El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es pastor, conferenciante, escritor, editor de libros teológicos y profesor en el área de teología pastoral, particularmente de homilética y predicación.
Un sermón sobre Lucas 10:1-10 que destaca el llamado a transformar el mundo a la imagen del Reino de Dios. / A sermon on Luke 10:1-10 that highlights the call to transform the world in the image of the Kingdom of God.
Resumen en español
Este sermón reflexiona sobre el desafío de transformar el mundo a partir del relato de Lucas 10.1–10. Parte del reconocimiento de que la vida cotidiana es dura, generando en las personas el deseo de imaginar espacios alternos de justicia, compasión y solidaridad. Sin embargo, esos espacios suelen quedarse en el ámbito de los sueños.
Jesús, por el contrario, no solo imaginó un mundo diferente, sino que lo encarnó al anunciar el reino de Dios: un proyecto de renovación que honra a los pobres, sana a los quebrantados y confronta a los poderosos. Su estrategia fue sencilla y profunda: formar una comunidad, capacitarla y enviarla a proclamar y encarnar ese reino. A través de la misión de los setenta y dos en Lucas y de la expansión universal en Hechos 1.8, Jesús mostró que la utopía divina se concreta mediante personas dispuestas a decir “sí” al llamado.
El sermón concluye afirmando que esta estrategia permanece vigente. Cristo sigue llamando, equipando y enviando a hombres y mujeres para construir un mundo transformado por el amor, la misericordia, la verdad y la justicia. El documento invita al lector a escuchar ese llamado y a participar activamente en la misión de transformar el mundo en el nombre del Señor.
This sermon explores the Christian call to transform the world, using Luke 10.1–10 as its foundation. It begins by acknowledging the harsh realities of life, which lead many to imagine alternative spaces marked by justice, compassion, and solidarity. Yet such spaces often remain only dreams.
Jesus, however, not only imagined a renewed world but embodied it through the proclamation of the Kingdom of God—a vision that uplifts the poor, comforts the broken, and challenges the powerful. His strategy was both simple and revolutionary: gather a community, equip it, and send it out to enact God’s mission. The sending of the seventy-two in Luke and the broader universal mission of Acts 1:8 demonstrate that God’s utopia becomes real when people courageously respond to the divine call.
The sermon concludes that Jesus’ strategy has not changed. He continues to call, equip, and send individuals—especially the overlooked—to build a world shaped by love, mercy, truth, and justice. The reader is invited to hear this call and join in the sacred task of transforming the world in the name of the Lord.
Vea, escuche y lea un análisis claro y desafiante de Mateo 24.42-51, destacando el llamado de Jesús a vivir con compromiso radical con el Reino de Dios. Explora el lenguaje apocalíptico, su origen en el sufrimiento y su relevancia actual. Incluye un bosquejo completo, listo para predicar.
Velad es un sermón sobre Mateo 24 que explora el llamado divino a un compromiso radical con el Reino de Dios.
Idea central: Dios nos llama a un compromiso radical con el Reino mediante una vigilancia fiel y constante.
Área: Desafío profético
Propósito: Invitar a la iglesia a reflexionar sobre la escatología apocalíptica y su llamado urgente a la fidelidad.
Lógica: Inductiva
Diseño: Expositivo
I. Introducción
La escatología trata sobre las “últimas cosas”: cielo, infierno, resurrección, juicio y esperanza futura.
También aborda grandes preguntas existenciales: el mal, el sufrimiento y la justicia divina.
En la Biblia, la forma más desafiante de escatología es la apocalíptica, con su lenguaje simbólico y dramático: ángeles, demonios, monstruos, batallas espirituales y eventos cósmicos.
II. La apocalíptica y la tensión con la sensibilidad moderna
Nuestra cultura moderna rechaza lo sobrenatural y ve lo apocalíptico como fantasía.
La sociedad terapéutica evita hablar del mal como realidad moral. “No juzgues” es el mantra.
Sin embargo, la fe cristiana nació como un movimiento apocalíptico que proclamaba el Reino de Dios como alternativa radical ante los poderes injustos.
III. El origen del movimiento cristiano y su visión del Reino
Jesús predicó el inminente Reino de Dios y denunció las estructuras corruptas de su tiempo.
Su muerte expuso la maldad del Imperio, y su resurrección reveló la victoria definitiva de Dios sobre la muerte, la injusticia y el mal.
La perspectiva apocalíptica ofreció herramientas teológicas para interpretar su muerte como triunfo del amor, la vida y la justicia.
Tema: Dios nos llama a ser canales de bendición para toda la humanidad.
Área: Formación espiritual
Propósito: Llamar a la audiencia a bendecir a la comunidad.
Diseño: Expositivo
Lógica: Inductiva
Introducción
Vivimos en una cultura marcada por las tendencias. Lo que hoy se hace viral en redes sociales —un reto de TikTok, una prenda de vestir, una frase ingeniosa— mañana puede ser reemplazado por algo totalmente distinto. Todo parece moverse al ritmo de la moda, incluso dentro de la iglesia. También entre los creyentes surgen frases y prácticas que se popularizan: por ejemplo, el saludo “bendecido” o “bendecida”, o el uso casi exclusivo de la palabra bendición para hablar de prosperidad económica, aumento de salario u ofrendas generosas. Frente a esto, surge una pregunta necesaria: ¿qué quiere decir realmente la Biblia cuando habla de bendición?
¿Qué es la bendición?
En su sentido más básico, bendecir significa hablar bien de alguien. Pero en la Escritura la bendición va mucho más allá de un elogio. Es un acto espiritual y profético: cuando decimos “Dios te bendiga”, invocamos al Dios de la vida para que comparta su gracia, su cuidado y su fuerza con una persona. Es pedir que su vida se llene de aquello que viene de Dios: amor, paz, justicia, misericordia, dirección, protección. Como un dispositivo que se conecta al WiFi, cuanto más cerca está de la fuente, mejor señal recibe. Dios es la fuente de toda buena dádiva, y vivir cerca de Él es vivir con buena “señal espiritual”. Bendecir es, en el fondo, pedir que alguien viva conectado a esa fuente.
La promesa de bendición (Génesis 12.1-3)
Génesis 12:1-3 nos presenta una de las grandes promesas de bendición. Dios llama a Abram a dejar su tierra, su parentela y la casa de su padre para iniciar algo nuevo. No se trata de un abandono irresponsable de la familia, sino de una reorientación radical de la vida en obediencia al llamado divino. Dios le promete: “Te bendeciré… y serás bendición”. La bendición que Abram recibe no es un privilegio privado; viene acompañada de la responsabilidad de compartirla. Dios lo escoge para formar un pueblo que viva en comunión con Él y que sea instrumento para bendecir a “todas las familias de la tierra”.
Bendición y maldición
El texto también habla de bendición y maldición. Vivir en bendición es vivir cerca de Dios; vivir en maldición es estar lejos de Él, expuesto al mal. La historia de David y Goliat ilustra esta realidad: Goliat confía en su fuerza y maldice a David, pero ignora que está enfrentando a un heredero de la promesa. El mal que desea se vuelve contra él, porque la batalla pertenece a Dios.
La promesa de Abraham se cumple en Cristo
El Nuevo Testamento afirma que esta promesa alcanza su plenitud en Jesucristo. En Gálatas se nos recuerda que Cristo toma sobre sí la maldición del pecado, para que la bendición de Abraham llegue a todas las naciones. En Cristo, aun quienes no somos judíos por sangre, somos herederos y herederas de esa promesa.
Conclusión y llamado a la acción
Por eso, la declaración “y serás bendición” sigue vigente hoy. Dios no sólo desea bendecirnos; quiere que seamos canales de bendición. Esto implica impactar a nuestra familia, a la congregación, a nuestras amistades, al mundo laboral y al vecindario con el amor, la justicia y la misericordia de Dios. No basta decir “estoy bendecido” o “estoy bendecida”. La verdadera pregunta es: ¿quién está siendo bendecido por medio de mi vida? Responder afirmativamente a esa pregunta es abrazar el llamado de Dios a ser bendición para todas las personas que nos rodean.
Descubre la Historia de la Iglesia Cristiana para ver cómo ha evolucionado desde los mártires y los concilios del Imperio Romano hasta el cristianismo global contemporáneo. ¡Un recorrido histórico y teológico sobre la fe que transformó el mundo!
La historia de la Iglesia Cristiana es una de las narraciones más fascinantes de la humanidad. En ella se entrelazan fe, cultura, poder y esperanza. Desde los mártires del Imperio Romano hasta las iglesias del siglo XXI, el cristianismo ha sobrevivido a persecuciones, reformas, guerras y revoluciones.
Estudiar la historia de la Iglesia Cristiana no es un ejercicio meramente académico, sino un acto espiritual y pastoral que nos lleva a conocer el pasado para entender el presente y orientarnos al futuro de la fe.
De los mártires a los teólogos
El cristianismo nació en el cruce entre la cultura griega y el poder romano. Desde su origen, fue un movimiento contracultural que proclamaba un reino espiritual en un mundo dominado por la violencia y la idolatría del poder.
Durante los primeros tres siglos, los cristianos fueron perseguidos, pero también consolidaron su identidad. Los mártires encarnaron la fidelidad hasta la muerte, y los apologistas —como Justino Mártir y Tertuliano— defendieron la fe ante la filosofía grecorromana.
De esas luchas surgieron el canon bíblico, los primeros credos y una teología que unió razón y revelación.
De la persecución al poder: el cristianismo imperial
El Edicto de Milán (313 d.C.) marcó un antes y un después: Constantino legalizó el cristianismo, transformándolo de religión perseguida a religión imperial. La Iglesia ganó visibilidad, templos y recursos, pero también enfrentó un dilema: ¿cómo conservar la pureza del Evangelio desde el poder?
Los concilios ecuménicos, como Nicea (325), definieron las bases de la fe, mientras los monjes —anacoretas y benedictinos— preservaron la espiritualidad en medio de la institucionalización.
Con la caída de Roma, la Iglesia heredó su función civilizadora, convirtiéndose en el eje cultural de Europa medieval.
La cristiandad medieval con sus luces y sombras
Durante la Edad Media, la Iglesia dominó el paisaje espiritual y social. Los monasterios se convirtieron en centros de educación, arte y agricultura. Sin embargo, las cruzadas y la inquisición reflejaron los excesos de una fe aliada al poder.
En contraste, la escolástica —con pensadores como Tomás de Aquino— buscó unir la fe con la razón, mostrando que creer y pensar podían ir de la mano. La Iglesia medieval encarnó tanto la santidad de los santos como la corrupción de los poderosos, anticipando la crisis que desembocaría en la Reforma.
La Reforma Protestante y la expansión global
En el siglo XVI, la Reforma Protestante transformó el cristianismo occidental. Martín Lutero, Ulrico Zwinglio y Juan Calvino rompieron con Roma, afirmando que la salvación es por gracia mediante la fe.
La respuesta católica no se hizo esperar: el Concilio de Trento (1545–1563) impulsó una profunda renovación doctrinal y moral.
Simultáneamente, el descubrimiento de América abrió un nuevo campo misionero. Misioneros como Francisco Javier y Bartolomé de las Casas llevaron el Evangelio al Nuevo Mundo, aunque muchas veces la fe se mezcló con la conquista.
La historia de este período es la historia de una tensión: evangelizar sin colonizar, servir sin dominar.
Del siglo XIX al XXI: crisis, renovación y misión global
El siglo XIX fue la era dorada de las misiones, pero también la de los grandes desafíos intelectuales. La fe tuvo que dialogar con la ciencia, la razón y el liberalismo.
El siglo XX, marcado por las guerras mundiales y la descolonización, vio el surgimiento de nuevas teologías —como la teología de la liberación y las teologías contextuales africanas y asiáticas— que reafirmaron el Evangelio como liberación integral.
El Concilio Vaticano II (1962–1965) y el movimiento ecuménico buscaron unidad, justicia y diálogo interreligioso, mientras el pentecostalismo reavivó la dimensión espiritual de la fe.
Hoy, el centro del cristianismo se ha desplazado hacia el Sur Global. África, Asia y América Latina no solo reciben misioneros: ahora envían fe y esperanza al mundo. La Iglesia del futuro será diversa, comunitaria y misionera, guiada no por imperios, sino por el Espíritu Santo que sigue soplando sobre toda la tierra.
Conclusión
La historia de la Iglesia es una historia de caídas y resurrecciones. A lo largo de los siglos, el cristianismo ha demostrado que su fuerza no proviene del poder humano, sino del testimonio.
Como recuerda el Dr. Jiménez, esta es la historia de un pueblo en camino: una Iglesia siempre en reforma, llamada a vivir su misión con humildad, justicia y fe. En última instancia, la historia de la Iglesia Cristiana es la historia de Dios obrando en la historia humana.
La locura de la predicación es un bosquejo de un sermón expositivo listo para predicar sobre 1 Corintios 1.18-25: la locura de la cruz, poder y sabiduría divina.
Idea central: Dios ha decidido propagar el mensaje cristiano por medio de la “locura” de la predicación.
Área: Educación cristiana
Propósito: Exhortar a cada creyente a comprender y cumplir su tarea misionera.
Diseño: Expositivo
Lógica: Inductiva
I. Introducción: Cuando la palabra era entretenimiento
En el mundo antiguo, la palabra hablada era el principal medio de comunicación, educación y diversión. En las plazas públicas —el ágora— los oradores entretenían a la gente con discursos filosóficos, cómicos o retóricos. La sabiduría era símbolo de prestigio, y el arte del bien decir era la herramienta del poder.
En ese contexto cultural, surgen los predicadores cristianos, proclamando un mensaje radicalmente distinto: un carpintero crucificado que había resucitado. El público grecorromano los veía como locos. ¿Cómo podía la muerte de un extranjero ejecutado ser motivo de fe? Sin embargo, esa “locura” era el corazón del Evangelio. Pablo lo declara con valentía:
“La palabra de la cruz es locura para los que se pierden, pero para los que se salvan es poder de Dios” (1 Co 1.18).
Transición: A través de esta paradoja, el apóstol revela cuatro verdades fundamentales sobre el poder transformador de la cruz.
II. La locura que salva (vv. 18–21)
Pablo emplea el término griego moria, que significa “necedad” o “estupidez”, para describir cómo el mundo percibe el Evangelio. Pero esa “locura” es, en realidad, el medio elegido por Dios para salvar.
Mientras los sabios buscan conocimiento y los poderosos ejercen dominio, Dios manifiesta su poder en la debilidad de la cruz. La palabra usada para “poder” (dunamis) implica fuerza activa, energía transformadora.
El Evangelio no es solo un mensaje moral: es dinamita divina que rompe el pecado, sana el corazón y produce nueva vida. La cruz, símbolo de vergüenza para los romanos, se convierte en bandera de victoria para los creyentes.
III. La inversión de valores (vv. 22–23)
El Evangelio subvierte los criterios del mundo.
Los judíos buscan señales visibles.
Los griegos buscan sabiduría racional. Pero Dios ofrece algo que desconcierta a ambos: un Mesías crucificado. La fe cristiana no se edifica sobre el orgullo humano, sino sobre la humildad de Cristo. La sabiduría divina no se mide por la lógica, sino por el amor. El creyente es llamado a ver la realidad con nuevos ojos: en el fracaso aparente de la cruz, Dios revela su mayor triunfo.
IV. La sabiduría revelada: Cristo, la sabiduría encarnada (vv. 24–25)
Para Pablo, la sabiduría de Dios no es un sistema de ideas, sino una persona: Jesucristo.
En Él, la sabiduría eterna se hace carne. Lo que antes era una voz clamando en las calles —como en Proverbios 1— ahora habla desde la cruz.
La verdadera sabiduría no se adquiere por razonamiento, sino por revelación del Espíritu Santo. Al aceptar a Cristo, el creyente participa de la sabiduría divina que transforma la mente y el corazón.
V. El patrón divino: Dios usa lo débil para mostrar su poder
Dios siempre ha actuado así:
Escogió a Abraham, anciano y sin hijos.
Elevó a José, esclavo en Egipto.
Fortaleció a David, un joven pastor.
Llamó a María, una campesina.
Envió a un carpintero crucificado para redimir al mundo.
En cada caso, Dios invierte la escala de valores humanos para manifestar su gloria. La cruz resume ese patrón eterno: la debilidad se convierte en instrumento del poder divino.
VI. Conclusión: La sabiduría de la locura
La cruz sigue siendo una locura para el mundo moderno. Pero en esa locura se revela el poder y la sabiduría de Dios.
Mientras el mundo busca éxito, placer o poder, Dios sigue ofreciendo salvación a través de Cristo crucificado.
Por eso, el llamado es claro: no nos avergoncemos del Evangelio.
Prediquemos con valentía la locura de la cruz, sabiendo que en ella hay poder para salvar, sanar y transformar vidas.
“Lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Co 1.25).
Llamado a la acción
¿Te atreves a creer en esta locura?
Cristo crucificado —sabiduría de Dios y poder de Dios— te llama hoy a seguirle, a confiar en su amor, y a proclamar su cruz con gozo.
Este ensayo sobre el discipulado cristiano —inspirado en la tradición del Ejército de Salvación— explora cómo vivir la fe con propósito, santidad y servicio.
Hay palabras que cambian la historia. Entre ellas, pocas son tan simples y a la vez tan profundas como las que Jesús pronunció a orillas del mar de Galilea: “Ven, sígueme.”
No eran palabras vanas ni una invitación poética. Eran —y siguen siendo— una irrupción divina. Un llamado a dejar lo seguro, lo predecible, lo cómodo… para caminar con Dios hacia lo desconocido.
Ese llamado sigue resonando hoy, en medio de nuestra vida acelerada, nuestros calendarios saturados y nuestras contradicciones espirituales. ¿Por qué? Porque el discipulado cristiano no es un programa para los más piadosos: es la esencia misma de lo que significa creer. Ser discípulo es responder a la voz de Cristo que sigue diciendo: “Sígueme.”
1. El Reino que se acerca
Todo comienza con una proclamación: “El tiempo se ha cumplido. El Reino de Dios se ha acercado. Arrepiéntanse y crean en la buena noticia.” (Marcos 1.15)
Jesús no hablaba de una utopía idealista. Hablaba de una realidad presente: Dios ya está actuando en medio de nosotros. Y si el Reino está cerca, entonces nuestra vida tiene que cambiar de dirección.
Arrepentirse y creer es más que una decisión religiosa: es una rendición total. Es decirle a Dios: “Toma el timón de mi historia.” En la espiritualidad del Ejército de Salvación, esto se vive con una sencillez poderosa: fe que se traduce en acción, santidad que se manifiesta en servicio, amor que se convierte en justicia. William y Catherine Booth lo resumieron así: “Salvados para servir.”
2. Dejar las redes
Imagina la escena. Cuatro pescadores en plena faena, cansados, con las manos curtidas y los ojos puestos en sus redes. Y de pronto, una voz. Una mirada. Una propuesta que lo cambia todo: “Ven, sígueme, y te haré pescador de personas.”
Lo asombroso no es solo la invitación, sino la respuesta: “Al instante dejaron sus redes y lo siguieron.”
El discipulado empieza en ese momento: cuando algo dentro de ti dice “sí”, aun sin entender del todo a dónde te llevará ese camino. Seguir a Jesús no es agregarlo a tu agenda; es reordenar toda tu vida en torno a Él. Como decía William Booth, “la medida del poder de una persona es la medida de su entrega.”
Y sí, seguir a Cristo implica dejar atrás algunas redes: la comodidad, el miedo, la búsqueda de aprobación, o el deseo de control. Pero cuando lo haces, descubres algo inesperado: al soltar, te liberas.
3. De saber mucho a vivirlo de verdad
Hoy sabemos más de Biblia que nunca antes. Tenemos podcasts, conferencias, seminarios, aplicaciones… y, sin embargo, a veces nuestra vida no refleja lo que decimos creer.
Jesús no busca estudiantes de teología; busca discípulos que vivan como Él.
El discípulo no memoriza ideas: imita una vida. Y eso requiere algo que va más allá de la mente: una transformación del corazón.
Cuando Jesús dice: “Niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9.23), no habla de sacrificios dramáticos, sino de una fidelidad cotidiana. Negarse a uno mismo es elegir amar cuando cuesta, servir cuando nadie ve, perdonar cuando duele.
El Ejército de Salvación entiende bien esta diferencia. Sus soldados no solo firman una declaración de fe: asumen un pacto de vida. El discipulado, para ellos, no es teoría… es práctica. Es la teología convertida en biografía.
4. El precio de seguir a Jesús
Un día, un joven se acercó a Jesús con la mejor de las preguntas: “¿Qué debo hacer para tener vida eterna?” Jesús lo miró con ternura, pero también con verdad: “Vende todo lo que tienes… y sígueme.” (Marcos 10.21)
El joven se fue triste. No porque fuera malo, sino porque no podía soltar. Y ahí está la gran prueba del discipulado: ¿qué cosa, si Jesús te la pidiera hoy, te costaría dejar?
El discipulado no es “gracia barata”. Requiere renuncias reales: ego, orgullo, comodidad, posesiones, control. Pero a cambio, ofrece lo que ningún tesoro puede comprar: una vida libre, plena y significativa.
Los primeros salvacionistas entendieron esto tan bien que vivían con lo justo, sirviendo a los más pobres, convencidos de que su recompensa no estaba en la tierra. Y descubrieron la paradoja del Reino: lo que se entrega, se multiplica. Lo que se pierde por Cristo, se gana en abundancia.
5. La rutina que forma el alma
Seguir a Jesús no se sostiene solo con entusiasmo. Se alimenta con hábitos santos. Jesús habló de tres: dar, orar y ayunar. Tres prácticas que, lejos de ser rituales vacíos, son formas de cultivar una relación íntima con el Padre.
Dar, porque la generosidad nos cura del egoísmo.
Orar, porque el alma necesita oxígeno divino.
Ayunar, porque el cuerpo debe recordar que no todo lo que deseamos nos conviene.
En la tradición salvacionista, estas disciplinas no son obligaciones, sino caminos de gracia. Se practican en comunidad, se viven en silencio, se expresan en servicio. La verdadera espiritualidad no se mide por cuántas palabras usamos al orar, sino por cuánto amor ponemos al servir.
6. La misión: convertir la fe en testimonio
Ser discípulo siempre termina en esto: hacer discípulos. Jesús no dijo “vayan y prediquen sermones”, sino “vayan y hagan discípulos.” (Mateo 28.19)
El discipulado no se multiplica por discursos, sino por vidas. Cuando amamos sin condiciones, cuando servimos sin esperar recompensa, cuando perdonamos lo imperdonable… estamos evangelizando.
El Ejército de Salvación lo vive de una manera muy concreta: corazón a Dios, mano al ser humano. Su teología se encarna en comedores sociales, refugios, hospitales y calles. No hay separación entre fe y acción. Evangelizar es vivir de tal modo que otros sientan curiosidad por Jesús.
7. Cuando el camino se hace largo
Jesús nunca prometió un discipulado fácil. “Todos los odiarán por causa de mi nombre, pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo.” (Marcos 13.13)
Seguirlo implica atravesar pruebas, dudas, momentos de cansancio. Pero la perseverancia es el sello del amor verdadero.
El Ejército de Salvación nació enfrentando burlas, violencia y pobreza. Sus primeros predicadores eran golpeados en las calles, pero siguieron adelante porque sabían que Dios era su fuerza. Su lema, “Sangre y Fuego”, resume la pasión del discípulo: la sangre de Cristo que redime, y el fuego del Espíritu que impulsa.
Perseverar no es resistir pasivamente: es seguir amando, sirviendo y creyendo cuando todo parece cuesta arriba. Porque quien empezó la buena obra en nosotros… la terminará (Filipenses 1.6).
8. La vida completa del discípulo
El discipulado no es una etapa: es una forma de vivir. Empieza con el llamado, crece en el seguimiento, madura en la entrega y florece en la misión. Cada paso nos va moldeando hasta que un día, sin darnos cuenta, empezamos a parecernos un poco más a Jesús.
La gracia no es solo el punto de partida: es el motor del camino. No seguimos a Cristo para ganarnos su amor; lo seguimos porque ya lo hemos recibido. Y esa gracia nos empuja a vivir con propósito, humildad y esperanza.
El Ejército de Salvación lo expresa con sencillez: “La santidad no nos aparta del mundo; nos envía a servirlo.” El discipulado no es aislamiento, es presencia transformadora.
9. El eco de un llamado eterno
El tiempo ha pasado, pero la voz sigue siendo la misma: “Ven, sígueme.”
Hoy, igual que ayer, Jesús sigue caminando entre nosotros. Nos encuentra en la rutina, en la duda, en la prisa, y nos invita a confiarle la dirección de nuestra vida. Responder a ese llamado es decirle “sí” cada día. No un sí perfecto, sino uno perseverante.
Seguirlo es vivir en clave de Reino:
Arrepentirse y creer.
Seguir y obedecer.
Aprender e imitar.
Rendirse y servir.
Orar y actuar.
Ir y compartir.
Perseverar y confiar.
Al final, el discipulado no se trata de hacer más cosas para Dios, sino de ser más como Cristo.
Es un camino de gracia, sostenido por el Espíritu, vivido en comunidad y destinado a la gloria.
El Reino está cerca. El tiempo es ahora. Ven y síguelo. Amén.
Reflexión del Dr. Pablo A. Jiménez sobre Proverbios 3.1–8: descubre el arte de vivir con sabiduría, aprendiendo a confiar en Dios más que en tu propia prudencia. Un mensaje sobre fe, humildad y propósito cristiano.
En un mundo que celebra la autosuficiencia, el libro de Proverbios nos recuerda que la sabiduría no comienza en el conocimiento humano, sino con una relación con Dios. El versículo central del pasaje declara:
“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.” (Proverbios 3.5, RVR60)
Esta enseñanza nos invita a confiar plenamente en el Señor, a vivir desde la fe y no desde la lógica limitada del ser humano. La sabiduría bíblica no es solo pensar bien, sino vivir bien, con propósito, humildad y obediencia.
💡 Sabiduría vs. inteligencia: dos caminos diferentes
El mensaje de Proverbios 3.1–8 distingue entre inteligencia e inspiración divina. Una persona puede ser brillante, pero sin temor de Dios su vida carecerá de dirección. En cambio, quien confía en el Creador adquiere la inteligencia espiritual y emocional necesaria para vivir en paz.
El sabio reconoce que el amor, la misericordia y la verdad de Dios —su hesed— son el fundamento de toda buena conducta.
🔥 Confiar en Dios: el arte de vivir con propósito
Este sermón nos desafía a examinar nuestra fe y nuestras decisiones. ¿Ponemos nuestra confianza en el Señor o dependemos de nuestra prudencia?
El llamado es a redescubrir el arte de vivir con sabiduría: caminar con Dios, seguir sus mandamientos y dejar que su gracia guíe cada aspecto de nuestra vida. Así, el creyente encuentra lo que el mundo no puede ofrecer: una vida buena, saludable, larga, fructífera y en paz.
✝️ Conclusión: el camino del sabio
El arte de vivir con sabiduría nos invita a abandonar el orgullo y a abrazar la dependencia de Dios. La verdadera sabiduría no proviene del poder o del conocimiento, sino de una fe humilde que reconoce al Señor como fuente de toda verdad.
Cuando confiamos plenamente en Dios, descubrimos el sentido profundo de la vida cristiana: vivir con propósito, paz y esperanza.
El capítulo 6 del libro de Deuteronomio presenta uno de los textos más significativos de toda la Escritura hebrea: el Shemá, una afirmación contundente sobre la unicidad de Dios y el llamado al amor absoluto hacia el único y sabio Dios. Este pasaje no solo constituye la base teológica del monoteísmo judío, sino que también ofrece una profunda reflexión sobre el rol de la educación religiosa y la formación espiritual en la comunidad de fe.
La declaración “Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor es uno” no es solo una confesión doctrinal, sino una invitación a la obediencia amorosa. La palabra hebrea “shemá” implica tanto escuchar como obedecer, estableciendo así un vínculo inseparable entre fe y práctica. Este llamado a amar a Dios “con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Dt 6.5) se convierte en el gran mandamiento que Jesús mismo retoma en los Evangelios (Mateo 22.37-40), confirmando su vigencia en la ética cristiana.
Pero este amor no puede quedar en la interioridad del creyente. Deuteronomio 6 nos exhorta a repetir estas palabras constantemente, a enseñar a las nuevas generaciones, a integrarlas en la cotidianidad del hogar y del camino. Esta pedagogía de la fe no se limita a la transmisión de conocimiento, sino que apunta a una formación integral que abarca la mente, el corazón y las acciones. La repetición diaria, los símbolos visibles en las manos, los ojos y las puertas (vv. 6-9), subrayan la centralidad de la Palabra en todos los aspectos de la vida.
En un mundo marcado por la fragmentación y el olvido espiritual, este pasaje bíblico nos recuerda que la verdadera fidelidad a Dios se cultiva desde la infancia, mediante una educación que narra la historia de la salvación, transmite los mandamientos divinos y forma personas capaces de amar a Dios y al prójimo. En definitiva, Deuteronomio 6 nos convoca a formar creyentes firmes, que vivan una fe encarnada, coherente y comunitaria.
El Evangelio según Marcos termina con una escena inquietante: las mujeres que fueron al sepulcro encontraron la tumba vacía, escucharon el mensaje de que Jesús había resucitado, y sin embargo, “no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo” (Marcos 16.8).
Idea central
Esta reacción, aunque sorprendente, revela una verdad profunda: el anuncio de la resurrección quedó como una tarea inconclusa.
Puntos a desarrollar
A lo largo del relato, vemos tres tareas que quedaron sin completar.
Primero, el rito fúnebre. Las mujeres se dirigieron al sepulcro el domingo por la mañana para ungir el cuerpo de Jesús, interrumpidas antes por el descanso sabático.
Segundo, el encuentro prometido en Galilea. Jesús había dicho que vería a sus discípulos allí, y esa reunión aún no se había dado.
Tercero, y quizás lo más importante, la proclamación de la resurrección: el mensaje que debía transformar al mundo fue recibido… pero no comunicado.
Aunque es fácil juzgar a las mujeres, debemos reconocer que no es sencillo anunciar lo que no se comprende del todo. El asombro, el miedo y la confusión paralizaron sus labios. Sin embargo, ese silencio inicial es el punto de partida de un llamado que sigue resonando hoy.
Conclusión y llamado a la acción
La resurrección de Jesús no es sólo una noticia antigua; es una realidad viva que nos convoca a ser testigos. Dios nos llama a completar la tarea de proclamar que el Crucificado ha vencido la muerte. Nos toca a ti y a mí continuar esa misión: no podemos permitir que el miedo o la indiferencia nos hagan permanecer en silencio. En este tiempo, cuando tantas voces claman desesperanza, el mundo necesita escuchar de nuevo: “No está aquí. Ha resucitado.”
🎙️ En este episodio de Diálogos Transformadores el Dr. Samuel Pagán entrevista al Obispo Raymond Rivera, autor de “Libertad a los cautivos”. 🎙️
En este episodio especial de Diálogos Transformadores, el Dr. Samuel Pagán —reconocido biblista, teólogo y educador— entabla una conversación profunda y reveladora con el Obispo Raymond Rivera, líder pastoral, activista comunitario y autor del influyente libro Libertad a los cautivos, también disponible en inglés como Liberty to the Captives.
El Obispo Rivera ha dedicado más de cinco décadas al servicio pastoral y al trabajo en favor de la justicia social. Su testimonio encarna el compromiso integral con el Reino de Dios, siendo pastor, predicador, ejecutivo denominacional, fundador de organizaciones y constructor de comunidades. Desde sus inicios en Brooklyn en los años 60 y 70, impulsó iniciativas de desarrollo de vivienda y programas de alcance comunitario, entre ellos, su labor como Coordinador Comunitario en el Lutheran Medical Center.
Durante su gestión como Director Ejecutivo Nacional del Consejo Hispano de la Iglesia Reformada en América (1975–1984), Rivera desarrolló una visión pastoral que combina el compromiso profético con la transformación estructural. Esa visión se materializó en 1992 con la fundación del Latino Pastoral Action Center (LPAC), una organización pionera en abordar las problemáticas sociales desde una perspectiva holística, integrando fe, educación y acción comunitaria.
El Obispo Rivera también ha sido un reformador educativo, empoderando a padres y líderes locales para participar en la toma de decisiones en los sistemas escolares de Manhattan. Fruto de ese esfuerzo, en 1999 lideró la creación de la Family Life Academy Charter School, una institución que continúa impactando generaciones.
En este diálogo, el Dr. Pagán y el Obispo Rivera conversan sobre la urgencia de una pastoral comprometida con los oprimidos, la relevancia del ministerio profético en contextos urbanos, y el llamado de la Iglesia a liberar a los cautivos, tal como Jesús lo proclamó. Además, conoceremos el trasfondo de su libro y su impacto en comunidades de fe a nivel nacional.
No te pierdas esta conversación transformadora que entrelaza teología, historia, liderazgo y pasión por la justicia. ¡Prepárate para ser desafiado, inspirado y renovado! ✨