The Gospel of Mark introduces Jesus as the “stronger one,” who has the authority to defeat the forces of evil. In Mark 3:22-27, Jesus confronts his accusers with an undeniable truth: “No one can plunder the strong man’s house without first tying him up.” Jesus not only casts out demons but also reveals his dominion over evil.
El Evangelio de Marcos nos presenta a Jesús como el “hombre más fuerte”, quien tiene la autoridad para vencer las fuerzas del mal. En Marcos 3:22-27, Jesús demuestra su poder al confrontar a sus acusadores con una verdad irrefutable: “Nadie puede saquear la casa del hombre fuerte sin antes atarlo”. Jesús no solo expulsa demonios, sino que también revela su dominio sobre el mal.
Jesus arrives in God’s kairos, the perfect time, to inaugurate the Kingdom of God. His message is clear: “The time has come, and the kingdom of God has come near” (Mark 1:15). Through acts of power, such as healings and exorcisms, Jesus demonstrates that God’s Kingdom is present among us.
Jesús llega en el kairós de Dios, el momento perfecto, para inaugurar el Reino de Dios. Su mensaje es claro: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado” (Marcos 1:15). Con actos de poder, como sanidades y exorcismos, Jesús muestra que el Reino de Dios está presente entre nosotros.
Beyond his power, Jesus teaches with wisdom through parables, revealing the values of the Kingdom: love, justice, and mercy. He calls us to live as a community that reflects these eternal values, while hatred and injustice have an expiration date.
Además de su poder, Jesús enseña con sabiduría a través de parábolas, revelando los valores del Reino: amor, justicia y misericordia. Él nos llama a vivir como una comunidad que refleje estos valores eternos, mientras que el odio y la injusticia tienen fecha de expiración.
Jesus redefines leadership as service, saying, “Whoever wants to be great among you must be your servant” (Mark 10:43). His life is an example of sacrificial love, inviting us to follow him with courage and dignity.
Jesús redefine el liderazgo como servicio, diciendo: “El que quiera ser grande entre ustedes, debe ser su servidor” (Marcos 10:43). Su vida es un ejemplo de amor sacrificial, invitándonos a seguirlo con valentía y dignidad.
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“Yo no buscaba a Dios. Era centurión romano, endurecido por la guerra, habituado al castigo y la muerte. Pero esa madrugada todo cambió. Nos avisaron que los líderes judíos habían arrestado a un tal Jesús de Nazaret. Lo acusaban de blasfemia, pero querían que nosotros, los romanos, lo matáramos. Pilato, irritado por la presión política, nos lo entregó para castigo. Nunca imaginé lo que ese día me enseñaría.
Azotamos a Jesús brutalmente. Su cuerpo sangraba por los golpes, su piel abierta por los látigos con huesos y metal. Lo humillamos, burlándonos de su supuesto reinado, colocándole una corona de espinas. Cuando lo llevamos al Gólgota, apenas podía caminar. Obligamos a un tal Simón de Cirene a cargar su cruz. Lo crucificamos en una roca manchada de muerte. Tres clavos lo fijaron al madero.
Pero lo que vino después trastocó mi mundo. Desde la cruz, Jesús habló… ¡oró por nosotros! “Padre, perdónalos”, dijo. Aún colgado, mostró compasión por un ladrón arrepentido y por su madre. Pronunció palabras de amor, esperanza y abandono. “Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” clamó, revelando su angustia.
A las tres de la tarde, la tierra tembló y el cielo se oscureció. Todo Jerusalén quedó en silencio. Entonces, gritó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. No fue un susurro, fue un grito poderoso. Y yo, un verdugo endurecido, no pude más.
Lo que vi no fue simplemente la muerte de un hombre. Fue algo sobrenatural. Fue amor encarnado, crucificado. Allí, al pie de esa cruz, mi corazón de soldado se quebró. Entendí lo que ni los sacerdotes ni la multitud comprendieron.
Por eso, sin temor, con el alma al descubierto, confesé lo que ahora sé con certeza: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.”
Ese día no solo ejecutamos a un inocente. Presenciamos el acto más grande de amor que el mundo haya visto.
Y yo, un centurión romano, me convertí en el primer testigo de esa verdad eterna.”
Pedro no fue el único que negó a Jesús es un sermón sobre la negación de Pedro, apropiado para la Semana Santa y basado en Marcos 14.
Luego de cantar el himno, fueron al monte de los Olivos. 27 Allí Jesús les dijo: «Todos ustedes se escandalizarán de mí. Está escrito: “Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas.” 28 Pero después de que yo haya resucitado, iré delante de ustedes a Galilea.» 29 Entonces Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen, yo no lo haré.» 30 Jesús le dijo: «De cierto te digo que esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres veces.» 31 Pero Pedro insistía: «Aun si tuviera que morir contigo, no te negaré.» Y todos decían lo mismo. – Marcos 14.26-31
¿Sabías que Pedro no fue el único que negó a Jesús? 😱 En el escandaloso momento previo a la crucifixión, ¡todos los discípulos abandonaron al Señor! En este poderoso mensaje titulado “¡Pedro NO fue el único! El ESCANDALOSO momento cuando TODOS abandonaron a Jesús”, exploramos Marcos 14 para descubrir:
La fragilidad humana frente al miedo y la presión.
La misericordia de Jesús, que aun sabiéndolo todo, no los rechazó.
Una lección de humildad y redención para nosotros hoy.
¿Alguna vez te has sentido como si hubieras fallado a Dios? Este mensaje te recordará que su gracia es más grande que nuestras caídas.
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Este sermón parte de la profecía de Juan el Bautista, quien anuncia la llegada de uno más poderoso que él: Jesús de Nazaret. Jesús no solamente será superior en autoridad, sino que también bautizará con el Espíritu Santo, inaugurando así una nueva era en la historia de la salvación. El sermón tiene un enfoque evangelizador, expositivo e inductivo, presentando a Jesús como el “hombre más fuerte” que capacita a sus seguidores para vivir en el poder del Espíritu.
El concepto del tiempo es central en este mensaje. El Nuevo Testamento diferencia entre kronos (tiempo cronológico) y kairós (tiempo cualitativo). Jesús llega en el kairós de Dios, el momento perfecto, impulsado por el poder del Espíritu. Tras su bautismo, Jesús enfrenta la tentación en el desierto, preparación espiritual para su misión.
Jesús proclama la llegada del Reino de Dios en Galilea, anunciando tiempos de salvación y arrepentimiento. En el Evangelio según Marcos, la manifestación del Reino se expresa en actos de poder: exorcismos y sanaciones. El primer milagro registrado es la expulsión de un demonio en una sinagoga, demostrando que las fuerzas del mal no pueden resistir su presencia. Jesús muestra su poder irresistible al sanar enfermos y leprosos, y se identifica como el “hombre más fuerte” que vence el mal en su propio terreno.
El sermón también resalta la sabiduría de Jesús, evidente en sus parábolas sobre el Reino, como la semilla de mostaza. Estos relatos enseñan valores divinos como la bondad, la justicia y la misericordia. A su vez, se contraponen los “disvalores” como el odio y la injusticia, que son temporales y destinados a desaparecer.
Jesús es además presentado como la encarnación de la misericordia de Dios. Introduce un nuevo modelo de liderazgo basado en el servicio, no en el dominio. Según Marcos 10:42-45, el verdadero líder es aquel que sirve y está dispuesto a dar su vida por los demás.
Finalmente, el sermón invita a los oyentes a seguir a Jesús en el camino hacia la cruz, como lo hizo Bartimeo tras ser sanado. Este llamado es urgente: cada creyente debe responder al kairós de Dios, tomar su cruz y seguir a Cristo con fidelidad y entrega.
Los planes de Dios para ti es un bosquejo de sermón sobre la esperanza, listo para predicar, basado en Jeremías 29.11.
Rudimentos – Los planes de Dios para ti
Texto: Jeremias 29.11
Idea central: Dios nos invita a confiar en su propósito para nuestras vidas; un propósito de bondad, incluso cuando no entendemos lo que está sucediendo.
Área: Desafío profético
Propósito: Llamar al pueblo a perseverar en la fe aún en medio de la incertidumbre.
“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” – Jeremías 29:11 RVR1960
Introducción
Jeremías 29:11 es un texto muy conocido, citado y recordado, pero la mayor parte de la gente lo toma como una promesa suelta, sin tomar en cuenta su trasfondo histórico y su contexto literario. Hoy consideraremos el mensaje de este texto, que nos invita a confiar en que Dios tiene un propósito de paz y esperanza para su pueblo, aún en tiempos de exilio, sufrimiento y angustia.
1. Trasfondo Histórico: El Exilio en Babilonia
Para entender correctamente este versículo, necesitamos primero ponerlo en su contexto histórico. Jeremías 29:11 es parte de la carta que el profeta Jeremías envió a los exilados de Judá que se encontraban en Babilonia. El pueblo de Judá había sido conquistado por Nabucodonosor, rey de Babilonia, y muchos de sus habitantes fueron deportados a esa tierra extranjera. Este fue un momento de gran dolor, incertidumbre y angustia para el pueblo de Dios.
El exilio babilónico, que comenzó en el 597 a.C. y culminó con la destrucción del templo en 586 a.C., marcó el fin del reino de Judá y una de las experiencias más traumáticas para el pueblo de Israel. Fueron deportados a una tierra extranjera, lejos de su hogar, de su templo y de su forma de vida. El sentimiento de pérdida y desesperanza era profundo. ¿Dónde estaba Dios en medio de esta tragedia? ¿Por qué les había permitido ser llevados cautivos?
En medio de esta situación, Dios envía un mensaje de juicio a través de Jeremías. No era el mensaje de pronta y fácil liberación que muchos querían oír, sino una palabra dura de escuchar. Sin embargo, el juicio no era la palabra final. El juicio era solo el preámbulo de la verdadera palabra de liberación, que llamaba a vivir en su nuevo contexto con fe, esperanza y obediencia, ya que Dios seguía siendo fiel a sus promesas.
2. Contexto Literario: La Carta de Jeremías a los Exilados
El versículo que nos ocupa se encuentra en el capítulo 29 de Jeremías, en una carta que el profeta envió a los exilados. En esta carta, Jeremías les ofrece un consejo pastoral y les anima a vivir una vida plena en Babilonia, a pesar de su situación de exilio. En los primeros versículos de este capítulo, les exhorta a que construyan casas, planten huertos, se casen y tengan hijos. En otras palabras, les dice que resistan el sufrimiento; que sigan adelante y se establezcan en la nueva realidad en la que viven.
El mensaje que les trae Jeremías también es un llamado a la esperanza, a la confianza en que Dios no los había olvidado. El versículo 11 es una promesa divina que resalta el carácter de Dios como aquel que tiene un propósito bueno, incluso cuando todo parece estar en ruinas. A pesar del sufrimiento que experimentaban, Dios les asegura que su futuro está en sus manos, y que Dios tiene planes para su bienestar y restauración.
3. El Texto: Jeremías 29:11
En este contexto de dolor y sufrimiento, Jeremías 29:11 resalta como una luz de esperanza: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” Esta es una promesa radical y profundamente reconfortante.
3.1. “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros”
Aquí encontramos un énfasis en el conocimiento divino. Dios conoce a su pueblo, sus circunstancias, sus luchas, su sufrimiento. Cuando Dios dice que “sabe los pensamientos que tiene acerca de nosotros”, nos está asegurando que, a pesar de nuestra angustia, tiene un plan claro y determinado para nuestras vidas. Este conocimiento no es casual o superficial; es un conocimiento profundo, lleno de amor y compasión.
El texto subraya que el conocimiento de Dios nos da seguridad. No estamos solos ni abandonados, aún en medio de nuestras luchas. A veces, podemos sentir que Dios se ha olvidado de nosotros, pero este versículo nos recuerda que Dios es un Dios presente, que cuida de nosotros y tiene planes buenos para nuestras vidas.
3.2. “Pensamientos de paz, y no de mal”
La palabra “paz” en este versículo no se refiere solo a la ausencia de conflicto, sino a un bienestar completo, a la plenitud que solo Dios puede dar. El pensamiento de paz de Dios es un pensamiento que busca el bienestar integral de su pueblo. En tiempos de exilio, los israelitas estaban deseando ser restaurados a su tierra y a su antigua vida. Pero el mensaje de Dios es que sus pensamientos no son de mal, no son pensamientos de condena, de juicio final o de destrucción, sino de restauración, de paz y de esperanza.
El texto nos llama a confiar en los planes divinos incluso cuando no entendemos cómo se desarrollarán. La paz de Dios es más profunda que cualquier circunstancia temporal; no depende de lo que estamos viviendo en el presente, sino de la certeza de que Dios tiene un futuro preparado para nosotros.
3.3. “Para daros el fin que esperáis”
Finalmente, la promesa de un futuro lleno de esperanza se ratifica al decir que Dios tiene un “fin” o un propósito para su pueblo. Este “fin” no es solo una conclusión de la historia, sino una culminación gloriosa, una restauración de lo perdido. El pueblo de Judá no solo experimentaría el regreso a su tierra, sino también una restauración espiritual, una renovación de su relación con Dios.
El fin que Dios tiene preparado no es solo un regreso físico a la tierra prometida, sino una renovación del pacto, una restauración integral. A veces, nuestras esperanzas se limitan a lo inmediato, pero Dios nos invita a mirar más allá de lo visible, hacia un futuro eterno y perfecto con Él.
Conclusión
Mis buenos hermanos y mis buenas hermanas, la promesa de Dios a través de Jeremías 29:11 es para cada uno de nosotros. Vivimos en un mundo lleno de incertidumbres, dificultades y momentos de dolor. Nuestro mundo ha entrando en tiempos turbulentos donde las fuerzas del mal, del pecado y de la muerte han avivado viejas controversias que —equivocadamente— creíamos superadas. Lejos de la paz que anhelamos, hoy estamos rodeados de desafíos que nos parecen insuperables.
En este contexto, la Biblia nos recuerda la soberanía de Dios. A pesar de todo, Dios sigue en control de la historia. Por eso, el texto hoy nos recuerda que Dios tiene pensamientos de paz para nosotros, planes para darnos un futuro lleno de esperanza.
Hoy Dios nos invita a confiar en su propósito para nuestras vidas; un propósito de bondad, incluso cuando no entendemos lo que está sucediendo. Así como Dios restauró a su pueblo después del exilio, confiamos en que también nos restaurará a nosotros en su tiempo perfecto. En medio del sufrimiento, podemos encontrar consuelo en saber que Dios está trabajando en nuestras vidas, y que su plan es siempre para nuestro bienestar, para darnos un futuro de esperanza.
La promesa de esperanza es clara, no solo en las páginas del AT, sino también en las del NT. Recordemos Filipenses 1.6: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.
¡Que esta promesa nos anime hoy a seguir adelante, confiando en el carácter fiel y amoroso de nuestro Dios! Que podamos vivir con la certeza de que, aunque las circunstancias puedan ser difíciles, Dios tiene un futuro de paz y restauración preparado para nosotros. En el nombre de Jesús. Amén.
Exploremos el concepto de la “bondad” en la Biblia, una virtud central en las Escrituras que refleja el carácter mismo de Dios.
En el Antiguo Testamento, la palabra hebrea “ḥeseḏ” se traduce comúnmente como “bondad”, “misericordia” o “amor inquebrantable”. Este término no es solo una emoción, sino que implica acciones concretas en beneficio de otros, especialmente dentro de una relación de pacto. Dios manifiesta su ḥeseḏ al mantener su compromiso y lealtad hacia su pueblo, incluso cuando este le es infiel.
Por ejemplo, en Éxodo 34.6, Dios se describe a sí mismo como “grande en misericordia y verdad”, destacando su naturaleza bondadosa y fiel. La ḥeseḏ de Dios es una expresión de su amor que cura heridas, reconcilia relaciones y trae esperanza a los desesperados.
En el Nuevo Testamento, la bondad se refleja en la vida y enseñanzas de Jesús. Él personifica la bondad divina al mostrar compasión, sanar a los enfermos y enseñar sobre el amor al prójimo. El apóstol Pablo, en Gálatas 5.22-23, incluye la bondad como parte del fruto del Espíritu, indicando que es una característica que debe manifestarse en la vida de todo creyente.
La bondad en la Biblia va más allá de simples actos de amabilidad; es una inclinación natural a hacer el bien, un interés activo en el bienestar de otros. Es una virtud que refleja la excelencia moral y la integridad, buscando siempre formas de ayudar y servir a los demás.
Al entender la bondad desde una perspectiva bíblica, somos llamados no solo a recibir la bondad de Dios, sino también a ser agentes de su bondad en el mundo, actuando con misericordia, lealtad y amor inquebrantable hacia nuestro prójimo.
Damos gracias a Dios por su bondad. Quiera Dios capacitarnos para que podamos vivir diariamente reflejando esta virtud en nuestras acciones y relaciones.
El amor es una de las palabras más poderosas y profundas en la Biblia. Pero, ¿qué significa realmente? ¿Cómo lo describe Dios en su Palabra? Hoy exploraremos el concepto bíblico del amor y su impacto en nuestra vida.
En el Antiguo Testamento, la palabra “amor” se traduce principalmente del hebreo āhēḇ, un término que abarca un amplio rango de significados. Describe el amor entre personas, el amor por la sabiduría y, lo más importante, el amor de Dios por su pueblo.
Dios no solo ama a Israel de manera formal como nación, sino que su amor implica un compromiso inquebrantable, basado en una relación personal. Como dice Jeremías 31.3: “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”.
El amor de Dios es más profundo que el de una madre por sus críos (Isaías 49:15). El profeta Oseas nos da una imagen poderosa de este amor a través de su relación con Gomer: un amor que perdona, que restaura y que permanece fiel, incluso cuando es rechazado.
El amor en la Biblia: Nuevo Testamento
En el Nuevo Testamento, el amor toma una nueva dimensión con la palabra griega agapē, que expresa un amor incondicional y sacrificial. Este es el amor que Dios mostró al mundo al enviar a su Hijo Jesucristo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…” (Juan 3.16).
El amor de Dios es acción. No es solo un sentimiento, sino que es una entrega total. La muerte de Jesús en la cruz es la máxima expresión de este amor. Como dice Romanos 5.8; “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.
Este amor de Dios no solo nos alcanza, sino que nos transforma. Jesús nos llama a amar a Dios con todo nuestro ser y a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22.37-39). Aún más: Jesús nos desafía a amar a nuestros enemigos y orar por quienes nos persiguen (Mateo 5.44).
El amor cristiano no es solo un mandato, sino la esencia de nuestra fe. ¿Por qué? Porque 1 Juan 4.8: “Dios es amor”. Por eso, cuando vivimos en amor reflejamos la gloria divina y le mostramos al mundo que somos discípulos de Jesucristo.
El principio de la sabiduría es una prédica cristiana sobre Proverbios 1.7 que contrasta la inteligencia y la sabiduría desde la óptica bíblica.
¿Cuál es la clave para vivir una vida plena y con propósito? En este inspirador mensaje, el Dr. Pablo A. Jiménez nos guía a través del libro de Proverbios, revelando cómo la sabiduría nos enseña a vivir de manera provechosa y en comunión con Dios. Desde el corazón de las Escrituras, descubrimos que el verdadero éxito no se encuentra en la riqueza, la fama o el placer momentáneo, sino en acercarnos a Dios con reverencia y amor.
Acompáñanos en esta profunda reflexión sobre el principio de la sabiduría basada en Proverbios 1.7, donde la sabiduría clama en las calles, llamándonos a abandonar la necedad y a seguir el camino de la vida. Exploraremos cómo la Biblia personifica la sabiduría como una voz que nos instruye y nos advierte sobre las consecuencias de rechazar el conocimiento divino.
En este mensaje, aprenderemos:
✅ ¿Qué significa “El principio de la sabiduría es el temor del Señor”? (Proverbios 1:7)
✅ Cómo la sabiduría nos ayuda a tomar decisiones correctas y a evitar el engaño del pecado.
✅ La diferencia entre inteligencia y sabiduría, y por qué esta última es esencial para una vida fructífera.
✅ Cómo aplicar los principios de Proverbios a nuestra vida diaria para experimentar paz, estabilidad y éxito verdadero.
📌 Sermón expositivo, de lógica inductiva
🎤 Predicador: Dr. Pablo A. Jiménez
📖 Texto bíblico: Proverbios 1.7
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Cómo lidiar con las divisiones es una prédica cristiana sobre 1 Corintios 3.4-15, proclamada en la “bema” del Foro de Corinto.
¿Cómo podemos lidiar con los problemas que surgen dentro de la Iglesia? En este poderoso mensaje, el Dr. Pablo A. Jiménez nos lleva al corazón del conflicto en la iglesia de Corinto, explicando el significado de 1 Corintios 3.4-15 desde el mismo lugar donde Pablo predicó: el parque arqueológico del Foro de Corinto.
En la enseñanza titulada Cómo lidiar con las divisiones, exploramos cómo la iglesia primitiva enfrentó problemas de división, favoritismo y orgullo espiritual, y descubrimos principios bíblicos fundamentales para edificar nuestra fe sobre el único fundamento verdadero: Jesucristo.
1 Corintios 3.10-11 – Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica.11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
Acompáñanos en este recorrido por la historia y la Palabra, y aprende cómo lidiar con las divisiones y cómo superar las diferencias dentro del cuerpo de Cristo, construyendo una comunidad basada en el amor, la unidad y la verdad del Evangelio.
📌 Fecha de grabación: 22 de febrero 2025
📍 Ubicación: Parque Arqueológico de Corinto, Grecia
🎤 Predicador: Dr. Pablo A. Jiménez
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Un mensaje a las naciones es un sermón sobre misión y discipulado, en clave postcolonial, sobre Mateo 28.16-20, el texto conocido como “La Gran Comisión”.
Hace unos años estaba escuchando la radio, donde había un debate sobre la vida y la muerte. Algunas personas hablaban a favor o en contra de la reencarnación. Entonces uno de los oyentes dijo: “Creeré el día que alguien regrese de la muerte y me diga si hay cielo o infierno”.
Esas palabras me llevaron a pensar en Jesús, quien venció la muerte con poder al resucitar de entre los muertos. Específicamente, mi mente se remontó a Mateo 28.16 al 20, que dice:
Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17 Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
En este pasaje hay tres puntos clave:
Toda potestad ha sido dada a Jesús.
Dios nos ha enviado a bautizar a todas las naciones.
Dios nos llama a enseñarle a los nuevos creyentes todo lo que nos ha mandado.
La pregunta que se impone es: ¿Cómo el Imperio Romano tomó esas palabras? ¿Las vieron con un acto revolucionario o como una ofensa a la majestad del Emperador? ¿En qué lugar quedó la Iglesia ante el Imperio?
Puntos a desarrollar
1. Jesús tiene toda potestad sobre cielo y tierra
De acuerdo a los criterios del mundo, Roma, su ejército y sus lacayos tenían todo el poder en sus manos. Sin embargo, Jesús afirma en Mateo 28.18 que tiene toda “potestad”, es decir, toda autoridad sobre los cielos y la tierra. ¿Hay algún elemento que pruebe la veracidad de las palabras de Jesús?
La transformación que experimentaron los discípulos de Jesús es la mayor prueba de la potestad de Jesucristo sobre los cielos y la tierra. Los mismos once discípulos que huyeron, se escondieron y hasta negaron conocer a Jesús en el día de su crucifixión, son los mismos hombres que se revelan públicamente como mensajeros del Evangelio en el día de Pentecostés (véase Hechos 2). Más aún, la historia de la Iglesia nos enseña que todos ellos estuvieron dispuestos a dar su vida por Cristo. Esa transformación es evidencia clara de la autoridad y el poder de Jesús, el Cristo.
Aquí vemos que, a pesar de todos los horrendos sufrimientos que Jesús padeció a manos de las autoridades terrenales, el Cristo resucitado reclama la potestad universal. Se identifica como el misericordioso Señor de la Gracia, del perdón y de la redención. Como dice Filipenses 2.5-11:
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Esto nos muestra su gran dominio y potestad.
2. Dios llama a la Iglesia a bautizar personas de todas las naciones
En el texto bíblico, “naciones” es la traducción de “ethnos”. Por lo tanto, el texto se refiere a los grupos étnicos no-judíos. De este modo, la fe cristiana, que comenzó como una secta judía, se expande a todas las naciones.
Recordemos que el bautismo cristiano surge de los rituales de purificación del judaísmo, según aparecen en las leyes del Antiguo Testamento. De este modo, se expande un ritual nacional para convertirse en un ritual global, que debe llevarse a cabo en todas partes del mundo. Esto explica la oposición del judaísmo normativo a la naciente fe cristiana.
Por lo tanto, la fe cristiana en sus inicios sufrió oposición tanto del liderazgo romano como del judío. Visto con ojos humanos, obedecer el mandato de Jesús parecía un suicidio. Sin embargo, la Iglesia de Jesucristo perseveró en la fe y pudo crecer aún entre tanta oposición. Hoy el Imperio Romano no existe, pero la Iglesia Cristiana sigue adelante.
3. Dios llama a la Iglesia a enseñarle a mundo a obedecer las palabras de Jesús.
Jesús nos ordena enseñarle al mundo todo lo que nos legó. Esto nos lleva necesariamente a Juan 15.26-27, donde encontramos toda una porción sobre el Espíritu Santo, cuya tarea es precisamente recordarnos las enseñanzas de Jesús. El texto dice:
Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. 27 Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.
Así que no estamos solos, sino que la divina presencia de Jesús nos guía a través del Espíritu Santo a compartir las buenas noticias de salvación con toda la humanidad. Este mensaje no es solo para los nuestros, ni para las personas que se parecen a nosotros. Por el contrario, es para toda la humanidad, sin importar lengua, pueblo o nación.
El libro de Apocalipsis también afirma esta esperanza. De acuerdo a Apocalipsis 7.9-10, Juan pudo contemplar en visión la Iglesia al final de los tiempos. ¡Y esa Iglesia era multicultural!
Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; 10 y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.
Conclusión
Desde nuestros tempranos años escolares, aprendimos que hay asignaciones que debemos satisfacer. Esas tareas nos ayudan a cumplir con las responsabilidades estudiantiles.
Del mismo modo, Jesús le ha dado una asignación u ordenanza a la Iglesia; una tarea que debemos cumplir: evangelizar al mundo. Dios nos llama a hacer discípulos de todas las naciones, a bautizarles y a educarles en la fe en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
No debemos permitir que el miedo nos cohiba. Debemos dejar a un lado el temor a fracaso y el miedo a ser rechazados. Nuestra tarea no es convencer a la humanidad, sino proclamarles el mensaje del evangelio de Jesucristo.
Por lo tanto, acerquémonos al Señor y consagremos nuestras vidas a Dios, quien nos dará la valentía necesaria para cumplir con la Gran Comisión que nos ha encomendado. Si Aquel que tiene todo poder, toda autoridad y todo dominio nos envía, ¿por qué temer?
¡Vayamos a compartir las buenas noticias de salvación, en el nombre de Jesús! Amén.