Métodos de Interpretación Bíblica es un ensayo introductorio al tema del estudio de la hermenéutica bíblica.
Existen diversos métodos para estudiar la Biblia. En esta ocasión, ofrecemos una breve definición de diez métodos de estudio bíblico. En conjunto, estos métodos se conocen como la «crítica bíblica». Debe quedar claro que la palabra «crítica» aquí no tiene sentido negativo. Por el contrario, significa «estudio detallado o concienzudo».
1. Crítica Textual: Este método intenta determinar cuál es la lectura original del texto bíblico. El método requiere el conocimiento de los lenguajes bíblicos: específicamente del hebreo, el arameo y el griego. También requiere la comparación de manuscritos antiguos, la consideración de variantes ortográficas, el estudio de los aspectos gramaticales del texto y la evaluación de los errores en la transmisión de los escritos por los antiguos escribas. (Véase Hechos 8.26-40 & 1 Juan 5.7)
2. Crítica de las Formas: Estudia la transmisión oral del texto bíblico. Examina el desarrollo y el uso de los documentos bíblicos por las comunidades y las instituciones dónde se originaron. Presupone que muchos textos bíblicos se desarrollaron en contextos muy distintos a los que hoy ocupan. Por ejemplo, un himno de la Iglesia Primitiva pudo haber pasado a formar parte de una epístola, como se entiende es el caso de Filipenses 2.5-11. (Véase, además, Marcos 2.1-11 & 4.1-9 & Gálatas 5.16-26)
3. Crítica Histórica: Examina las condiciones históricas en las cuales se desarrolló el texto bíblico. También se conoce como el «método histórico-crítico» o «histórico gramatical». (Véase Apocalipsis 17)
4. Crítica de las Fuentes o Análisis literario: Intenta determinar cuáles son los componentes básicos del texto bíblico, analiza el estilo, la integridad y el propósito de los escritos. Además, pondera problemas tales como quién escribió el texto; a quién se dirigió originalmente, y cuál fue su fecha y lugar de composición. Finalmente, intenta determinar cómo fue que el texto bíblico llegó a adoptar la forma que tiene hoy. (Véase Génesis 1.1-2.4 & 2.4-3.24)
5. Crítica de la Redacción: Afirma que el texto, en su forma final, es el resultado del arduo trabajo de uno o más redactores. Extrapola la teología de un texto, tomando en cuenta cómo dichos redactores editaron sus fuentes. Presupone el uso de la Crítica Textual, de las Fuentes y de las Formas, desarrollando las conclusiones de dichos estudios. En resumen, explora cómo fueron editados los textos bíblicos. (Véase Marcos 1.40-45, Mateo 8.1-4 & Lucas 5.12-15)
6. Crítica o Análisis Lingüístico: Estudia las relaciones de las palabras y las frases bíblicas. Además, estudia las expresiones idiomáticas que emplean los pasajes bíblicos. (Véase Romanos 1.17 & 5.1)
7. Crítica de las Religiones Comparadas: Presupone que el estudio de la Biblia requiere la comparación de sus ideas y expresiones con las de otras religiones antiguas. Particularmente, compara la religión hebrea con las religiones egipcias, cananeas, babilonias y persas. Considera algunos temas recurrentes en las religiones antiguas, tales como la creación & el diluvio.
8. Crítica o Análisis Estructural: Usa ciertas teorías lingüísticas, particularmente las de Levi-Straus, para examinar las «estructuras profundas» del lenguaje. Distingue dichas estructuras profundas de las superficiales. Presta atención a las oposiciones básicas y los roles de los personajes del texto. (Véase Mateo 15.21-28)
9. Crítica o Análisis Retórico: Examina la composición del texto, analizándolo a la luz de los principios de la retórica grecorromana. Esta dividía la elaboración de un discurso en cinco partes: invención, estructura, estilo, memoria y presentación (o entrega). (Véase Filemón)
10. Crítica Canónica: Es el estudio de las Sagradas Escrituras en el contexto del «Canon» bíblico. En otras palabras, valora la importancia del texto bíblico para la comunidad de fe que afirmó su valor como «Palabra de Dios», sea Israel o la Iglesia Cristiana. (Véase Génesis 1-4)
Tema: Dios nos llama a crecer constantemente en la fe.
Área: Educación cristiana
Propósito: Llamar a la juventud a buscar el crecimiento espiritual.
Diseño: Temático
Lógica: Inductiva
Introducción
La juventud es tiempo de grandes cambios. Es el tiempo cuando pasamos de la niñez a la edad adulta; de ser personas dependientes a ser personas independientes.
En nuestros días, la sociedad ha añadido una carga a la juventud. Ahora la sociedad nos exige que afirmemos nuestra identidad durante la adolescencia temprana (13 a 18 años).
Más que identidad, la sociedad nos exige que escojamos y afirmemos nuestras identidades. Es decir, que indiquemos cual es nuestra identidad:
Étnica
Sexual
Vocacional
Religiosa
1 Corintios 15.58
La identidad cristiana
Las personas que creemos en Jesucristo, que afirmamos que Jesús es nuestro Señor y Salvador, tenemos una identidad religiosa. Cuando nos llamamos «cristianos» o «cristianas», estamos tomando para nosotros mismos el nombre de Jesucristo. La persona que se llama a sí misma «cristiana», está afirmando que le pertenece a Jesucristo.
¿Qué es lo que nos da esa identidad como personas cristianas? Nuestra identidad cristiana se deriva de la fe en Jesucristo. Es la fe en Dios, en Jesucristo su hijo, y en el poder del Espíritu Santo lo que nos permite llamarnos a nosotros mismos «cristianos».
Ahora bien, la fe en Jesús no se queda en el plano de la ideas. Por el contrario, la fe en Jesús se demuestra por medio de nuestras acciones:
Demostramos fe en Jesús cuando nos unimos a una iglesia cristiana donde podemos crecer en la fe de Jesucristo.
Demostramos fe en Jesús cuando le adoramos de todo corazón.
Demostramos fe en Jesús cuando oramos a Dios, pidiendo dirección y
protección para nuestras vidas.
Demostramos fe en Jesús cuando estudiamos la Biblia, buscando dirección y crecimiento espiritual.
Demostramos fe en Jesús cuando testificamos de su amor, compartiendo nuestra experiencia de Dios con otras personas.
Fe y conducta
Todos estos elementos son importantes para la vida cristiana. Tenemos que practicar las disciplinas espirituales, tales como la congregación con otras personas de fe, la oración, la adoración, la lectura de la Biblia y el dar testimonio de Jesucristo.
Sin embargo, la fe cristiana se demuestra de otras maneras. Por ejemplo, la Epístola a Santiago dice lo siguiente: «Delante de Dios, la religión pura y sin mancha consiste en ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y en mantenerse limpio de la maldad de este mundo» (Sant. 1.27, RVC).
Santiago afirma que la verdadera religión se demuestra por medio de la conducta; por medio de obras de fe motivadas por el amor que Dios ha puesto en nuestros corazones. Por eso, el Apóstol dice:
Hermanos míos, ¿de qué sirve decir que se tiene fe, si no se tienen obras? ¿Acaso esa fe puede salvar? Si un hermano o una hermana están desnudos, y no tienen el alimento necesario para cada día, y alguno de ustedes les dice: «Vayan tranquilos; abríguense y coman hasta quedar satisfechos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve eso? Lo mismo sucede con la fe: si no tiene obras, está muerta.Pero alguien podría decir: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.» Tú crees que Dios es uno, y haces bien. ¡Pues también los demonios lo creen, y tiemblan! ¡No seas tonto! ¿Quieres pruebas de que la fe sin obras es muerta? ¿Acaso nuestro padre Abrahán no fue justificado por las obras cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe de Abrahán actuó juntamente con sus obras, y que su fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: «Abrahán creyó a Dios, y eso le fue contado por justicia»,(E) por lo que fue llamado «amigo de Dios». Como pueden ver, podemos ser justificados por las obras, y no solamente por la fe. Lo mismo sucedió con Rajab, la prostituta. ¿Acaso no fue justificada por las obras, cuando hospedó a los mensajeros y los ayudó a escapar por otro camino? Pues así como el cuerpo está muerto si no tiene espíritu, también la fe está muerta si no tiene obras.
Santiago 2.14-26, RVC
La fe se demuestra, pues, por medio de nuestra conducta. El escenario de la fe no es la iglesia. Es relativamente fácil ser cristiano en un ambiente como el que ofrece una congregación cristiana o un lugar de retiro de ambiente cristiano. El verdadero escenario de la fe es el mundo, es la sociedad donde vivimos:
Probamos nuestra fe en el seno de la familia, donde interactuamos con las personas más importantes en nuestras vidas.
Probamos nuestra fe en nuestros lugares de estudio y trabajo, donde interactuamos regularmente con el mismo grupo de personas.
Probamos nuestra fe en la calle, donde interactuamos con extraños en relativo anonimato.
Empero, también probamos nuestra fe cuando nos encontramos a solas, cuando nadie nos ve:
¿Cuáles son los pensamientos que nos asaltan cuando estamos a solas?
¿Cómo usamos el Internet? ¿Qué lugares visitamos? ¿Con quién «chateamos»?
¿Qué decimos en nuestras conversaciones?
¿Cuáles son nuestros planes para el futuro? ¿Cuáles son nuestros anhelos y deseos?
Fe e integridad
Ahora bien, existe otro elemento importante para el crecimiento en la fe cristiana. Sin este elemento, un creyente no puede alcanzar el desarrollo espiritual necesario para ser un líder en la obra cristiana. Ese elemento es la integridad.Leamos 1 Corintios 15:58 (RVC), que dice: «Así que, amados hermanos míos, manténganse firmes y constantes, y siempre creciendo en la obra del Señor, seguros de que el trabajo de ustedes en el Señor no carece de sentido.»
Notemos el lenguaje que usa el pasaje para recalcar la importancia de la integridad. En primer lugar, el texto exhorta a los creyentes a estar «firmes y constantes». Para comprender lo que el Apóstol Pablo desea decir, es necesario recordar que este versículo forma parte de una carta a la Iglesia en Corinto. La historia nos enseña que Corinto era una ciudad portuaria famosa por su decadencia y por su corrupción. Corinto era tan famosa por sus prostíbulos, que servían a los marineros que atracaban en sus puertos, que los griegos de cualquier ciudad llamaban a las prostitutas «chicas de Corinto».
Además, cuando leemos la carta a los Corintios vemos que esta era una iglesia problemática, donde algunos creyentes:
Estaban divididos en grupos que luchaban unos contra otros por el control de la congregación (1 Co. 3).
Tenían una vida sexual desordenada, como el hombre que enamoró a su
madrastra (1 Co. 5).
Entablaban demandas legales los unos contra otros en los tribunales paganos (1 Co. 6:1‐11).
Se humillaban mutuamente cuando compartían alimentos y celebraban la cena del Señor (1 Co. 8 y 11:17‐34).
Por lo tanto, debe quedar claro que Pablo llama a los corintios a afirmarse en la fe, precisamente porque eran débiles en la fe.
En segundo lugar, el texto llama a los creyentes a crecer en la obra del Señor. Ese crecimiento debe ser constante; debe darse «siempre». Los creyentes, pues, nunca alcanzamos la plena madurez espiritual en este mundo. Por eso, el crecimiento en la fe debe ser constante. No importa su edad, usted debe estar buscando crecer en la fe de Jesucristo.
En tercer lugar, 1 Corintios 15:58 nos recuerda que «nuestro trabajo en el Señor «no carece de sentido» (RVC) o «no es en vano» (RVR 1960). Por lo regular, las cosas que hacemos para agradar al Señor benefician a personas en necesidad. El mundo está lleno de dolor; de personas que sufren debido a problemas familiares, enfermedades y otras experiencias negativas. La fe nos permite ministrar a personas en necesidad.
Quienes predicamos el Evangelio rara vez tenemos la oportunidad de saber hasta qué punto nuestras palabras llegan a la gente en necesidad. Sin embargo, en algunas ocasiones alguien se acerca a nosotros y nos da testimonio de lo que Dios está haciendo en sus vidas. Esos testimonios nos ayudan a continuar creciendo en la fe y trabajando para el Señor. Esos testimonios nos recuerdan que nuestro trabajo en el Señor «no es en vano».
Conclusión
Dios nos llama a crecer constantemente en la fe de Jesucristo. Y si decimos «constantemente» es porque el crecimiento en la fe requiere integridad. La integridad es esencial para el crecimiento y el desarrollo en la fe.
Yo sé que ustedes enfrentan grandes presiones, presiones nuevas a las cuales no están acostumbrados.
Algunas de sus amistades se burlan de ustedes. Esto les causa angustia, porque se sienten rechazados socialmente en un tiempo donde las amistades llegan a ser más importantes que sus propios familiares.
Otros se sienten presionados por su sexualidad. La juventud es el tiempo cuando uno despierta a su propia sexualidad. Uno comprende que la sexualidad es una fuente de placer, pero que su manejo requiere responsabilidad. También uno comprende que la sexualidad puede ser usada como un arma, que el mal uso de la sexualidad puede convertirnos en víctimas o en verdugos.
Aun otros enfrentan problemas con todas las substancias y condiciones que pueden convertirse en adicciones. Los medicamentos, las drogas ilícitas, el alcohol, la pornografía y hasta las sensaciones de peligro pueden convertirse en focos de adicción. Las adicciones nos dan placer por un tiempo que cada vez es más corto, mientras se convierten en fuentes de angustia y vergüenza.
Ante todas estas presiones, Dios nos llama a crecer constantemente en la fe. ¿Por qué? Porque la fe es nos ayuda a enfrentar a vencer todas estas presiones, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Amor: Si hay una palabra que nos lleva a pensar en la grandeza de Dios es, precisamente, amor. Del mismo modo, la palabra amor define la Navidad como ninguna otra. Quien nace humilde en el pesebre de Belén es Emanuel, “Dios con nosotros”, el amor hecho carne para bendición de toda la humanidad.
Hoy exploraremos ese amor desde una perspectiva diferente, meditando sobre las enseñanzas de la Epístola del Apóstol Pablo a Tito, un texto bíblico que no es muy conocido en nuestras congregaciones.
La Epístola de Tito
Cuando pensamos en Tito, pensamos en 1 y 2 Timoteo. En conjunto, estas tres cartas se conocen como “Las Epístolas Pastorales”, dado que recalcan la organización de la Iglesia Primitiva.
Allí encontramos enseñanzas sobre temas relacionados al liderazgo de la Iglesia, tales como los requisitos para servir como anciano o anciana, diácono o diaconisa y para puestos que ya la Iglesia no tiene, tales como el de la “viuda” (que era ocupado por ancianas solitarias que eran mantenidas por la Iglesia).
Por esta razón, rara vez se escuchan sermones sobre estas epístolas, a menos que se hable sobre la organización de la iglesia, sobre el ministerio o sobre los diversos aspectos administrativos de la Iglesia.
Cuando se manifestó la bondad
Por eso es tan sorprendente encontrar en esa corta epístola un pasaje cuyo contenido teológico es tan exquisito que rivaliza el contenido de otras epístolas paulinas, tales como Romanos, Gálatas y Efesios.
Me refiero a Tito 3, versículos del 4 al 7, que lee de la siguiente manera:
Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.
Enumeremos brevemente los muchos temas que este corto texto trata de manera tan condensada. Este pasaje bíblico habla sobre:
La revelación o manifestación de Dios, a quien el ser humano sólo puede conocer si el Señor decide revelarse a la humanidad.
De las cualidades o atributos de Dios, entre los cuales se encuentran la bondad y el amor.
De la salvación por gracia, por medio de la fe en Dios. Los seres humanos alcanzamos salvación por la pura misericordia divina, no por nuestras obras ni por nuestras buenas acciones.
El texto habla sobre el bautismo, al que describe como el “lavamiento de la regeneración”. Es decir, que por medio del bautismo el ser humano es hecho nueva criatura, dejando atrás la vida vieja y los pecados de ayer.
No podemos olvidar la referencia a la obra del Espíritu Santo de Dios, que Jesucristo ha derramado sobre la Iglesia para salvación de toda la humanidad.
El tema de la justificación también se encuentra presenta, recalcando que Dios nos convierte en personas justas de manera gratuita, por pura gracia divina.
Todo esto es una herencia espiritual a la cual las personas que llegan a ser hijas de Dios por medio de la fe pueden aspirar.
Finalmente, el tema de la esperanza también está presente. Lo encontramos como esperanza de vida eterna, de vida perdurable, de vida en un un mundo asediado por las fueras de la muerte.
Conclusión
Todo esto toma un tinte distinto cuando lo leemos durante la temporada navideña. Hoy lo vemos con toda claridad: El nacimiento de Jesús de Nazaret es la plena manifestación de la bondad divina; es la plena revelación de los propósitos salvíficos de Dios para con la humanidad.
Por eso hoy damos gracias a Dios por Cristo: por su nacimiento, por su vida, por sus enseñanzas, por su sacrificio en la cruz y por su obra salvífica a favor de toda la humanidad.
Damos gracias a Dios por Cristo, nuestro Señor. AMÉN
Tema: Por medio del sacrificio de Jesucristo, Dios le ha dado a la iglesia el don de la paz.
Área: Desafío profético
Propósito: Sentar las bases para un llamado a la reconciliación.
Lógica: Inductiva
Clasificación: Temático
Introducción
El mundo del Nuevo Testamento era un mundo multicultural
Ese mundo amenazaba la supervivencia del pueblo judío.
La discordia del Evangelio
El movimiento de Jesús, nacido dentro del seno del judaísmo, fue motivo de discordia y división.
Aún dentro del mismo movimiento cristiano, surgieron dos actitudes contradictorias ante el multiculturalismo.
Algunos afirmaban que todas aquellas personas que aceptaban el Evangelio debían convertirse al judaísmo.
Otros, ejemplificados en la persona del Apóstol Pablo, afirmaban que no era necesario convertirse al judaísmo para ser cristiano.
Esta disputa dividió a la iglesia, como vemos en los Hechos de los Apóstoles 15, en Gálatas 1 y 2, y en Filipenses 3.
El don de la paz
Contra esas divisiones, la epístola a los Efesios afirma la obra reconciliadora de Jesucristo.
Afirma que en Cristo ha derribado la “pared” que dividía a judíos y cristianos.
Afirma que Dios sólo tiene un pueblo, al cual pertenecen los que históricamente habían sido herederos de la promesa y los que antes estaban excluidos.
En resumen, Efesios nos enseña que la paz es un don que Dios le ha dado a la humanidad por medio de la obra de Cristo.
La pregunta que se impone es, si Dios nos ha regalado el don de la paz, ¿por qué la iglesia está tan dividida? La única respuesta posible es que nuestro pecado ha impedido la construcción de la paz.
Conclusión
Nos toca a nosotros, pues, construir la paz.
Siguiendo la forma como el Apóstol Pablo utilizó “el indicativo y el imperativo”, podemos decir lo siguiente: Si Dios nos ha regalado la paz, vivamos en paz.
Más adelante discutiremos en detalle algunas estrategias para construir la paz, pero el primer paso lo debemos dar hoy.
El primer paso es confesar nuestros pecados, pidiendo perdón a aquellas personas que hemos ofendido con nuestras actitudes, hostiles y divisorias. Pidamos perdón, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. ¡Amén!
Tema: Los seres humanos no podemos escapar de la presencia del Dios que nos ama.
Área: Cuidado pastoral
Propósito: Recalcar la grandeza del amor y de la misericordia de Dios
Diseño: Inductivo
Lógica: Inductiva
Introducción
El acompañamiento pastoral a personas en crisis es uno de los aspectos más difíciles del ministerio cristiano. Aunque es un honor ayudar a la gente en sus momentos de dolor, uno se identifica con el sufrimiento y el dolor que están pasando. Lo peor es que en ocasiones uno se siente impotente ante el sufrimiento de los demás.
Puntos a Desarrollar
A. La gente en crisis
Las personas en crisis comparten una serie de características y experiencias. Pasemos a enumerar algunas de estas características.
La negación: Es común que nieguen la realidad, rehusándose a aceptar lo que está ocurriendo.
La culpa: Tienen sentimientos de culpa, pensando que sus crisis son producto de su conducta o de su inacción. En algunas ocasiones. Tienen toda la razón, porque sus acciones pasadas en verdad han causado sus problemas actuales.
La soledad: Quienes sufren piensan que todo el mundo les ha abandonado.
El deseo de escapar: Las personas desean “salir corriendo”; desean huir de la realidad.
B. El silencio de Dios
Cuando usted está en crisis, su dolor no le deja discernir la presencia de Dios en su vida. Por eso, usted siente tanta soledad.
Como parte de la crisis, cada persona tiende a negociar con Dios, ofreciendo votos y haciendo promesas que intentan mover la voluntad de Dios.
Pero esas promesas y votos no funcionan. Por el contrario, nos distraen y nos impiden escuchar la voz divina.
Olvidamos que Dios no busca ni necesita nuestros sacrificios. Por el contrario, Dios es quien envió a Jesucristo, su hijo, para sacrificarse por la salvación de la humanidad.
La persona que se enfrenta al “silencio de Dios” se hunde en su crisis y en su depresión.
C. ¿A dónde me iré de tu Espíritu?
El salmista que entona el Salmo 139 es una persona en crisis. Es una persona que ha intentado escapar de la realidad y de su dolor.
Sin embargo, cuando se detiene a meditar—dejando por un momento su conmiseración y su activismo—puede discernir la presencia de Dios en su vida (vv. 1-6).
La comprensión del conocimiento de Dios le lleva a reconocer el alcance de la presencia divina. Comprende que la presencia de Dios le rodea; que no puede escapar de la presencia de Dios (vv. 7-12).
Dado que Dios nos ama, permítanme indicarle una idea que bien puede transformar su vida: Los seres humanos no podemos escapar la presencia del Dios que nos ama; no podemos escapar del amor de Dios.
No hay acción humana que pueda cancelar el amor de Dios por usted. No hay nada que usted puede hacer para cancelar el amor de Dios por usted.
Conclusión
“¿A dónde me iré de tu Espíritu?” pregunta el salmista. Esa es la pregunta que usted y yo también debemos hacer en esta hora: ¿A dónde ir para escapar de la presencia divina? ¿Dónde escondernos del amor de Dios? ¿Dónde?
La respuesta es sencilla. Usted nunca podrá escapar la presencia del Dios que le ama. No hay nada que usted pueda hacer para cancelar el amor de Dios por usted.
Reconocer la presencia y el amor de Dios es el primer paso para salir de la crisis en la que usted se encuentra. Responda hoy, con amor, al amor de Dios.
[1] Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro,[2] y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en su casa: [3] Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Acción de Gracias
[4] Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, [5] Porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos; [6] para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús. [7] Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos.
Pablo intercede por Onésimo
8] Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, [9] más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo; [10] te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, [11] el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, [12] el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo. [13] Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio; [14] pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario. [15] Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; [16] no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuándo más para ti, tanto en la carne como en el Señor.
Exhortación a aceptar a Onésimo
[17] Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo. [18] Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. [19] Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también. [20] Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor. [21] Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que te digo. [22] Prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido.
Salutaciones y bendición final
[23] Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús, [24] Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores. [25] La gracia de vuestro señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.
Estudio bíblico sobre Filemón
Introducción
¿Cuán útil soy para Dios? ¿Cuánto valor tengo ante Dios, ante la sociedad y ante mi mismo? ¿Para qué sirvo? ¿Qué cosas productivas puedo hacer en la vida?
Medita
¿Te has sentido, alguna vez, que tus seres queridos te menosprecian?
¿Has dudado de tu propio valor?
¿Encuentras que es muy difícil decidir lo que harás en el futuro?
Ejercicio #1
En la vida encontramos tiempos difíciles. A veces, uno se siente en una encrucijada: hay tantos caminos que no sabemos por donde orientar nuestras vidas.
En este estudio veremos la historia de una persona que pasó por momentos muy difíciles. A pesar de esto, por medio de la fe, pudo reorientar su vida. Pasemos, pues, a considerar la historia de Onésimo.
Contexto
A. Contexto Literario
La historia de Onésimo se encuentra en la carta del Apóstol Pablo a Filemón. Esta es la carta más corta de todas las epístolas del Apóstol. También, es la epístola que más se asemeja a una carta personal, aunque está dirigida no sólo a Filemón sino a la Iglesia que se reúne en su casa (v. 1b).
B. Contexto Histórico
Esta epístola fue escrita por el Apóstol a mediados del primer siglo. La fecha y el lugar exacto de composición nos es desconocido, aunque podemos afirmar que esta epístola se escribió, probablemente, al final del ministerio del Apóstol.
Pablo–quien se califica a si mismo como “anciano”–se encontraba en la cárcel (v. 9). Allí conoció a un esclavo que se había escapado de la hacienda de su amo. El esclavo, llamado Onésimo, se convirtió a la fe cristiana. De acuerdo a la ley romana, los esclavos que escapaban debían ser devueltos a sus amos. Por su parte, los amos tenían el derecho de castigar severamente, hasta con la pena de muerte, a los esclavos recuperados. También aquellos que ayudaran a un esclavo en esta situación debían responder económicamente al amo.
En este caso, el amo de Onésimo era Filemón, un hombre cristiano. Pablo conocía bien a Filemón (vea los vv. 4-7). La carta sugiere que Filemón conoció el Evangelio a través del ministerio de Pablo (v. 19). Por lo tanto, le escribe pidiéndole que reciba a Onésimo con amor y no con castigo.
En este punto debemos plantear la siguiente pregunta: ¿Cuál era la actitud de Pablo ante la esclavitud? Muchos comentaristas entienden que Pablo ve la esclavitud como un fenómeno común a su época. Pero estos comentaristas no han podido apreciar la radicalidad del pedido del Apóstol. En el v. 16, Pablo le ruega a Filemón que reciba a Onésimo “no ya como esclavo, sino…como hermano amado.” De esta manera, Pablo afirmaba que la solidaridad que alcanzamos los creyentes por medio de la fe en Cristo Jesús nos libera de las estructuras sociales que oprimen y dividen a la humanidad.
Estructura literaria
La carta puede dividirse de la siguiente manera:
Saludos: vv. 1-3
Acción de gracias: vv. 4-7
Cuerpo de la carta: Pablo intercede por Onésimo: vv. 8-16
Exhortación a aceptar a Onésimo: vv. 17-22
Conclusión y despedida: vv. 23-25
Notas al texto
“Pablo, prisionero de Jesucristo” (v. 1): Pablo se encontraba preso por causa de su fe (compare con el v. 9).
“A la iglesia que está en su casa” (v. 2): Antes, las congregaciones se reunían en casas, ya que no podían tener templos. Al parecer, en casa de Filemón se reunía un grupo de cristianos.
“Gracia y paz” (v. 3): Es el saludo característico de Pablo. Las cartas griegas comenzaban con la palabra “saludos”. Por su parte, Pablo comienza con la palabra “gracia”. En griego, este vocablo es muy parecido a la palabra “saludos”. Sin embargo, la palabra “gracia” tiene un sentido particular pues resume el mensaje del Evangelio según lo predica Pablo: Somos salvos por gracia. A la palabra “gracia”, Pablo añade “paz”. Este es el típico saludo judío. Pero Pablo modifica el sentido de esta palabra con la frase “de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”. La “paz” que Pablo desea es el bienestar integral (“shalom”) que produce el Evangelio de Jesucristo.
“Mi hijo Onésimo” (v. 10): Onésimo era “hijo espiritual de Pablo”, es decir, se había convertido por medio del ministerio del Apóstol (cf. v. 10).
“El cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mi nos es útil” (v. 11): Aquí hay un juego de palabras. En griego, Onésimo quiere decir “útil”. Así Pablo “juega” con el significado del nombre: “Util” antes era “inútil”, pero ahora es verdaderamente “útil”.
“Tenga yo algún provecho (v. 20): Literalmente, el texto dice “tenga yo alguna utilidad.” Así el Apóstol continúa su juego de palabras.
“Os seré concedido” (v. 22): Pablo añoraba el ser liberado de la cárcel.
Preguntas
¿Quién era Filemón? (vv. 1-3).
¿Qué clase de cristiano era Filemón? (vv. 4-7)
Pregunta de interpretación: ¿Cómo describirías el ministerio de Filemón?
Lee los vv. 8-9. ¿Cómo trata el Apóstol a Filemón?
¿Qué petición le hace Pablo a Filemón? (vv. 10-12).
Pregunta de interpretación: ¿Qué implica la petición de Pablo? ¿Dónde quedan, pues, los derechos de Filemón sobre Onésimo?
¿Cuál era el deseo más profundo de Pablo con respecto a Onésimo? (vv. 13-14)
¿Cómo interpreta Pablo la escapatoria de Onésimo? (vv. 15-16)
Pregunta de interpretación: ¿En qué forma usó Dios la evasión de Onésimo? ¿Resultó en algo de provecho?
En los vv. 17-21, Pablo reitera su petición. ¿Porqué se ofrece a pagar los “daños” (v.18)?
Pregunta de interpretación: A fin de cuentas, ¿en qué se basa el Apóstol su petición? (vv. 20-21).
Para pensar
En los vv. 10-14 se habla de la conversión de Onésimo. Antes de llegar a la fe, éste era “inútil”. Sin embargo, después de su conversión, Onésimo era tan útil que Pablo deseaba retenerlo a su lado. (v.13) ¿Cómo nos hace útiles la fe en Cristo? ¿Cómo nos ayuda a reorientar nuestras vidas? ¿Porqué nos da sentido?
En la epístola a Filemón, vemos como el Apóstol ruega para que Onésimo sea recibido como hermano, no como esclavo (v. 16). De esta manera, Pablo afirma el carácter liberador del Evangelio de Jesucristo.
Hoy día la esclavitud no existe. Sin embargo, existen otras estructuras sociales que oprimen a la humanidad. ¿Puedes enumerar algunas de ellas? ¿Puedes afirmar el poder liberador del Evangelio sobre estas formas de maldad? ¿Cómo nos libera Dios de estas estructuras de pecado?
Una reseña bibliográfica del libro escrito por Ronald J. Allen y Gilbert Bartholomew, titulado Preaching Verse by Verse. Louisville: Westminster / John Knox Press, 2000, 144 pp.
El sermón donde se comenta una porción de las escrituras versículo por versículo es uno de los estilos más antiguos de predicación. Esta forma sermonaria encuentra sus raíces en los “sermones” que se predicaban en la sinagoga judía, donde fieles tenían la responsabilidad de leer el texto bíblico en hebreo y comentarlo en arameo. Además, es uno de los estilos más populares de predicación expositiva. En distintos manuales de predicación en español se le llama “homilía” (particularmente en la tradición anglo-católica) o “lectura bíblica”, entre otros nombres.
Allen y Bartholomew nos ofrecen una interesante introducción a este estilo de predicación. Más que una introducción, el libro es una defensa o apología de esta forma sermonaria, la cual ha caído en desuso en los púlpitos de las denominaciones tradicionales en los Estados Unidos. La tesis del libro es precisamente que el sermón que ofrece un breve comentario continuo de una porción bíblica ayuda tanto a quien predica como a la congregación a crecer y a madurar en la fe. Este tipo de sermón es un antídoto a la “analfabetismo bíblico” que exhiben muchas congregaciones anglo-europeas. El propósito del libro es, pues, ayudar al lector o a la lectora a poder preparar y predicar con excelencia esta forma sermonaria.
El libro está dividido en seis capítulos. El primero afirma la continua utilidad del sermón que comenta un pasaje bíblico versículo por versículo. El segundo, explora la historia de la predicación, ofreciendo ejemplos de las figuras que usaron con provecho este estilo de sermón. El tercero ofrece consejos prácticos sobre la preparación del sermón; el cuarto, sobre la estructura del sermón; y el quinto, sobre la presentación o entrega del sermón. El capítulo final sugiere ocasiones cuando es deseable predicar este tipo de sermón expositivo. La metodología sugerida en los capítulos cuatro y cinco se ilustra con cinco trabajos exegéticos cortos que sirven de base a cinco sermones anotados. Cada autor produjo dos sermones y Linda Milavec el quinto.
Es evidente que los autores están en diálogo con la historia de la predicación cristiana, pues en el segundo capítulo hacen un resumen histórico que comienza con la predicación en la sinagoga, pasa por la Reforma Protestante, y llega a la tradición británica y estadounidense que representan los autores. Del mismo modo, el libro ofrece un correctivo para aquellas personas que han abandonado la predicación expositiva para explorar nuevos modelos de predicación, como la inductiva expuesta por Fred B. Craddock o la narrativa defendida por Eugene Lowry, entre otros autores contemporáneos.
Este manual presenta su idea central de manera clara y elocuente, logrando su objetivo de entusiasmar al lector o a la lectora a practicar este estilo tradicional de predicación. Ahora bien, desde un punto de vista hispano, la utilidad del libro es menor. Esto se debe a que la predicación expositiva, en general, y la predicación versículo por versículo, en particular, siguen vivas en el púlpito hispano. En este sentido, aquellas personas hispanas que lean este libro o que lo usen como texto en cursos de predicación bíblica deberán adaptar su contenido a nuestro contexto. Específicamente, deberán leer el libro con el doble propósito de afirmar su compromiso con la predicación bíblica y de mejorar tanto la preparación como el diseño del sermón que comenta una porción bíblica versículo por versículo.
Desde Cuba nos llega el aporte más reciente a la homilética hispanoamericana. Carlos Emilio Ham-Stanard nos ofrece una introducción al estudio y la práctica de la predicación, escrita para el liderazgo laico de la Iglesia. Ham-Stanard escribió este libro mientras completaba su Doctorado en Ministerio en el Austin Presbyterian Theological Seminary.
Ham-Stanard parte del supuesto que la predicación es un ejercicio en teología contextual. Por esta razón, no debe sorprendernos que el autor indique que escribe su libro en respuesta a la situación de la Iglesia en Cuba, donde “muchas personas asisten por primera vez a las iglesias, debido a una crisis económica profunda causada por la caída súbita de los países socialistas de Europa Oriental y la Unión Soviética, el endurecimiento del embargo de los Estados Unidos contra Cuba y como consecuencia de nuestros propios errores” (p. 11). Este súbito crecimiento de la iglesia explica por qué es necesario preparar más personas laicas para compartir el ministerio de la predicación.
La idea central del libro—que la predicación debe ser una expresión teológica contextual—explica también su título. Ham-Stanard afirma que la predicación tiene tres componentes básicos: la Biblia, la congregación y la persona que predica (p. 12). Quien predica no sólo interpreta la Biblia, sino que analiza el contexto en el cual se encuentra la congregación y se interpreta a sí mismo.
El libro se divide en cuatro capítulos. Como es de esperar, los primeros tres capítulos estudian las distintas partes del “trípode homilético” propuesto por el autor. El primero ofrece perspectivas sobre el estudio y la interpretación de la Biblia para la predicación. Con alegría, indicamos que en este capítulo Ham-Stanard toma en cuenta los aportes de la teología latinoamericana, la caribeña, y la feminista al campo de la interpretación bíblica. El segundo capítulo invita al lector o a la lectora a analizar su propio contexto, tanto a nivel congregacional como nacional y global. El tercer capítulo estudia la tarea del predicador y de la predicadora. Este capítulo ofrece perspectivas teológicas tanto sobre la función del laicado en la vida de la iglesia como de la predicación como tal.
El cuarto y último capítulo estudia el sermón, evento donde convergen las tres partes del trípode. El mismo habla sobre el diseño, la preparación, y la presentación del sermón. La bibliografía, breve pero sustanciosa, completa el libro.
No debe sorprendernos el hecho de que los eruditos que más han influenciado el pensamiento de Ham-Stanard sean aquellos que recalcan el carácter contextual tanto de la teología, en general, como de la homilética, en particular. Se destacan las referencias a Leonora Tubbs-Tisdale, autora de Preaching as Local Theology and Folk Art (Minneapolis: Fortress Press, 1997); a John McClure, autor de The Roundtable Pulpit (Nashville: Abingdon Press, 1995); y a varias teólogas feministas, tales como Carol Schlueter, Christine Smith, y Elsa Tamez.
Trípode homilético cumple su propósito, pues sería un buen libro de texto para cursos básicos de homilética. Sin embargo, la brevedad del libro obliga al autor a resumir varias ideas y a dar por sentado que su audiencia comprende ciertos conceptos teológicos avanzados. Por esta razón, la lectura de este libro se haría difícil para principiantes que deseen estudiar el mismo por su cuenta. Este es un libro de texto, que necesita de un maestro o maestra que ayude al estudiantado a usarlo con provecho.
Reseña Bibliográfica: Christophe Zenses. Siervo de la palabra: Manual de Homilética.Buenos Aires: ISEDET, Publicaciones EDUCAB, 1997. pp. 140. Rústica.
El Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET) es una de los seminarios más importantes de América Latina. El mismo ha sentado la pauta en la educación teológica en el Cono Sur. Uno de los proyectos que ISEDET ha estado desarrollando recientemente es su Programa de Educación Abierta, mejor conocido por las siglas EDUCAB. Este programa provee educación teológica accesible para líderes laicos y agentes pastores tanto en residencia como a distancia. EDUCAB produce manuales educativos muy particulares. Los mismos presentan ideas teológicas en forma accesible para el pueblo. Además, son un híbrido entre un libro y un cuaderno de trabajo (“workbook”). Esto es, contienen secciones explicativas, lecturas, ejercicios de práctica y una bibliografía comentada para dirigir los pasos de las personas interesadas en profundizar sobre el tema.
La obra Siervo de la Palabra: Manual de Homilética es uno de los libros de texto producidos por EDUCAB. Ha sido escrito por Christophe Zenses, el actual profesor de homilética de ISEDET. El libro se divide en cuatro unidades principales, precedidas por una corta introducción. La primera unidad trata el tema de la teología bíblica de la predicación, partiendo del estudio del concepto “palabra” tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Incluye, además, algunas pistas para la interpretación bíblica. La segunda unidad, titulada Predicación e Iglesia,explora la historia de la predicación y el lugar privilegiado que ocupa el sermón en la tradición protestante. La tercera unidad se titula Predicación: Un sistema de comunicación,tema que explica en forma exhaustiva. La última unidad se llama Elaboración del sermón.Esta propone un sistema para el desarrollo de la homilía, explicando en detalle siete modelos sermonarios. El libro concluye con varios anexos, entre los que se destaca una excelente bibliografía comentada.
El manual de Zenses de distingue del resto de los textos de homilética disponibles en español por varias características. Primero, ofrece útiles ejercicios que facilitan el uso del manual tanto a distancia como en el salón de clases. Segundo, contiene varias secciones con citas extensas sobre el tema de la predicación. La selección de las fuentes de estas citas es muy amplia, ya que entre los autores citados por Zenses se encuentran Crisóstomo, San Agustín, Martín Lutero, Karl Barth, Jacques Ellul, Fred Craddock, Juan Luis Segundo y José Severino Croatto, entre otros. Tercero, Zenses explora algunas de las perspectivas de la nueva escuela norteamericana de homilética, representada por Craddock.
Ahora bien, el aporte principal del libro “Siervo de la palabra” es su perspectiva teológica. Zenses, quien es Europeo, demuestra un extenso conocimiento de la teoría homilética francesa y alemana. El autor se refiere con igual facilidad al desarrollo de las tradiciones homiléticas europeas como a los aportes contemporáneos a la discusión del tema. Entre los autores que cita se destaban Nelson Kirst y Gert Theissen. En este sentido, Siervo de la Palabra es una ventana a la homilética europea contemporánea.
No obstante, debemos reconocer que el manual tiene ciertas limitaciones. La primera es la tipografía, ya que el libro contiene varias erratas de imprenta. La segunda es la limitada sección teológica, que se circunscribe casi exclusivamente a los aspectos bíblicos del tema. La tercera es su inconsistente sección histórica, que prácticamente se detiene en la Reforma Protestante. La cuarta es que, fuera de los libros de Craddock, Zenses no hace referencia a la inmensa cantidad de materiales homiléticos que se están produciendo en los Estados Unidos.
Quizás la debilidad principal del libro es su uso limitado de la bibliografía producida por personas hispanoamericanas sobre el tema de la predicación. Viniendo de un profesor de ISEDET, era de esperarse que el libro incluyera un capítulo sobre Predicación y Liberación. Sin embargo, las referencias a Leonardo Boff y a Justo L. González–quienes han abordado el tema–brillan por su ausencia.
A pesar de las debilidades que hayamos podido señalar, concluimos recomendando el libro “Siervo de la palabra” con entusiasmo. El mismo podría ser particularmente útil para la enseñanza de la predicación en escuelas teológicas de habla hispana y en programas de estudio a distancia.