Gracias por la lucha es una prédica cristiana apropiada para el Día de Acción de Gracias o Thanksgiving con un bosquejo de sermón listo para predicar.
¿Dar gracias? ¿A quién? ¿Por qué?
Para muchas personas, la idea de dar gracias a Dios puede parecer como un chiste de mal gusto. Estos han sido años durísimos para nuestros pueblos, donde hemos enfrentado epidemias, catástrofes naturales, inestabilidad política, polarización social y hasta violencia en las calles.
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La vida es una lucha diaria por conseguir los recursos necesarios para asegurar tanto nuestras propias vidas como el bienestar de los nuestros. Todos conocemos personas que, aunque trabajan arduamente, no pueden darle a su familia el techo, el alimento, la educación, el transporte y el cuidado médico que tanto necesitan.
El hecho es que la vida es dura, todos los días, para todo el mundo. No importa la cantidad de recursos que tenga a su disposición o la riqueza que pueda acumular a lo largo de su vida, usted seguramente pasará por tiempos malos donde la enfermedad, el sufrimiento y el dolor tocarán a su puerta.
Entonces, ¿por qué vamos a dar gracias?
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Cada vez son más las personas que dicen no creer en Dios, o por lo menos, no creer en el Dios que proclaman las distintas iglesias.
- No creen en el Dios que predican los católicos, los protestantes, o los pentecostales.
- Mucho menos creen en el Dios que predican los musulmanes, particularmente aquellos que siguen a los líderes extremistas.
- Como tampoco creen en el Dios que reclaman aquellos “cristianos nacionalistas” que abogan por la “supremacía blanca”.
Así llegamos al centro del problema: si usted no cree en Dios, ¿a quién va a darle gracias?
Por otro lado, hay personas que sí creen en algún tipo de fuerza espiritual, quienes no encuentran por qué dar gracias a Dios. Están convencidas de que sus vidas están en sus propias manos, no en las manos de Dios. Por eso piensan que, si Dios no les da nada, ¿por qué han de darle gracias?
Por lo tanto, el acto de dar gracias depende de su concepto de Dios.
- Si usted ve a Dios como un dictador cósmico, no hay razón alguna para dar gracias.
- Si usted ve a Dios como un “viejito celeste” retirado en algún tipo de “ancianato” o “nursing home” en una nube, no hay razón alguna para dar gracias.
- Si usted ve a Dios como una fábula forjada por buscones religiosos para agenciarse la buena vida, no hay razón alguna para dar gracias.
Empero, hay otra forma de ver a Dios. Yo entiendo que, leída correctamente, la Biblia presenta a Dios como la fuerza vital del universo, como el soplo de vida que da razón a todo lo creado. Dios es, pues, la vida misma. Por eso Jesús de Nazaret dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14.6 RVR 1960).
El Dios que se ha revelado a la humanidad por medio de la persona histórica de Jesús de Nazaret no es el causante de nuestro sufrimiento. ¡Todo lo contrario! Es el Dios de la Vida que sufre con nosotros. Por eso, el símbolo principal de la fe cristiana es la cruz, donde Jesús—la encarnación de Dios en el mundo humano—sufre la muerte para solidarizarse con todo aquel que sufre, para acompañarnos en nuestro dolor y para librarnos del sufrimiento. El símbolo central de la fe cristiana no es triunfalista, sino una cruz, señal de que el poder de Dios se muestra en la debilidad (2 Co 12.9).
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Las personas de fe saben que Dios está con ellas en medio del sufrimiento. Por eso, ven los problemas y las dificultades que les plantea la vida como exámenes o pruebas que pueden ser superadas con la ayuda de Dios. A manera de ejemplo, veamos lo que el Apóstol Pedro escribió sobre este tema:
Por eso, aun cuando por algún tiempo tengan que pasar por muchos problemas y dificultades, ¡alégrense! 7 La confianza que ustedes tienen en Dios es como el oro: así como la calidad del oro se pone a prueba con el fuego, la confianza que ustedes tienen en Dios se pone a prueba con los problemas. Si ustedes pasan la prueba, su confianza será más valiosa que el oro, pues el oro se puede destruir. Así, cuando Jesucristo aparezca, hablará bien de la confianza que ustedes tienen en Dios, porque una confianza que ha pasado por tantas pruebas merece ser alabada.
1 Pedro 1.6-7 (TLA)
Sobre esta base y a pesar de todos los problemas que enfrentamos en la vida, hoy yo quiero dar gracias a Dios—quien es la vida misma—por acompañarme en la lucha por la vida. Sí, le doy gracias a Dios por la lucha, porque es el fuego que nos refina, como se purifica el oro.
Por eso, aunque pasamos por muchas dificultades, no nos desanimamos. Tenemos preocupaciones, pero no perdemos la calma. 9 La gente nos persigue, pero Dios no nos abandona. Nos hacen caer, pero no nos destruyen. 10-11 A dondequiera que vamos, todos pueden ver que sufrimos lo mismo que Cristo, y que por obedecerlo estamos siempre en peligro de muerte. Pero también pueden ver, por medio de nosotros, que Jesús tiene poder para dar vida a los muertos.
2 Corintios 4.8-11 (TLA)
Por todas estas razones, hoy le invito a dar gracias a Dios por el privilegio de vivir, por acompañarnos en nuestro sufrimiento y por capacitarnos para seguir luchando por la vida.
Gracias por la lucha, buen Dios. Gracias, en el nombre de Jesús. AMÉN


