Marcos 1.14–15 presenta el inicio del ministerio público de Jesús con una declaración que resume el núcleo de su mensaje: “Se ha cumplido el tiempo… El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas noticias!”. Según este texto, Jesús predicaba un mensaje diferente, centrado en la proclamación del evangelio del Reino de Dios.
Después del encarcelamiento de Juan el Bautista, Jesús comienza su misión en Galilea, una región periférica y marginada, no en Jerusalén, centro del poder religioso. Este detalle subraya el carácter contracultural de su obra. Su anuncio afirma que Dios actúa en la historia y que su intervención es concreta y cercana. El “tiempo cumplido” indica que la promesa divina alcanza un momento decisivo; el Reino no es una idea abstracta, sino la presencia activa de Dios transformando la realidad.
El término “evangelio” (euangelion) significaba originalmente “buena noticia”, usado en el Imperio Romano para celebrar eventos del poder imperial. Jesús redefine el concepto: la verdadera buena noticia no exalta al César, sino que proclama la soberanía de Dios. El Reino anunciado por Jesús no es un territorio físico, sino un orden nuevo basado en justicia, misericordia, paz y amor. Por ello, el discipulado cristiano implica adoptar los valores del Reino y rechazar los “antivalores” y los “disvalores” que dominan las estructuras humanas.
Después que encarcelaron a Juan, Jesús se fue a Galilea a anunciar las buenas noticias de Dios. “Se ha cumplido el tiempo –decía–. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas noticias!”
Marcos 1.14-15 (NVI)
Marcos destaca tres verbos esenciales que estructuran la respuesta al mensaje: predicar, arrepentirse y creer. Jesús predica públicamente, llevando su mensaje a la vida cotidiana. El arrepentimiento (metanoia) implica un cambio profundo de mente y conducta, una transformación integral como respuesta al amor divino. Creer no es mera aceptación intelectual, sino confianza activa y compromiso total con la realidad del Reino.
El llamado a los primeros discípulos y las acciones liberadoras de Jesús —sanidades y expulsión de demonios— muestran que el Reino produce efectos concretos: restauración, liberación e inclusión. Así, el discipulado no es evasión espiritual, sino participación activa en la misión transformadora de Dios. En conclusión, el mensaje de Jesús es diferente porque anuncia un Reino presente y dinámico que invita a una decisión radical. Es una buena noticia que transforma vidas y redefine la historia.
Un maestro diferente es la primera de toda una serie de presentaciones sobre el discipulado cristiano, basada en el final del Sermón de la Montaña en Mateo 7.
Esta prédica cristiana reflexiona sobre Mateo 7.28–29, texto que concluye el Sermón del Monte afirmando que las multitudes se asombraban de Jesús porque enseñaba “como quien tiene autoridad”. A partir de esta declaración, presenta a Jesús de Nazaret como un maestro diferente, cuya singularidad no radica solo en el contenido de su enseñanza, sino en la fuente y el poder transformador de su poder. Su autoridad o “exousía” no era impuesta, sino reconocida, pues brotaba de su comunión con Dios y de su fidelidad al Reino.
Cuando Jesús terminó de decir estas cosas, las multitudes se asombraron de su enseñanza, 29 porque enseñaba como quien tenía autoridad y no como los maestros de la Ley.
Mateo 7.28-29 NVI
En contraste con los escribas y fariseos del primer siglo, cuya enseñanza se había vuelto rutinaria y distante de la experiencia del pueblo, Jesús hablaba desde la coherencia entre palabra y acción. Su vida respaldaba su mensaje. Por eso su enseñanza no era meramente informativa, sino profundamente existencial y pastoral: comunicaba vida y provocaba transformación.
El texto identifica tres elementos fundamentales del discipulado cristiano. Primero, la admiración ante su enseñanza: el asombro inicial que conmueve el corazón y abre la puerta a la conversión. Segundo, la autoridad de su voz: los creyentes no siguen un sistema doctrinal abstracto, sino a una persona viva, cuya palabra es norma de fe y conducta. Tercero, el llamado a la práctica: escuchar sin obedecer es edificar sobre arena; el verdadero discipulado implica acción, compromiso con la justicia y fidelidad concreta al evangelio.
Finalmente, la prédica subraya que el discipulado es comunitario. Jesús formó una comunidad llamada a vivir los valores del Reino: justicia, paz, solidaridad y amor. Seguir al Maestro diferente implica asumir su estilo de vida y participar en la construcción de una nueva humanidad bajo el señorío de Cristo.
El capítulo 6 del libro de Deuteronomio presenta uno de los textos más significativos de toda la Escritura hebrea: el Shemá, una afirmación contundente sobre la unicidad de Dios y el llamado al amor absoluto hacia el único y sabio Dios. Este pasaje no solo constituye la base teológica del monoteísmo judío, sino que también ofrece una profunda reflexión sobre el rol de la educación religiosa y la formación espiritual en la comunidad de fe.
La declaración “Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor es uno” no es solo una confesión doctrinal, sino una invitación a la obediencia amorosa. La palabra hebrea “shemá” implica tanto escuchar como obedecer, estableciendo así un vínculo inseparable entre fe y práctica. Este llamado a amar a Dios “con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Dt 6.5) se convierte en el gran mandamiento que Jesús mismo retoma en los Evangelios (Mateo 22.37-40), confirmando su vigencia en la ética cristiana.
Pero este amor no puede quedar en la interioridad del creyente. Deuteronomio 6 nos exhorta a repetir estas palabras constantemente, a enseñar a las nuevas generaciones, a integrarlas en la cotidianidad del hogar y del camino. Esta pedagogía de la fe no se limita a la transmisión de conocimiento, sino que apunta a una formación integral que abarca la mente, el corazón y las acciones. La repetición diaria, los símbolos visibles en las manos, los ojos y las puertas (vv. 6-9), subrayan la centralidad de la Palabra en todos los aspectos de la vida.
En un mundo marcado por la fragmentación y el olvido espiritual, este pasaje bíblico nos recuerda que la verdadera fidelidad a Dios se cultiva desde la infancia, mediante una educación que narra la historia de la salvación, transmite los mandamientos divinos y forma personas capaces de amar a Dios y al prójimo. En definitiva, Deuteronomio 6 nos convoca a formar creyentes firmes, que vivan una fe encarnada, coherente y comunitaria.
Conozca las Tierras Bíblicas es una serie de cuatro programas educativos auspiciados por el Dr. Samuel Pagan y el ministerio Prediquemos.
Descripción: Conozca las tierras Bíblicas
El Dr. Samuel Pagán y el ministerio Prediquemos le invitan a participar de cuatro programas educativos sobre las virtudes educativas y homiléticas de los viajes a las Tierras Bíblicas. Disfrute aprendiendo del impacto positivo que tiene conocer los lugares sagrados en nuestra predicación y en nuestra enseñanza.
Junto al Dr. Pagán estarán los Doctores Pablo A. Jiménez y Edwin Rivera Manso. También contaremos con la presencia de Prof. Sam Pagán, quien tiene vasta experiencia en la coordinación de viajes educativos a las Tierras Bíblicas.
Día y hora
El programa se transmitirá los miércoles 8, 15, 22 y 29 de noviembre de 2023, a las 12:00 PM–al mediodía–hora de Miami. En otras ciudades la hora de transmisión será:
Bogotá – 12:00 PM
Buenos Aires – 2:00 PM
Ciudad México – 11:00 AM
Dallas – 11:00 AM
Madrid – 6:00 PM
San Juan – 1:00 PM
Los Ángeles – 9:00 AM
Temas de discusión
Los temas sugeridos para discusión en los diversos programas serán:
Noviembre 8: Belén, Jericó, Río Jordán, Qumrán, Mar Muerto
Noviembre 15: Galilea, Cesarea del Mar, Cesarea de Filipos
Noviembre 22: Jerusalén (1), Templo, Muro de las Lamentaciones, Getsemaní
Noviembre 29: Jerusalén (2), Vía Dolorosa, Iglesia del Santo Sepulcro, La Tumba del Jardín
Cómo participar en Conozca las Tierras Bíblicas
¡Participar es sencillo! Solo conéctese por Facebook Live entrando a las páginas del Dr. Samuel Pagán y del Dr. Pablo A. Jiménez.
Las historias de milagro revelan el poder y la misericordia de Dios. Sin embargo, Marcos 10.46-52 es mucho más que una historia de milagros; es un relato sobre el discipulado cristiano.
Sabemos esto porque en dos ocasiones encontramos en el texto la palabra “camino” (gr. “hodos”, vv 46 y 52) y en otra ocasión el verbo “seguir” (gr. “akolutheö”). Aquí vemos, pues, la frase distintiva que Marcos emplea para describir el discipulado: seguir a Jesús en el camino.
Esta es también la última narración antes de la “Entrada Triunfal” de Jesús a Jerusalén ( Mr 11.1-11). El Galileo entra a Jerusalén para enfrentar la cruz. Por lo tanto, este es un texto clave para entender el discipulado en Marcos.
Cuando Jesús llega a la ciudad de Jericó encuentra que, a la vera del camino de esa ciudad turística, hay personas pobres pidiendo limosnas (10.46). En el judaísmo, dar a los pobres es un “mitzvá”, es una buena acción. Por lo tanto, en la teología rabínica judía los mendigos eran importantes porque permitían que las personas adineradas acumularan “mitzvoth”, buenas acciones que acumulan méritos para la salvación. Por eso Jesús encuentra al borde de la carretera una larga fila de mendigos con diferentes dolencias.
Pero hay un hombre que se destaca, llamado Bartimeo. Siempre me ha llamado la atención que el texto diga “Bartimeo, hijo de Timeo” (v. 46) ya que “Bar” significa “el hijo de.” La experiencia nos enseña que nuestras comunidades tratan de manera diferente a las personas que tienen problemas mentales y dolencias graves. Generalmente no se les llama por sus nombres propios sino por apodos basados en sus dolencias o en sus relaciones familiares. Este hombre probablemente tenía otro nombre, que desconocemos. Lo llamaban “el hijo de Timeo” porque era “invisible” para la comunidad; era considerado “el otro”.
El rechazo de Bartimeo
Bartimeo escucha que Jesús se acerca. Como la fama de Jesús ha crecido, el Galileo camina rodeado por un gran séquito de personas. Bartimeo escucha que Jesús viene caminando y comienza a gritar: “Jesús, Hijo de David, ¡ten misericordia de mí!”
Queda claro que su teología es defectuosa. Sí, Jesús es “Hijo de David”, pero no necesariamente de la manera militarista que muchos esperaban durante el Primer Siglo. Bartimeo no llama a Jesús “el Cristo” ni “el Mesías”, lo que sería mucho más correcto en términos teológicos. Bartimeo tiene una idea de quién es Jesús, pero necesita una mejor teología para comprender plenamente su identidad divina.
Marcos 10.46-52 sugiere otro tema importante para el discipulado, a saber, cómo los discípulos trataban “al otro”. De acuerdo al texto, los discípulos reprenden a Bartimeo, impidiendo que se acerque a Jesús (v. 48). Aquí Marcos emplea el verbo griego “epitimaö”, el mismo que en otras partes del Evangelio se traduce como reprender espíritus inmundos y expulsar demonios. (vv. 1.25, 4.39, 9.25) ¿Están los discípulos tratando a Bartimeo como si estuviera endemoniado? ¿Lo rechazan porque piensan, siguiendo la teología rabínica de la época, que su enfermedad es una segura señal de pecado y, por lo tanto, una razón válida para la exclusión?
El hecho es que los discípulos bloquean el acceso de Bartimeo a Jesús. Y creo que esto fue una prueba de fe. Jesús le dio un “examen” a sus discípulos. ¿Habían aprendido algo? ¿Habían entendido la misión de Jesús?
Si leemos Marcos con detenimiento, nos damos cuenta de que no, los discípulos no habían comprendido a Jesús. Por ejemplo, en el capítulo 10 encontramos varias historias que demuestran la confusión de los discípulos, como cuando discuten sobre quién iba a ser “mayor” en el reino (10.35-45). Por eso Jesús prueba la fe de sus discípulos, prueba que fallaron malamente cuando le dijeron al mendigo: “No hay gracia para ti”.
Eres demasiado pobre.
Estás demasiado enfermo.
Quizás estás endemoniado.
Eres “el otro”.
¡Te reprendemos, en el nombre de Jesús!
Marcos 10.52
La curación de Bartimeo
Pero Jesús tenía otros planes. Por eso llama a sus discípulos y les ordena que fueran a traer al ciego. Siguiendo las instrucciones del Maestro Galileo, los discípulos van a donde el mismo hombre que previamente habían rechazado, excluido y demonizado. Y le dicen: “¡Mucho ánimo! ¡Levántate, que Jesús te llama!” (v. 49) Notemos cómo ha cambiado el rol de los discípulos: ¡En lugar de bloquear el acceso, ahora están facilitando el acceso a Jesús!
Bartimeo responde haciendo dos cosas que demuestran claramente su entusiasmo. En primer lugar, arroja su túnica (v. 50), que probablemente estaba usando para recoger las monedas que la gente le daba. Me imagino la túnica volando por el aire, las monedas cayendo al suelo, y los otros mendigos luchando por el dinero fácil.
Bartimeo se pone en pie y se dirige a Jesús, quien procede a hacerle otra prueba de fe, preguntando: “¿Qué quieres que haga por ti?” (v. 51). El mendigo responde: “Maestro, quiero recobrar la vista” (literalmente, “ver de nuevo, gr. ” Anablepö “). Por lo tanto, el mendigo pide el don de la visión.
Recordemos que los discípulos no entendían claramente quién era Jesús. ¿Por qué? Porque carecían de visión. Bartimeo pide visión y la recibe. Y su visión, en muchos sentidos, era más clara que la visión de los discípulos.
Jesús le dice al hombre sanado que podría irse. Ahora Bartimeo podía volver a casa. Podía volver a su familia, conseguir un trabajo y volver a formar parte de la comunidad. Pero este hombre elige otro camino. Él decide seguir “a Jesús en el camino” (v. 52). Es decir, toma la opción de seguir al Galileo en el camino a la cruz.
Conclusión
La educación teológica es una expresión del discipulado cristiano, pero a un un nivel más alto. De muchas maneras, la educación teológica comienza el día en que alguien nos dice: “Jesucristo es el SEÑOR”. Por esta razón, podemos afirmar que existe una clara continuidad entre el evangelismo, la educación cristiana, la formación espiritual y la educación teológica. En este sentido, todo lo que hacemos en una escuela de teología, incluso a nivel doctoral, no es más que una modalidad del discipulado cristiano.
Aquellas personas que estamos involucradas en la educación teológica jugamos un papel similar al de los discípulos de Jesús en este texto: Dios nos llama a facilitar el acceso de los demás a Jesús. Para cumplir este papel con fidelidad debemos recordar a quién Jesús está llamando.
Jesús llama a personas con teología defectuosa.
Jesús llama a personas de reputación dudosa.
Jesús llama a personas totalmente diferentes a nosotros.
Pero esas personas claman por Jesús. Y ustedes y yo tenemos la oportunidad de recibirlas en la comunidad cristiana y de discipularlas en la fe. Y quienes vengan a los pies de Cristo tendrán la maravillosa oportunidad de sufrir por Jesús, acompañándole en el camino a la cruz.
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Pablo A. Jiménez, “Educación teológica como discipulado”, DrPabloJimenez.com. Accedido el ** de ** de 20**. Disponible en: https://www.drpablojimenez.com/2017/05/17/discipulado-educacion-teologica/