Para hacer la diferencia: Un sermón sobre Filipenses 2.12-18

Los fracasos no definen nuestras vidas. Por eso, las personas de fe debemos tratar de vivir a la altura del llamado de Dios a nuestras vidas. Escuche este sermón sobre Filipenses 2, versículos del 12 al 18.

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Filipenses 2.12-13
Filipenses 2.12-13

 

La ilusión del honor (Génesis 4.1-10): Un sermón en ocasión del 11 de septiembre de 2001

La ilusión del honor

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Texto: Génesis 4.1-10

Tema: Dios no justifica el asesinato, aun cuando se haga en nombre del honor.

Área: Cuidado pastoral

Propósito: Ayudar a la audiencia a comprender teológicamente los eventos del 11 de septiembre.

Clasificación: Sermón de ocasión, predicado en el servicio de consolación llevado a cabo en la Iglesia Cristiana «La Hermosa» (Discípulos de Cristo), por la Convención Hispana del Noreste, el 14 de octubre de 2001

Diseño: Expositivo

Lógica: Inductiva

Introducción

Hace un tiempo descubrí un pequeño restaurante de comida árabe, muy cerca de mi oficina, en la ciudad de Indianápolis. Con alegría vi que tenían «baklava», un postre hecho con nueces, azúcar morena, y hojaldre. Mientras decidía si debía romper mi dieta o no, el dueño del restaurante me miró con curiosidad y me preguntó: «¿De qué país viene usted?» Le respondí: «De Puerto Rico, una isla del Caribe». Sorprendido, me dijo: «Usted parece árabe. Debe tener sangre de los moros que vivieron tiempo atrás en España. Yo soy libanés. Total, todos venimos de la cuenca del Mar Mediterráneo.»

Sí, todas las personas hispanas tenemos raíces en la cuenca del Mediterráneo. Esto explica los puntos de contacto entre la cultura hispana y las culturas bíblicas. Por ejemplo, el pueblo latino tiene un alto sentido del honor, al igual que los pueblos hebreos y árabes.

El honor es un valor muy importante en la Biblia. El mismo puede ser muy positivo, pero también puede tener consecuencias negativas. Es positivo cuando nos inspira a hacer el bien, a cumplir nuestra palabra, y a actuar de acuerdo a nuestros ideales. Pero es un valor negativo cuando inspira sentimientos de falso orgullo y de venganza. De hecho, el falso sentido del honor es lo que inspira la primera tragedia de la Biblia: la muerte de Abel a manos de su hermano Caín.

El pecado de Caín

De acuerdo a las Sagradas Escrituras, Adán y Eva, la primera pareja de seres humanos, tuvieron dos hijos (Gn 4.1). El mayor se llamaba Caín, y cuando creció se dedicó a cultivar la tierra. El menor se llamó Abel, y se dedicó a pastorear ovejas (v. 2).

Con el tiempo, Caín y Abel llegaron a ser hombres. Con la madurez, vino la responsabilidad de participar del culto de adoración a Dios. Como sabemos, en los tiempos del Antiguo Israel los sacrificios de animales y la presentación de los frutos del campo eran parte de la adoración a Dios. Es decir, estas eran las «ofrendas» que los creyentes llevaban al altar de Dios.

De acuerdo al relato del Génesis, Caín presentó como ofrenda a Dios parte del fruto que había cosechado (v. 3). Del mismo modo, Abel presentó una oveja como sacrificio a Dios (v. 4a). Es decir, cada hermano trajo consigo una ofrenda que representaba el trabajo que llevaban a cabo diariamente.

Dios consideró las ofrendas de ambos hermanos, mirando con agrado «a Abel y a su ofrenda» (v. 4b). Muchas personas han tratado de explicar por qué Dios prefirió la ofrenda del hermano menor. Podríamos esbozar algunas de esas teorías, defendiendo a Dios en el proceso. Sin embargo, Dios no necesita defensa. Sencillamente, la Biblia indica que una ofrenda fue agradable y la otra no, sin dar razón u explicación alguna.

Caín reaccionó con dolor al juicio de Dios. De hecho, la Biblia lo describe en términos que evocan un estado depresivo: «Por lo cuál Caín se enojó en gran manera y decayó su semblante» (v. 5b). Sin embargo, tratar de psicologizar este texto sería un error. Caín no reacciona de manera negativa porque necesitaba «Prozac» o porque padecía de «desorden bipolar» (la condición mental que está de moda). Por el contrario, Caín reacciona negativamente porque entiende que la decisión de Dios le ha deshonrado públicamente.

En los tiempos de la Biblia, los hermanos mayores tenían más autoridad y más derechos que el resto de la familia. Heredaban una «doble porción», es decir, dos veces la cantidad de dinero y propiedades que los demás. En ausencia del Padre, actuaban como jefes de familia. Después de la muerte del padre, se convertían en los líderes del clan familiar.

El hijo mayor también debía prepararse para tomar las riendas de la vida espiritual de la familia. El jefe de familia era quién dirigía las devociones familiares, quien intercedía a Dios en oración por los miembros de su casa, y quien repartía la bendición divina a cada cual. Por derecho, pues, el liderazgo espiritual le correspondía a Caín, no a Abel. El rechazo de su sacrificio se convirtió en una afrenta, una vejación, una deshonra.

Es precisamente este sentido de falso honor lo que mueve a Caín a asesinar a su hermano Abel. Su honor, violentado por el rechazo de Dios, le lleva a «limpiar la afrenta» motivada por el sacrificio de su hermano.

Dios, quien ve el corazón de Caín, le indica que debe calmarse. Dios le llama a actuar con rectitud, si desea recibir honor. Dios le advierte que «el pecado está a la puerta, acechando» (v. 7b), listo para tomar control de su vida. Caín no escucha la advertencia de Dios. Por el contrario, cegado por la venganza, anda en busca de su hermano. Con engaños, le lleva al campo y lo asesina (v. 8).

Dios va al encuentro del hermano fraticida y pregunta por el paradero de Abel. Dios le da al hermano asesino la oportunidad de confesar su pecado. Caín contesta con desdén, expresando una de las frases más cínicas de toda la Biblia: «No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?» (v. 9). Ofendido por el cinismo y la mentira, Dios confronta a Caín, diciendo: «¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra» (v. 10).

El ataque al «World Trade Center»

¡La voz de la sangre de nuestros hermanos clama a Dios desde la ciudad de Nueva York!

La tragedia experimentada el pasado 11 de septiembre es un triste ejemplo de las consecuencias del pecado que, escondido como un ladrón detrás de una puerta, está listo a despojarnos. El ataque a las dos torres que formaban parte del «World Trade Center», son un hecho infame, que será recordado como una acto vil y cobarde. El asesinato de miles de personas inocentes, las heridas a miles de obreros y transeúntes, y el terror sembrado en los corazones de los habitantes de esta gran ciudad son actos pecaminosos; actos que Dios repudia y rechaza de manera definitiva.

Desde el momento en que ocurrió el primer ataque, muchas personas se han preguntado: ¿Por qué Dios permitió esta tragedia? Debe quedar claro, pues, que Dios no es el responsable de la maldad humana.

  • Dios no dirigió el destino de estos asesinos, ni les ayudó a hacer sus fechorías.
  • Dios no castigó a las personas asesinadas en los aviones, ni a las desaparecidas en los derrumbes.
  • Dios no se complace de la maldad humana.

Estos actos asesinos demuestran que en este mundo hay personas que dedican sus vidas a practicar el mal, a servir al pecado, y a ser agentes de la muerte.

  • Dios rechaza y combate tanto a las fuerzas de la muerte como a quienes les sirven.
  • El Dios de la vida desea que toda la humanidad disfrute la vida a plenitud, gozando del bien, bendiciendo a los demás con alegría.
  • El Dios cristiano no mata a nadie; el Dios de la vida no es un asesino.

La muerte de José D. Sánchez, de Esmerlin Salcedo, de Eliezer Jiménez, de John Robert Cruz, y de tantas otras personas relacionadas a nuestras congregaciones vino a consecuencia del pecado humano, no de la voluntad divina. Es la consecuencia de un acto de venganza, perpetrado por una pandilla de hombres que, como Caín, estaban tratando de limpiar su honor.

«¿Venganza?» podrá preguntar usted. «¿Venganza de qué?» Son actos de venganza por la pasada hegemonía de Gran Bretaña sobre los países árabes; la muerte de miles de palestinos durante los pasados 53 años; por la muerte de cientos de civiles libaneses; por la pérdida de más de un cuarto de millón de soldados iraquíes; y por la forma en que los Estados Unidos reclutó, entrenó, y financió a la guerrilla afgana para lucha contra el ejercito soviético, sólo para abandonarla en el proceso.

Los asesinos del 11 de septiembre pensaron que el asesinato de miles de personas inocentes vengaría la muerte de sus antepasados, de sus amigos, y de sus familiares. Al igual que Caín, un falso sentido del honor les llevó a cometer un acto infame.

Nuestro país debe recordar la lección de este texto bíblico, evitando así dejarse llevar por un sentido equivocado del honor. De otro modo, nuestra sed de venganza sólo lograra causar más tragedias en los países árabes e islámicos. Tragedias que, a su vez, serán vengadas por las próximas generaciones. Debemos hacer todo lo posible por evitar caer en un círculo de venganza.

Creo que debemos aprender tanto del texto bíblico como de la triste experiencia del 11 de septiembre que la venganza es un instrumento del pecado que debemos rechazar. Debemos, pues, orar a Dios pidiendo que nos libre de estos sentimientos de venganza. Aprendamos pues, que el asesinato no se justifica, aún cuando se haga en nombre del honor.

Conclusión

A pesar de mis palabras, muchos podrían todavía preguntar: «¿Dónde estaba Dios cuando se estaban derrumbando las torres?» No sé. No puedo contestar esa pregunta de manera definitiva.

Sólo puedo indicarles mi sospecha de que la clave para contestar esa pregunta desde una perspectiva cristiana está en la cruz de Jesucristo. Jesús también murió de manera trágica, a manos de una «elite» religiosa deseosa de castigar al blasfemo, es decir, al maestro cuyas enseñanzas habían «deshonrado» su religión. A manos de un aparato militar deseoso de castigar al subversivo, que se había declarado «rey de los judíos», deshonrando así al emperador romano.

Yo estoy convencido de que el pasado 11 de septiembre Jesús estaba en su cruz, muriendo de forma trágica una vez más. Estoy convencido de que aquel día Jesús fue sepultado en el alud de metal y concreto que quedó en lugar de los antes imponentes edificios. Y estoy convencido, de que aquellas personas que mueren con Cristo, resucitarán juntamente con él.

*****

Esta es una traducción del sermón titulado «Elusive Honor», publicado en el libro Shaken Foundations: America’s Pulpits after the Terrorist Attacks, editado por David P. Polk (St. Louis, MO: Chalice Press, 2001), pp. 104-109.

Génesis 4.9
Génesis 4.9

Tesoros en vasos de barro: Un sermón sobre 2 Corintios 4

Un sermón sobre 2 Corintios 4, cuya del central es que las personas de fe debemos dar gracia a Dios aun en medio de la debilidad.

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Pablo A. Jimenez
Pablo A. Jiménez

Siete elementos que matan a las congregaciones cristianas

Cuando una Iglesia local abandona la enseñanza del discipulado cristiano y de las disciplinas espirituales, llena ese vacío con siete elementos que pueden destruirla. ¿Cuáles son esos siete elementos? En esta entrevista sobre el tema de la revitalización de la Iglesia el Dr. Pablo A. Jiménez dialoga con Jesús Rodríguez-Cortés, de TeoBytes, sobre este tema.

Acceda al Podcast de TeoBytes usando este enlace: http://bit.ly/2xITwvp

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Elementos que matan congregaciones – TeoBytes 074

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TeoBytes
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Elementos que matan congregaciones – TeoBytes 074

Escuche esta edición del podcast TeoBytes, grabada en el auto, de camino al aeropuerto. Su tema son los Siete Elementos Negativos que Matan a las Congregaciones Cristianas. Esperamos que la escuchen y la comenten. ¡Dios les cuide!

http://teobytes.libsyn.com/elementos-que-matan-a-las-congregaciones-tb074

Características de la predicación pentecostal, por Yadetzi Rodríguez

Lea el artículo de la profesora Yadetzi Rodríguez Sequera, titulado “Características de la predicación pentecostal”. Rodríguez es profesora de Teología Práctica en Semisud, el Seminario Sudamericano en Quito, Ecuador. Reproduzco el artículo con permiso de su autora.

Descargue el artículo en formato PDF.

Yadetzi Rodriguez Predicación Pentecostal
Yadetzi Rodriguez

¿Por qué cierran las Iglesias? – Nueva entrevista en Cambio 180

En toda Iberoamérica hay iglesias que desaparecen. Las razones son múltiples: se enfocan en sí mismas, tienen demasiados programas internos, se desconectan de la comunidad alrededor, carecen de un testimonio de la fe y pierden la razón por la que existen. ¿Cómo las iglesias podrían evitar su desaparición? Dialogamos sobre este tema con el Dr. Pablo Jiménez, decano asociado del Seminario Teológico Gordon-Conwell.

Dialogamos con Pablo sobre:

  • La generación de los constructores de iglesias.
  • La nueva generación y su falta de lealtad a las instituciones.
  • Las iglesias que crecen a expensas de las más pequeñas.
  • La migración de zonas rurales y pequeños pueblos a las ciudades.
  • La lentitud de las iglesias para cambiar.

Cambio 180 – ¿Por qué mueren las Iglesias y cómo evitarlo?

Cambio 180
Cambio 180

Cecilio Arrastía predica “El día del Mesías”

Escuche a Cecilio Arrastía predicando “El día del Mesías”, predicado en la Asamblea de la Obra Hispana de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en los Estados Unidos y Canadá, en el  1992.

Primera parte: 

Segunda parte:

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www.drpablojimenez.com
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Reseña: Teoría y práctica de la predicación, de Cecilio Arrastía

Reseña Bibliográfica

Cecilio Arrastía. Teoría y práctica de la predicación. Miami: Editorial Caribe, 1992, 243 pp.

(Esta reseña fue publicada originalmente en la revista Apuntes 14:1 (Primavera 1994): 29-31.)

Cecilio Arrastía fue, sin lugar a dudas, uno de los predicadores más conocidos y respetados tanto en América Latina como en el ámbito hispano estadounidense. También fue un destacado estudioso y maestro del arte de la predicación. Por varios años, el mundo hispanoamericano esperó la publicación de un manual de homilética escrito por este famoso predicador y maestro cubano. Este libro fue la respuesta a este reclamo.

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Escuche a Cecilio Arrastía predicando “El día del Mesías”:

Primera parte:

Segunda parte:

Teoría y práctica de la predicación presenta características que lo distinguen de otros escritos en su género. En primer lugar, se publicó originalmente como parte del Comentario Bíblico Hispanoamericano. Es un volumen anejo que acompaña la serie con el propósito de fomentar el desarrollo de “una predicación cada vez más bíblica, más pertinente y más ineludible” (p. 7). Segundo, más que un manual de homilética tradicional, el libro presenta la metodología empleada por Arrastía para la preparación de sermones. Esto explica algunos detalles particulares del escrito, tales como la alusión constante a la literatura hispanoamericana y la inclusión del capítulo XII, titulado “La novela y el sermón”.

En el primer capítulo, Arrastía afirma la importancia y la pertinencia de la disciplina para la Iglesia hoy. En el segundo, explora varias definiciones y analogías de la predicación. El método empleado por Arrastía en este capítulo es efectivo, pues al presentar sus analogías mueve la discusión del plano académico a un plano estético y pastoral. El tercer capítulo detalla los “cimientos invisibles” de la homilética. Aquí Arrastía discute el nivel teológico, el emocional y el ético de la predicación.

A partir de este punto Arrastía entra en el campo del diseño del sermón. El cuarto capítulo analiza el problema de la clasificación sermonaria comparando las posiciones de distintos eruditos en la materia. Esta discusión culmina en el quinto con la presentación del modelo existencial o paralelo. Este tipo de sermón hermana aspectos expositivos y narrativos “intercalando entre cada segmento, [sic] reflexiones que vinculen el texto bíblico al texto de la existencia (de ahí lo existencial) de las mujeres y los hombres que oyen” (p. 51). Este es el modelo privilegiado por Arrastía en el escrito. Los capítulos sexto y séptimo consideran problemas hermenéuticos. Una vez más, el primero presenta los métodos abogados por otros expertos en el campo y el segundo presenta la metodología particular de Arrastía. La meta de este proceso de estudio es la elaboración de “la masa homilética”. Esto es, de notas exegéticas acompañadas de citas pertinentes e ilustraciones tanto históricas como literarias. Esta “masa homilética” sirve no sólo para la elaboración del sermón que ha de producirse inmediatamente sino también para producir otras homilías en el futuro. Otra característica del método de Arrastía es el lenguaje que utiliza para referirse a la elaboración del sermón. La “masa homilética” ha de ser vertida en varios bloques o “ladrillos” (p. 72). Estas unidades de pensamiento, en unión a la introducción y a la conclusión, forman el bosquejo del sermón. El método se clarifica en los capítulos octavo y noveno, donde el autor ilustra el proceso presentando la elaboración de sendos sermones. El décimo capítulo culmina la sección sobre diseño ofreciendo consejos prácticos sobre la elaboración de la introducción, el cuerpo, la conclusión y las ilustraciones del sermón.

Los capítulos restantes tratan temas misceláneos tales como el año y el leccionario cristianos (cap. IX), el uso de la literatura hispanoamericana en la elaboración del sermón (cap. X) y el desarrollo de grupos de discusión que apoyen al agente pastoral ya sea en la elaboración o en la evaluación del sermón (cap. XI). El capítulo final, más que una conclusión, es una recapitulación donde Arrastía ofrece otras definiciones y analogías de la predicación, consideraciones hermenéuticas y una reflexión sobre el tema de la vocación. Dos apéndices y una bibliografía redondean el libro.

Arrastía presenta un sistema homilético ecléctico. Por una parte, la base de su sistema es el modelo homilético racionalista inglés. De acuerdo a este modelo, el sermón es un objeto que se “construye”. Esto se ve claramente en el lenguaje que emplea Arrastía: “cimientos homiléticos”, “arquitectura del sermón”, “masa homilética” y “ladrillos”. Por otro lado, Arrastía está al tanto de los defectos del sistema homilético tradicional que hemos aprendido en los manuales de Spurgeon, Broadus y Crane. Por esta razón, modifica el sistema tradicional empleando algunos de los nuevos enfoques de la escuela de homilética norteamericana. Esto lo vemos en las ocasiones cuando se refiere al sermón como un acontecimiento o “happening” (p. 21 y 51); cuando recalca la importancia de la narración en la predicación (pp. 24-26); cuando critica el sermón tradicional de tres puntos (pp. 48-50); y cuando aboga por la inclusión de elementos dialógicos en el sermón (p. 143). Estos elementos enriquecen el modelo de Arrastía y le dan sus rasgos peculiares.

De hecho, Arrastía podría haber mejorado su valiosa obra haciendo referencia a algunos de los tratados de predicación escritos en los últimos años. Por ejemplo, la ausencia de referencias a la extensa obra de Fred Craddock –cuyo libro As One Without Authority (1971) marcó el comienzo de la nueva escuela estadounidense– es sorprendente. El sistema hermenéutico de Arrastía manifiesta la misma falla. La hermenéutica moderna enseña que los textos bíblicos son “polisémicos”, es decir, que pueden ser interpretados de diversas maneras y en distintos sentidos. Sin embargo, el autor afirma que “el pasaje [bíblico] tiene un pensamiento central” (p. 71). Del mismo modo, Arrastía tiende a armonizar los pasajes bíblicos sinópticos, mezclando elementos y frases de los distintos Evangelios sin prestar atención a la teología peculiar de cada autor (vea las pp. 76-80). Esto podría ser corregido fácilmente con una buena dosis de crítica de la redacción.

En este punto debemos recordar las palabras con las cuales el autor comienza la conclusión del libro: “En cierta manera, este libro ha sido un sermón sobre el sermón. Con intención o sin ella, hemos predicado sobre predicar” (p. 213). Esta es una imagen magistral. El libro Teoría y práctica de la predicación es un sermón sobre el arte y la ciencia de la predicación cristiana. Esto explica su hermoso lenguaje, sus punzantes analogías y sus constantes ilustraciones. Esto también explica por qué nuestra respuesta al mismo es un agradecido ¡Amén!

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Textos del Nuevo Testamento que presentan mujeres en posiciones de liderazgo

En lo personal, yo afirmo que Dios llama y capacita mujeres para ejercer el ministerio cristiano. Empero, sé que otras personas sostienen otras posiciones. Aunque diferimos, respeto su posición.

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Ahora bien, recientemente alguien me escribió diciendo que el Nuevo Testamento no habla mujeres posiciones de liderazgo. Con respeto, le indico que eso no es correcto. A continuación presento varios textos bíblicos que mencionan mujeres en posiciones de autoridad en la Iglesia. Los textos bíblicos provienen de la Reina Valera Contemporánea (RVC). Búsquelos en su versión favorita de la Biblia.

No voy a explicar los textos a profundidad, solo le pido que ustedes los lean y los estudien con seriedad. Dejo a su criterio el peso que debe darse a estos pasajes bíblicos. Que Dios les bendiga.

Mujeres en Liderazgo
Mujeres en Liderazgo

Mujeres que seguían a Jesús

Lucas 8.1 Después de esto, Jesús andaba por todas las ciudades y aldeas, y allí proclamaba y anunciaba las buenas noticias del reino de Dios. Lo acompañaban los doce, 2 y también algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades: María, a la que llamaban Magdalena, y de la que habían sido expulsados siete demonios; 3 Juana, la mujer de Chuza, el intendente de Herodes; Susana, y muchas otras que los atendían con sus propios recursos.

Las mujeres proclaman la resurrección a los Once

Mateo 28.8 Entonces ellas salieron del sepulcro con temor y mucha alegría, y fueron corriendo a dar la noticia a los discípulos. 9 En eso, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Salve!» Y ellas se acercaron y le abrazaron los pies, y lo adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo: «No teman. Vayan y den la noticia a mis hermanos, para que vayan a Galilea. Allí me verán.»

Lucas 24.1 Pero el primer día de la semana, muy temprano, las mujeres regresaron al sepulcro. Llevaban las especias aromáticas que habían preparado. 2 Como se encontraron con que la piedra del sepulcro había sido quitada, 3 entraron; pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 4 Mientras ellas se preguntaban qué podría haber pasado, dos hombres con vestiduras resplandecientes se pararon junto a ellas. 5 Llenas de miedo, se inclinaron ocultando su rostro; pero ellos les dijeron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? 6 No está aquí. ¡Ha resucitado! Acuérdense de lo que les dijo cuando aún estaba en Galilea: 7 “Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado. Pero al tercer día resucitará.”» 8 Ellas se acordaron de sus palabras, 9 y cuando volvieron del sepulcro les contaron todo esto a los once, y a todos los demás. 10 Las que contaron esto a los apóstoles eran María Magdalena, Juana, María la madre de Jacobo, y las otras mujeres. 11 El relato de las mujeres les pareció a los apóstoles una locura, así que no les creyeron; 12 pero Pedro se fue corriendo al sepulcro y, cuando miró hacia dentro y vio los lienzos allí dejados, volvió a su casa pasmado de lo que había sucedido.

Mujeres en el liderazgo de la Iglesia Primitiva

Hechos 1.12 Entonces los apóstoles volvieron a Jerusalén desde el monte del Olivar, que dista de Jerusalén poco más de un kilómetro. 13 Cuando llegaron a Jerusalén, subieron al aposento alto, donde se hallaban Pedro, Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, el hermano de Jacobo. 14 Todos ellos oraban y rogaban a Dios continuamente, en unión de las mujeres, de María la madre de Jesús, y de sus hermanos.

Priscila y Aquila educan en la fe a Apolos (*En la literatura griega, una mujer solo se menciona primero si es más importante que el esposo)

Hechos 18.24 Por esos días llegó a Éfeso un judío de Alejandría, que se llamaba Apolos. Era muy elocuente, y tenía un sólido conocimiento de las Escrituras; 25 además, había sido instruido en el camino del Señor, y con espíritu fervoroso hablaba y enseñaba con precisión todo lo concerniente al Señor. Pero sólo conocía el bautismo de Juan. 26 Apolos comenzó a hablar en la sinagoga sin ningún temor, pero cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo llamaron aparte y le expusieron con todo detalle el camino de Dios. 27 Apolos quería ir a Acaya, y los hermanos lo animaron; escribieron a los discípulos de allá para que lo recibieran y, cuando él llegó, fue de mucho provecho para los que, por la gracia de Dios, habían creído, 28 pues con mucha vehemencia refutaba en público a los judíos, y con las Escrituras les demostraba que Jesús era el Cristo.

Mujeres profetizando

Hechos 21.8 Al día siguiente, salimos y nos dirigimos a Cesarea; allí nos hospedamos en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete 9 y que tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban.

1 Corintios 11.5 Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, deshonra su cabeza; es como si se hubiera rapado.

Febe, la diaconisa

Romanos 16.1 Les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea. 2 Les pido que la reciban en el Señor, como merecen ser recibidos los santos, y que la ayuden en cualquier cosa que necesite de ustedes, porque ha ayudado a muchos, y también a mí mismo.

Mujeres que “trabajan en el Señor”

Romanos 16.12 Saluden a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saluden a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor.

Cloé, líder de un grupo en Corinto

1 Corintios 1.10 Hermanos, les ruego por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se pongan de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer. 11 Digo esto, hermanos míos, porque los de Cloé me han informado que entre ustedes hay contiendas. 12 Quiero decir, que algunos de ustedes dicen: «Yo soy de Pablo»; otros, «yo soy de Apolos»; otros, «yo soy de Cefas»; y aun otros, «yo soy de Cristo». 13 ¿Acaso Cristo está dividido? ¿Acaso Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O fueron ustedes bautizados en el nombre de Pablo?

Evodia y Síntique, líderes en Filipos

Filipenses 4.1 Así que, hermanos míos, amados y deseados, gozo y corona mía, ¡manténganse firmes en el Señor, amados! 2 Ruego a Evodia y a Síntique, que se pongan de acuerdo en el Señor. 3 También a ti, mi compañero fiel, te ruego que ayudes a éstas que lucharon conmigo en el evangelio, junto con Clemente y mis otros colaboradores, cuyos nombres están en el libro de la vida.

Requisitos de los diáconos

1 Timoteo 3.8 De igual manera, los diáconos deben ser honestos y sin doblez, no demasiado afectos al vino ni codiciosos de ganancias deshonestas; 9 y deben guardar el misterio de la fe con limpia conciencia. 10 Además, éstos primero deben ser puestos a prueba y, si son irreprensibles, entonces podrán ejercer el diaconado. 11 Las mujeres, por su parte, deben ser honestas, y no calumniadoras, sino sobrias y fieles en todo. 12 Los diáconos deben tener una sola esposa, y gobernar bien sus hijos y sus casas, 13 pues los que ejercen bien el diaconado ganan para sí mismos un grado honroso y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.

Requisitos de los ancianos

Tito 2.1 Pero tú habla de lo que vaya de acuerdo con la sana doctrina. 2 Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor y en la paciencia. 3 Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su porte y maestras del bien, no calumniadoras ni esclavas del vino; 4 deben enseñar a las mujeres más jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, 5 a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas y sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.