Una doctrina para tiempos de crisis

La perseverancia de los santos, que trata sobre la seguridad de salvación, es una de las doctrinas centrales de la fe reformada.

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La perseverancia de los santos

Por Pablo A. Jiménez

Texto: Efesios 1.3-6

Idea central: La doctrina de la perseverancia de los santos es una expresión de confianza en el carácter de Dios.

Área: Formación espiritual

Propósito: Presentar la doctrina de la perseverancia de los santos como un llamado a la esperanza en Dios en tiempos de crisis.

Lógica: Inductiva

Diseño: Doctrinal 

¿A qué se dedica usted? ¿Cuál es su trabajo, su vocación o su ministerio? En mi caso, durante toda mi vida he estado dedicado al ministerio cristiano. He sido pastor, administrador y educador; y he trabajado con diversas denominaciones, instituciones cristianas y escuelas teológicas.

Cuando comienzo un curso, siempre trato de tomar un tiempo para presentarme y para conocer a mis estudiantes. En ocasiones, estos primeros encuentros producen situaciones interesantes. Por ejemplo, hace unos años, en la primera reunión de un curso virtual, un estudiante me preguntó qué denominación me había ordenado al ministerio. Le contesté, dándole el nombre de mi denominación: La Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico. Sorprendido por mi respuesta, el estudiante continuó su interrogatorio, preguntando por el origen de mi denominación. Le dije que salimos del movimiento presbiteriano. Entonces, el estudiante me preguntó: “¿Esos son los ´salvo siempre salvo´?” 

Yo procedí a responderle al estudiante que Juan Calvino nunca dijo la frase “salvo siempre salvo” y que el nombre correcto de la doctrina a la que se refería era “la perseverancia de los santos”. Confundido, el estudiante dejó de preguntar. Sin embargo, era evidente que no tenía la más mínima idea del significado de mis palabras. 

Efesios 1 abre la primera parte de la carta, que presenta las enseñanzas teológicas principales, con una gran bendición dirigida a Dios. La carta se presenta como escrita por Pablo, “apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios” (1.1), y más adelante el autor se identifica como “prisionero en el Señor” (4.1), dato que vincula Efesios con el grupo tradicionalmente conocido como las “cartas de la prisión”, junto con Filipenses, Colosenses y Filemón. 

Después del saludo inicial, la epístola pasa inmediatamente a la doxología: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (v. 3). El pasaje de Efesios 1.3-14 es famoso porque, en el griego del Nuevo Testamento, forma una sola oración larga y densamente construida. Varias traducciones modernas la dividen en varias oraciones para facilitar la lectura, pero la estructura original tiene el carácter de una alabanza continua, casi como una cascada teológica. En este sentido, Efesios 1.3-14 funciona como una gran bendición que estructura todo el pasaje, enumerando las bendiciones que Dios ha dado en Cristo.  

El v. 3 dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. El foco de esta oración es la bendición. El texto griego usa tres palabras de la misma familia: Εὐλογητὸς (Eulogētos, “bendito”), εὐλογήσας (eulogēsas, “habiendo bendecido”) y εὐλογίᾳ (eulogia, “bendición”). El efecto retórico es claro: la comunidad bendice a Dios porque Dios ya la ha bendecido primero.

“Con toda bendición espiritual”: En Efesios, lo “espiritual” se refiere a aquello que pertenece a la nueva era en la historia de la salvación inaugurada por la obra del Señor Jesucristo. La bendición describe la nueva realidad, es decir, la salvación por medio de la cual Dios incorpora a judíos y gentiles en un solo pueblo.

La expresión “en los lugares celestiales” traduce el griego ἐν τοῖς ἐπουρανίοις. En Efesios, esta frase aparece varias veces y se relaciona con el señorío de Cristo, quien ha resucitado y ha sido exaltado. La obra de Cristo le da una nueva posición a los creyentes y los capacita para lidiar con el conflicto cósmico contra los poderes espirituales. Esta expresión, dentro de Efesios, designa el ámbito del Señor resucitado y ascendido, así como la esfera en la que la vida cristiana se relaciona con realidades espirituales.  

La frase decisiva es ἐν Χριστῷ: “en Cristo”. En Efesios, la salvación no se entiende principalmente como una experiencia aislada del individuo, sino como incorporación a Cristo. Dios:

  • Bendice “en Cristo”, 
  • Escoge “en él”, 
  • Concede gracia “en el Amado”, 
  • Redime “en él” 
  • Y reúne todas las cosas “en Cristo”. 

Por lo tanto, la cristología es el centro organizador del pasaje.

El v. 4 afirma que Dios “nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. El verbo griego es ἐξελέξατο (exelexato), una forma de de eklegomai, “escoger” o “elegir”. La elección ocurre ἐν αὐτῷ, “en él”, es decir, en Cristo. Esto es fundamental: Efesios presenta la elección como una realidad cristológica. Dios escoge a su pueblo por medio de la obra de Cristo.

La frase “antes de la fundación del mundo” sitúa la salvación dentro del propósito eterno de Dios. La redención es parte del designio eterno de Dios. Esto conecta con la afirmación del v. 10, donde se habla de una οἰκονομία (oikonomia), es decir, una administración, plan o disposición divina para la plenitud de los tiempos.

El propósito de la elección es tanto doctrinal como ético: “para que fuésemos santos y sin mancha”. El texto griego dice ἁγίους καὶ ἀμώμους (hagious kai amōmous). La “santidad” indica pertenencia a Dios; “sin mancha” evoca lenguaje sacrificial y de pureza. La elección no es una licencia para la arrogancia religiosa, sino un llamado a vivir como pueblo consagrado.

El v. 5 continúa diciendo: “en amor, habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo”. La frase “en amor” puede conectarse con el final del v. 4 o con el inicio del v. 5. En ambos casos, el sentido teológico es coherente: la elección y la adopción nacen del amor de Dios.

El participio προορίσας (proorisas) significa “habiendo predestinado” o “habiendo determinado de antemano”. El destino señalado es la υἱοθεσία (huiothesia), el ser hecho hijos, es decir, la adopción filial. En el mundo grecorromano, la adopción otorgaba estatus, pertenencia familiar y derechos de herencia. Pablo usa ese lenguaje para afirmar que la salvación no se limita al perdón legal; implica ser incorporados a la familia de Dios.

Esta adopción ocurre “por medio de Jesucristo” y “según el puro afecto de su voluntad”. El griego habla del εὐδοκία (eudokia) de la voluntad divina: el beneplácito, agrado o propósito bondadoso de Dios. La iniciativa es divina de principio a fin.

El v. 6 revela la finalidad última: “para alabanza de la gloria de su gracia”. Esta es una de las afirmaciones teológicas centrales del pasaje. El plan de salvación tiene como fin la glorificación de Dios. La gracia que rescata al ser humano también revela la gloria del Dios que salva. Por eso, la epístola a los Efesios comienza adorando a Dios. Por lo tanto, la adoración es tanto el punto de partida como el de llegada de la teología. La teología que nace en el contexto de la adoración conduce a la doxología.

La expresión “en el Amado” traduce ἐν τῷ ἠγαπημένῳ (en tō ēgapēmenō). El Amado es Cristo. Dios concede su gracia en aquel que es objeto de su amor perfecto. La identidad del creyente, por tanto, depende de su unión con el Hijo amado.

En resumen

  1. Efesios 1.3-10 presenta una visión majestuosa de la salvación. Dios bendice al mundo por medio de Jesucristo. Antes de la creación, Dios escogió a su pueblo en Cristo para vivir en santidad. En amor, lo predestinó para adopción. Esta adopción no tiene como fin primario la exaltación humana, sino “la alabanza de la gloria de su gracia”. La humanidad goza de redención y perdón por la sangre de Cristo, no por mérito propio. Y esa gracia revela un misterio: el propósito de Dios es reunir todas las cosas en Cristo.
  2. El pasaje también ofrece una visión profundamente paulina de la iglesia. La comunidad cristiana existe porque ha sido bendecida, escogida, adoptada, redimida e incorporada al propósito eterno de Dios. La iglesia no es una asociación voluntaria de personas con intereses religiosos comunes; es el pueblo formado por la gracia de Dios en Cristo. Por eso, Efesios puede pasar más adelante de la doxología a la ética: quienes han sido bendecidos en Cristo deben vivir de manera digna de su llamamiento.
  3. Finalmente, Efesios 1.3-10 debe leerse como una invitación a la adoración. El pasaje no ofrece una teoría fría de la elección, la predestinación o la redención. Es una bendición litúrgica, una proclamación gozosa, una confesión de fe. Pablo —o la voz apostólica que la carta reclama desde 1.1— no comienza explicando lo que la iglesia debe hacer, sino anunciando lo que Dios ha hecho en Cristo. La respuesta adecuada es alabar, confiar y vivir en la historia como pueblo que sabe que el destino final de todas las cosas está en manos de Dios.

La doctrina de la perseverancia de los santos afirma la fidelidad de Dios. Esta doctrina central de la fe reformada afirma que quienes han sido verdaderamente unidos a Cristo por la gracia de Dios, llamados eficazmente por el Espíritu Santo, justificados y adoptados como hijos e hijas de Dios, no caerán total ni finalmente del estado de gracia, sino que serán guardados por Dios hasta el fin. Por lo tanto, la salvación descansa en la fidelidad del Dios que salva. 

Por eso, la Confesión de Fe de Westminster declara que quienes Dios ha aceptado en Cristo, llamado eficazmente y santificado por su Espíritu, “ciertamente perseverarán” hasta el fin y serán eternamente salvos.  

Esta doctrina enseña que Dios preserva a los suyos de tal manera que perseveran en la fe, aunque puedan experimentar luchas, caídas, dudas y temporadas de debilidad. 

La doctrina de la perseverancia de los santos se apoya en varios ejes bíblicos. 

  • Primero, descansa en la fidelidad del Padre, quien elige, llama y guarda. 
  • Segundo, descansa en la obra perfecta de Cristo, cuya muerte, resurrección e intercesión aseguran la salvación de su pueblo. 
  • Tercero, descansa en la presencia permanente del Espíritu Santo, quien sella, santifica, corrige y fortalece al creyente. 
  • Cuarto, descansa en el pacto de gracia, por medio del cual Dios promete ser fiel a su pueblo. 

Una vez más, la Confesión de Westminster afirma que esta perseverancia no depende del libre albedrío humano, sino del amor inmutable del Padre, del mérito y la intercesión de Cristo, de la permanencia del Espíritu y de la naturaleza del pacto de gracia.  

Un texto clave para comprender esta doctrina es Filipenses 1.6: “Estoy persuadido de que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (RVC).

Por lo tanto, la doctrina de la perseverancia de los santos es una expresión de confianza en el carácter de Dios.

Ahora bien, debe quedar claro que la perseverancia no cancela la responsabilidad humana. Dios llama a cada creyente a velar, orar, resistir la tentación, alejarse del pecado y crecer en santidad.

La perseverancia de los santos fue elaborada como una doctrina pastoral para sostener la fe de comunidades sometidas al conflicto, el temor, la ansiedad, la persecución y la muerte.

Las iglesias reformadas de Europa surgieron en medio de confrontaciones políticas, religiosas y sociales profundas. La reflexión teológica sobre la perseverancia de los santos surge en un mundo marcado por la experiencia de iglesias perseguidas, pastores ejecutados, comunidades cristianas reducidas al clandestinaje y creyentes obligados a escoger entre la fe de Jesucristo y la seguridad personal.

Por tanto, cuando las iglesias reformadas afirmaban que Dios preserva a los suyos:

  • Hablaban a creyentes que podían perder propiedades, familia, libertad y vida. 
  • Hablaban a comunidades que habían visto morir a sus pastores. 
  • Hablaban a personas que necesitaban saber si la gracia de Dios podía sostenerlas cuando los poderes del mundo parecían invencibles.

Vista desde esta perspectiva, la doctrina de la perseverancia de los santos nos llama a la resistencia y esperanza. 

En el pasado, le dijo a la iglesia perseguida: “Tu salvación no está en manos del magistrado, del inquisidor, del rey ni del verdugo. Está en manos de Dios”. 

  • Decía a quienes caminaban hacia el exilio: “Cristo no pierde a sus ovejas”. 
  • Decía a quienes lloraban a sus mártires: “La muerte no tiene la última palabra”. 
  • Decía a quienes estaban tentados a apostatar bajo presión: “El Espíritu intercede, sostiene, corrige y restaura”.

Cuando se comprende correctamente, la doctrina de la perseverancia de los santos produce humildad, destruyendo la autosuficiencia espiritual. Reconoce que, si la salvación dependiera finalmente de la naturaleza humana, nadie tendría esperanza. Por esta razón, es buena noticia para todos nosotros, que somos frágiles, estamos expuestos a la tentación y necesitamos la gracia divina.

Por todas estas razones, esta doctrina llama a la iglesia a practicar una pastoral de esperanza. 

  • Las personas que caen deben ser llamadas al arrepentimiento, pero no abandonadas a la desesperación. 
  • Las personas débiles deben ser fortalecidas, no aplastadas. 
  • Las personas perseguidas deben ser acompañadas con la promesa de que Dios termina lo que comienza. 
  • La perseverancia de los santos, correctamente entendida, anuncia que la gracia de Dios es suficiente para mantenernos firmes en el Amado.
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¿Qué es la Teología Cristiana? Introducción a los Estudios Teológicos 1

Primera conferencia del taller titulado “Introducción a los Estudios Teológicos”.

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¿Por qué Jesús es el salvador del mundo?

“¿Por qué Jesús es el salvador del mundo?” es un breve ensayo sobre cristología y soteriología escrito por el Dr. Jiménez.

Romanos 1:16-17 define el evangelio como la manifestación del poder de Dios para la salvación de todas las personas que creen en él. De este modo, la Biblia afirma que Jesucristo es nuestro salvador; es el redentor de nuestros pecados, por medio del cual podemos establecer una relación con Dios.

Ahora bien, la pregunta que se impone es sencilla: ¿Por qué Jesucristo es el salvador del mundo?

Desde sus primeras páginas, la Biblia declara la intención de Dios para la humanidad. Dios crea el ser humano para que disfrute la vida a plenitud. Eso lo vemos con claridad en Génesis 1:28, donde Dios bendice a la humanidad y le da autoridad para administrar la creación.

Génesis 2 es mas claro, afirmando que Dios creó las relaciones de pareja para procurar que el ser humano tenga compañía y disfrute de su sexualidad. Eso lo vemos en Génesis 2:18, donde Dios dice que no es bueno que el hombre esté solo, y en 2:24, que dice: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.”

También podemos ver las buenas intenciones de Dios en Génesis 3, donde el ser humano cae en pecado. La primera pareja, que nos representa a todos nosotros, decide violar los mandamientos divinos con tal de ser “como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Gen. 3:5). Después de este acto, Dios va en busca de ser humano y le pregunta “¿Dónde estás tú? (Gen. 3:9).

Así vemos que Dios no desecha a la humanidad pecadora. Por el contrario, Dios busca a la humanidad perdida con el propósito de bendecirla y restaurarla. Podemos ver estas buenas intenciones divinas en la historia de Israel, particularmente en episodios tales como el llamamiento de Abraham, la donación de la ley y la proclamación de los profetas.

En cierto modo, Jeremías 29:11 al 14 resume las intenciones de Dios para con la humanidad, cuando dice:

Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar. 

Con el tiempo, el pueblo de Israel desarrolló una religión basada en las enseñanzas de la ley de Moisés y en la proclamación de los profetas de Israel y Judá. Empero, esa religión no era monolítica. Para el tiempo de Jesús, el judaísmo estaba dividido en distintos grupos que sostenían doctrinas diversas y, en ocasiones, hasta contradictorias.

El judaísmo normativo estaba dominado por dos grupos. Primero, encontramos a los saduceos, quienes eran los custodios del sistema sacerdotal. Los saduceos dominaban el sumo sacerdocio, el templo de Jerusalén y todo el aparato cúltico de Judá. Llevaban a cabo sacrificios de animales y otros rituales que procuraban la comunión entre Dios y la humanidad.

Segundo, estaban los fariseos, quienes dominaban las sinagogas. Afirmaban la importancia de la palabra de Dios, estudiando las sagradas escrituras y las interpretaciones bíblicas de los rabinos. Procuraban la comunión con Dios por medio del estudio bíblico y trataban de cumplir las 633 leyes que los rabinos afirmaban se encontraban en la Biblia Hebrea.

Además del judaísmo normativo, encontramos otros grupos judíos que no se conformaban a las enseñanzas saduceas ni a las fariseas. Me refiero a grupos como los esenios de Qumram, un grupo que acusaba al judaísmo normativo de corrupción y colaboración con el Imperio Romano; los judíos alejandrinos, ejemplificados por Filón de Alejandría, que buscaban armonizar las enseñanzas bíblicas con la filosofía griega; y otros grupos revolucionarios que deseaban liberar al pueblo de Israel por medio de la lucha armada.

Empero, ninguno de estos grupos cumplía a plenitud con la visión profética de Isaías, de Jeremías y de Ezequiel. A pesar de tener líderes religiosos, la masa del pueblo esperaba la llegada de un “Mesías”, de decir, de un líder ungido por Dios de manera especial para cumplir las profecías de liberación, expresadas en textos tales como:

  • Isaías 42:6-7: “Yo, Jehová, te he llamado en justicia y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.”
  • Jeremías 31:31 & 33: “Vienen días, dice Jehová, en los cuales haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá” & “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Pondré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.
  • Ezequiel 36:26-27: “Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. Quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis estatutos y que guardéis mis preceptos y los pongáis por obra.”

El Apóstol Pablo, quien había sido un rabino fariseo, tiene un encuentro sobrenatural con Jesús y comprende que el Maestro Galileo era el Mesías enviado por Dios en cumplimiento de las profecías de la Biblia Hebrea (Véase Hch. 9, entre otros pasaje bíblicos pertinentes).

En Romanos 3, Pablo ataca los postulados de la teología farisea, afirmando que “por las obras de la Ley ningún ser humano será justificado delante de” Dios (3:20). Es decir, el otrora rabino fariseo ahora reconoce que la obediencia a la ley y el esfuerzo ético-moral no es suficiente transformar el corazón humano. Para cambia algo hace falta poder y para cambiar el corazón humano hace falta poder de el Dios que viene por medio del evangelio de Jesucristo.

Jesucristo es la manifestación de la justicia de Dios en el mundo. Es el mediador del nuevo pacto prometido por Isaías, Jeremías y Ezequiel. Por medio de la obra de Jesucristo, podemos superar las consecuencias del pecado que nos ha separado de Dios.

Esta es la buena noticia del evangelio: Dios nos declara justos por medio de la obra de Jesucristo, quien dio su vida para que ustedes y yo alcanzáramos salvación. Jesucristo es el “redentor”, es decir, es quien paga la deuda que teníamos con Dios y con la humanidad. Jesucristo es, pues, nuestro salvador.

¿Quién es Jesús? Jesús es:

  • El Mesías
  • El Cristo
  • El Siervo Sufriente
  • El Salvador
  • El Redentor
  • Quien manifiesta justicia de Dios
  • Nuestro Señor

Por lo tanto, concluimos afirmando que Dios ha cumplido su intención de salvar a la humanidad por medio de la obra redentora de Jesucristo. Jesucristo es el salvador enviado por Dios para salvar a toda la humanidad.

Por qué Jesús es el salvador del mundo
Salvador del mundo

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Use el siguiente formato para citar este artículo:

Pablo A. Jiménez, “¿Por qué Jesús es el salvador del mundo?”, DrPabloJimenez.com. Accedido el ** de ** de 20**. Disponible en: https://www.drpablojimenez.com/2016/03/31/por-que-jesus-es-el-salvador-del-mundo/

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