Dios forja un pueblo (Génesis 12.1-3)

Dios Forja a un pueblo: Un sermón en la serie de LA HISTORIA, basado en Génesis 12.1-3.

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Génesis 12.2
Génesis 12.2

Vicios, virtudes y valores

Vicios, virtudes y valores es una conferencia sobre la fuente de los principios cristianos, por el Rev. Dr. Pablo A. Jiménez.

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Los valores son principios centrales que dan propósito a la vida y cohesión a las comunidades. En sociedades complejas, el grupo dominante impone sus valores mediante instituciones como la educación y los medios, mientras las minorías forman subculturas con cosmovisiones y principios propios.

Los valores surgen de la historia, literatura y tradiciones de cada grupo. Para la Iglesia Cristiana, provienen de la Biblia, la liturgia, la teología y la práctica pastoral. Más profundamente, Dios es la fuente de los valores cristianos: bondad, justicia y amor reflejan su carácter revelado en las Escrituras.

La Biblia no habla de “valores” sino de “virtudes” (areté), como en Filipenses 4.8 y 1 Pedro 2.9. Las virtudes son cualidades dignas de alabanza, mientras los vicios (Gálatas 5.19-23) representan antivalores. Enseñar principios cristianos es un desafío, pues los del Reino de Dios suelen oponerse a los valores sociales, generando tensiones.

Los valores pueden ser positivos (virtudes) o negativos (vicios). Por ejemplo, algunas culturas defienden la castidad pero toleran violencia en su nombre. La Biblia distingue claramente entre ambos, como en los catálogos de Gálatas 5, donde el amor y la paz contrastan con la enemistad y la envidia.

No todo lo legal es moral, ni viceversa. Por ejemplo, muchas iglesias acogen a migrantes indocumentados, alineándose con el valor bíblico de la hospitalidad aunque contradiga la ley civil. El Evangelio mismo es un escándalo: Dios ama al pecador antes de su arrepentimiento (Juan 3.16), lo que exige humildad y misericordia en nuestra conducta (Romanos 3.23).

La Iglesia debe vivir según los valores del Reino de Dios, que reflejan su carácter y la práctica de Jesús. Como enseñó Cristo, lo prioritario es buscar “primero el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6.24).

Valores
La fuente de los valores
Valores cristianos
Gálatas 5.22-23
Gálatas 5.22-23
Vea otros escritos sobre teología pastoral.

El alma que pecare: Un sermón sobre Ezequiel 18

Un sermón expositivo basado en Ezequiel 18. Visite www.drpablojimenez.com.

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Ezequiel 18.20
Ezequiel 18.20

Mara no es para siempre (Éxodo 15)

Mara no es para siempre es un sermón basado en Éxodo 15, sobre cómo lidiar con las pérdidas, el fracaso y el estancamiento espiritual.

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Hay momentos en la vida en que, después de una gran victoria, llega una crisis inesperada. Así le ocurrió al pueblo de Israel. Apenas tres días después de cruzar el mar y cantar la victoria de Dios, llegaron al desierto y encontraron aguas amargas. Por eso llamaron aquel lugar “Mara”.

Mara representa esos espacios de dolor, tristeza y estancamiento donde muchas veces queremos acampar. Son lugares donde la amargura nos hace olvidar los milagros de ayer, exagerar los problemas de hoy y temer los desafíos de mañana.

El problema no fue solo que las aguas eran amargas. El problema fue que el pueblo se detuvo allí. En vez de seguir caminando, murmuró. En vez de recordar la fidelidad de Dios, reclamó una solución inmediata.

Sin embargo, Dios respondió con misericordia. Moisés clamó, Dios mostró un arbusto y las aguas se volvieron dulces. Allí Dios se reveló como “el Señor, el que sana”. Pero el relato nos enseña algo aún más profundo: Mara era una estación, no el destino. Más adelante estaba Elim, con doce fuentes de agua y setenta palmeras.

La buena noticia es esta: Mara no es para siempre. Dios no nos llama a vivir atrapados en la amargura, sino a caminar hacia la sanidad, la esperanza y la bendición.

La pregunta sigue vigente: ¿queremos vivir en Mara o avanzar hacia Elim? Hoy es tiempo de levantar el campamento, dejar atrás las aguas contaminadas y seguir caminando en fe. Elim está más adelante.

Audio completo: http://www.drpablojimenez.com/sounds/Mara.mp3

Mara no es para siempre
Mara no es para siempre
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El valle de los huesos secos (Ezequiel 37)

El valle de los huesos secos es un sermón expositivo sobre Ezequiel 37.1-4, adecuado para el Día de Pentecostés.

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El sermón titulado “El valle de los huesos secos”, escrito y predicado por el Dr. Pablo A. Jiménez, está basado en Ezequiel 37.1-14. El sermón ofrece un mensaje de esperanza y restauración espiritual. Ezequiel, profeta y sacerdote exiliado en Babilonia, recibe una visión divina en la que es llevado a un valle lleno de huesos secos —símbolo del pueblo de Israel devastado por el exilio y la guerra. Dios le pregunta si esos huesos pueden vivir, y luego le ordena profetizar sobre ellos. En respuesta, los huesos se unen, se cubren de carne, pero aún carecen de vida.

Dios entonces ordena a Ezequiel invocar al “espíritu” o “ruah”, palabra hebrea que también significa aliento o viento. Al soplar desde los cuatro puntos cardinales, el Espíritu de Dios vivifica los cuerpos, transformándolos en un ejército lleno de vida. Esta escena remite al relato de la creación en Génesis, donde Dios da vida al ser humano con su aliento. Así, esta visión representa un acto de nueva creación y la promesa divina de restaurar a su pueblo, aún en medio de la ruina total.

Jiménez interpreta este pasaje desde una perspectiva pastoral, subrayando que, a través del Espíritu Santo, Dios renueva y fortalece a los creyentes en los momentos más oscuros. Comparando la visión de Ezequiel con la resurrección de Jesús, afirma que la Biblia presenta un mensaje coherente de esperanza frente a la muerte y el sufrimiento. Así como los huesos secos revivieron, también nosotros podemos encontrar vida y propósito en Dios, incluso en medio del dolor.

El texto concluye con una oración ferviente para que el Espíritu Santo renueve a la comunidad creyente, afirmando que, en Cristo, es posible superar cualquier crisis. El llamado final es a no rendirse y confiar en el poder vivificador de Dios.

El valle de los huesos secos
Ezequiel 37
Sermones de pentecostés
Sermones sobre el Espíritu Santo
Ezequiel 37.3
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