¡Jesús está en la barca! (Marcos 4.35-41)

Bosquejo de un sermón listo para predicar, basado en Marcos 4.35-41, donde Jesús de Nazaret calma las aguas del Mar de Galilea.

Texto: Marcos 4.35-41 RVC

Ese mismo día, al caer la noche, Jesús les dijo a sus discípulos: «Pasemos al otro lado.» 36 Despidió a la multitud, y partieron con él en la barca donde estaba. También otras barcas lo acompañaron. 37 Pero se levantó una gran tempestad con vientos, y de tal manera las olas azotaban la barca, que ésta estaba por inundarse. 38 Jesús estaba en la popa, y dormía sobre una almohada. Lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro! ¿Acaso no te importa que estamos por naufragar?» 39 Jesús se levantó y reprendió al viento, y dijo a las aguas: «¡Silencio! ¡A callar!» Y el viento se calmó, y todo quedó en completa calma. 40 A sus discípulos les dijo: «¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Cómo es que no tienen fe?» 41 Ellos estaban muy asustados, y se decían unos a otros: «¿Quién es éste, que hasta el viento y las aguas lo obedecen?»

Tema: Jesús nos llama a tener confiar en él, aún en medio de la tormenta.

Área: Cuidado pastoral

Propósito: Dar ánimo a la audiencia, llamándola a tener fe

Lógica: Inductiva

Diseño: Narrativo

Vídeo del sermón sobre Marcos 4.35-41

Audio – Prediquemos podcast

Introducción

Había sido un día muy productivo. Jesús de Nazaret, rodeado por sus discípulos, había pasado el día enseñando, por medio de parábolas, a la multitud (Marcos 4.1-34). Llegada la tarde, Jesús decide continuar su marcha, viajando al otro lado del mar de Galilea.

El mar de Galilea, o como se le conoce en hebreo, el «Kinneret», en realidad es un lago que se encuentra al norte del territorio nacional y que, aún hoy, divide a Israel de Siria. El lago tiene unas 33 millas o 53 km de circunferencia, 13 millas o 22 km de largo y 8 millas o 13 km de ancho. 

Por lo tanto, caminar no era una opción. Caminar alrededor del lago toma entre 3 a 4 días, mientras cruzarlo en un barco de vela sólo toma algunas horas.

Trama

Aunque caía la tarde, y en el mundo antiguo no había alumbrado eléctrico, Jesús decide cruzar el lago y le dice a sus discípulos «Pasemos al otro lado» (v. 35). Con toda seguridad, el clima debía estar en condiciones óptimas, porque de otra manera el grupo no se hubiera a aventurado a cruzar el lago a esa hora. De todos modos, para mayor seguridad, los discípulos salieron junto con otras barcas, de manera que si alguna tenía problemas las otras podrían socorrerla (v. 36). 

En los tiempos de Jesús, una barca promedio tenía unos 27 pies u 8 metros de largo, por 8 pies o 2.5 metros de ancho. Tenía una sola vela, cerca de la proa, es decir, de la parte del frente. La barca promedio acomodaba unas 12 personas. Esto quiere decir que la embarcación donde iban Jesús y sus discípulos probablemente estaba sobrecargada, pues en ella iban Jesús, sus discípulos y la tripulación. Vacía, el borde de la barca podía estar a unos 3 pies o 75 centímetros sobre el agua. Cargada, podía estar tan cerca como 1 pie o 31 centímetros de la superficie. 

De repente, como suele ocurrir en el mar de Galilea, sobrevino una tormenta (v. 37). ¿Por qué son tan comunes? Porque el mar de Galilea se encuentra en un hueco, rodeado de montañas. El nivel del agua está entre 705 pies o 215 metros a 686 pies o 209 metros debajo del nivel del mar. Por eso, en algunas ocasiones, el viento que viene del mar Mediterráneo comienza a dar vueltas sobre el lago, formando trombas marinas. Nótese que el texto bíblico solo menciona que la tormenta consistía de vientos fuertes; no menciona lluvia, ni truenos. Así que podemos concluir que la «tormenta» en realidad era una tromba marina, es decir, un tornado sobre las aguas del lago.

Punto culminante

La tormenta era tan fuerte que las olas echaban agua dentro de la barca, lo que podía hundirla (v. 37b). Aterrados, los discípulos despertaron a Jesús, quien se encontraba durmiendo sobre una almohada en la popa, es decir, en la parte de atrás de la barca (v. 38). 

Ahora bien, el problema no es que lo despertaron, sino cómo lo despertaron. En lugar de despertarlo para decirle que estuviera alerta ante el peligro que enfrentaban, lo despiertan con un reproche, con una acusación: «¡Maestro! ¿Acaso no te importa que estamos por naufragar?» (v. 38). El texto griego es aún más fuerte, porque dice: «¿No te importa que vamos a ser destruidos?».

Esa es la naturaleza humana. Cuando enfrentamos un problema, en lugar de buscar sus causas reales, le echamos la culpa a Dios. 

Para los discípulos,

El problema no era el clima.

El problema no era la topografía.

El problema no era el sobrepeso de la barca.

No. El problema es Dios; el problema es que no le importamos a Dios.

El v. 40 dice: «Jesús se levantó y reprendió al viento, y dijo a las aguas: «¡Silencio! ¡A callar!» Y el viento se calmó, y todo quedó en completa calma.» Noten el verbo «reprender», que es el mismo vocablo que Marcos utiliza cuando Jesús reprende los espíritus inmundos. Por lo tanto, Jesús trata a la tormenta como si fuera un demonio, y la reprende, ordenándole que guardara silencio.

Desenlace

Como es de esperar, la tormenta terminó. Empero, la tormenta puso al descubierto el verdadero problema: Los discípulos de Jesús, a pesar de caminar con él cada día, escuchando sus enseñanzas y atestiguando sus milagros, no tenían fe: «A sus discípulos les dijo: “¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Cómo es que no tienen fe?”» (v. 41).

Tenían miedo porque olvidaron que Jesús estaba en la barca. 

Olvidaron que Dios está en control del mundo y de la historia.

Olvidaron que Dios tiene poder aun sobre las repentinas tormentas que puedan azotar nuestras vidas.

Olvidaron que Dios está presto a protegernos, respondiendo aún a nuestros reclamos más injustos.

«¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Cómo es que no tienen fe?»: Preguntó Jesús a sus discípulos ayer. Y Jesús nos plantea las mismas preguntas hoy. Sí, es cierto que el mundo está enfrentando una pandemia sin precedentes para las generaciones actuales; una emergencia de magnitudes no vistas desde el 1918. Empero, la vida está llena de momentos críticos. Cada uno de nosotros y cada una de nosotras ha enfrentado varias crisis en el pasado. Y, si sobrevivimos esta, enfrentaremos muchas más: «¿Por qué tenemos tanto miedo? ¿Cómo es que no tenemos fe?».

La respuesta comunica la buena noticia que tiene este pasaje bíblico para toda la humanidad: No debemos tener miedo porque:

Aún en medio de la tormenta, ¡Jesús está en la barca!

Aún en medio de la crisis, ¡Jesús está en la barca!

Aún en medio del «valle de la sombra y de la muerte» (cf. Salmo 23.4), ¡Jesús está en la barca!

¡Jesús está en mi barca!

¡Jesús está en tu barca!

!Jesús está en nuestra barca!

Tengamos valor,

Tengamos fe,

Y tengamos paz. 

Sermón sobre Marcos 4.35-41
Marcos 4.35-41
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Será como un sueño (Salmo 126)

Será como un sueño ofrece audio, vídeo y un bosquejo listo para predicar basado en el Salmo 126, escrito y predicado por el Dr. Pablo A. Jiménez.

Bosquejo listo para predicar – Salmo 126

Texto: Salmo 126

Tema: Dios, quien nos ha librado de problemas en el pasado, nos librará de problemas futuros.

Área: Cuidado pastoral

Propósito: Inspirar a la congregación a encontrar esperanza en medio del sufrimiento, confiando en que el Dios que obró en el pasado, obrará también en el futuro.

Diseño: Expositivo

Lógica: Inductiva


  • Impacto emocional del salmo: una mezcla de nostalgia, dolor, esperanza y alegría.
  • Enfoque del mensaje: cómo el Salmo 126 refleja la dinámica de la vida de fe—entre lágrimas y risas, entre el exilio y el regreso.
  • Análisis de diferentes traducciones del v.1: ¿pasado o futuro?
  • Independientemente del tiempo verbal, el salmo describe una experiencia de redención tan profunda que parece un sueño.
  • El gozo se manifiesta en tres elementos:
    1. Sueños cumplidos.
    2. Risas que brotan del alma.
    3. Alabanza pública que reconoce el poder de Dios.
  • Aplicación: Recordar lo que Dios ha hecho en nuestras vidas fortalece nuestra fe para hoy.
  • El clamor por una nueva liberación revela que el pueblo todavía enfrenta crisis.
  • La condición humana: las bendiciones del pasado no eliminan los problemas del presente.
  • Referencia a Mateo 6:34: Cada día trae su propio mal.
  • Aplicación: No debemos idealizar el pasado ni temer el futuro. Dios sigue obrando.
  • Arroyos del Neguev: imagen de renovación repentina y abundante tras una sequía.
  • El sembrador que llora: símbolo del creyente que trabaja en medio del dolor, con la esperanza de una cosecha gozosa.
  • Aplicación: Aun cuando sembramos con lágrimas, Dios promete una cosecha de gozo.
  • El Salmo 126 enseña que la memoria del gozo pasado y la fe en el Dios que actúa nos sostienen hoy.
  • Llamado a la acción: Sigamos sembrando, bendiciendo y luchando por la vida, con la certeza de que la cosecha vendrá.
  • Frase final: Aunque hoy sembremos llorando, mañana recogeremos con alegría… y viviremos como los que sueñan.

Salmo 126
Será como un sueño
la cautividad de Sión
Salmo 126
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Hasta que Dios cumpla su promesa

Un sermón sobre Hechos 1.4-5, enfocando en el impacto del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia:

“Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.”

Medios

Texto

Una meditación sobre el primer capítulo del libro de Los Hechos de los Apóstoles, enfocando en la promesa del bautismo en el Espíritu Santo.

Por medio del Espíritu Santo, Dios le da a la Iglesia:

1. Experiencia extraordinaria

2. Capacitación extraordinaria

3. Comunidad extraordinaria

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Escuche a Cecilio Arrastía predicando «El día del Mesías»

Nacido en Guanajay, Cuba el 19 de Junio de 1922, Arrastía llegó a ser reconocido como el mejor predicador evangélico de su generación en el mundo de habla hispana. Abrazó el mensaje evangélico en su temprana juventud, haciéndose miembro de la Iglesia Presbiteriana.

Después de pastorear en Cuba, obtuvo una Maestría en Teología del Seminario Teológico McCormick en Chicago, IL y un Doctorado de Princeton Theological Seminary. Predicó en toda América Latina, ocupó varios puestos de envergadura tanto en su denominación como en movimiento ecuménico. Además, fue profesor de homilética en el Seminario de Matanzas, Cuba, y en el Seminario Evangélico de Puerto Rico. Cecilio partió a morar con el Señor el 24 de diciembre de 1995.

Arrastía escribió varios libros, entre los cuales se destacan Jesucristo: El Señor del pánico, Teoría y práctica de la predicación, Tentación y misión y A pesar de todo…Dios sigue siendo amor.

Arrastia: Teoría & Práctica de la Predicación
Arrastia: Teoría & Práctica de la Predicación

En las manos del alfarero (Jeremías 18)

En las manos del alfarero es un sermón expositivo sobre Jeremías 18.1-6, predicado por el Dr. Pablo A. Jiménez.

Vea este material en nuestro canal de YouTube

Texto: Jeremías 18.1-6

Idea Central: Dios desea transformar nuestras vidas, dándonos un nuevo futuro.

Área: Cuidado pastoral

Propósito: Exhortar a la audiencia a confiar en Dios en tiempos de crisis.

Diseño: Expositivo

Lógica: Inductiva

Eran días malos; tiempos de crisis donde la tormenta se veía bordeando el horizonte.

Israel, el Reino del Norte compuesto por diez tribus hebreas, había caído en las manos de los Asirios. Los ejércitos extranjeros habían arrasado la ciudad, asesinado a los hombres jóvenes y adultos y violado a las mujeres. De Israel ya no quedaba nada.

Pasados casi cien años, los ejércitos babilonios acechaban al reino de Judá. La pregunta era: ¿Pasará aquí lo que pasó allá? ¿Caerá Jerusalén como cayó Samaria? ¿Será Judá borrada de la faz de la tierra?

El tema del futuro de Jerusalén dividía al liderazgo religioso de Jerusalén. La mayor parte de los sacerdotes afirmaban que Jerusalén no podía caer en manos de los ejércitos extranjeros. Afirmaban que Dios intervendría milagrosamente para garantizar la seguridad de la Ciudad Santa.

Sin embargo, el profeta Jeremías tenía una visión distinta. El profeta afirmaba que Dios había entregado la ciudad en las manos de los invasores extranjeros, debido a los muchos pecados de la comunidad. Acusaba a los reyes y las familias de los poderosos de haber violado el pacto con Dios, robando al pueblo inocente. También acusaba al pueblo de haber caído en el pecado de la idolatría, adorando a las divinidades de los pueblos extranjeros. Sus palabras eran muy duras.

Jeremías anunció que los ejércitos extranjeros invadirían Jerusalén: «Del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de esta tierra. Porque yo convoco a todas las familias de los reinos del norte, dice Jehová; vendrán, y pondrá cada uno su campamento a la entrada de las puertas de Jerusalén, junto a todos sus muros en derredor y contra todas las ciudades de Judá (Jer. 1.14-15).

Y sobre la idolatría del pueblo, el Profeta decía: «Cómo te he de perdonar por esto? Tus hijos me dejaron y juraron por lo que no es Dios. Los sacié y adulteraron, y en casa de prostitutas se juntaron en compañías. Como caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de su prójimo. ¿No había de castigar esto?, dice Jehová. De una nación como esta, ¿no se había de vengar mi alma? Escalad sus muros y destruid, pero no del todo; quitad las almenas de sus muros porque no son de Jehová. Porque resueltamente se rebelaron contra mí la casa de Israel y la casa de Judá, dice Jehová» (Jer. 5.7-11).

El pueblo estaba muy confundido. ¿Cómo discernir la verdad entre estos dos mensajes? Los profetas de la corte del rey decían que Jerusalén no podía caer en manos extranjeras. Pero Jeremías anunciaba juicio, diciendo: «No confíen en esos que los engañan diciendo: ¡Aquí está el templo del Señor, aquí está el templo del Señor!» (Jer. 7.4)

Los profetas acostumbraban acompañar sus mensajes con actos proféticos que, de alguna manera, ilustraban sus enseñanzas. Jeremías hizo varios actos proféticos, pero quizás el más memorable es el que hizo en la casa del alfarero.

Jeremías escuchó la voz de Dios que le decía: «Levántate y desciende a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras» (18:2). Al llegar allí, el profeta vio al alfarero de la vecindad que estaba trabajando en el torno.

El torno de alfarero es una máquina que tiene una superficie redonda y plana (también llamada la «platina») sobre un eje que la hace girar. Sobre la platina, el alfarero modela o tornea el barro con las manos mojadas en una substancia llamada «barbotina» (una pasta con alto contenido de agua). El artesano moldea el barro por medio de apretones y estiramientos.

En la antigüedad, el torno era movido por el pie del alfarero, que actuaba sobre una pesada rueda de madera. Esto le daba al sistema suficiente inercia para girar constantemente a pesar de la presión y el freno que ejercía el alfarero sobre el barro.

Mientras el profeta veía al alfarero trabajar, notó que la vasija le estaba saliendo mal (v. 4). Entonces, usando el mismo barro, el alfarero unió la masa y volvió a empezar. Esta vez, la vasija quedó bien y el alfarero pudo colocarla en el horno (v. 5).

En ese momento, Dios volvió a hablarle al profeta, diciendo: «¿No podré yo hacer con vosotros como este alfarero, casa de Israel?, dice Jehová. Como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en mis manos, casa de Israel.» (v. 6).

Ese día el pueblo de Judá comprendió el mensaje que Dios le había dado a Jeremías. Dios no deseaba destruir a su pueblo. Del mismo modo que el alfarero podía hacer otra vasija de la misma masa de barro, Dios quería darle una nueva forma a su pueblo. Como el alfarero no desecha el barro, Dios no deseaba desechar a su pueblo.

Dios desea que su pueblo comprenda que ha pecado y que, arrepentido, regrese a la comunión con Dios. Dios no desea destruir a su pueblo, como tampoco desea substituirlo por otro pueblo. Dios desea darnos una forma nueva, un camino nuevo, un futuro nuevo.

Lamentablemente, el pueblo de Judá no cambió sus caminos y terminó oprimido por los babilonios. El liderazgo político, cívico y religioso fue deportado a Babilonia, donde fue encarcelado en campos de concentración. El liderazgo militar fue asesinado. Pasaron varias décadas antes que el pueblo judío pudiera volver a su tierra.

Lamentablemente, muchas personas hoy leen este pasaje como una pieza arqueológica. Lo ven como una reliquia del pasado, que habla de las tribulaciones del antiguo pueblo de Israel. No piensan que tiene pertinencia alguna para sus vidas.

Yo les propongo otro camino. Leamos este pasaje bíblico como lo que es: palabra de Dios para nosotros hoy. Dios le dice hoy a nuestro pueblo que debe mejorar sus caminos y sus obras si quiere un futuro de paz y prosperidad. Por mucho tiempo nos hemos amparado en la idea de que «nada malo nos puede pasar». Mientras tanto, el crimen arropa nuestra tierra, derramando la sangre de personas inocentes.

Basta ya; basta ya de usar el nombre de Dios en vano para justificar nuestros excesos. La corrupción tiene un precio muy alto. La crisis de valores que carcome nuestro pueblo nos está matando a plazos cómodos. Si no cambiamos nuestros caminos, enfrentaremos el juicio de Dios.

La buena noticia es que el juicio de Dios no destruye, sino que transforma. Dios no quiere destruirte, sino que quiere darle una vida nueva.

Dios no quiere destruir a la iglesia, sino que quiere transformarla en una comunidad de fe vibrante que bendiga a toda nuestra comunidad tanto con sus palabras como con sus obras de misericordia.

Dios no quiere destruir al pueblo, sino que quiere darle un nuevo futuro, en el nombre del Señor. AMÉN.

En las manos del alfarero
En casa del alfarero
Jeremías 18
Jeremías 18.1-6
The Potters's House
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¿Tu pueblo escucha?: Un sermón por Justo L. González

Justo Gonzalez predica un sermón titulado “¿Tu pueblo escucha?”, sobre 1 Samuel 3.10 & Lucas 16.19-31.

Justo L. González
Justo L. González

La memoria herida por la angustia (Salmo 77)

La memoria herida por la angustia contiene el audio, el video y el manuscrito listo para predicar de un sermón sobre el Salmo 77.

Media

Texto

El dolor es una experiencia común a toda la humanidad. Todos los seres humanos experimentamos dolor, tanto al nivel físico como al nivel emocional.

El idioma español tiene una palabra que se refiere, específicamente, al dolor emocional. Esta palabra es sinónimo de la aflicción, la congoja y la ansiedad. Se define como un temor opresivo que, en muchas ocasiones, no tiene una causa precisa. Es la sensación de estar en un aprieto, en un apuro. Y ese dolor emocional es tan intenso que puede provocar síntomas físicos, tales como la sofocación y la sensación de opresión en el pecho o en el estómago. Ese tipo de dolor emocional tiene un nombre: angustia.

La Biblia contiene varios textos que describen la angustia que puede sentir un ser humano. Sin embargo, hoy deseo compartir con ustedes un ejemplo en particular. Se trata del Salmo 77.

El Salmo 77 es un Salmo de Lamentación. Comienza con un lamento profundo, donde el poeta expresa toda una serie de dudas sobre su vida y sobre su relación con Dios. Estas dudas le atormentan. La tensión y la angustia del salmista son tan grandes que le han quitado el sueño (v. 4); ha permanecido despierto clamando a Dios y tratando de encontrarle una explicación a su problema (vv. 1-3).

Los versículos 5 al 9 nos permiten ver el terrible estado de angustia del salmista. Después de haber examinado su pasado (v. 5) y de cantar y orar al Señor (v. 6), la duda permanece: ¿Volverá el Señor a tratarnos con bondad? ¿Se han terminado su amor y su misericordia? ¿Acaso el Señor ya no es un Dios bueno?

En distintos momentos de la vida, todos dudamos del amor y la misericordia divina. Se hace difícil mantenerse firme en momentos de prueba. A veces nos entristecemos pensando que el Señor no escucha nuestra oración y que ha faltado a sus promesas. Oramos y no escuchamos respuesta a nuestras plegarias. Aún hay momentos cuando peleamos con Dios, reclamándole que cumpla las promesas que nos ha hecho. ¿Qué podemos hacer en momentos como esos?

El versículo 10 marca un cambio de dirección en el poema sagrado. Y esto no debe sorprendernos, porque cuando uno exterioriza sus dudas puede cambiar su perspectiva de la vida; cuando uno da voz a sus temores, uno puede encontrar nuevas formas de ver sus problemas. Hablar con una persona que puede ofrecer un consejo sabio nos permite asimilar las experiencias pasadas. Por eso, después de expresar sus temores en los primeros nueve versículos del texto, el salmista recapacita y dice: «Enfermedad mía es ésta; traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo.»

Este versículo recoge el momento cuando el salmista encuentra la clave para salir de la angustia que le aquejaba. «Enfermedad mía es esta»: Dios no le había fallado al salmista. En realidad, el salmista era víctima de sus propias dudas y de su propia desesperación. En realidad, el salmista tenía «la memoria herida».

Los seres humanos tenemos tres tipos de memoria. La memoria sensorial se refiere a la experiencia de revivir una sensación física pasada. La mente «archiva» la sensación y, ante el estímulo adecuado, usted vuelve a experimentarla. Pero esto sólo dura un segundo. La memoria a corto plazo es la conciencia de los eventos y las sensaciones experimentadas en las últimas horas. Y la memoria a largo plazo es el recuerdo de eventos y sensaciones del pasado. Empero, nunca recordamos el ayer de manera perfecta. En realidad, lo que recordamos es nuestra interpretación del ayer.

Cuando recordamos los eventos pasados, los traemos de la memoria larga a la corta; del lugar dónde están «archivados» hoy. Y esos recuerdos del ayer vienen acompañados por sensaciones físicas. Usted no sólo recuerda ideas o palabras, sino que también recuerda golpes, olores y temperaturas.

Por eso, cuando uno recuerda eventos dolorosos del ayer, bien puede experimentar dolor hoy. Y ese dolor es real. Cuando usted recuerda el grito, la amenaza o el golpe recibido, usted vuelve a experimentar miedo, aprehensión y dolor.

¿Por qué el salmista siente que Dios lo ha desechado? Porque tiene la memoria herida. Porque sólo puede recordar el dolor de ayer. Y porque ese recuerdo le provoca angustia hoy, aquí y ahora.

El poeta comprende que para sanar su memoria herida debe aprender una nueva manera de recordar. En lugar de evocar el dolor de ayer, debe recordar de los actos portentosos que, a través de los años, Dios ha hecho en su vida (vv. 10-12).

Así la oración del salmista es contestada. El Poeta que comenzó dudando del amor de Dios, termina afirmando la existencia de Dios (v. 13). Una vez mas, el salmista ha recibido una nueva orientación en su vida, pasando del lamento a la alabanza.

El Salmo 77 nos enseña que no tenemos que andar en angustias, sufriendo porque tenemos la memoria herida. Dios desea sanar nuestros recuerdos. Dios desea librarnos de la angustia. Dios desea que pasemos del lamento a la alabanza.

Salmo 77
La memoria herida (Salmo 77)
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Comunidad

Comunidad es una meditación sobre la naturaleza de la Iglesia, que ha sido llamada por Dios para ser una verdadera comunidad de fe y esperanza.

Medios

Texto

En esta hora hablaremos acerca de la comunidad. Al hablar de la comunidad no nos referiremos al pueblo, al país o al lugar donde vivimos. Por el contrario, hablaremos de la Iglesia como una comunidad; como un grupo de personas unidas por la cruz de Cristo que se reúnen para adorar a Dios y servir a los demás en amor.

En primer lugar, debemos decir que la comunidad cristiana es creada por la Palabra de Dios. La Iglesia surge cuando diversas personas responden a la predicación del Evangelio y se unen para adorar a Dios. En cierto sentido, la comunidad cristiana se forma en base al testimonio de los escritores bíblicos y se convierte en una comunidad de nuevos testigos que continúan la tarea de la evangelización.

En este punto pudiéramos preguntar, ¿cómo es que la comunidad de fe puede llevar a cabo su tarea evangelística? ¿Cómo es que la Iglesia “habla” la palabra divina? En fin, ¿cómo es que la Iglesia da testimonio de Jesucristo?

La respuesta más sencilla a esta pregunta es que la Iglesia da testimonio por medio de la predicación y la enseñanza. Es decir, la Iglesia “habla” a través de las palabras, habladas y escritas, que enuncian sus miembros cuando predican, cuando ofrecen clase de Escuela Bíblica, cuando conducen talleres, conferencias, dinámicas y cualquier otra actividad parecida en la Iglesia.

Pero debemos tener claro que la Iglesia no habla sólo con sus palabras. La mera existencia de una comunidad cristiana en un lugar determinado es un testimonio vivo del poder de Dios. El que un grupo se reúna a adorar a Dios ya es un testimonio firme de la misericordia divina.

Por otro lado, la comunidad de fe da testimonio de Jesucristo al servir al prójimo. Cuando la Iglesia sirve a los necesitados, los incapacitados y los débiles, está “hablando” elocuentemente; también está dando testimonio de Jesucristo.

En segundo lugar, encontramos que la misma Palabra que crea la comunidad, la confronta y la desafía. La Palabra de Dios siempre le está preguntando a la Iglesia si su testimonio es verdadero, si está mostrando el amor de Dios en forma clara, si está proclamando el mensaje del Evangelio en forma sencilla y pura.

Pero debemos tener claro que, si nosotros formamos parte de la comunidad cristiana, ese reto, esa confrontación que hace la Palabra de Dios es también para nosotros al nivel individual. En esta hora Dios nos pregunta si estamos siendo una comunidad de testigos; una comunidad viva, santa donde cada persona refleje claramente el amor de Dios. Dios quiere que cada uno de nosotros demuestre en su vida lo que cree.

¡Así nos ayude Dios!

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Comunidad
comunidad de fe
la naturaleza de la Iglesia

Flores en el desierto

Flores en el desierto es una prédica cristiana sobre la profecía que aparece en el capítulo 35 del libro del profeta Isaías, apropiada para la temporada de adviento.

Texto: Isaías 35:1-10

Idea central: La esperanza de vida y salvación nos lleva a proclamar que el futuro que Dios tiene deparado para la humanidad traerá grande bendición. 

Área: Desafío profético

Propósito: Dar ánimo y esperanza a la audiencia.

Diseño: Expositivo

Lógica: Inductiva

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Cuando uno viaja por las riveras del Río Jordán, usted puede ver en medio del desierto toda una serie de árboles frutales. La escena es impresionante, pues evoca la profecía que aparece en el capítulo 35 del libro de Isaías.

El capítulo 35 de Isaías contiene una serie de profecías muy hermosas. La más conocida se encuentra en los vv. 1-2. 

Isaías 35 afirma que el desierto florecerá. Esta es una profecía sobre el final de los tiempos. Empero, no es una profecía de juicio, sino de salvación. Las flores en el desierto simbolizan la renovación de todas las cosas, la victoria de la vida sobre la muerte y el gozo de la salvación. Esta profecía de salvación le da ánimo al creyente. Por eso, el profeta exhorta a quienes han perdido la esperanza en los vv. 3 y 4.

¿Cómo describe el profeta los actos salvíficos de Dios? En los vv. 5 y 6a el profeta afirma que Dios ha de hacer grandes prodigios y milagros en medio de su pueblo. El texto bíblico describe cómo Dios restaura a la humanidad. Al final de los tiempos, los ciegos verán, los sordos escucharán, los cojos saltarán y los mudos cantarán. Estas también son «flores en el desierto» que sugieren que nada hay imposible para Dios. Del mismo modo que el desierto puede florecer, la humanidad puede ser regenerada, en el nombre del Señor.

El profeta describe un terreno fértil por donde corren torrentes de aguas.(vv. 6b-7). ¡Hasta las partes más secas se convertirán en estanques! ¡Hasta las cuevas de los perros salvajes serán campos fértiles! Estas son imágenes de fertilidad, de gozo y de esperanza.

Ahora bien, la promesa de vida y salvación va de la mano con una demanda o condición: Dios exige que el ser humano viva en santidad (v. 8). 

La santidad es integridad. La persona que vive en santidad, actúa con integridad. Tiene una sola cara, una sola voz y una sola palabra; sus palabras y sus acciones son congruentes; y su conducta es consistente. 

Para el justo, el juicio de Dios trae alegría y esperanza. La persona justa no teme al juicio divino. Quien vive en comunión con Dios, vive confiado en el cuidado divino. Por el contrario, quien practica la injusticia vive en el miedo, en la ansiedad y en la desesperación. Teme al juicio divino, porque sabe que está actuando de manera indebida. Por eso ve el futuro con desconfianza y aprensión. 

El poema profético de Isaías concluye con palabras tan conmovedoras como hermosas (vv.9-10). Quienes creemos en Cristo Jesús, Señor nuestro, esperamos con ansias el día cuando desaparezcan los peligros del camino. Esperamos el día cuando las personas redimidas y liberadas por Dios puedan regresar al santuario.

Esta esperanza de vida y salvación nos lleva a proclamar que el futuro que Dios tiene deparado para la humanidad traerá grande bendición. Será un futuro de gozo, de paz y de alegría. Será un futuro de renovación y victoria. Sabemos que todo esto es cierto porque la iglesia ve flores en el desierto todos los días. Vemos personas que reciben sanidad, que superan vicios y que cambian sus vidas. Cada vez que una mujer escapa de una situación de violencia, que un hombre asume sus responsabilidades como padre, y que una familia se restaura, vemos flores en el desierto. 

¡Proclamemos con esperanza que el desierto florecerá, en el nombre del Señor, Amén!

Flores en el desierto
Isaías 35
Vea otros sermones listos para predicar


Mujer Virtuosa (Proverbios 31.10-31)

Mujer virtuosa es un manuscrito o bosquejo de un sermón listo para predicar, apropiado para el día de las madres, por el Dr. Pablo A. Jiménez.


Texto: Proverbios 31:10

Tema: La mujer que tiene fe en Dios llega a ser verdaderamente virtuosa.

Área: Desarrollo espiritual

Propósito: Invitar a la audiencia a pensar en las características de la mujer virtuosa.

Diseño: Sermón de ocasión especial

Lógica: Inductiva

Introducción

«Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Su valor sobrepasa largamente al de las piedras preciosas», así comienza una de las porciones más hermosas de las Sagradas Escrituras. Se encuentra al final del libro de los proverbios, en el capítulo 31, a partir del versículo 10 y hasta el 31. Es un poema en forma de acróstico, donde cada una de las líneas comienza con una palabra que sigue el orden del alfabeto hebreo

La pregunta retórica apunta a una gran verdad, la virtud no abunda en nuestros medios. La gente tiende a vivir «a tontas y a locas», sin ponderar las consecuencias de sus actos. La persona simple termina viviendo para comer y comiendo para vivir. Se levanta y se acuesta pensando sólo en las necesidades físicas de hoy, sin sopesar las consecuencias de su conducta para el mañana.

Por eso es importante buscar y valorar la virtud. 

Por eso el poeta bíblico afirma el valor de la mujer. 

Por eso firma que una mujer virtuosa vale más que las piedras preciosas. 

Las características de la mujer virtuosa 

El poema comienza afirmando a la mujer con una palabra que puede ser traducida de varias maneras: virtuosa, capaz y noble (v. 10).

Después de afirmar el valor de la mujer, la palabra divina procede a describir las características de una mujer virtuosa. La mujer descrita en esta porción se distingue por su piedad y por sus buenos sentimientos. Además, es una mujer casada, de cierta posición social y con habilidades para el comercio. 

El texto comienza destacando la hermosa relación que la mujer virtuosa tiene con su esposo. Es una relación de confianza y mutualidad, pues el esposo sabe que su esposa siempre hace el bien. El texto dice:

(11) El corazón de su marido confía en ella

y no carecerá de ganancias. 

(12) De ella recibe el bien y no el mal

todos los días de su vida. 

¡Cuán hermoso es tener una relación basada en la mutua confianza! ¡Cuán hermoso es saber que nuestra pareja sólo nos hará el bien!

El texto pasa a describir la industria de esta mujer. 

(13) Ella busca la lana y el lino,

y trabaja gustosamente con sus manos. 

(14) Es como la nave del mercader,

que trae su pan desde lejos. 

(15) Siendo aún de noche, se levanta

para dar la comida a su familia

y la ración a sus criadas.

(16) Considera la heredad y la compra,

y con sus propias manos planta una viña. 

(17) Se ciñe firmemente la cintura

y esfuerza sus brazos. 

(18) Ve que van bien sus negocios;

su lámpara no se apaga de noche. 

(19) Aplica sus manos a la rueca

y sus dedos manejan el huso. 

Y,

(21) No teme por su familia cuando nieva,

porque toda su familia va vestida de ropas abrigadas. 

(22) Ella se teje los tapices,

y de lino fino y de púrpura es su vestido. 

Además, 

(24) Teje telas y las vende,

y provee de cintas al mercader. 

Aquí debemos reconocer que esta mujer se aparta de la norma del mundo antiguo. La inmensa mayoría de las mujeres del pasado no tenían oportunidades de estudio o de trabajo. La industria y el comercio se veían como campos donde sólo los hombres podían transitar. 

Sin embargo, esta mujer tiene varios negocios: hace ropa, teje tapices y hasta compra y vende propiedades. Repito, esto no era común en el mundo antiguo. 

Lo interesante es que su interés comercial no empañó su corazón. Por el contrario, de acuerdo al v. 20, la mujer virtuosa «alarga su mano al pobre; extiende sus manos al menesteroso».

Los valores de la mujer virtuosa

En la próxima sección podemos ver que esta mujer goza de una posición social muy alta. El v. 23 dice: «Su marido es conocido en las puertas de la ciudad,cuando se sienta con los ancianos del país». Esta es una referencia a una práctica muy antigua, donde los hombres más prominentes de la ciudad–los líderes de los clanes familiares–se sentaban a la puerta de la ciudad para discutir el futuro de la ciudad y para juzgar los casos legales que el pueblo les presentaba. 

Esto es lo que vemos en el capítulo 4 del libro de Ruth, cuando Booz acude a la puerta de la ciudad donde un improvisado tribunal decide quién tiene derecho a casarse con la viuda moabita (4:1-12).

Por lo tanto, la mujer virtuosa de Proverbios 31 es la esposa de un hombre importante; equivalente a alcalde o un legislador. Esto presenta un gran peligro para quienes leemos, estudiamos y exponemos este pasaje bíblico. Corremos el peligro de pensar de pensar que sólo las mujeres casadas, adineradas y prominentes son verdaderamente virtuosas.

Y esto sería un grave error. El valor de esta mujer no depende de su dinero, de su posición social o del trabajo de su esposo. Lo que distingue a esta mujer es su fe en Dios y los valores que se derivan de su fe. Por eso, los vv. 25 al 27 destacan su fuerza, su honor, su confianza, su sabiduría, su clemencia y su dedicación. 

(25) Fuerza y honor son su vestidura,

y se ríe de lo por venir. 

(26) Abre su boca con sabiduría

y la ley de la clemencia está en su lengua. 

(27) Considera la marcha de su casa

y no come el pan de balde. 

Conclusión

El texto termina enfocando precisamente en la fe y en los valores que distinguen a este mujer. Su valor es tal que su propia familia la alaba diciendo: 

(28) Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada,

y su marido también la alaba: 

(29) «¡Muchas mujeres han hecho el bien,

pero tú las sobrepasas a todas!». 

Y el texto concluye con una advertencia que hoy, en nuestra cultura de la celebridad, cobra una importancia crucial: 

(30) Engañosa es la gracia y vana la hermosura,

pero la mujer que teme a Jehová, esa será alabada. 

(31) ¡Ofrecedle del fruto de sus manos,

y que en las puertas de la ciudad la alaben sus hechos! 

En resumen, lo que hace a una mujer verdaderamente virtuosa es su fe en Dios. Y este mensaje es una «buena noticia» para todas las mujeres en nuestro entorno:

  • Las casadas y las solteras;
  • Las viudas y las divorciadas;
  • Las madres y las que nunca han tenido hijos o hijas;
  • Las que gozan de posición social y las de condición humilde;
  • Las que tienen títulos universitarios y las que no tuvieron oportunidades de estudio;
  • Las que tienen negocios y las que son amas de casa;
  • Las jóvenes y las ancianas.

El mensaje para todas ustedes es el mismo: «La mujer que honra al señor es digna de alabanza» (Prov. 31:30 DHH).

Mujer virtuosa 
Proverbios 31
Día de las Madres
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