El sermón titulado “Trigo, cizaña y ¿Epstein?” parte de un acontecimiento histórico reciente —las revelaciones del caso Jeffrey Epstein— para plantear una reflexión bíblica y teológica sobre el juicio de Dios, a la luz de a Parábola del Trigo y la Cizaña que se encuentra en Mateo 13.24–30. En el contexto del cierre del año 2025, cuando los medios revisan los eventos más impactantes del período, se observa que la publicación de los expedientes del caso Epstein ha revelado una red de abuso, corrupción e impunidad que involucra a hombres poderosos de diversos sectores ideológicos y nacionales.
La presentación comienza con un breve resumen de quién fue Jeffrey Epstein: un hombre que logró insertarse en las élites económicas y políticas, acumulando riqueza y poder, mientras encabezaba una estructura sistemática de abuso sexual contra niñas y adolescentes. Durante años, las víctimas lo denunciaron sin recibir justicia, hasta que, tras la muerte de Epstein en 2019 y la posterior publicación de documentos oficiales en 2025, comenzaron a salir a la luz los nombres y las prácticas de quienes participaron de estos crímenes. Este momento histórico marca simbólicamente el inicio del juicio para muchos que creían estar protegidos por su dinero e influencia.
Desde ahí, nos desplazamos al plano teológico. Reconocemos que el juicio divino es un tema incómodo en la predicación cristiana contemporánea, pero es una realidad ineludible. Toda la humanidad, sin excepción, está bajo el juicio de Dios. Este juicio no es solo un evento futuro, descrito en textos como 2 Corintios 5.10 o 2 Pedro 3.10, sino también una realidad presente que se manifiesta en la vida cotidiana. Mateo 25.31–46 muestra que las personas se salvan o se pierden según su respuesta concreta al prójimo vulnerable, en quien se hace presente Cristo.
La Parábola del Trigo y la Cizaña ofrece una clave adicional. En ella, Jesús enseña que en el Reino de Dios conviven el bien y el mal —el trigo y la hierba dañina— que solo pueden distinguirse plenamente al tiempo de la cosecha. El sermón explica el trasfondo comunitario del pasaje: la dificultad de discernir quién pertenece verdaderamente al pueblo de Dios. La enseñanza central es clara: el juicio definitivo le corresponde solo a Dios, no a la iglesia ni a la sociedad.
El sermón concluye articulando una doble reacción ante el caso Epstein. Por un lado, hay espacio para la esperanza y la justicia, al ver que la verdad comienza a salir a la luz. Por otro, lanza una advertencia profética: nadie está exento del juicio divino. Sobre esta base, el sermón culmina con una exhortación personal y pastoral. Nos llama a examinar nuestras vidas para discernir si somos trigo que da fruto o cizaña que será destruida al final. La pregunta queda abierta para cada oyente: ¿somos buena semilla en el Reino de Dios?
Una prédica cristiana basada en Eclesiastés 3.1-8, mensaje para Año Nuevo, por el Dr. Pablo A. Jiménez.
Este mensaje, basado en Eclesiastés 3.1-8, presenta una poderosa y alentadora reflexión para comenzar el Año Nuevo con esperanza y confianza en Dios. En medio de la incertidumbre y los cambios que trae cada nuevo ciclo de vida, este mensaje nos recuerda que solo Dios puede darnos la seguridad que necesitamos para enfrentar el futuro.
El inicio de un nuevo año nos llena de expectativas, pero también puede despertar temores. Nos preocupamos por lo que traerá el mañana, por los desafíos que puedan surgir y por lo que no podemos controlar. Sin embargo, la Biblia nos enseña que Dios ha establecido un tiempo para todo, y en Sus manos encontramos paz y estabilidad.
Este sermón explora cómo los seres humanos buscamos seguridad en el conocimiento, en las riquezas y en nuestros propios esfuerzos, pero todo eso es pasajero. La verdadera seguridad solo se encuentra en una relación con Dios a través de Jesucristo. Cuando confiamos en Él, podemos enfrentar el futuro con fe, sabiendo que Él es nuestro refugio y fortaleza.
En el Año Nuevo, en lugar de temer lo que viene, te invitamos a depositar tu confianza en Dios y a caminar con la certeza de que Su propósito se cumplirá en tu vida. ¡Bendiciones en este nuevo año!
Una oración para el Año Nuevo, escrita por el Dr. Pablo A. Jiménez, donde damos gracias a Dios y rogamos su bendición.
Oración para el Año Nuevo
Buen Dios, quien eres la vida misma (Juan 14.6), te damos gracias por el privilegio de vivir.
Sabemos que la vida es dura, compleja y hasta dolorosa, pero también es un milagro.
Gracias por el milagro de la vida.
Gracias porque podemos encontrarte, aunque sea a tientas.
Gracias porque en ti vivimos, nos movemos y somos. (Hechos 17:27-28)
Te rogamos, buen Dios, que vengas en nuestro auxilio.
Ayúdanos a enfrentar la dureza de la vida, con esperanza.
Ayúdanos a tomar las decisiones difíciles que, aunque inevitables, en vano tratamos de posponer.
Ayúdanos a comprender la riqueza que tenemos, a pesar de nuestro constante anhelo de tener más.
En este nuevo año, Buen Dios, danos fe.
En este nuevo año, Buen Dios, danos esperanza.
En este nuevo año, Buen Dios, danos amor.
Te rogamos esto con humildad, no por nuestros méritos, sino por los méritos de Cristo Jesús, en cuyo nombre oramos. AMÉN.
Tiempo de reflexionar: Texto de un sermón listo para predicar, basado en Eclesiastés 3:1-8 y apropiado para la despedida de año y la celebración del Año Nuevo. La idea central de este manuscrito de sermón es: “Sólo Dios puede darnos la seguridad que necesitamos para enfrentar el futuro con esperanza.”
Una nueva creación es una prédica cristiana basada en Juan 1.1-14, apropiada para la celebración del Año Nuevo.
Introducción
No sé si alguno de ustedes ha experimentado el placer y el terror de mudarse a una casa nueva. Quienes hayan pasado por la experiencia de mudarse a un nuevo hogar pueden testificar que uno la vive con una mezcla de euforia y de temor.Por un lado, uno disfruta el proceso, pensando en todas las nuevas posibilidades que abre la relocalización. Pero, por otro lado, no podemos negar que relocalizarnos es un proceso difícil que ciertamente nos da temor.
Dejar lo conocido para aventurarnos a lo desconocido puede paralizarnos del miedo. Es necesario invertir mucha energía emocional en el proceso.
Se me antoja pensar que el comienzo del nuevo año presenta desafíos similares a los de una mudanza o una relocalización. El nuevo año trae consigo posibilidades y desafíos; oportunidades y dificultades. Y la pregunta que se impone es: ¿De dónde vamos a sacar fuerzas físicas, emocionales y espirituales para lidiar con esos desafíos, esas dificultades y esos retos que trae el Año Nuevo?
Les sugiero que, del mismo que hacemos cuando vamos a hacer una mudanza grande, busquemos ayuda, particularmente de alguien que sea experto en ese tipo de transiciones. ¿Y quién mejor que Dios mismo, el Señor del tiempo y el espacio, para ayudarnos a empezar un nuevo tiempo en un nuevo lugar?
La creación (Génesis 1)
De acuerdo al testimonio bíblico, Dios creó el mundo y todo lo que hay en él. Esto lo encontramos en Génesis 1.1 al 2, que dice: “Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra. La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas cubrían la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.”
El texto es impresionante, porque describe el acto de la creación como una lucha contra el caos que imperaba en el mundo. Dios impone el orden y llena un mundo que, hasta ese momento, había estado vacío y en desorden.
¿Y cómo es que Dios crea? Lo hace por medio del poder de su palabra. Eso lo vemos en el resto del capítulo 1 de Génesis, del cual les leo los versículos 3 al 5, a manera de ejemplo: “Y dijo Dios: “¡Que haya luz!” Y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas; a la luz, Dios la llamó “Día”, y a las tinieblas las llamó “Noche”. Cayó la tarde, y llegó la mañana. Ése fue el día primero.”
Nótese que Dios crea por medio de su palabra. Solo tiene que decir “que haya luz” para que esta sea una realidad. Así es que la Biblia describe cómo era el mundo “en el principio”.
La nueva creación (Juan 1)
Por su parte, el Evangelio según San Juan comienza con palabras muy similares a las de Génesis, cuando dice: “En el principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba con Dios, y Dios mismo era la Palabra. La Palabra estaba en el principio con Dios. Por ella fueron hechas todas las cosas. Sin ella nada fue hecho de lo que ha sido hecho.”
Como bien habrán notado, Juan también comienza con la frase “en el principio”. ¿Por qué el evangelista hace esto? Sencillo, porque quiere decir que la llegada de Cristo Jesús al mundo de los seres humanos marca un nuevo “Génesis”, una nueva creación.
Jesucristo se presenta, pues, como el agente de la creación, por medio del cual todo lo que existe ha sido creado. Esta idea no solo aparece claramente en los versículos ya leídos, sino que también se encuentra en otros libros del Nuevo Testamento, tales como Colosenses, que dice en el capítulo 1, versículos 15 al 17: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. En él fue creado todo lo que hay en los cielos y en la tierra, todo lo visible y lo invisible; tronos, poderes, principados, o autoridades, todo fue creado por medio de él y para él. Él existía antes de todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden.”
Por lo tanto, podemos concluir que Jesucristo transforma el corazón del ser humano. Esa transformación es tan profunda, que bien podemos decir que la persona que entra en una profunda relación de amor y amistad con Dios llega a ser una nueva creación.
Una vez más, esta idea no es particular de Juan, sino que la encontramos en otros escritos del Nuevo Testamento, tales como 1 Corintios 5.17, que dice: “De modo que si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo: ¡ahora ya todo es nuevo!”
Ahora bien, ¿cómo es que Dios hace esta nueva creación? Al igual que en Génesis 1, Dios crea por medio de su palabra. Lo único que esa “palabra” ahora se ha hecho carne en Cristo Jesús, como dice Juan 1, del 9 al 14: “La Palabra, la luz verdadera, la que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, pero el mundo no la conoció. La Palabra vino a lo suyo, pero los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria (la gloria que corresponde al unigénito del Padre), llena de gracia y de verdad.”
Conclusión
Comenzamos un nuevo año, marcando una nueva etapa en el tiempo y en el espacio. En cierto modo, este nuevo tiempo también marca el comienzo de una nueva creación.
No importa tu pasado,
No importa tu presente,
No importa el futuro que hayas pensado tener,
Hoy Dios te dice, por medio de su palabra, que está dispuesto a hacer de ti una “nueva creación”.
Sí, esa es la promesa divina. Gracias a la obra de Jesucristo, quien es la Palabra de Dios hecha carne, hoy puedes llegar a ser “hecho” hijo o hija de Dios.
Sé que la oportunidad que Dios nos ofrece presenta tanto posibilidades como desafíos. Y también sé que, si bien por un lado nos da ánimo y esperanza, por otro bien puede infundirnos temor.
Aún así, Dios nos invita a transitar por estos tiempos nuevos con ánimo renovado, con esperanzas nuevas. ¡No tengan temor! El Dios del tiempo y del espacio nos llama porque desea imponer orden en el caos de nuestras vidas. Desea que seamos nuevas criaturas, en el nombre del Señor Jesucristo. AMÉN