La locura de la Predicación – 1 Corintios 1-18

La locura de la predicación es un bosquejo de un sermón expositivo listo para predicar sobre 1 Corintios 1.18-25: la locura de la cruz, poder y sabiduría divina.

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Texto: 1 Corintios 1.15-25

Idea central: Dios ha decidido propagar el mensaje cristiano por medio de la “locura” de la predicación.

Área: Educación cristiana

Propósito: Exhortar a cada creyente a comprender y cumplir su tarea misionera.

Diseño: Expositivo

Lógica: Inductiva


En el mundo antiguo, la palabra hablada era el principal medio de comunicación, educación y diversión. En las plazas públicas —el ágora— los oradores entretenían a la gente con discursos filosóficos, cómicos o retóricos. La sabiduría era símbolo de prestigio, y el arte del bien decir era la herramienta del poder.

En ese contexto cultural, surgen los predicadores cristianos, proclamando un mensaje radicalmente distinto: un carpintero crucificado que había resucitado. El público grecorromano los veía como locos. ¿Cómo podía la muerte de un extranjero ejecutado ser motivo de fe? Sin embargo, esa “locura” era el corazón del Evangelio. Pablo lo declara con valentía:

“La palabra de la cruz es locura para los que se pierden, pero para los que se salvan es poder de Dios” (1 Co 1.18).

Transición: A través de esta paradoja, el apóstol revela cuatro verdades fundamentales sobre el poder transformador de la cruz.

Pablo emplea el término griego moria, que significa “necedad” o “estupidez”, para describir cómo el mundo percibe el Evangelio. Pero esa “locura” es, en realidad, el medio elegido por Dios para salvar.

Mientras los sabios buscan conocimiento y los poderosos ejercen dominio, Dios manifiesta su poder en la debilidad de la cruz. La palabra usada para “poder” (dunamis) implica fuerza activa, energía transformadora.

El Evangelio no es solo un mensaje moral: es dinamita divina que rompe el pecado, sana el corazón y produce nueva vida. La cruz, símbolo de vergüenza para los romanos, se convierte en bandera de victoria para los creyentes.

El Evangelio subvierte los criterios del mundo.

  • Los judíos buscan señales visibles.
  • Los griegos buscan sabiduría racional. Pero Dios ofrece algo que desconcierta a ambos: un Mesías crucificado. La fe cristiana no se edifica sobre el orgullo humano, sino sobre la humildad de Cristo. La sabiduría divina no se mide por la lógica, sino por el amor. El creyente es llamado a ver la realidad con nuevos ojos: en el fracaso aparente de la cruz, Dios revela su mayor triunfo.

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Para Pablo, la sabiduría de Dios no es un sistema de ideas, sino una persona: Jesucristo.

En Él, la sabiduría eterna se hace carne. Lo que antes era una voz clamando en las calles —como en Proverbios 1— ahora habla desde la cruz.

La verdadera sabiduría no se adquiere por razonamiento, sino por revelación del Espíritu Santo. Al aceptar a Cristo, el creyente participa de la sabiduría divina que transforma la mente y el corazón.

Dios siempre ha actuado así:

  • Escogió a Abraham, anciano y sin hijos.
  • Elevó a José, esclavo en Egipto.
  • Fortaleció a David, un joven pastor.
  • Llamó a María, una campesina.
  • Envió a un carpintero crucificado para redimir al mundo.

En cada caso, Dios invierte la escala de valores humanos para manifestar su gloria. La cruz resume ese patrón eterno: la debilidad se convierte en instrumento del poder divino.

La cruz sigue siendo una locura para el mundo moderno. Pero en esa locura se revela el poder y la sabiduría de Dios.

Mientras el mundo busca éxito, placer o poder, Dios sigue ofreciendo salvación a través de Cristo crucificado.

Por eso, el llamado es claro: no nos avergoncemos del Evangelio.

Prediquemos con valentía la locura de la cruz, sabiendo que en ella hay poder para salvar, sanar y transformar vidas.

“Lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Co 1.25).

¿Te atreves a creer en esta locura?

Cristo crucificado —sabiduría de Dios y poder de Dios— te llama hoy a seguirle, a confiar en su amor, y a proclamar su cruz con gozo.

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Cómo bosquejar el Sermón Textual

Un ensayo homilético sobre el diseño del sermón textual con un bosquejo listo para predicar, escritos por el Dr. Pablo A. Jiménez.


Tres modelos para bosquejar el sermón textual 

El sermón textual es aquel que presenta un aspecto del mensaje de un texto bíblico corto, en fidelidad a su contenido, forma y función. Decimos “corto”, porque la atención al detalle que requiere este tipo de sermón nos obliga a examinar sólo uno o dos versículos de las Sagradas Escrituras a la vez.

Aunque no todos los textos bíblicos se prestan para el sermón textual, hay infinidad de versículos que bien pueden servir como punto de partida para nuestras reflexiones. Entre los muchos textos “clásicos” que podemos señalar, destacamos pasajes bíblicos tales como Mateo 28.18 al 20, Juan 3.16 y Romanos 5.1.

En esta ocasión, sugiero tres modelos básicos para bosquejar sermones textuales. En particular, les presento tres técnicas homiléticas:Bosquejos basados en palabras clave

  • Bosquejos basados en las frases principales del texto
  • Bosquejos basados en las ideas fundamentales del pasaje bíblico

Tomemos Romanos 5.1 para ilustrar estas técnicas. Ese hermoso pasaje bíblico dice de la siguiente manera, en la versión Reina-Valera Revisión del 1960: “Justificados, pues, por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

1. Bosquejos basados en palabras clave

Si analizamos el texto, podemos identificar varios conceptos importantes, tales como:

  • Justificar
  • Fe
  • Paz
  • Dios
  • Jesucristo.

Es necesario, pues, buscar en un buen diccionario bíblico el significado de estas palabras tan importantes. Si posible, se debe identificar el vocablo hebreo o griego que está en la base de nuestra traducción. En este caso, como el Nuevo Testamento fue escrito en griego, encontramos que el verbo “justificar” es la traducción de “diakaióo”; “fe” la de “pístis”; y “paz” la de “eiréne”.

Claro está, las divisiones centrales o “puntos” del pasaje bíblico deben enunciarse en oraciones completas, no en palabras sueltas o frases carentes de verbos. Por lo tanto, es importante desarrollar puntos que, basados en estos conceptos, transmitan ideas completas. Por ejemplo:

  1. Justificar significa ser declarado por Dios como una persona “justa”, es decir, que está en una relación correcta tanto con el Señor como con la comunidad.
  2. Fe significa desarrollar una relación de fidelidad a y de confianza en Dios.
  3. Paz, en el sentido griego de la palabra “eiréne”, marca el fin de un conflicto y el comienzo de una relación sana con el Señor.

2. Bosquejos basados en las frases principales del texto

Un análisis gramatical nos lleva a considerar los verbos principales, los secundarios y los implícitos, así como las cláusulas independientes y dependientes del texto. Esto nos permite identificar las frases clave del texto. Por ejemplo:

  • Justificados, pues, por la fe
  • Tenemos paz para con Dios
  • Por medio de nuestro Cristo Jesús

Aunque esto facilita la tarea de bosquejar el pasaje, es necesario recordar que los puntos o divisiones principales del sermón deben ser enunciados en oraciones completas, con sujeto, verbo y predicado. Por ejemplo:

  1. Dios justifica a la humanidad por medio de la fe.
  2. La gracia de Dios elimina los conflictos que separan a la humanidad de su Señor.
  3. La obra de Cristo ha hecho posible la justificación de la humanidad.

3. Bosquejos basados en las ideas fundamentales del pasaje

La tercera alternativa presupone el análisis semántico—es decir, de las palabras y conceptos del texto—y el gramatical. Aunque diferentes personas tendrán diversas maneras de interpretar las ideas teológicas centrales del texto, a continuación presento un posible bosquejo basado en Romanos 5.1:

  1. La justificación por la fe es el medio de la salvación.
  2. La paz con Dios es uno de los beneficios principales de la salvación.
  3. Cristo Jesús es el agente de la salvación.

Conclusión

Como podemos ver, estas técnicas pueden ser muy útiles a la hora de bosquejar un sermón textual. Esperamos, pues, que estas sugerencias sean de bendición para usted y para su ministerio homilético.

Si usted desea leer, escuchar o ver más bosquejos de sermones de distintos tipos puede visitar la sección titulada “Sermones” en nuestra página principal en el Internet: www.drpablojimenez.com. Esa sección le dará acceso a varias páginas donde encontrará sermones expositivos, narrativos, temáticos, doctrinales y de ocasión especial, entre otros. Los sermones textuales se encuentran contenidos entre los expositivos.

Apéndice

A manera de apéndice, comparto unas notas homiléticas textuales basadas en Hebreos 11.1, esperando que las mismas también puedan motivarles a redactar bosquejos para sermones textuales:

La fe

Texto: Hebreos 11:1

Tema: La fe es fidelidad, confianza y compromiso con Dios.

Área: Formación espiritual

Propósito: Exhortar a la iglesia a ampliar su definición del concepto “fe”.

Diseño: Textual-Expositivo

Introducción: La Iglesia usa la palabra “fe” en dos maneras distintas, pero complementarias. Por un lado, la “fe” es el acto de creer en Dios. Por otro lado, se refiere al contenido de nuestra religión.

Puntos a desarrollar:

  1. La fe es “confianza”. Tener fe significa confiar en Dios. La fe implica una relación de amor a y de confianza en Dios, quien nos ama. Esa confianza nos permite conocer el carácter y la naturaleza de Dios. Más importante aún, la fe nos permite amar a Dios y vivir en el mundo que ha creado para nosotros.
  2. Hebreos 11:1 define la fe como esperanza y como convicción. Tener fe implica estar convencido o convencida de la existencia y la veracidad de las realidades espirituales. La fe es fidelidad, confianza y compromiso con Dios.
  3. Tener fe en Dios implica serle fiel a Dios. Quien deposita su confianza en Dios, descubre que Dios es fiel a quienes le aman. Debemos, pues, responder con fidelidad a la fidelidad divina.

Conclusión: En resumen, la fe es confianza y fidelidad. Empero, la fe también es compromiso. Tener fe, implica estar comprometido con una causa. Quien tiene fe en algo, invierte su vida en eso. Por eso, quien tiene fe en el Señor, invierte su vida en el servicio a Dios, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

*Estas notas homiléticas se basan en el bosquejo que publiqué en LA BIBLIA PARA LA PREDICACION, editada por las Sociedades Bíblicas Unidas en el 2012, p. 894.

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