Cuando la duda asalta es un sermón sobre mateo 11.1-11, acompañado de un bosquejo listo para predicar, por el Dr. Pablo A. Jiménez.
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Texto: Mateo 11.1-11
Idea central: La duda no cancela nuestra fe ni invalida nuestra relación con Dios.
Área: Cuidado pastoral
Propósito: Proveer cuidado pastoral a la Iglesia.
Lógica: Inductiva
Diseño: Expositivo
Introducción
Uno de los aspectos universales de la experiencia de vida es la duda. Dudamos constantemente: de decisiones pequeñas y cotidianas, de caminos que elegimos, de palabras que dijimos o que callamos. Sin embargo, hay dudas que van más allá de lo inmediato y lo práctico; son dudas que tocan el centro mismo de nuestra existencia. Con el paso del tiempo, especialmente cuando llegamos a etapas más avanzadas de la vida, esas preguntas se vuelven más profundas y, a veces, más dolorosas. Entonces surge la inquietud que inquieta el alma: ¿he cumplido mi propósito?, ¿ha tenido sentido mi vida?
Una lección de la Escritura
Estas preguntas no son ajenas a la fe ni exclusivas de quienes se sienten débiles espiritualmente. La Escritura nos muestra que incluso personas de profunda convicción y clara vocación han enfrentado momentos de incertidumbre. Un ejemplo conmovedor lo encontramos en Juan el Bautista, tal como lo relata el Evangelio según Mateo. Juan fue un hombre llamado por Dios desde antes de nacer, un profeta valiente que denunció la injusticia, anunció la venida del Mesías y preparó el camino del Señor. Sin embargo, cuando lo encontramos en Mateo 11, Juan no está predicando junto al Jordán; está encerrado en una cárcel, aislado, limitado y consciente de que su muerte se acerca.
Desde ese lugar de encierro y fragilidad, Juan envía a sus discípulos a preguntar a Jesús: “¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” (Mt 11.2-3) Esta pregunta no debe leerse como una negación de la fe, sino como el clamor de un ser humano que, ante la cercanía del final, busca confirmación. Es como si Juan se preguntara si su vida, su sacrificio y su mensaje realmente habían valido la pena. La duda que asalta a Juan es una duda profundamente humana: la necesidad de saber que la vida tuvo sentido.
La respuesta de Jesús es reveladora y pastoralmente significativa. Jesús no reprende a Juan ni desestima su pregunta. Tampoco responde con un discurso teológico abstracto. En lugar de eso, señala sus obras: los ciegos ven, los cojos caminan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres se les anuncia el evangelio. Con estas palabras, Jesús afirma que el Reino de Dios está en acción. De manera implícita pero poderosa, le comunica a Juan que su misión no fue en vano. Aquello que Juan anunció con fidelidad ahora se está cumpliendo ante los ojos del mundo.
Aplicación
Este diálogo nos enseña que la duda no cancela nuestra fe ni invalida nuestra relación con Dios. Por el contrario, puede convertirse en un espacio de encuentro más profundo con Él. Todos enfrentamos dudas en distintas etapas de la vida, y eso no nos hace menos creyentes. A veces, la duda es una invitación a mirar más de cerca lo que Dios ya está haciendo, incluso cuando no lo percibimos con claridad. Es un llamado a regresar a la fuente de nuestra esperanza y a recordar que el sentido de la vida no siempre se mide por resultados visibles o reconocimientos humanos.
Cada etapa de la vida tiene su propio llamado y sus propias posibilidades. La juventud, la madurez y la vejez no son tiempos vacíos ante Dios, sino momentos distintos para vivir y encarnar el propósito divino. Nuestro contexto puede cambiar, nuestras fuerzas pueden disminuir y nuestras circunstancias pueden volverse más complejas, pero la misión de Dios para nuestras vidas no se agota. Lo esencial es mantener un corazón dispuesto, abierto a la voluntad de Dios, aun cuando las dudas nos asalten.
Conclusión
Por eso, aun en medio de la incertidumbre, afirmamos con fe que siempre hay propósito, esperanza y dirección en Dios. Incluso cuando no tenemos todas las respuestas, podemos confiar en que Dios da sentido al camino recorrido y al que aún queda por andar. Cuando la duda asalta, no estamos solos: el Dios que llamó, que acompañó y que sostuvo nuestra vida sigue presente, reafirmando que nada vivido en fidelidad se pierde ante sus ojos.











