Si rasgaras los cielos (Isaías 64)

Si rasgaras los cielos es un sermón expositivo, apropiado para la temporada de adviento y basado en Isaías 64, con un bosquejo de sermón listo para predicar.

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Texto: Isaías 64:1-3

Idea central: La iglesia espera la intervención milagrosa de Dios en la historia.

Área: Desafío profético

Propósito: Dar voz a las esperanzas del pueblo.

Diseño: Expositivo, apropiado para la temporada de Adviento

Lógica: Inductiva


Isaías abre su oración con un clamor desgarrador: «¡Oh, si rasgaras los cielos y descendieras!». Esta súplica suena como la oración desesperada de quien no ve salida alguna a su situación. Es la misma oración que usted y yo hemos hecho en tiempos de crisis. Hay momentos en los que deseamos que Dios intervenga con poder, rompiendo los cielos como quien rasga una tela vieja, descendiendo con gloria para actuar a nuestro favor. Anhelamos que su presencia mueva montes, haga hervir las aguas y transforme lo imposible en realidad. El clamor del profeta se convierte, entonces, en el clamor de todo creyente que espera un milagro.

Esta oración nace en uno de los momentos más dolorosos de Israel. El pueblo regresaba del exilio en Babilonia solo para encontrar Jerusalén en ruinas: el templo destruido, las murallas derribadas, la economía en crisis y el liderazgo local en manos de extranjeros. A ello se sumaba el hambre, el desempleo y la pérdida de hogares. En medio de esa devastación, el profeta ora porque vive cerca de Dios; su relación con el Señor sostiene su fe aun durante la crisis. Además, recuerda los grandes actos de Dios en la historia: el llamamiento de Abraham, la destrucción de Sodoma, las plagas sobre Egipto, el Éxodo y la conquista de la Tierra Prometida. Inspirado por estas memorias, se atreve a pedir lo imposible: «¡Oh Señor, si rasgaras los cielos y descendieras!». El recuerdo del ayer alimenta la esperanza del hoy.

Aunque no todos hemos vivido en el exilio, todos conocemos el dolor: un hijo enfermo, un matrimonio roto, o un ser querido que muere. Sabemos lo doloroso que es perder un trabajo, no tener para pagar deudas, o enfrentar una quiebra.

Sin embargo, así como conocemos el dolor, también hemos conocido el poder de Dios. Lo hemos visto responder oraciones, sanar vidas, proveer en la necesidad y regalarnos amor y comunidad. Por eso, al igual que Isaías, clamamos: «¡Oh Señor, si rasgaras los cielos y descendieras!». Nuestra fe se nutre de los milagros que ya hemos visto.

Adviento es una temporada de expectativa, un tiempo en el que recordamos que Dios viene, interviene y actúa en la historia humana. No tenemos nuestra mirada puesta en el pasado, sino en el futuro glorioso de la venida de Cristo. La iglesia espera, con esperanza viva, la intervención milagrosa de Dios en nuestra historia porque la necesitamos. Por todas estas razones, hoy oramos con Isaías: «¡Oh Señor, rasga los cielos y desciende para salvarnos!».

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Vicios, virtudes y valores

Vicios, virtudes y valores es una conferencia sobre la fuente de los principios cristianos, por el Rev. Dr. Pablo A. Jiménez.

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Los valores son principios centrales que dan propósito a la vida y cohesión a las comunidades. En sociedades complejas, el grupo dominante impone sus valores mediante instituciones como la educación y los medios, mientras las minorías forman subculturas con cosmovisiones y principios propios.

Los valores surgen de la historia, literatura y tradiciones de cada grupo. Para la Iglesia Cristiana, provienen de la Biblia, la liturgia, la teología y la práctica pastoral. Más profundamente, Dios es la fuente de los valores cristianos: bondad, justicia y amor reflejan su carácter revelado en las Escrituras.

La Biblia no habla de “valores” sino de “virtudes” (areté), como en Filipenses 4.8 y 1 Pedro 2.9. Las virtudes son cualidades dignas de alabanza, mientras los vicios (Gálatas 5.19-23) representan antivalores. Enseñar principios cristianos es un desafío, pues los del Reino de Dios suelen oponerse a los valores sociales, generando tensiones.

Los valores pueden ser positivos (virtudes) o negativos (vicios). Por ejemplo, algunas culturas defienden la castidad pero toleran violencia en su nombre. La Biblia distingue claramente entre ambos, como en los catálogos de Gálatas 5, donde el amor y la paz contrastan con la enemistad y la envidia.

No todo lo legal es moral, ni viceversa. Por ejemplo, muchas iglesias acogen a migrantes indocumentados, alineándose con el valor bíblico de la hospitalidad aunque contradiga la ley civil. El Evangelio mismo es un escándalo: Dios ama al pecador antes de su arrepentimiento (Juan 3.16), lo que exige humildad y misericordia en nuestra conducta (Romanos 3.23).

La Iglesia debe vivir según los valores del Reino de Dios, que reflejan su carácter y la práctica de Jesús. Como enseñó Cristo, lo prioritario es buscar “primero el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6.24).

Valores
La fuente de los valores
Valores cristianos
Gálatas 5.22-23
Gálatas 5.22-23
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El alma que pecare: Un sermón sobre Ezequiel 18

Un sermón expositivo basado en Ezequiel 18. Visite www.drpablojimenez.com.

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Ezequiel 18.20
Ezequiel 18.20

El valle de los huesos secos (Ezequiel 37)

El valle de los huesos secos es un sermón expositivo sobre Ezequiel 37.1-4, adecuado para el Día de Pentecostés.

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El sermón titulado “El valle de los huesos secos”, escrito y predicado por el Dr. Pablo A. Jiménez, está basado en Ezequiel 37.1-14. El sermón ofrece un mensaje de esperanza y restauración espiritual. Ezequiel, profeta y sacerdote exiliado en Babilonia, recibe una visión divina en la que es llevado a un valle lleno de huesos secos —símbolo del pueblo de Israel devastado por el exilio y la guerra. Dios le pregunta si esos huesos pueden vivir, y luego le ordena profetizar sobre ellos. En respuesta, los huesos se unen, se cubren de carne, pero aún carecen de vida.

Dios entonces ordena a Ezequiel invocar al “espíritu” o “ruah”, palabra hebrea que también significa aliento o viento. Al soplar desde los cuatro puntos cardinales, el Espíritu de Dios vivifica los cuerpos, transformándolos en un ejército lleno de vida. Esta escena remite al relato de la creación en Génesis, donde Dios da vida al ser humano con su aliento. Así, esta visión representa un acto de nueva creación y la promesa divina de restaurar a su pueblo, aún en medio de la ruina total.

Jiménez interpreta este pasaje desde una perspectiva pastoral, subrayando que, a través del Espíritu Santo, Dios renueva y fortalece a los creyentes en los momentos más oscuros. Comparando la visión de Ezequiel con la resurrección de Jesús, afirma que la Biblia presenta un mensaje coherente de esperanza frente a la muerte y el sufrimiento. Así como los huesos secos revivieron, también nosotros podemos encontrar vida y propósito en Dios, incluso en medio del dolor.

El texto concluye con una oración ferviente para que el Espíritu Santo renueve a la comunidad creyente, afirmando que, en Cristo, es posible superar cualquier crisis. El llamado final es a no rendirse y confiar en el poder vivificador de Dios.

El valle de los huesos secos
Ezequiel 37
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Ezequiel 37.3
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