencillamente, la Biblia indica que una ofrenda fue agradable y la otra no, sin dar razón u explicación alguna.
Caín reaccionó con dolor al juicio de Dios. De hecho, la Biblia lo describe en términos que evocan un estado depresivo: «Por lo cuál Caín se enojó en gran manera y decayó su semblante» (v. 5b). Sin embargo, tratar de psicologizar este texto sería un error. Caín no reacciona de manera negativa porque necesitaba «Prozac» o porque padecía de «desorden bipolar» (la condición mental que está de moda). Por el contrario, Caín reacciona negativamente porque entiende que la decisión de Dios le ha deshonrado públicamente.
En los tiempos de la Biblia, los hermanos mayores tenían más autoridad y más derechos que el resto de la familia. Heredaban una «doble porción», es decir, dos veces la cantidad de dinero y propiedades que los demás. En ausencia del Padre, actuaban como jefes de familia. Después de la muerte del padre, se convertían en los líderes del clan familiar.
El hijo mayor también debía prepararse para tomar las riendas de la vida espiritual de la familia. El jefe de familia era quién dirigía las devociones familiares, quien intercedía a Dios en oración por los miembros de su casa, y quien repartía la bendición divina a cada cual. Por derecho, pues, el liderazgo espiritual le correspondía a Caín, no a Abel. El rechazo de su sacrificio se convirtió en una afrenta, una vejación, una deshonra.
Es precisamente este sentido de falso honor lo que mueve a Caín a asesinar a su hermano Abel. Su honor, violentado por el rechazo de Dios, le lleva a «limpiar la afrenta» motivada por el sacrificio de su hermano.
Dios, quien ve el corazón de Caín, le indica que debe calmarse. Dios le llama a actuar con rectitud, si desea recibir honor. Dios le advierte que «el pecado está a la puerta, acechando» (v. 7b), listo para tomar control de su vida. Caín no escucha la advertencia de Dios. Por el contrario, cegado por la venganza, anda en busca de su hermano. Con engaños, le lleva al campo y lo asesina (v. 8).
Dios va al encuentro del hermano fraticida y pregunta por el paradero de Abel. Dios le da al hermano asesino la oportunidad de confesar su pecado. Caín contesta con desdén, expresando una de las frases más cínicas de toda la Biblia: «No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?» (v. 9). Ofendido por el cinismo y la mentira, Dios confronta a Caín, diciendo: «¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra» (v. 10).
¡La voz de la sangre de nuestros hermanos clama a Dios desde la ciudad de Nueva York!
La tragedia experimentada el pasado 11 de septiembre es un triste ejemplo de las consecuencias del pecado que, escondido como un ladrón detrás de una puerta, está listo a despojarnos. El ataque a las dos torres que formaban parte del «World Trade Center», son un hecho infame, que será recordado como una acto vil y cobarde. El asesinato de miles de personas inocentes, las heridas a miles de obreros y transeúntes, y el terror sembrado en los corazones de los habitantes de esta gran ciudad son actos pecaminosos; actos que Dios repudia y rechaza de manera definitiva.
Desde el momento en que ocurrió el primer ataque, muchas personas se han preguntado: ¿Por qué Dios permitió esta tragedia? Debe quedar claro, pues, que Dios no es el responsable de la maldad humana.
Estos actos asesinos demuestran que en este mundo hay personas que dedican sus vidas a practicar el mal, a servir al pecado, y a ser agentes de la muerte.
La muerte de José D. Sánchez, de Esmerlin Salcedo, de Eliezer Jiménez, de John Robert Cruz, y de tantas otras personas relacionadas a nuestras congregaciones vino a consecuencia del pecado humano, no de la voluntad divina. Es la consecuencia de un acto de venganza, perpetrado por una pandilla de hombres que, como Caín, estaban tratando de limpiar su honor.
«¿Venganza?» podrá preguntar usted. «¿Venganza de qué?» Son actos de venganza por la pasada hegemonía de Gran Bretaña sobre los países árabes; la muerte de miles de palestinos durante los pasados 53 años; por la muerte de cientos de civiles libaneses; por la pérdida de más de un cuarto de millón de soldados iraquíes; y por la forma en que los Estados Unidos reclutó, entrenó, y financió a la guerrilla afgana para lucha contra el ejercito soviético, sólo para abandonarla en el proceso.
Los asesinos del 11 de septiembre pensaron que el asesinato de miles de personas inocentes vengaría la muerte de sus antepasados, de sus amigos, y de sus familiares. Al igual que Caín, un falso sentido del honor les llevó a cometer un acto infame.
Nuestro país debe recordar la lección de este texto bíblico, evitando así dejarse llevar por un sentido equivocado del honor. De otro modo, nuestra sed de venganza sólo lograra causar más tragedias en los países árabes e islámicos. Tragedias que, a su vez, serán vengadas por las próximas generaciones. Debemos hacer todo lo posible por evitar caer en un círculo de venganza.
Creo que debemos aprender tanto del texto bíblico como de la triste experiencia del 11 de septiembre que la venganza es un instrumento del pecado que debemos rechazar. Debemos, pues, orar a Dios pidiendo que nos libre de estos sentimientos de venganza. Aprendamos pues, que el asesinato no se justifica, aún cuando se haga en nombre del honor.
A pesar de mis palabras, muchos podrían todavía preguntar: «¿Dónde estaba Dios cuando se estaban derrumbando las torres?» No sé. No puedo contestar esa pregunta de manera definitiva.
Sólo puedo indicarles mi sospecha de que la clave para contestar esa pregunta desde una perspectiva cristiana está en la cruz de Jesucristo. Jesús también murió de manera trágica, a manos de una «elite» religiosa deseosa de castigar al blasfemo, es decir, al maestro cuyas enseñanzas habían «deshonrado» su religión. A manos de un aparato militar deseoso de castigar al subversivo, que se había declarado «rey de los judíos», deshonrando así al emperador romano.
Yo estoy convencido de que el pasado 11 de septiembre Jesús estaba en su cruz, muriendo de forma trágica una vez más. Estoy convencido de que aquel día Jesús fue sepultado en el alud de metal y concreto que quedó en lugar de los antes imponentes edificios. Y estoy convencido, de que aquellas personas que mueren con Cristo, resucitarán juntamente con él.
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Esta es una traducción del sermón titulado «Elusive Honor», publicado en el libro Shaken Foundations: America’s Pulpits after the Terrorist Attacks, editado por David P. Polk (St. Louis, MO: Chalice Press, 2001), pp. 104-109.
Cuando una Iglesia local abandona la enseñanza del discipulado cristiano y de las disciplinas espirituales, llena ese vacío con siete elementos que pueden destruirla. ¿Cuáles son esos siete elementos? En esta entrevista sobre el tema de la revitalización de la Iglesia el Dr. Pablo A. Jiménez dialoga con Jesús Rodríguez-Cortés, de TeoBytes, sobre este tema.
Acceda al Podcast de TeoBytes usando este enlace: http://bit.ly/2xITwvp