Fuego Pentecostal: Un sermón para el día de Pentecostés, basado en Hechos 2.1-4.
Vea otros sermones sobre Pentecostés y el Espíritu Santo.

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El Espíritu del Señor está sobre mí: Un sermón sobre Lucas 4:14-21.
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El fruto del Espíritu: Un sermón temático-doctrinal, basado en Gálatas 5:22-23. Note que la palabra “fruto” es un término colectivo. Por lo tanto, hablar del “fruto” o de los “frutos” es prácticamente lo mismo.
Vea otros sermones para el Día de Pentecostés

Para que el mundo crea: Un sermón sobre Juan 17:20-27.
Vea otros sermones sobre los Evangelios.

El Dios Maternal es un sermón listo para predicar sobre Agar, basado en Génesis 21, apropiado para la celebración del Día de las Madres.
Texto: Génesis 21.7-19
Tema: El amor de Dios por la humanidad es comparable al amor de una madre por su cría.
Área: Sermón en ocasión del día de las madres
Propósito: Que la audiencia reflexiones sobre el aspecto maternal y femenino del amor de Dios.
Diseño: Narrativo
Lógica: Inductiva
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Para establecer el tono
Hay experiencias que hermanan a la humanidad. Una de ellas es la maternidad. Todo ser humano conoce el amor maternal. Tanto hombres como mujeres hemos visto de cerca el inmenso amor y los cuidados que le proporciona una madre a su hijo.
La Biblia presenta varios ejemplos del amor maternal. Uno de los más emotivos es el caso de Agar.
Marco escénico
La historia de Agar forma parte del ciclo de historias relacionadas a Abram, el patriarca hebreo.
Abram había recibido la promesa de parte de Dios de que sería padre de un niño. Este sería su heredero (15.4). Sin embargo, al retardarse el cumplimiento de la promesa, su esposa Sara le sugiere que tome a su esclava como “madre sustituta.” Agar, la esclava, no tenía opciones. Su condición de esclava la obligaba a someterse a los deseos de su ama. Por eso Sara la trata como si fuera un objeto.
Trama
Agar concibió. Su embarazo cambió su situación en la casa de Abram. Agar ya no era un objeto; ahora era la madre del heredero. Esto provoca una situación de tensión y rivalidad entre Sara y Agar (16.4). Agar huye al desierto, quizás tratando de volver a su tierra (16.7). Y es precisamente en el desierto donde Dios viene al encuentro de Agar.
Pero esta no fue la única vez que Dios tuvo que venir en auxilio de la mujer egipcia. Unos 14 años después del nacimiento de Ismael, Abram vio cumplida la promesa del Señor. Abram hizo un pacto con Dios, pacto que cambió su nombre en el proceso a Abraham. Como señal del pacto, Abraham tuvo un hijo con Sara, llamado Isaac.
Esto sólo agravó la rivalidad entre Agar y Sara. Finalmente, Sara le ordenó a Abraham que echara a Agar a la calle. Abraham le dio un poco de comida para el camino—pan y agua—y Agar se encaminó al desierto.
Vencida por el hambre y la sed, Agar se echó a morir (21.15-16). Una vez más, Dios vino a su encuentro proveyendo agua en forma milagrosa, dándole así un nuevo futuro (21.17-19)
Punto culminante
¿Por qué Dios vino en auxilio de Agar? Hay varias respuestas posibles:
Ahora bien, creo que la respuesta es más profunda que eso. Dios intervino a favor de Agar porque Dios conoce de primera mano el amor que siente una madre por su hijo. Dios conoce el amor maternal porque ama a la humanidad como una madre a sus hijos.
Debemos recordar que Dios no es un hombre, sino un espíritu. Por lo tanto, queda claro que Dios no es un “varón”. De hecho, la Biblia emplea varias imágenes femeninas para describir el carácter y la acción de Dios.
Por ejemplo, hay varios pasajes bíblicos que describen a Dios como un ave que guarda a sus pollitos bajo sus alas. Deuteronomio 32.11-12 se compara a Dios con un águila y Mateo 23.37 con una gallina de pollos.
El libro de los Salmos se refiere constantemente a la protección que reciben los justos bajo “las alas de Dios” (Sal 17.8; 36.7; 57.1; 61.4; 63.7; 91.4).
Quizás el texto que relaciona más directamente el amor de Dios al amor maternal es Isaías 66.13, donde la profecía afirma que Dios consolará al pueblo exilado como una madre consuela a sus hijos e hijas.
Desenlace
En este sentido, hoy estamos celebrando el día del amor de Dios, encarnado y revelado en al amor de una madre. Del mismo modo que una madre ama, cuida y protege a sus hijos e hijas, Dios te ama, te cuida y te protegerá por siempre. Amén.
Corona de la creación es un sermón sobre la creación de la mujer, basado en Genesis 2, apropiado para el Día de las Madres.
La celebración del Día de las Madres brinda una oportunidad especial para reflexionar no solo sobre la maternidad, sino también sobre la dignidad de todas las mujeres. Desde esta perspectiva amplia, proponemos considerar a la mujer como la “corona de la creación”, basándonos en el relato bíblico de Génesis 2:18-23. Esta visión no solo honra la capacidad de las mujeres para la maternidad, sino que también afirma su lugar esencial en el plan de Dios para la humanidad.
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El relato de la creación en el Génesis ofrece dos versiones complementarias. La primera, de carácter más poético, presenta la creación del ser humano —hombre y mujer— a imagen de Dios (Génesis 1.27). Sin embargo, la segunda narración, más detallada y narrativa, desarrolla la creación de la mujer de manera especial. Dios primero forma al varón del polvo de la tierra, pero observa que “no es bueno que el hombre esté solo”. A partir de esta necesidad, crea a la mujer, no de nuevo polvo, sino de la misma esencia del varón, subrayando su igualdad en dignidad y naturaleza.
El acto de crear a la mujer a partir del varón, tal como se describe en Génesis 2.21-23, expresa su profunda conexión con el hombre. La mujer no es un ser secundario ni accesorio, sino una parte integral del propósito divino. La narración bíblica recalca que la creación alcanza su plenitud solo con la formación de la mujer. No hay nueva creación después de ella; su existencia marca la culminación de la obra creadora de Dios.
El significado teológico de este relato es profundo: la mujer no es un añadido al final de la creación, sino su culminación. Ella completa el orden creado, trayendo equilibrio, comunión y plenitud. Así, en el plan de Dios, la mujer representa no solo la capacidad de dar vida, sino también la encarnación de valores divinos como el amor, la compasión y la sabiduría.
Celebrar el Día de las Madres, entonces, es reconocer y honrar a todas las mujeres —madres biológicas, madres de crianza, mujeres solteras, casadas, divorciadas o viudas— como portadoras de esta dignidad intrínseca. Es un acto de gratitud por su presencia, que refleja la plenitud de la creación y la gracia divina.
Al afirmar a la mujer como corona de la creación, reconocemos su valor eterno y su lugar insustituible en la historia humana y en la comunidad de fe. Bendecimos a Dios por su sabiduría al otorgar a la humanidad este regalo tan precioso.
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En el poder del Espíritu es un sermón para el Día de Pentecostés, basado en Hechos 2.42-47, delineando las siete características de una Iglesia en misión.
El Espíritu Santo es una figura central en la Biblia, presente desde Génesis hasta Apocalipsis.
En el Antiguo Testamento, se le describe como una fuerza que capacitaba a personas para tareas específicas, como en el caso de Sansón (Jueces 14:5-6), donde el Espíritu le dio fuerza sobrenatural, pero no permaneció con él. Los profetas, sin embargo, anunciaron un cambio: Dios derramaría su Espíritu sobre todo su pueblo (Joel 2:28-29), prometiendo una relación más íntima y permanente.
En el Nuevo Testamento, esta promesa se cumple. Juan el Bautista habló de un bautismo en el Espíritu Santo (Mateo 3:11), que significaría una inmersión en el poder y presencia de Dios. Jesús confirmó esta promesa (Juan 14:15-17), asegurando que el Espíritu estaría para siempre con los creyentes, a diferencia de la experiencia temporal del Antiguo Testamento.
El cumplimiento se manifestó en Pentecostés (Hechos 2:1-4), cuando el Espíritu descendió con poder sobre los discípulos, permitiéndoles proclamar el evangelio en múltiples lenguas. Pedro explicó que esto era el cumplimiento de la profecía de Joel: el Espíritu ya no era solo para unos pocos, sino para toda la Iglesia.
El libro de Hechos describe los efectos de esta llenura en la comunidad cristiana:
1. Crecimiento: Miles se convirtieron (Hechos 2:41).
2. Enseñanza: Perseveraban en la doctrina apostólica (v. 42).
3. Adoración: Oración, comunión y celebración de la Cena del Señor (v. 42, 46).
4. Misericordia: Compartían sus bienes con los necesitados (vv. 44-45).
5. Mayordomía: Administraban recursos con responsabilidad (v. 45).
6. Unidad: Vivían en armonia y propósito común (v. 46).
7. Misión: Proclamaban el evangelio, participando en la misión de Dios (Hechos 1:8).
Dios sigue invitándonos a vivir en el poder del Espíritu Santo, no como una fuerza ocasional, sino como una presencia transformadora que fortalece nuestra fe, unión y testimonio. Que nuestras comunidades reflejen estas características, siendo luz en el mundo bajo la guía del Espíritu.
Un sermón apropiado para la Semana Santa, sobre el mandamiento nuevo que menciona Jesús de Nazaret en Juan 13.31-35.

A puerta cerrada es un sermón para el Domingo de Pascua de Resurrección, de la Semana Santa, basado en Juan 21, escrito por el Dr. Pablo A. Jimenez.
Texto: Juan 20:19-22
Idea Central: Cristo nos llama a participar activamente en la misión de alcanzar el mundo con el mensaje del evangelio.
Área: Desafío profético
Propósito: Exhortar a la audiencia a abrazar la misión cristiana.
Tipo: Expositivo
Lógica: Inductiva
Audio:
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Hace un tiempo atrás, cuando dirigía el Instituto Bíblico de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico, el Pastor General de la denominación me asignó la tarea de escribir material de escuela bíblica dominical para nuevos creyentes. Esa tarea fue muy difícil para mi, tanto que me vi obligado a investigar el tema con cierto detalle. Aparte de leer varios manuales para nuevos creyentes, hablé con muchas personas que apenas comenzaban en la fe. En uno de esos diálogos, un hombre de mediana edad me preguntó por qué la Biblia tenía cuatro evangelios en lugar de uno. Él no entendía por qué el Nuevo Testamento (NT) narra la historia de Jesús desde cuatro perspectivas distintas.
La pregunta de este hermano es sumamente importante para la cristiandad. La existencia de cuatro versiones de la vida de Jesús crea serios problemas. Por ejemplo:
1. Hay algunas diferencias o discrepancias entre las versiones de algunas historias que aparecen en varios de dos evangelios o más. Tomemos el caso de la infancia de Jesús. Mateo no menciona la visita de los magos y Lucas no menciona el viaje de la sagrada familia a Egipto.
2. El otro problema está relacionado a la figura de Jesús. En Mateo y en Juan, Jesús pronuncia largos discursos en varias ocasiones. En Lucas y en Marcos, hay menos discursos y, los que hay, son más cortos. Mateo presenta a Jesús como un maestro de la ley; Marcos como un hacedor de milagros; Lucas como un filósofo que iba de sitio en sitio; y Juan como un predicador de sabiduría. ¿Cuál es, pues, la imagen correcta?
La Iglesia Antigua trató de solucionar el problema compilando los cuatro evangelios en un solo documento llamado “Armonía de los cuatro evangelios”. De hecho, esta tradición sigue hasta el día de hoy, como puede comprobar cualquier persona que visite una librería religiosa bien surtida. Sin embargo, la inmensa mayoría de los creyentes preferimos usar los evangelios tal y como están en el NT. La pregunta que se impone una vez más es, ¿por qué?
La iglesia decidió incluir los cuatro evangelios en el NT precisamente porque son distintos. En su sabiduría, el liderazgo de la Iglesia Antigua reconoció que los seres humanos estamos condicionados por nuestras propias perspectivas. Cada cuál “lee” la realidad desde un punto de vista distinto, y por eso la entiende de manera diferente.
Se cuenta que en una ocasión un elefante visitó el país de los ciegos. Como no podían verlo, los ciegos le pidieron al elefante que les permitiera tocarlo. El elefante accedió gustoso, pero pronto tuvo que continuar su viaje. Ido el animal, los ciegos se reunieron a discutir cómo eran los elefantes. Unos dijeron que un elefante es como una pared; otros lo compararon con una serpiente; y aún otros afirmaron que era como el tronco de un árbol. Cada cual habló desde su propia experiencia y, por eso, cada tenía un pedacito de la razón.
Queda claro, pues, que cada ser humano aprende de manera distinta. Nuestra habilidad para percibir está condicionada por nuestra cultura, por el momento histórico en el cual vivimos y por nuestro propio temperamento. Pero, quizás más importante que todos estos elementos, nuestra habilidad para aprender está condicionada por nuestras propias experiencias.
En parte, esto explica por qué los discípulos y las discípulas de Jesús reaccionaron de maneras tan distintas al milagro de la resurrección. El capítulo 20 del Evangelio según San Juan describe variadas respuestas a la tumba vacía.
1. La mayor parte de las mujeres que fueron al sepulcro el domingo en la mañana reaccionaron con fe. La tumba vacía trajo a su memoria las muchas enseñanzas de Jesús sobre su propia muerte. Aun llenas de temor y gozo, las mujeres corrieron a compartir la buena noticia de la resurrección , piedra angular del mensaje evangélico hasta el día de hoy.
2. Pedro y Juan corrieron al sepulcro. Juan se quedó fuera, quizás para no contaminarse. Pero Pedro entró a la tumba y rebuscó la mortaja que una vez encerró a Jesús.
3. Por su parte, María Magdalena reacciona con dolor ante la tumba vacía. Para ella, el sepulcro abierto evidencia que se ha cometido un grave crimen. Está segura de que alguien ha robado el cuerpo de Jesús para desacrarlo. El dolor que la invade es tan grande que no le permite reconocer al Cristo Resucitado que viene a su encuentro. ¡El dolor no la deja! Por eso, confunde a Jesús con el jardinero que estaba a cargo de la huerta y le acusa de desacrar la tumba. No es hasta que Jesús grita su nombre que María la de Magdala lo reconoce. Entiendan bien, aún estando ante la visión del Cristo Resucitado, María no pudo reconocerlo por sí misma.
4. Finalmente, el resto de los discípulos se resistían a creer el testimonio de las mujeres. También tomaron con un grano de sal el testimonio de Pedro y de Juan. Al final de cuentas, ellos no habían tenido visión alguna. Hasta ese punto, la visión del Cristo resucitado era una realidad para las mujeres y para los dos discípulos más atrevidos. Sin embargo, la visión todavía no se había hecho una realidad en las vidas del resto de los discípulos.
La Biblia nos indica que los discípulos se encontraban aún encerrados y escondidos tres días después del asesinato de Jesús. Temían ser arrestados y asesinados; temían sufrir la misma suerte de su maestro.
Es precisamente cuando estaban a puerta cerrada que el Cristo resucitado se les aparece en visión. Jesús sabía que el testimonio de las mujeres no sería suficiente. El sabía que sus discípulos necesitaban tener una experiencia personal con lo divino para ser transformados.
Lo que es más, Jesús sabía que la cultura y la historia conspiraban contra la fe en el milagro de la resurrección. Después de todo, la cultura judía menospreciaba el testimonio de las mujeres y la historia indicaba que él había muerto pocos días atrás. Por todas estas razones, el antes crucificado aparece ahora resucitado para llevar a sus amados discípulos al camino de la fe.
Lo sorprendente es que Jesús no les recrimina ni su cobardía ni su poca fe. Y comprendan que bien pudo hacerlo. Después de todo, los discípulos y las discípulas que se atrevieron ir hasta la tumba vacía tuvieron sus respectivas visiones a la luz del sol. Ellos muy bien pudieran haber salido de su encierro para encontrarse con el Resucitado.
Pero ese no fue el caso. Estaban encerrados; paralizados por el miedo; y convencidos de su propia debilidad. Demos pues, gracias a Dios porque el Resucitado venció todo obstáculo para poder llegar a sus discípulos incrédulos con el mensaje liberador del evangelio.
En esta hora, debemos preguntarnos a nosotros mismos cuál es nuestro lugar en esta historia. Es decir, debemos preguntarnos con cuál personaje nos identificamos; cual de ellos o de ellas nos representa.
Esta pregunta es importante porque Dios continúa hablándole a la humanidad, revelando el mensaje liberador del Evangelio de Jesucristo. Sí, mis buenos hermanos y mis buenas hermanas, Dios continúa revelando su carácter y su santa voluntad a la humanidad. El Cristo Resucitado está presente en nuestro mundo, por medio del poder del Espíritu Santo, transformando vidas torcidas y sanando corazones rotos.
El Cristo Resucitado está presente en nuestro mundo, por medio del poder del Espíritu Santo, transformando vidas torcidas y sanando corazones rotos.
Y si Dios sigue hablando a la humanidad, también sigue hablando al liderazgo de su iglesia cristiana. Para aquellos que se atreven a caminar hasta la tumba vacía–rodeada por los militares que defienden los intereses de este mundo–la visión es clara. Dios llama a su iglesia a:
Sí, algunos entre nosotros tienen el mismo celo misionero de las discípulas, de la Magdalena, de Pedro y de Juan. Sin embargo, debemos reconocer que la mayor parte de nosotros, al igual que el resto de los discípulos, estamos encerrados por nuestros propios temores. Nos han enseñado
Por eso es fácil encerrarse; quedarse a puerta cerrada; atemorizados ante la inmensa tarea que tenemos por delante.
Pero hoy Dios nos llama a echar fuera todo temor. El Cristo Resucitado atraviesa las puertas que nos aíslan y nos separan. Jesús se hace presente aún en medio del dolor, del temor, y del sufrimiento, diciendo: “Paz”.

“¿Por qué Jesús es el salvador del mundo?” es un breve ensayo sobre cristología y soteriología escrito por el Dr. Jiménez.
Romanos 1:16-17 define el evangelio como la manifestación del poder de Dios para la salvación de todas las personas que creen en él. De este modo, la Biblia afirma que Jesucristo es nuestro salvador; es el redentor de nuestros pecados, por medio del cual podemos establecer una relación con Dios.
Ahora bien, la pregunta que se impone es sencilla: ¿Por qué Jesucristo es el salvador del mundo?
Desde sus primeras páginas, la Biblia declara la intención de Dios para la humanidad. Dios crea el ser humano para que disfrute la vida a plenitud. Eso lo vemos con claridad en Génesis 1:28, donde Dios bendice a la humanidad y le da autoridad para administrar la creación.
Génesis 2 es mas claro, afirmando que Dios creó las relaciones de pareja para procurar que el ser humano tenga compañía y disfrute de su sexualidad. Eso lo vemos en Génesis 2:18, donde Dios dice que no es bueno que el hombre esté solo, y en 2:24, que dice: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.”
También podemos ver las buenas intenciones de Dios en Génesis 3, donde el ser humano cae en pecado. La primera pareja, que nos representa a todos nosotros, decide violar los mandamientos divinos con tal de ser “como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Gen. 3:5). Después de este acto, Dios va en busca de ser humano y le pregunta “¿Dónde estás tú? (Gen. 3:9).
Así vemos que Dios no desecha a la humanidad pecadora. Por el contrario, Dios busca a la humanidad perdida con el propósito de bendecirla y restaurarla. Podemos ver estas buenas intenciones divinas en la historia de Israel, particularmente en episodios tales como el llamamiento de Abraham, la donación de la ley y la proclamación de los profetas.
En cierto modo, Jeremías 29:11 al 14 resume las intenciones de Dios para con la humanidad, cuando dice:
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.
Con el tiempo, el pueblo de Israel desarrolló una religión basada en las enseñanzas de la ley de Moisés y en la proclamación de los profetas de Israel y Judá. Empero, esa religión no era monolítica. Para el tiempo de Jesús, el judaísmo estaba dividido en distintos grupos que sostenían doctrinas diversas y, en ocasiones, hasta contradictorias.
El judaísmo normativo estaba dominado por dos grupos. Primero, encontramos a los saduceos, quienes eran los custodios del sistema sacerdotal. Los saduceos dominaban el sumo sacerdocio, el templo de Jerusalén y todo el aparato cúltico de Judá. Llevaban a cabo sacrificios de animales y otros rituales que procuraban la comunión entre Dios y la humanidad.
Segundo, estaban los fariseos, quienes dominaban las sinagogas. Afirmaban la importancia de la palabra de Dios, estudiando las sagradas escrituras y las interpretaciones bíblicas de los rabinos. Procuraban la comunión con Dios por medio del estudio bíblico y trataban de cumplir las 633 leyes que los rabinos afirmaban se encontraban en la Biblia Hebrea.
Además del judaísmo normativo, encontramos otros grupos judíos que no se conformaban a las enseñanzas saduceas ni a las fariseas. Me refiero a grupos como los esenios de Qumram, un grupo que acusaba al judaísmo normativo de corrupción y colaboración con el Imperio Romano; los judíos alejandrinos, ejemplificados por Filón de Alejandría, que buscaban armonizar las enseñanzas bíblicas con la filosofía griega; y otros grupos revolucionarios que deseaban liberar al pueblo de Israel por medio de la lucha armada.
Empero, ninguno de estos grupos cumplía a plenitud con la visión profética de Isaías, de Jeremías y de Ezequiel. A pesar de tener líderes religiosos, la masa del pueblo esperaba la llegada de un “Mesías”, de decir, de un líder ungido por Dios de manera especial para cumplir las profecías de liberación, expresadas en textos tales como:
El Apóstol Pablo, quien había sido un rabino fariseo, tiene un encuentro sobrenatural con Jesús y comprende que el Maestro Galileo era el Mesías enviado por Dios en cumplimiento de las profecías de la Biblia Hebrea (Véase Hch. 9, entre otros pasaje bíblicos pertinentes).
En Romanos 3, Pablo ataca los postulados de la teología farisea, afirmando que “por las obras de la Ley ningún ser humano será justificado delante de” Dios (3:20). Es decir, el otrora rabino fariseo ahora reconoce que la obediencia a la ley y el esfuerzo ético-moral no es suficiente transformar el corazón humano. Para cambia algo hace falta poder y para cambiar el corazón humano hace falta poder de el Dios que viene por medio del evangelio de Jesucristo.
Jesucristo es la manifestación de la justicia de Dios en el mundo. Es el mediador del nuevo pacto prometido por Isaías, Jeremías y Ezequiel. Por medio de la obra de Jesucristo, podemos superar las consecuencias del pecado que nos ha separado de Dios.
Esta es la buena noticia del evangelio: Dios nos declara justos por medio de la obra de Jesucristo, quien dio su vida para que ustedes y yo alcanzáramos salvación. Jesucristo es el “redentor”, es decir, es quien paga la deuda que teníamos con Dios y con la humanidad. Jesucristo es, pues, nuestro salvador.
¿Quién es Jesús? Jesús es:
Por lo tanto, concluimos afirmando que Dios ha cumplido su intención de salvar a la humanidad por medio de la obra redentora de Jesucristo. Jesucristo es el salvador enviado por Dios para salvar a toda la humanidad.

El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez se reserva todos los derechos de publicación de estos materiales. Queda prohibida cualquier forma de reproducción total o parcial, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sin la debida autorización del autor. Para solicitar los permisos correspondientes, contacte al autor.
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Pablo A. Jiménez, “¿Por qué Jesús es el salvador del mundo?”, DrPabloJimenez.com. Accedido el ** de ** de 20**. Disponible en: https://www.drpablojimenez.com/2016/03/31/por-que-jesus-es-el-salvador-del-mundo/