Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen es una meditación sobre la Primera de Las Siete Palabras, adecuada para la Semana Santa.
Introducción
El viernes es el día de la muerte. Temprano en la mañana, Jesús es arrestado y llevado preso ante los líderes religiosos de Jerusalén. Estos le juzgan–ilegalmente, por cierto–por los delitos de sedición y blasfemia. Poco después, el Galileo es llevado ante un gobernante cobarde—Poncio Pilatos—y ante un político corrupto—Herodes Antipas—para ser azotado, golpeado, torturado y condenado a muerte. Entonces, es presentado ante el pueblo junto a Barrabás—un criminal habitual—para que la masa escogiera uno para ser liberado. Y la turba, sedienta de sangre inocente, escoge al justo como la víctima que había de morir en la cruz.
No hay esperanza; el galileo se dirige a la cruenta muerte en la cruz. Allí, entre los clavos y el madero, encontrará la voluntad de Dios para su vida. Allí, dirá las siete “palabras”, siete frases que resumirán su obra, su trabajo, su labor en beneficio de la humanidad.
La primera palabra es: “Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Lucas 23.34
La primera frase nos revela la bondad de Jesús. En el momento de agonía y de muerte, su primera palabra es una oración dirigida—en forma personal—al Padre celestial; oración por medio de la cual intercede aún por los asesinos que le crucificaban.
Jesús llama a Dios “Padre”, hablándole en forma íntima y personal. Jesús le llama “padre” para subrayar su profunda comunión con el Creador de todo. Y en su oración al Padre, pide misericordia para sus victimarios.
Jesús intercede por aquellos soldados que se repartían sus vestidos al pie del árbol de la cruz y echaban suertes sobre su manto. Soldados que “no sabían lo que hacían” porque sólo obedecían la férrea disciplina militar del ejército romano. Sólo seguían las órdenes de Pilatos, el gobernador militar. Este había cedido a las presiones políticas de los líderes religiosos que deseaban ver muerto al profeta galileo. Por eso hoy los soldados asesinan a Jesús, considerándolo un reo más; otro condenado a muerte por el regente romano.
Jesús intercede, además, por aquellos que le condenaron. En su oración, el caminante de Nazaret intercede ante Dios por Pilatos, quien le condenó a la cruz después de una profunda lucha consigo mismo. Del mismo modo, intercede por Herodes Antipas, el desquiciado gobernante que veía a Jesús como la reencarnación de Juan el Bautista.
Jesús intercede por los fariseos y los saduceos—los líderes religiosos de la época—quienes le mataban pensando que hacían un servicio a Dios. El Maestro pide por aquellos religiosos que en su esfuerzo de salvarse a sí mismos, se encuentran de frente con Dios en la persona de Jesucristo. Lo contradictorio es que una vez encuentran al Dios encarnado, en vez de adorarle deciden asesinarle.
Jesús intercede por la masa del pueblo, por esa muchedumbre que aún hoy es llevada de un lado para otro por cualquier líder hábil que presente lo malo como bueno y lo bueno como malo (Isaías 5.20).
En fin, Jesús intercede desde la cruz por la humanidad perdida, dejando claro que esa será su labor por toda la eternidad: el representar a la humanidad ante el Padre celestial. En este sentido, Jesús intercede por ti, por mí, por todos nosotros delante de Dios. Intercede porque cuando pecamos contra Dios y el prójimo, tú y yo tampoco “sabemos lo que hacemos”.
El mundo se va tras Él (Juan 12.19): Manuscrito de sermón gratuito para el Domingo de Ramos, Semana Santa, por el Dr. Jiménez.
Texto: Juan 12.19
Idea Central: La gracia de Dios es irresistible.
Área: Evangelización
Propósito: Llamar a la audiencia al compromiso cristiano.
Diseño: Expositivo, para el Domingo de Ramos, Semana Santa
Lógica: Inductiva
Un sermón para el Domingo de Ramos
Introducción
Jerusalén no sólo era la capital de Judea, sino que era también el centro espiritual de la fe de Israel. Como tal, Jerusalén era el hogar de los principales líderes políticos y religiosos judíos, tales como el Sumo Sacerdote, los Saduceos, los Herodianos, los Escribas y los Rabinos Fariseos más importantes de Judea.
Los grupos religiosos judíos
La relación entre los líderes de estos grupos era ciertamente difícil. En realidad, eran enemigos, dado que cada grupo aspiraba alcanzar metas distintas para el país.
El Sumo Sacerdote era el líder espiritual más importante de Judea. Además, era el líder de los Saduceos, un grupo conservador que representaba los intereses de los sacerdotes y los levitas que laboraban en el Templo de Jerusalén. Por eso, privilegiaban la interpretación literal de los primeros cinco libros de la Biblia—el Pentateuco—que hablan de las leyes y las ceremonias relacionadas al culto de Israel. No creían en la resurrección, doctrina central para los Fariseos, a quienes consideraban enemigos.
Los Herodianos eran el partido político que estaba a favor de que gobernaran los hijos y los nietos de Herodes el Grande. El detalle es que Herodes no era judío, sino Idumeo. Por lo tanto, estaban a favor de que Judea fuera gobernada por extranjeros. Veían a los religiosos como enemigos, pues tanto los Saduceos como los Fariseos se oponían a su mandato.
Y los Fariseos eran los líderes de las sinagogas. Eran expertos en la interpretación de la ley, pero enfocaban en los aspectos éticos y morales de la misma. No le daban importancia a los sacrificios de animales ni a las ceremonias del Templo. Eran muy piadosos y creían en la resurrección de los muertos.
¿Por qué la gente seguía a Jesús?
Los líderes de la fe de Israel, a pesar de ser enemigos, tenían algo en común: ninguno comprendía por qué la gente seguía a Jesús de Nazaret.
Jesús era distinto a cualquier otro líder político o religioso de la época.
No era sacerdote ni levita.
No era partidario de Herodes ni se relacionaba con la política judía.
Tampoco había estudiado teología con los rabinos de Jerusalén.
Si Jesús no formaba parte de ninguno de los grupos tradicionales, ¿por qué la gente le seguía?
Los líderes tradicionales pensaban que Jesús tenía poco que ofrecer al pueblo:
No era un líder político, lo que le impedía construir grandes edificios o repartir pan a las masas pobres.
No era un sacerdote, lo que le impedía ofrecer sacrificios a favor del pueblo o hacer ritos de purificación por sus pecados.
Y no era un rabino adiestrado en Jerusalén, lo que le impedía enseñar en las mejores sinagogas del país o relacionarse con los grandes líderes religiosos.
Entonces, la pregunta persiste: ¿Por qué la gente le seguía?
Lo que es innegable es que Jesús tenía algo especial, un don particular que le permitía relacionarse con la masa del pueblo.
Sus enseñanzas eran sencillas, explicadas en el lenguaje de la gente pobre. Jesús le hablaba a la masa del pueblo del reino de Dios, comparándolo con cosas tan sencillas como una semilla de mostaza o con un pastor de ovejas.
Sus oraciones eran poderosas, trayendo sanidad y liberación a quienes estaban sufriendo.
Y su presencia pastoral, acompañando al pueblo en crisis, traían aliento y esperanza al corazón.
Empero, hay otro elemento que no podemos olvidar: Jesús tenía una gran valentía motivada por un profundo sentido de misión. Y esa valentía le condujo a hacer un acto profético que evocaba las acciones de los antiguos profetas de Israel.
La Entrada Triunfal
Era el domingo antes de la Pascua, el día cuando parte de la Legión X Fretensis entraba a Jerusalén para evitar que surgieran rebeliones durante la fiesta de la Pascua, que evocaba la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto.
Ese día, ese mismo día, Jesús entró a Jerusalén el mismo día que entraron los refuerzos militares romanos a la ciudad. Es evidente que Jesús se estaba jugando la vida, porque su acto profético sería interpretado por las autoridades romanas como un desafío a gobierno militar.
Y si digo «acto profético», es porque Jesús no puede hacer más evidente el contraste entre los dos desfiles.
Los romanos entraban armados; Jesús entraba humilde.
Los romanos usaban caballos; Jesús entraba en un burrito, símbolo de paz.
Los romanos buscaban infundir temor en el pueblo; Jesús entraba para dar esperanza.
El texto es claro:
El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: «No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna». (Juan 12.12-15)
Este acto de Jesús fue tan atrevido, que ni sus propios discípulos lo comprendieron en ese momento, como dice el v. 16: «Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho».
No obstante, el sencillo acto de Jesús trajo esperanza al pueblo porque era un desfile de la vida. Sí, era una afirmación de la vida ante las amenazas del ejército extranjero. Y ese grito de vida levantó el ánimo del pueblo, como dicen los vv. 17 y 18:
Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal.
La gracia irresistible
Desde Jerusalén, al otro lado de las murallas, los líderes de los distintos partidos políticos y grupos religiosos examinaban el acto profético de Jesús, quien bajaba desde el Monte de los Olivos para entrar a la ciudad por la Puerta del Mesías. Y ante la locura del Galileo, la pregunta persistía: ¿Por qué la gente le seguía?
El elemento que no podían comprender era la gracia, la gracia divina, la gracia irresistible del Dios de la Vida. Jesús era la encarnación de Dios, y por lo tanto, era la presencia de Dios hecha carne. Como tal, también era el amor y la gracia de Dios hecha hombre. Y la gracia de Dios es irresistible.
Cuando una persona siente la presencia de Dios, tiene que rendirse ante ella. Comprender que Dios está aquí, a nuestro lado, es algo maravilloso. Su presencia nos llena de esperanza, y eso nos da valentía para enfrentar el futuro. Dios está con nosotros por las sendas del mundo, caminando hacia el Reino; por los caminos de la vida está Dios acompañando nuestros pasos.
Por eso le seguimos.
Por eso nos rendimos ante él.
Por eso, porque sentimos su amor latiendo en nuestro propio pecho.
Conclusión
Los líderes fariseos nunca llegaron a comprender por qué la gente seguía a Jesús, aunque sí llegaron a comprender que toda su oposición eran vana. Sí, Juan 12.19 enseña que los principales fariseos comprendieron que oponerse a Jesús era una pérdida de tiempo. El texto dice que «los fariseos dijeron entre sí: “Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él”».
Y sus palabras fueron proféticas, dado que el mundo continúa yéndose tras Jesús. Aquel pequeño grupo de creyentes que acompañaron a Jesús mientras entraba a Jerusalén, quizás estaba compuesto por algunos cientos de personas. Hoy, más de 2,000 millones de personas en el mundo confiesan que Jesucristo es el Señor.
«El mundo se va tras él»; así me sentía yo cuando no era creyente. De repente, todas las personas que yo admiraba o amaba se convertían a la fe de Jesús. Sentía que todo y todos me hablaban de Dios. Mientras más yo lo rechazaba, más cerca sentía su presencia.
Hasta que un día, un domingo, un Domingo de Ramos, dejé de pelear con Dios. Ese día, yo también me fui tras él. Y casi cuatro décadas después, reafirmo que Jesucristo es el Señor.
Hoy Jesús te invita a seguirle con fe; hoy Jesús te invita a irte tras él.
**********
Suscríbase gratuitamente a Prediquemos, nuestro podcast sobre predicación, liderazgo cristiano & teología pastoral, visitando www.prediquemos.com.
Visite y suscríbase al canal del Dr. Jiménez en YouTube.com, drpablojimenez, donde encontrará más de 900 archivos de sermones, prédicas & sermones.
Sermones para el Domingo de Ramos y la Semana Santa
Un sermón sobre el tema del llamado al servicio cristiano, basado en Romanos 8.1-2, predicado en vivo en la Iglesia Bautista el Redentor, en Bayamón, PR.
¿Cómo discernir la voluntad De Dios? ¿Puede Dios llamarnos adonde no queremos ir? Escuche este sermón sobre el tema, grabado en vivo en la Iglesia de Dios Pentecostal MI “Emmanuel” (The Harbor Church) en East Chicago, IL, que pastorea Johnny Bonilla, el 9 de marzo de 2019.
El tema de la esperanza es central en la Biblia. En esta ocasión presentamos un sermón sobre la esperanza, en formato bilingüe. Fue grabado en vivo, en el Simposio de Adoración & Predicación 2019, organizado por el Instituto Calvin, en Grand Rapids, Michigan.
Jesús, el refugiado es una reflexión sobre la huída de Jesús y su familia a Egipto, escapando de la tiranía de Herodes el Grande.
El 6 de enero, en la tradición puertorriqueña, es el día especial cuando recordamos la llegada de hombres sabios quienes, guiados por una estrella, llegaron hasta la tierra de Judea buscando al Mesías enviado por Dios para salvar a la humanidad.
Siguiendo la tradición española, en Puerto Rico celebramos la llegada de los Tres Reyes Magos. Esta es una tradición hermosa, aunque se aleja un tanto de la tradición bíblica. El Evangelio según San Mateo, el único que recoge esta historia, no dice el número de los hombres sabios que buscaban al niño Dios, no menciona sus nombres y nunca les llama “reyes”.
A pesar de su disparidad con el testimonio bíblico, la tradición puertorriqueña es hermosa y debe guardarse con amor. Sin embargo, dicha tradición no debe distraernos del profundo mensaje que tiene la historia de los Magos en el testimonio bíblico.
La historia bíblica, en Mateo 2, afirma lo siguiente:
Jesús nació al final del reinado de Herodes, el Grande (Mt. 2.1). Este era un extranjero—proveniente de Idumea—que había llegado al trono de Judá gracias a las maquinaciones de Antípatro, su padre, y su matrimonio con Mariammé, una princesa Asmonea, hija de Juan Hircano II.
Unos hombres sabios llegaron a Judea de tierras lejanas buscando al “rey de los judíos”, orientados por una estrella (v. 1). Se cree que estos hombres eran astrónomos provenientes de Persia. Evidentemente, habían estudiado las Sagradas Escrituras hebreas y la promesa del Mesías venidero, pues conocían la promesa de Números 24:17: “Yo lo veré, pero no en este momento; lo contemplaré, pero no de cerca. De Jacob saldrá una estrella; un cetro surgirá en Israel…”.
También es evidente que no conocían a Herodes, un rey hábil, pero sanguinario, quien había mandado a asesinar a dos de sus hijos con Mariammé, llamados Alejandro y Aristóbulo (7 a.c.). Del mismo modo, estuvo involucrado en el arresto y ejecución de su hijo mayor, Antípatro, a quien tuvo con Doris, su primera esposa. Antípatro falleció solo cinco días antes que su padre en el año 4 a.c.
Herodes recibió a los sabios extranjeros con amabilidad, fingiendo interés en su búsqueda (v. 2). Sin embargo, las palabras de los sabios le estremecieron (v. 3), pues Herodes sabía muy bien que no tenía derecho al trono de Judea.
El Rey recurrió a líderes religiosos versados en la teología para escudriñar las profecías bíblicas (v. 4). Correctamente, estos le indicaron que el Mesías habría de nacer en la ciudad de Belén (v. 5), como indica la profecía de Miqueas 5.2 (v. 6).
6. Con esta información en mano, Herodes llamó a los sabios y les pidió que encontraran al Mesías y que, a su regreso, pasaran por Jerusalén para informarle donde estaba el niño (vv. 7-8)
Los sabios siguieron la estrella hasta donde estaba el niño (vv. 9-10). Entraron a la casa donde estaba María de Nazaret, junto a Jesús, y le adoraron (v. 10).
También le dieron tres regalos: Oro, incienso y mirra (v. 11). El oro representa la realeza de Jesús, el incienso evoca el culto a Dios y la mirra, la amargura que sufren los profetas. De esta manera, los regalos de los sabios profetizan el “Triple Oficio” de Cristo, como profeta, sacerdote y rey.
Por medio de una revelación en sueños, Dios le dice a los sabios que regresen a su tierra “por otro camino”, sin informar a Herodes sobre el paradero del Mesías recién nacido (v. 12).
Del mismo modo, Dios le dijo en sueños a José que emigrara a Egipto para escapar de la ira de Herodes (v. 13). Tan pronto despertó, viajó con su familia a Egipto, donde encontraron refugio hasta que Herodes murió (vv. 14-15).
Cuando notó que los sabios no regresaban a decirle donde estaba el niño, Herodes mandó a asesinar a todos los niños menores de dos años en la ciudad de Belén (v. 16). Dado que la ciudad era relativamente pequeña, contando con unos 150 a 200 habitantes, se calcula que el número de niños asesinados debió oscilar entre 5 a 7. Claro está, no hay evidencia histórica de esta masacre, pues la historia no recuerda la muerte de los pobres. Sin embargo, nadie duda que Herodes—quien mató a dos de sus propios hijos—era capaz de asesinar a los hijos de otros personas.
Un ángel dio la noticia sobre la muerte de Herodes a José (vv. 19-20), quien pronto regresó al territorio de Israel (v. 21).
Sin embargo, cuando supo que Arquelao, uno de los hijos de Herodes, era el rey de Judea, José decidió ubicarse en Galilea, una provincia al norte del territorio nacional (v. 22).
Específicamente, la familia se mudó a la aldea de Nazaret, razón por la cual Jesús era llamado “Nazareno” (v. 23).
El mensaje teológico de este pasaje bíblico es claro: Los sabios extranj eros representan a todas las personas no-judías que vendrían a la fe de Jesucristo.Confirman, de manera milagrosa, que Jesús era el Mesías enviado por Dios para salvar a la humanidad. Además, de manera profética, anuncian el “Triple oficio” de Cristo como profeta, sacerdote y rey.
Sin embargo, el texto también contiene otra enseñanza, pertinente para todo tiempo y lugar. Por medio de esta historia, Dios en Cristo se identifica con la niñez perseguida, que escapa buscando refugio. Sí, Jesús es el rostro humano de Dios, encarnado en un niño pobre, quien escapa junto a su familia de un dictador desalmado.
Desgraciadamente, a través de los tiempos la niñez ha sufrido a causa de la pobreza y de la violencia. Regímenes, tanto de derecha como de izquierda, han perseguido y asesinado a niños y niñas sin defensa. Y líderes religiosos sin escrúpulos se han vendido al mejor postor, usando su conocimiento teológico para facilitar la violencia y la persecución de las personas más vulnerables de la sociedad.
Ante esta dura realidad, Mateo 2 anuncia la buena noticia del Evangelio: Que Dios se hizo humano en la persona histórica de Jesús de Nazaret, quien nació pobre, fue perseguido y eventualmente asesinado. ¡La buena noticia es que Dios ha provisto salvación a la humanidad precisamente por medio de ese niño refugiado!
Demos gracias a Dios, pues, por Cristo Jesús y luchemos en favor de la niñez pobre, perseguida y refugiada. ¿Por qué? Porque cuando bendecimos a un niño o a una niña, estamos bendiciendo a Dios mismo. “De cierto les digo, que si ustedes no cambian y se vuelven como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humilla como este niño es el mayor en el reino de los cielos; y cualquiera que recibe en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí.” (Mateo 18.3-5 RVC)
Una oración para el Año Nuevo, escrita por el Dr. Pablo A. Jiménez, donde damos gracias a Dios y rogamos su bendición.
Oración para el Año Nuevo
Buen Dios, quien eres la vida misma (Juan 14.6), te damos gracias por el privilegio de vivir.
Sabemos que la vida es dura, compleja y hasta dolorosa, pero también es un milagro.
Gracias por el milagro de la vida.
Gracias porque podemos encontrarte, aunque sea a tientas.
Gracias porque en ti vivimos, nos movemos y somos. (Hechos 17:27-28)
Te rogamos, buen Dios, que vengas en nuestro auxilio.
Ayúdanos a enfrentar la dureza de la vida, con esperanza.
Ayúdanos a tomar las decisiones difíciles que, aunque inevitables, en vano tratamos de posponer.
Ayúdanos a comprender la riqueza que tenemos, a pesar de nuestro constante anhelo de tener más.
En este nuevo año, Buen Dios, danos fe.
En este nuevo año, Buen Dios, danos esperanza.
En este nuevo año, Buen Dios, danos amor.
Te rogamos esto con humildad, no por nuestros méritos, sino por los méritos de Cristo Jesús, en cuyo nombre oramos. AMÉN.
Tiempo de reflexionar: Texto de un sermón listo para predicar, basado en Eclesiastés 3:1-8 y apropiado para la despedida de año y la celebración del Año Nuevo. La idea central de este manuscrito de sermón es: “Sólo Dios puede darnos la seguridad que necesitamos para enfrentar el futuro con esperanza.”
Una reflexión teológica y pastoral en formato podcast audio, apropiada la Despedida de Año y el día de Año Nuevo.
La temporada de fin de año nos invita a reflexionar sobre nuestras vidas, evaluando nuestras acciones. En esta reflexión, Eclesiastés 3.3 nos invita a ver el nuevo año como “tiempo de edificar” tanto nuestras vidas como la de los demás.
Todo tiene su tiempo, dice la Escritura. Si eso es así, ¿qué tiempo es este? Con mucha humildad, les sugiero que es tiempo de edificar.La palabra “edificar” tiene un referente concreto: quiere decir “construir”, primordialmente un edificio. También tiene un referente simbólico: quiere decir “bendecir”; quiere decir procurar que una persona, organización o grupo alcance su pleno potencial de desarrollo.
Les propongo, pues, que es tiempo de edificar. Dios desea que invirtamos tiempo y recursos en la edificación de los demás, particularmente de al Iglesia como cuerpo de Cristo.
Puertorriqueña que entregó su corazón a Jesús en 1971. Graduada en Pedagogía de la Universidad de Puerto Rico. Ministro de las Asambleas de Dios. Sirve en misiones desde 1982. Sirvió como misionera en Arequipa, Perú. A su regreso a Puerto Rico fundó la organización misionera Ministerio El-Shaddai, Inc., al presente, AMIES Internacional dedicada a la movilización misionera de la iglesia y el envío de misioneros al campo transcultural. Se destacó en la enseñanza de misiones a través de programas de radio y televisión. Dirigió el movimiento misionero nacional en Puerto Rico, conocido por RECOMI (Red de Cooperación Misionera) y fue miembro de la Junta de COMIBAM Internacional, como representante de la región del Caribe. En el 2002 se une a la agencia WEC Internacional en Pennsylvania y da inicio a WEC Latino, un ministerio para movilizar las iglesias hispanas en Estados Unidos. Al presente, WEC Latino es una base de envío transnacional, impulsando el envío de misioneros latinos de todo el continente. Luz Esther sirvió como pastora de misiones y miembro del departamento de misiones de las Asambleas de Dios en la Florida. Al presente, sirve como Movilizadora y Asesora en Misiones en la República Dominicana, equipando pastores y líderes en su desempeño misional a nivel local y global. Luz Esther es madre de una hija por adopción y la feliz abuela de tres nietos, quienes son su mayor deleite.