Encuentro de Adoración y Predicación del Movimiento La Red para la semana del 29 de mayo de 2022. La meditación gira en torno al mensaje del libro de Job.
Job, su sólo nombre evoca la paciencia. Sin embargo, la mayor parte de la gente desconocen los detalles de su historia.
Marco escénico
El libro de Job parece una obra de teatro religioso donde diversos personajes intercambian interesantes parlamentos.
El texto describe a Job como un hombre de fe, quien era “perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (1.1). En la Biblia el número siete describe lo perfecto, lo completo. Job tenía siete hijos e hijas (1.2), es decir, la familia perfecta. Y tenía siete mil ovejas, esto es, la hacienda perfecta (1.3).
Trama
El drama se traslada a los cielos, en un día donde todos los seres espirituales debían presentarse ante Dios. Entre ellos se encuentra Satanás (1.6). En hebreo, “satán” quiere decir “acusador” o “adversario”. Hoy le llamaríamos “fiscal”. Su función era acusar a los seres humanos ante Dios.
Dios permite que el Satán ataque a Job, pero le prohibe matarlo (1.12). La debacle no se hace esperar. En un día ocurren cuatro catástrofes y Job sufre la pérdida de todos sus criados (1.13-15); de todas sus ovejas y pastores (1.16); de todos sus camellos (1.17); y todos sus hijos e hijas (1.18-19).
El Satán, derrotado ante la perseverancia de Job, busca otra oportunidad para atacarle. Así, cuando vuelve ante la presencia de Dios, asegura que Job blasfemará si la desgracia toca su piel.
Otra vez Dios le permite atacar a Job (2.6). El Acusador le envía una enfermedad de la piel tan horrible que Job se rascaba con un pedazo de tiesto (2.7-8), sentado entre cenizas, que simbolizaban su luto.
Empero, ni aún en este punto Job reniega de Dios, diciendo: “¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (2.10). El final del versículo 10 del capítulo 2 resume la situación diciendo: “En todo esto no pecó Job con sus labios”.
El capítulo 2 termina cuando tres amigos de Job–Elifaz, Bildad y Zofar–le visitan para consolarle (2.11).
Punto culminante
Job protestó por su situación. Sus protestas provocaron una reacción negativa en sus amigos, quienes entendían que Job había pecado contra Dios y que por eso le habían sobrevenido todas estas maldiciones. Eso da paso a un intercambio de discursos donde sus amigos le invitan a confesar su pecado, aunque Job les responde que él no le ha faltado a Dios.
En Job 19 encontramos un pasaje hermoso que ejemplifica la profunda fe de este personaje bíblico:
Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.
Job 19.25-27
Desenlace
El intercambio entre Job y sus tres amigos dura hasta el capítulo 31. A partir del 32, entra en escena otro personaje, llamado Eliú, quien también increpa a Job. Pero en el capítulo 38 encontramos al personaje más formidable de la obra, ya que Dios mismo responde a los reclamos de Job y a las enseñanzas de sus amigos con una serie de preguntas imponderables (Job 38.2-4).
Las preguntas de Dios desarman tanto a Job como a sus amigos, quienes terminan humillados. Primero, Job reconoce que no debió cuestionar a Dios (Job 42:3-5).
Segundo, Dios reprende a los amigos de Job por hostigar al hombre enlutado, les envía a presentar sacrificios y a pedirle a Job que ore por ellos para que fueran restaurados (42.7-9).
Finalmente, Dios bendijo a Job y le devolvió aún más de lo que había perdido (Job 42.10-17). El versículo 12 lo resume de la siguiente manera: “Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero”.
Celebración
Job fue fiel a Dios en medio de la crisis y Dios lo bendijo al final. Job fue fiel a pesar de que cuestionó, protestó y hasta desafió a Dios. Y al final, Job recibió tantas bendiciones que toda su vida fue renovada por la gracia de Dios.
Dios hace nuevas todas las cosas.
Dios te da hoy más que lo que perdiste ayer.
Dios desea darte nuevas esperanzas para renovar tu vida, en el nombre de Jesús. AMÉN
Una reflexión sobre el liderazgo pastoral basada en 2 Corintios 4.7-10, por el Dr. Pablo A. Jiménez.
En la condición humana, el sufrimiento y el gozo van de la mano, atados a la fragilidad de la vida. El Apóstol Pablo reconoció esta situación en sus escritos, donde una y otra vez habla sobre cómo enfrentar el sufrimiento que produce el servir como líder pastoral. Sin embargo, en la Segunda Epístola a la Iglesia en Corinto trata el tema del sufrimiento de manera ejemplar.
Vea el vídeo basado en este podcast en YouTube:
Podríamos citar muchos pasajes muy hermosos donde el Apóstol defiende su ministerio con vehemencia. Pero hoy quiero llamar su atención, de manera particular, a una hermosa porción bíblica que se encuentra en el capítulo 4, versículos 7 al 10, de la carta. El texto dice:
Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que se vea que la excelencia del poder es de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no destruidos; siempre llevamos en el cuerpo, y por todas partes, la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nosotros. (RVC)
Noten los temas tan profundos que podemos encontrar en esta porción bíblica.
El primero es que el poder de Dios se manifiesta en medio de la fragilidad humana. El poder de Dios, a cuál accedemos por medio del Evangelio de Jesucristo, es ese “tesoro” que debemos guardar. ¿Y los vasos de barro? Eso somos usted y yo, y todo ser humano creado del polvo de la tierra. De acuerdo a Génesis 2, todo ser humano no es más que una vasija de barro.
El segundo tema es que el sufrimiento, aunque ciertamente doloroso, no puede destruir a quienes han desarrollado una relación con Dios, por medio de Cristo, en el poder del Espíritu Santo.
El tercer tema es que la excelencia del poder de Dios no depende de nosotros. El poder de Dios es excelente porque Dios es excelente. Es la gloria de Dios lo que hace glorioso el evangelio de Jesucristo. La excelencia del Evangelio se debe a la presencia del Dios excelente en nuestras vidas, no a nuestro propio esfuerzo.
Un país de crucificados es un breve ensayo de teología pastoral enfocado en la situación social de Puerto Rico.
La violencia que arropa a Puerto Rico continúa rampante. Y no podemos esperar otra cosa. Vivimos en un país inmerso en una grave crisis de valores y no hay un plan ciudadano para lidiar con este problema. En una cultura donde mucha gente entiende que no hay nada inherentemente bueno o malo, es imposible hablar de valores de manera coherente.
Hace unos años una periodista le preguntó al entonces Superintendente de la Policía, José Figueroa Sancha, qué planeaba hacer para detener el crimen durante la Semana Santa. El funcionario contestó como pudo, diciendo que había suspendido las vacaciones de sus agentes y que iban a vigilar las playas. Sin embargo, lo que debió responder es que la Policía no puede detener el crimen. Si bien puede tomar algunas medidas preventivas, no puede evitar que una persona anide el deseo de hacer el mal.
Pensar que la Policía es quien debe educar al pueblo sobre lo correcto y lo incorrecto es un grave error. El rol de esa entidad es mantener el orden y tratar de atrapar a los criminales. No le toca a la Policía hablar de valores. La enseñanza de valores es parcela del hogar, la escuela, la iglesia y otras organizaciones ciudadanas. Y para esto necesitamos hacer alianzas ciudadanas y frentes amplios, dejando atrás las divisiones que nos impiden trabajar en armonía.
Y esto se hace imperioso porque vivimos en un país lleno de personas crucificadas.
La violencia de género ha alcanzado niveles exorbitantes. Las mujeres están llevando la peor parte, victimizadas hasta por sus propias parejas.
La violencia contra la niñez también nos sorprende, con asesinatos impunes y casos horribles de abuso sexual.
Y a esto añádale otros actos de violencia contra personas de la tercera edad, personas con necesidades especiales y personas homosexuales y transexuales. Lo que es más, hasta los criminales son víctimas de su propia maldad. Los muchachos dedicados al narcotráfico saben que su vida pende de un hilo y que difícilmente llegarán a los 30 años. Viven con la muerte comprada.
Jesús de Nazaret fue asesinado por un imperio opresivo, en una colonia romana, acusado de sedición y blasfemia. La muerte del Inocente por excelencia denuncia todas las muertes. Jesús murió para desenmascarar el pecado y evitar la muerte de otras personas inocentes. La cruz representa la muerte para evitar todas las muertes.
Jesús, pues, se identifica con todas las personas «crucificadas» de nuestra sociedad. En un país de crucificados, la cruz de Jesús es cada día más pertinente. Jesús está «con-crucificado» con las víctimas de la violencia de la sociedad puertorriqueña.
Ya es hora de que las Iglesias de todas las denominaciones tomemos en serio la enseñanza de valores, la educación para la paz y la denuncia del crimen. Tronamos en contra de los juegos de azar, pero callamos ante la violencia. Y nuestro silencio nos convierte en cómplices de la maldad.
Es hora, pues, de seguir el ejemplo de Jesús, en toda su radicalidad. Como dice Hebreos 13:13: «Vayamos, pues, con Jesús, fuera del campamento, y suframos la misma deshonra que él sufrió».
Gracias por la lucha es una prédica cristiana apropiada para el Día de Acción de Gracias o Thanksgiving con un bosquejo de sermón listo para predicar.
¿Dar gracias? ¿A quién? ¿Por qué?
Para muchas personas, la idea de dar gracias a Dios puede parecer como un chiste de mal gusto. Estos han sido años durísimos para nuestros pueblos, donde hemos enfrentado epidemias, catástrofes naturales, inestabilidad política, polarización social y hasta violencia en las calles.
La vida es una lucha diaria por conseguir los recursos necesarios para asegurar tanto nuestras propias vidas como el bienestar de los nuestros. Todos conocemos personas que, aunque trabajan arduamente, no pueden darle a su familia el techo, el alimento, la educación, el transporte y el cuidado médico que tanto necesitan.
El hecho es que la vida es dura, todos los días, para todo el mundo.No importa la cantidad de recursos que tenga a su disposición o la riqueza que pueda acumular a lo largo de su vida, usted seguramente pasará por tiempos malos donde la enfermedad, el sufrimiento y el dolor tocarán a su puerta.
Cada vez son más las personas que dicen no creer en Dios, o por lo menos, no creer en el Dios que proclaman las distintas iglesias.
No creen en el Dios que predican los católicos, los protestantes, o los pentecostales.
Mucho menos creen en el Dios que predican los musulmanes, particularmente aquellos que siguen a los líderes extremistas.
Como tampoco creen en el Dios que reclaman aquellos “cristianos nacionalistas” que abogan por la “supremacía blanca”.
Así llegamos al centro del problema: si usted no cree en Dios, ¿a quién va a darle gracias?
Por otro lado, hay personas que sí creen en algún tipo de fuerza espiritual, quienes no encuentran por qué dar gracias a Dios. Están convencidas de que sus vidas están en sus propias manos, no en las manos de Dios. Por eso piensan que, si Dios no les da nada, ¿por qué han de darle gracias?
Por lo tanto, el acto de dar gracias depende de su concepto de Dios.
Si usted ve a Dios como un dictador cósmico, no hay razón alguna para dar gracias.
Si usted ve a Dios como un “viejito celeste” retirado en algún tipo de “ancianato” o “nursing home” en una nube, no hay razón alguna para dar gracias.
Si usted ve a Dios como una fábula forjada por buscones religiosos para agenciarse la buena vida, no hay razón alguna para dar gracias.
Empero, hay otra forma de ver a Dios. Yo entiendo que, leída correctamente, la Biblia presenta a Dios como la fuerza vital del universo, como el soplo de vida que da razón a todo lo creado. Dios es, pues, la vida misma. Por eso Jesús de Nazaret dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14.6 RVR 1960).
El Dios que se ha revelado a la humanidad por medio de la persona histórica de Jesús de Nazaret no es el causante de nuestro sufrimiento. ¡Todo lo contrario! Es el Dios de la Vida que sufre con nosotros. Por eso, el símbolo principal de la fe cristiana es la cruz, donde Jesús—la encarnación de Dios en el mundo humano—sufre la muerte para solidarizarse con todo aquel que sufre, para acompañarnos en nuestro dolor y para librarnos del sufrimiento. El símbolo central de la fe cristiana no es triunfalista, sino una cruz, señal de que el poder de Dios se muestra en la debilidad (2 Co 12.9).
Las personas de fe saben que Dios está con ellas en medio del sufrimiento. Por eso, ven los problemas y las dificultades que les plantea la vida como exámenes o pruebas que pueden ser superadas con la ayuda de Dios. A manera de ejemplo, veamos lo que el Apóstol Pedro escribió sobre este tema:
Por eso, aun cuando por algún tiempo tengan que pasar por muchos problemas y dificultades, ¡alégrense! 7 La confianza que ustedes tienen en Dios es como el oro: así como la calidad del oro se pone a prueba con el fuego, la confianza que ustedes tienen en Dios se pone a prueba con los problemas. Si ustedes pasan la prueba, su confianza será más valiosa que el oro, pues el oro se puede destruir. Así, cuando Jesucristo aparezca, hablará bien de la confianza que ustedes tienen en Dios, porque una confianza que ha pasado por tantas pruebas merece ser alabada.
1 Pedro 1.6-7 (TLA)
Sobre esta base y a pesar de todos los problemas que enfrentamos en la vida, hoy yo quiero dar gracias a Dios—quien es la vida misma—por acompañarme en la lucha por la vida. Sí, le doy gracias a Dios por la lucha, porque es el fuego que nos refina, como se purifica el oro.
Por eso, aunque pasamos por muchas dificultades, no nos desanimamos. Tenemos preocupaciones, pero no perdemos la calma. 9 La gente nos persigue, pero Dios no nos abandona. Nos hacen caer, pero no nos destruyen. 10-11 A dondequiera que vamos, todos pueden ver que sufrimos lo mismo que Cristo, y que por obedecerlo estamos siempre en peligro de muerte. Pero también pueden ver, por medio de nosotros, que Jesús tiene poder para dar vida a los muertos.
2 Corintios 4.8-11 (TLA)
Por todas estas razones, hoy le invito a dar gracias a Dios por el privilegio de vivir, por acompañarnos en nuestro sufrimiento y por capacitarnos para seguir luchando por la vida.
Gracias por la lucha, buen Dios. Gracias, en el nombre de Jesús. AMÉN