Cuando el vecino se convierte en enemigo

Cuando el vecino se convierte en enemigo es una prédica cristiana sobre la responsabilidad moral del creyente, con un bosquejo homilético libre de costo.


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Texto bíblico: Romanos 14.12

Idea central: Cada persona es moralmente responsable ante Dios por sus acciones; el pecado no elimina esa responsabilidad, pero el arrepentimiento sincero abre el camino al Reino de Dios.

Propósito: Invitar a la congregación a examinar su responsabilidad moral personal ante Dios en un contexto marcado por la violencia y la injusticia.


El sermón comienza reconociendo una constante dolorosa de la experiencia humana: la violencia. Basta observar las noticias para constatar cómo personas comunes —vecinos, conocidos, ciudadanos “respetables”— participan en actos de crueldad e injusticia. Sin embargo, la mayoría de nosotros no nos consideramos personas violentas. Nos percibimos como “civilizados”, incapaces de cometer atrocidades semejantes. Esta autoimagen crea una peligrosa distancia moral entre “ellos” y “nosotros”, que impide la autocrítica responsable.

Para confrontar esa falsa inocencia, se presenta el ejemplo de la Segunda Guerra Mundial. Personas que antes convivían pacíficamente terminaron participando en crímenes contra la humanidad. Factores como una ideología de superioridad racial, la obediencia ciega al Estado y el miedo fueron determinantes. Surge entonces la llamada “excusa nazi”: “solo cumplía órdenes”. Esta excusa pretendía absolver psicológica y moralmente a los perpetradores, desplazando la culpa hacia líderes y sistemas. La pregunta teológica es inevitable: ¿es válida esa excusa delante de Dios?

La Escritura responde con claridad: el pecado no anula la responsabilidad moral. Desde Génesis 3, el ser humano intenta evadir su culpa culpando a otros —a la mujer, a la serpiente, incluso a Dios—, pero ninguna excusa lo libra de rendir cuentas. La Biblia insiste en que cada persona debe responder por sus propios actos. Textos del Antiguo Testamento (Salmos, Eclesiastés, Ezequiel) y del Nuevo Testamento (Romanos, 2 Corintios, Santiago) afirman que Dios juzga a cada cual según sus obras, aun las realizadas en secreto.

Romanos 14.12 articula el núcleo del mensaje: “cada uno de nosotros tendrá que dar cuentas de sí a Dios”. Ni la ideología, ni el miedo, ni la obediencia a autoridades humanas justifican la violencia. La raíz verdadera es el pecado, que engendra superioridad, desprecio, humillación y agresión contra el “otro”, así como excusas para evadir la culpa.

Ante el resurgimiento de ideologías violentas y excluyentes, el sermón afirma que Dios no tendrá por inocente al culpable. Pero también proclama la buena noticia: el pecado tiene remedio. Jesús llama al arrepentimiento y a la conversión al Reino de Dios. La invitación final es a rechazar los patrones del mundo y permitir que Dios transforme nuestra mente, ofreciendo nuestra vida como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios (Romanos 12.1-2).

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El Rey desconocido – Mateo 2.1-12

El Rey desconocido es una prédica sobre Mateo 2.1-12, apropiada para las temporadas de Navidad y Epifanía, diseñada especialmente para predicar el Día de la Epifanía, es decir, el Día de Reyes. Incluye un bosquejo listo para predicar.

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Título: EL REY DESCONOCIDO

Texto: Mateo 2.1-12

Idea central: Los magos buscan al niño-Dios sin saber quién era; conocían que era el Mesías, pero no conocían aún a Jesús.

Área: Evangelización

Propósito: Exhortar a la audiencia a buscar a Jesús, el Mesías.

Lógica: Inductiva

Diseño: Sermón narrativo

Comience el sermón presentando el contexto inicial del relato. Destaque a los magos como sabios del Oriente, buscadores sinceros de la verdad que, guiados por las profecías y una señal celestial, llegan a Jerusalén en tiempos del rey Herodes. Aunque conocen que ha nacido el Mesías, aún no conocen a Jesús. El escenario se completa con la figura de Herodes, un gobernante violento y temeroso de perder el poder, lo que crea desde el inicio una tensión entre la búsqueda genuina de Dios y las estructuras políticas y religiosas amenazadas por la novedad del evangelio.

La narración avanza cuando los magos llegan al palacio y preguntan por el “rey de los judíos”, provocando el temor de Herodes y de toda Jerusalén. Herodes recurre a los líderes religiosos, quienes, con pleno conocimiento de las Escrituras, identifican a Belén como el lugar del nacimiento del Mesías, pero sin comprometerse a buscarlo. En una alianza inquietante entre poder político y saber religioso, Herodes engaña a los magos con falsas palabras de adoración, revelando cómo la verdad puede ser manipulada cuando se separa de la fidelidad a Dios.

El punto alto llega cuando los magos, guiados nuevamente por la estrella, llegan al lugar donde está Jesús y experimentan una profunda alegría al encontrar al niño con María. Allí se postran y lo adoran, ofreciendo oro, incienso y mirra, regalos que simbolizan la realeza, la divinidad y el sufrimiento futuro de Jesús. En este encuentro, el Mesías deja de ser una idea profética para convertirse en una persona concreta, revelando su verdadera identidad como rey, Dios y siervo sufriente.

El relato concluye cuando Dios advierte a los magos en sueños que no regresen a Herodes, llevándolos a volver a su tierra por otro camino. Este gesto simboliza la transformación que produce el encuentro con Cristo: quien busca y encuentra a Jesús no puede continuar igual ni transitar las mismas rutas. El desenlace afirma que el evangelio introduce una novedad que cambia la dirección de la vida y llama a discernir la verdad divina en medio de un mundo lleno de voces contradictorias.

El rey desconocido
Día de la Epifanía
Día de Reyes
Los reyes magos
Los sabios de oriente
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En las manos del alfarero (Jeremías 18)

En las manos del alfarero es un sermón expositivo sobre Jeremías 18.1-6, predicado por el Dr. Pablo A. Jiménez.

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Texto: Jeremías 18.1-6

Idea Central: Dios desea transformar nuestras vidas, dándonos un nuevo futuro.

Área: Cuidado pastoral

Propósito: Exhortar a la audiencia a confiar en Dios en tiempos de crisis.

Diseño: Expositivo

Lógica: Inductiva

Eran días malos; tiempos de crisis donde la tormenta se veía bordeando el horizonte.

Israel, el Reino del Norte compuesto por diez tribus hebreas, había caído en las manos de los Asirios. Los ejércitos extranjeros habían arrasado la ciudad, asesinado a los hombres jóvenes y adultos y violado a las mujeres. De Israel ya no quedaba nada.

Pasados casi cien años, los ejércitos babilonios acechaban al reino de Judá. La pregunta era: ¿Pasará aquí lo que pasó allá? ¿Caerá Jerusalén como cayó Samaria? ¿Será Judá borrada de la faz de la tierra?

El tema del futuro de Jerusalén dividía al liderazgo religioso de Jerusalén. La mayor parte de los sacerdotes afirmaban que Jerusalén no podía caer en manos de los ejércitos extranjeros. Afirmaban que Dios intervendría milagrosamente para garantizar la seguridad de la Ciudad Santa.

Sin embargo, el profeta Jeremías tenía una visión distinta. El profeta afirmaba que Dios había entregado la ciudad en las manos de los invasores extranjeros, debido a los muchos pecados de la comunidad. Acusaba a los reyes y las familias de los poderosos de haber violado el pacto con Dios, robando al pueblo inocente. También acusaba al pueblo de haber caído en el pecado de la idolatría, adorando a las divinidades de los pueblos extranjeros. Sus palabras eran muy duras.

Jeremías anunció que los ejércitos extranjeros invadirían Jerusalén: «Del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de esta tierra. Porque yo convoco a todas las familias de los reinos del norte, dice Jehová; vendrán, y pondrá cada uno su campamento a la entrada de las puertas de Jerusalén, junto a todos sus muros en derredor y contra todas las ciudades de Judá (Jer. 1.14-15).

Y sobre la idolatría del pueblo, el Profeta decía: «Cómo te he de perdonar por esto? Tus hijos me dejaron y juraron por lo que no es Dios. Los sacié y adulteraron, y en casa de prostitutas se juntaron en compañías. Como caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de su prójimo. ¿No había de castigar esto?, dice Jehová. De una nación como esta, ¿no se había de vengar mi alma? Escalad sus muros y destruid, pero no del todo; quitad las almenas de sus muros porque no son de Jehová. Porque resueltamente se rebelaron contra mí la casa de Israel y la casa de Judá, dice Jehová» (Jer. 5.7-11).

El pueblo estaba muy confundido. ¿Cómo discernir la verdad entre estos dos mensajes? Los profetas de la corte del rey decían que Jerusalén no podía caer en manos extranjeras. Pero Jeremías anunciaba juicio, diciendo: «No confíen en esos que los engañan diciendo: ¡Aquí está el templo del Señor, aquí está el templo del Señor!» (Jer. 7.4)

Los profetas acostumbraban acompañar sus mensajes con actos proféticos que, de alguna manera, ilustraban sus enseñanzas. Jeremías hizo varios actos proféticos, pero quizás el más memorable es el que hizo en la casa del alfarero.

Jeremías escuchó la voz de Dios que le decía: «Levántate y desciende a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras» (18:2). Al llegar allí, el profeta vio al alfarero de la vecindad que estaba trabajando en el torno.

El torno de alfarero es una máquina que tiene una superficie redonda y plana (también llamada la «platina») sobre un eje que la hace girar. Sobre la platina, el alfarero modela o tornea el barro con las manos mojadas en una substancia llamada «barbotina» (una pasta con alto contenido de agua). El artesano moldea el barro por medio de apretones y estiramientos.

En la antigüedad, el torno era movido por el pie del alfarero, que actuaba sobre una pesada rueda de madera. Esto le daba al sistema suficiente inercia para girar constantemente a pesar de la presión y el freno que ejercía el alfarero sobre el barro.

Mientras el profeta veía al alfarero trabajar, notó que la vasija le estaba saliendo mal (v. 4). Entonces, usando el mismo barro, el alfarero unió la masa y volvió a empezar. Esta vez, la vasija quedó bien y el alfarero pudo colocarla en el horno (v. 5).

En ese momento, Dios volvió a hablarle al profeta, diciendo: «¿No podré yo hacer con vosotros como este alfarero, casa de Israel?, dice Jehová. Como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en mis manos, casa de Israel.» (v. 6).

Ese día el pueblo de Judá comprendió el mensaje que Dios le había dado a Jeremías. Dios no deseaba destruir a su pueblo. Del mismo modo que el alfarero podía hacer otra vasija de la misma masa de barro, Dios quería darle una nueva forma a su pueblo. Como el alfarero no desecha el barro, Dios no deseaba desechar a su pueblo.

Dios desea que su pueblo comprenda que ha pecado y que, arrepentido, regrese a la comunión con Dios. Dios no desea destruir a su pueblo, como tampoco desea substituirlo por otro pueblo. Dios desea darnos una forma nueva, un camino nuevo, un futuro nuevo.

Lamentablemente, el pueblo de Judá no cambió sus caminos y terminó oprimido por los babilonios. El liderazgo político, cívico y religioso fue deportado a Babilonia, donde fue encarcelado en campos de concentración. El liderazgo militar fue asesinado. Pasaron varias décadas antes que el pueblo judío pudiera volver a su tierra.

Lamentablemente, muchas personas hoy leen este pasaje como una pieza arqueológica. Lo ven como una reliquia del pasado, que habla de las tribulaciones del antiguo pueblo de Israel. No piensan que tiene pertinencia alguna para sus vidas.

Yo les propongo otro camino. Leamos este pasaje bíblico como lo que es: palabra de Dios para nosotros hoy. Dios le dice hoy a nuestro pueblo que debe mejorar sus caminos y sus obras si quiere un futuro de paz y prosperidad. Por mucho tiempo nos hemos amparado en la idea de que «nada malo nos puede pasar». Mientras tanto, el crimen arropa nuestra tierra, derramando la sangre de personas inocentes.

Basta ya; basta ya de usar el nombre de Dios en vano para justificar nuestros excesos. La corrupción tiene un precio muy alto. La crisis de valores que carcome nuestro pueblo nos está matando a plazos cómodos. Si no cambiamos nuestros caminos, enfrentaremos el juicio de Dios.

La buena noticia es que el juicio de Dios no destruye, sino que transforma. Dios no quiere destruirte, sino que quiere darle una vida nueva.

Dios no quiere destruir a la iglesia, sino que quiere transformarla en una comunidad de fe vibrante que bendiga a toda nuestra comunidad tanto con sus palabras como con sus obras de misericordia.

Dios no quiere destruir al pueblo, sino que quiere darle un nuevo futuro, en el nombre del Señor. AMÉN.

En las manos del alfarero
En casa del alfarero
Jeremías 18
Jeremías 18.1-6
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Cuando se manifestó la bondad: Un sermón para Navidad (Tito 3.4-7)

Una reflexión teológica para las temporadas de Adviento y Navidad, basada en Tito 3. 4-5, por el Dr. Pablo A. Jiménez.

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Rudimentos del sermón

Texto: Tito 3.4-7

Tema: El nacimiento de Jesús de Nazaret es la plena manifestación de la bondad divina

Área: Formación espiritual

Propósito: Recalcar la obra de Cristo, vista desde la Navidad.

Diseño: Expositivo

Lógica: Inductiva

Manuscrito del Sermón

Introducción

Amor: Si hay una palabra que nos lleva a pensar en la grandeza de Dios es, precisamente, amor. Del mismo modo, la palabra amor define la Navidad como ninguna otra. Quien nace humilde en el pesebre de Belén es Emanuel, “Dios con nosotros”, el amor hecho carne para bendición de toda la humanidad.

Hoy exploraremos ese amor desde una perspectiva diferente, meditando sobre las enseñanzas de la Epístola del Apóstol Pablo a Tito, un texto bíblico que no es muy conocido en nuestras congregaciones.

La Epístola de Tito

Cuando pensamos en Tito, pensamos en 1 y 2 Timoteo. En conjunto, estas tres cartas se conocen como “Las Epístolas Pastorales”, dado que recalcan la organización de la Iglesia Primitiva.

Allí encontramos enseñanzas sobre temas relacionados al liderazgo de la Iglesia, tales como los requisitos para servir como anciano o anciana, diácono o diaconisa y para puestos que ya la Iglesia no tiene, tales como el de la “viuda” (que era ocupado por ancianas solitarias que eran mantenidas por la Iglesia).

Por esta razón, rara vez se escuchan sermones sobre estas epístolas, a menos que se hable sobre la organización de la iglesia, sobre el ministerio o sobre los diversos aspectos administrativos de la Iglesia.

Cuando se manifestó la bondad

Por eso es tan sorprendente encontrar en esa corta epístola un pasaje cuyo contenido teológico es tan exquisito que rivaliza el contenido de otras epístolas paulinas, tales como Romanos, Gálatas y Efesios.

Me refiero a Tito 3, versículos del 4 al 7, que lee de la siguiente manera:

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

Enumeremos brevemente los muchos temas que este corto texto trata de manera tan condensada. Este pasaje bíblico habla sobre:

  1. La revelación o manifestación de Dios, a quien el ser humano sólo puede conocer si el Señor decide revelarse a la humanidad.
  2. De las cualidades o atributos de Dios, entre los cuales se encuentran la bondad y el amor.
  3. De la salvación por gracia, por medio de la fe en Dios. Los seres humanos alcanzamos salvación por la pura misericordia divina, no por nuestras obras ni por nuestras buenas acciones.
  4. El texto habla sobre el bautismo, al que describe como el “lavamiento de la regeneración”. Es decir, que por medio del bautismo el ser humano es hecho nueva criatura, dejando atrás la vida vieja y los pecados de ayer.
  5. No podemos olvidar la referencia a la obra del Espíritu Santo de Dios, que Jesucristo ha derramado sobre la Iglesia para salvación de toda la humanidad.
  6. El tema de la justificación también se encuentra presenta, recalcando que Dios nos convierte en personas justas de manera gratuita, por pura gracia divina.
  7. Todo esto es una herencia espiritual a la cual las personas que llegan a ser hijas de Dios por medio de la fe pueden aspirar.
  8. Finalmente, el tema de la esperanza también está presente. Lo encontramos como esperanza de vida eterna, de vida perdurable, de vida en un un mundo asediado por las fueras de la muerte.

Conclusión

Todo esto toma un tinte distinto cuando lo leemos durante la temporada navideña. Hoy lo vemos con toda claridad: El nacimiento de Jesús de Nazaret es la plena manifestación de la bondad divina; es la plena revelación de los propósitos salvíficos de Dios para con la humanidad.

Por eso hoy damos gracias a Dios por Cristo: por su nacimiento, por su vida, por sus enseñanzas, por su sacrificio en la cruz y por su obra salvífica a favor de toda la humanidad.

Damos gracias a Dios por Cristo, nuestro Señor. AMÉN

Navidad
Tito 3.4-5
Cuando se manifestó la bondad
Tito 3
Sermones para Navidad
Sermón para Navidad
Tito 3.4-5
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A puerta cerrada (Juan 20.19-23)

A puerta cerrada es un sermón para el Domingo de Pascua de Resurrección, de la Semana Santa, basado en Juan 21, escrito por el Dr. Pablo A. Jimenez.

Rudimentos

Texto: Juan 20:19-22

Idea Central: Cristo nos llama a participar activamente en la misión de alcanzar el mundo con el mensaje del evangelio.

Área: Desafío profético

Propósito: Exhortar a la audiencia a abrazar la misión cristiana.

Tipo: Expositivo

Lógica: Inductiva


Media

Audio:

YouTube:


Manuscrito

Introducción

Hace un tiempo atrás, cuando dirigía el Instituto Bíblico de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico, el Pastor General de la denominación me asignó la tarea de escribir material de escuela bíblica dominical para nuevos creyentes. Esa tarea fue muy difícil para mi, tanto que me vi obligado a investigar el tema con cierto detalle. Aparte de leer varios manuales para nuevos creyentes, hablé con muchas personas que apenas comenzaban en la fe. En uno de esos diálogos, un hombre de mediana edad me preguntó por qué la Biblia tenía cuatro evangelios en lugar de uno. Él no entendía por qué el Nuevo Testamento (NT) narra la historia de Jesús desde cuatro perspectivas distintas.

La pregunta de este hermano es sumamente importante para la cristiandad. La existencia de cuatro versiones de la vida de Jesús crea serios problemas. Por ejemplo:

1. Hay algunas diferencias o discrepancias entre las versiones de algunas historias que aparecen en varios de dos evangelios o más. Tomemos el caso de la infancia de Jesús. Mateo no menciona la visita de los magos y Lucas no menciona el viaje de la sagrada familia a Egipto. 

2. El otro problema está relacionado a la figura de Jesús. En Mateo y en Juan, Jesús pronuncia largos discursos en varias ocasiones. En Lucas y en Marcos, hay menos discursos y, los que hay, son más cortos. Mateo presenta a Jesús como un maestro de la ley; Marcos como un hacedor de milagros; Lucas como un filósofo que iba de sitio en sitio; y Juan como un predicador de sabiduría. ¿Cuál es, pues, la imagen correcta?

La Iglesia Antigua trató de solucionar el problema compilando los cuatro evangelios en un solo documento llamado “Armonía de los cuatro evangelios”. De hecho, esta tradición sigue hasta el día de hoy, como puede comprobar cualquier persona que visite una librería religiosa bien surtida. Sin embargo, la inmensa mayoría de los creyentes preferimos usar los evangelios tal y como están en el NT. La pregunta que se impone una vez más es, ¿por qué?

Perspectivas

La iglesia decidió incluir los cuatro evangelios en el NT precisamente porque son distintos. En su sabiduría, el liderazgo de la Iglesia Antigua reconoció que los seres humanos estamos condicionados por nuestras propias perspectivas. Cada cuál “lee” la realidad desde un punto de vista distinto, y por eso la entiende de manera diferente.

Se cuenta que en una ocasión un elefante visitó el país de los ciegos. Como no podían verlo, los ciegos le pidieron al elefante que les permitiera tocarlo. El elefante accedió gustoso, pero pronto tuvo que continuar su viaje. Ido el animal, los ciegos se reunieron a discutir cómo eran los elefantes. Unos dijeron que un elefante es como una pared; otros lo compararon con una serpiente; y aún otros afirmaron que era como el tronco de un árbol. Cada cual habló desde su propia experiencia y, por eso, cada tenía un pedacito de la razón.

Queda claro, pues, que cada ser humano aprende de manera distinta. Nuestra habilidad para percibir está condicionada por nuestra cultura, por el momento histórico en el cual vivimos y por nuestro propio temperamento. Pero, quizás más importante que todos estos elementos, nuestra habilidad para aprender está condicionada por nuestras propias experiencias.

En parte, esto explica por qué los discípulos y las discípulas de Jesús reaccionaron de maneras tan distintas al milagro de la resurrección. El capítulo 20 del Evangelio según San Juan describe variadas respuestas a la tumba vacía.

1. La mayor parte de las mujeres que fueron al sepulcro el domingo en la mañana reaccionaron con fe. La tumba vacía trajo a su memoria las muchas enseñanzas de Jesús sobre su propia muerte. Aun llenas de temor y gozo, las mujeres corrieron a compartir la buena noticia de la resurrección , piedra angular del mensaje evangélico hasta el día de hoy.

2. Pedro y Juan corrieron al sepulcro. Juan se quedó fuera, quizás para no contaminarse. Pero Pedro entró a la tumba y rebuscó la mortaja que una vez encerró a Jesús. 

3. Por su parte, María Magdalena reacciona con dolor ante la tumba vacía. Para ella, el sepulcro abierto evidencia que se ha cometido un grave crimen. Está segura de que alguien ha robado el cuerpo de Jesús para desacrarlo. El dolor que la invade es tan grande que no le permite reconocer al Cristo Resucitado que viene a su encuentro. ¡El dolor no la deja! Por eso, confunde a Jesús con el jardinero que estaba a cargo de la huerta y le acusa de desacrar la tumba. No es hasta que Jesús grita su nombre que María la de Magdala lo reconoce. Entiendan bien, aún estando ante la visión del Cristo Resucitado, María no pudo reconocerlo por sí misma.

4. Finalmente, el resto de los discípulos se resistían a creer el testimonio de las mujeres. También tomaron con un grano de sal el testimonio de Pedro y de Juan. Al final de cuentas, ellos no habían tenido visión alguna. Hasta ese punto, la visión del Cristo resucitado era una realidad para las mujeres y para los dos discípulos más atrevidos. Sin embargo, la visión todavía no se había hecho una realidad en las vidas del resto de los discípulos.

A puerta cerrada

La Biblia nos indica que los discípulos se encontraban aún encerrados y escondidos tres días después del asesinato de Jesús. Temían ser arrestados y asesinados; temían sufrir la misma suerte de su maestro.

Es precisamente cuando estaban a puerta cerrada que el Cristo resucitado se les aparece en visión. Jesús sabía que el testimonio de las mujeres no sería suficiente. El sabía que sus discípulos necesitaban tener una experiencia personal con lo divino para ser transformados.

Lo que es más, Jesús sabía que la cultura y la historia conspiraban contra la fe en el milagro de la resurrección. Después de todo, la cultura judía menospreciaba el testimonio de las mujeres y la historia indicaba que él había muerto pocos días atrás. Por todas estas razones, el antes crucificado aparece ahora resucitado para llevar a sus amados discípulos al camino de la fe.

Lo sorprendente es que Jesús no les recrimina ni su cobardía ni su poca fe. Y comprendan que bien pudo hacerlo. Después de todo, los discípulos y las discípulas que se atrevieron ir hasta la tumba vacía tuvieron sus respectivas visiones a la luz del sol. Ellos muy bien pudieran haber salido de su encierro para encontrarse con el Resucitado.

Pero ese no fue el caso. Estaban encerrados; paralizados por el miedo; y convencidos de su propia debilidad. Demos pues, gracias a Dios porque el Resucitado venció todo obstáculo para poder llegar a sus discípulos incrédulos con el mensaje liberador del evangelio.

En esta hora, debemos preguntarnos a nosotros mismos cuál es nuestro lugar en esta historia. Es decir, debemos preguntarnos con cuál personaje nos identificamos; cual de ellos o de ellas nos representa.

Esta pregunta es importante porque Dios continúa hablándole a la humanidad, revelando el mensaje liberador del Evangelio de Jesucristo. Sí, mis buenos hermanos y mis buenas hermanas, Dios continúa revelando su carácter y su santa voluntad a la humanidad. El Cristo Resucitado está presente en nuestro mundo, por medio del poder del Espíritu Santo, transformando vidas torcidas y sanando corazones rotos.

El Cristo Resucitado está presente en nuestro mundo, por medio del poder del Espíritu Santo, transformando vidas torcidas y sanando corazones rotos.

Y si Dios sigue hablando a la humanidad, también sigue hablando al liderazgo de su iglesia cristiana. Para aquellos que se atreven a caminar hasta la tumba vacía–rodeada por los militares que defienden los intereses de este mundo–la visión es clara. Dios llama a su iglesia a:

  • Sanar
  • Bendecir
  • Ayudar
  • Transformar
  • Encarnar el carácter de Dios ante nuestro mundo

Sí, algunos entre nosotros tienen el mismo celo misionero de las discípulas, de la Magdalena, de Pedro y de Juan. Sin embargo, debemos reconocer que la mayor parte de nosotros, al igual que el resto de los discípulos, estamos encerrados por nuestros propios temores. Nos han enseñado

  • Que no tenemos la inteligencia
  • Que no tenemos la habilidad
  • Que no tenemos los recursos financieros
  • en fin, que no podemos

Por eso es fácil encerrarse; quedarse a puerta cerrada; atemorizados ante la inmensa tarea que tenemos por delante. 

Pero hoy Dios nos llama a echar fuera todo temor. El Cristo Resucitado atraviesa las puertas que nos aíslan y nos separan. Jesús se hace presente aún en medio del dolor, del temor, y del sufrimiento, diciendo: “Paz”.

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Un mandamiento nuevo – Un sermón para la Semana Santa

Un mandamiento nuevo es un sermón listo para predicar sobre Juan 13.31-35, apropiado para la Semana Santa.

Texto: Juan 13:31-35

Tema: La presencia de Jesús se manifiesta a través del amor de la comunidad de discípulos y discípulas que es la Iglesia.

Área: Pastoral.

Propósito: Que la audiencia comience a entender el amor en términos prácticos.

Lógica: Inductiva.

Tipo: Expositivo (Preferiblemente para ser usado en la Semana Santa)


Para establecer el tono

Decir adiós no es fácil. Los momentos de despedida siempre tienen un tanto de tensión. Se sabe que después del adiós vendrá la separación, y procesar eso no es fácil.

Decir adiós es particularmente difícil cuando nos despedimos de personas que amamos. ¿Cuántos no hemos llorado alguna vez en la vida diciendo “adiós”? Más aún, ¿cuántos hemos tenido que decir adiós con señas, porque la tristeza nos impide la palabra?

Ahora bien, si decir adiós a un ser querido es difícil, decir adiós en forma definitiva a un ser querido es doloroso. Decir un último adiós quema el alma y nos deja un sabor amargo en la boca. Decir adiós cuando no se desea la separación nos deja pintados en negro, en medio de una profunda soledad.

El problema

Pero esos últimos “adiós” llegan –a veces sin pedir permiso– a la vida de todos. Y hasta en la vida de Jesús, llegó el momento de la despedida final.

Era el día antes de la Pascua (13:1) cuando Jesús se reunió con sus discípulos a cenar. En medio de esa cena, Jesús dio una última lección a sus seguidores al lavar los pies de sus discípulos, como si fuera un esclavo (13:2-20). Después, Jesús anunció la presencia de un traidor en medio del grupo selecto (13:21-30). Oportunidad que Judas aprovecho para abandonar el grupo.

Así llegamos a Juan 13:31. “Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús…” Este era el comienzo del fin. Jesús se sabía traicionado por uno de sus discípulos amados. La muerte no se haría esperar. Por lo tanto, era el momento de dar el paso dilatado hasta hoy. Era el momento de preparar a los discípulos para su ausencia. Era momento para el último adiós.

Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir.

Juan 13:33

Así se planteaba el problema de manera clara y definitiva: Jesús se iría. Su partida era inminente. Entonces:

•¿Dónde quedaban los discípulos?

•¿Cuál sería el futuro de la comunidad fiel?

•¿Que pasaría con la misión que los discípulos debían realizar?

Preguntas como éstas azotaron la mente y el corazón de los discípulos. Sin embargo, ninguna de estas dudas era la principal. La pregunta básica de los discípulos era aún más sencilla: ¿Cómo vivir sin ti, Señor? ¿Cómo vivir sin tu presencia? ¿Cómo vivir sin tu guía y dirección?

Los discípulos recordaban el pasado y reconocían la diferencia. Vivir sin Jesús era como vivir en la oscuridad; Jesús era la luz misma del mundo. Los discípulos habían aprendido a vivir en luz. El cambio ocurrido en sus vidas había sido tan radical, que era como haber nacido de nuevo (Jn 3:6).

La posibilidad de la ausencia de Jesús no era agradable. Ya en el 6:67-69 los discípulos se habían expresado sobre el asunto. En ese pasaje bíblico Jesús les pregunta a los discípulos si deseaban renunciar a su discipulado y volver atrás. Entonces Simón Pedro le respondió:

Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Juan 6:68b-69

Pero hoy era el mismo Jesús quien anunciaba la mala noticia de su partida. Al parecer, el grupo de discípulos y la comunidad cristiana había llegado a su final.

La solución

Sin embargo, el temor de los discípulos carecía de fundamento. Jesús conocía la necesidad de dirección de sus discípulos. Jesús sabía que nunca debía abandonarlos. Por eso les dice:

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Juan 13:34-35

Ahora bien, ¿cómo el mandamiento del amor mitigaría el dolor de la ausencia de Jesús? El nuevo mandamiento funcionaría de diversas maneras.

A. Un mandamiento nuevo.

En primer lugar, este mandamiento no era una repetición de los llamados al amor del Antiguo Testamento. ¡No! Este mandamiento era nuevo en diversas maneras. Por un lado, era nuevo porque sería la norma por la cual los discípulos se dejarían llevar durante el período de separación. Así que era un nuevo mandamiento otorgado para la nueva situación en que se vería la comunidad cristiana.

Por otro lado, el mandamiento era nuevo porque era la base del “nuevo pacto”. ¿Qué queremos decir con esto? Queremos decir que la Iglesia cristiana siempre se ha visto a sí misma como una comunidad que vive en relación con Dios. Podemos describir esa relación como un acuerdo, un convenio, una alianza, un pacto entre Dios y los demás seres humanos. Pero todo acuerdo tiene condiciones y nuestro pacto no es la excepción. ¿Cuáles son las condiciones que Dios nos presenta para formar parte de la comunidad del pacto? Dios sólo nos pide una condición: Que nos amemos los unos a los otros.

B. Pero, ¿qué es el amor?

Ahora bien, ese amor que Dios requiere no es un sentimiento amorfo, bobo e indefinido. ¡No! El amor que Dios exige tiene una base y un modelo claro. Por eso nuestro texto nos indica lo siguiente:

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.

Juan 13:34b

La base de nuestro amor no es otra que el sacrificio de Jesús en la cruz. Es el testarudo y obstinado amor de Dios lo que nos da pie para amar a los demás. Otra forma de afirmar este principio es el siguiente: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Jn 4:19).

El modelo de nuestro amor no es otro que Jesús mismo. Es la práctica de Jesús lo que nos enseña qué es el amor. Amar es demostrar cuidados y afectos con nuestros hechos, con nuestras acciones. Aquí la palabra y el sentimiento toman un segundo puesto ante la acción. Amar es un verbo. Y por lo tanto, se ama verdaderamente cuando demostramos el amor. Sólo se ama cuando hacemos algo en bien de las personas amadas.

El ejemplo no puede ser más claro. Jesús pudo haberles dicho a sus discípulos: “Les amo”. Sin embargo, escogió una acción concreta para demostrar su amor.

Se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.

Juan 13:4-5

Así llegamos a la conclusión de que el amor cristiano se vive, se practica, se demuestra con acciones en beneficio de los demás.

C. La marca del cristianismo

Este tipo de amor es tan importante que Juan lo presenta como la marca distintiva de los seguidores de Jesús.

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Juan 13:35

Al vivir en amor, la Iglesia vive como Jesús vivió. Es decir, al vivir en amor la presencia de Jesús se hace patente en medio nuestro.
Esta es la clave, la solución, la respuesta al temor de los discípulos. Jesús nos ordena amarnos los unos a los otros, porque su presencia se haría sentir por medio de ese amor.

•Ese amor nos libera de un pasado de oscuridad y muerte, llevándonos a la vida y a la luz.

•Ese amor nos guía en nuestro caminar, conduciéndonos por sendas de luz.

•Ese amor nos marca, en lo más profundo, convirtiéndose así en señal definitiva de que somos “hijos e hijas de luz”.

Conclusión

Sí, mis hermanos y hermanas, el amor es la marca del cristianismo. La señal de nuestra fe se encuentra en nuestra forma de tratar a los demás.

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Juan 13
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