En las manos del alfarero (Jeremías 18)

En las manos del alfarero es un sermón expositivo sobre Jeremías 18.1-6, predicado por el Dr. Pablo A. Jiménez.

Vea este material en nuestro canal de YouTube

Texto: Jeremías 18.1-6

Idea Central: Dios desea transformar nuestras vidas, dándonos un nuevo futuro.

Área: Cuidado pastoral

Propósito: Exhortar a la audiencia a confiar en Dios en tiempos de crisis.

Diseño: Expositivo

Lógica: Inductiva

Eran días malos; tiempos de crisis donde la tormenta se veía bordeando el horizonte.

Israel, el Reino del Norte compuesto por diez tribus hebreas, había caído en las manos de los Asirios. Los ejércitos extranjeros habían arrasado la ciudad, asesinado a los hombres jóvenes y adultos y violado a las mujeres. De Israel ya no quedaba nada.

Pasados casi cien años, los ejércitos babilonios acechaban al reino de Judá. La pregunta era: ¿Pasará aquí lo que pasó allá? ¿Caerá Jerusalén como cayó Samaria? ¿Será Judá borrada de la faz de la tierra?

El tema del futuro de Jerusalén dividía al liderazgo religioso de Jerusalén. La mayor parte de los sacerdotes afirmaban que Jerusalén no podía caer en manos de los ejércitos extranjeros. Afirmaban que Dios intervendría milagrosamente para garantizar la seguridad de la Ciudad Santa.

Sin embargo, el profeta Jeremías tenía una visión distinta. El profeta afirmaba que Dios había entregado la ciudad en las manos de los invasores extranjeros, debido a los muchos pecados de la comunidad. Acusaba a los reyes y las familias de los poderosos de haber violado el pacto con Dios, robando al pueblo inocente. También acusaba al pueblo de haber caído en el pecado de la idolatría, adorando a las divinidades de los pueblos extranjeros. Sus palabras eran muy duras.

Jeremías anunció que los ejércitos extranjeros invadirían Jerusalén: «Del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de esta tierra. Porque yo convoco a todas las familias de los reinos del norte, dice Jehová; vendrán, y pondrá cada uno su campamento a la entrada de las puertas de Jerusalén, junto a todos sus muros en derredor y contra todas las ciudades de Judá (Jer. 1.14-15).

Y sobre la idolatría del pueblo, el Profeta decía: «Cómo te he de perdonar por esto? Tus hijos me dejaron y juraron por lo que no es Dios. Los sacié y adulteraron, y en casa de prostitutas se juntaron en compañías. Como caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de su prójimo. ¿No había de castigar esto?, dice Jehová. De una nación como esta, ¿no se había de vengar mi alma? Escalad sus muros y destruid, pero no del todo; quitad las almenas de sus muros porque no son de Jehová. Porque resueltamente se rebelaron contra mí la casa de Israel y la casa de Judá, dice Jehová» (Jer. 5.7-11).

El pueblo estaba muy confundido. ¿Cómo discernir la verdad entre estos dos mensajes? Los profetas de la corte del rey decían que Jerusalén no podía caer en manos extranjeras. Pero Jeremías anunciaba juicio, diciendo: «No confíen en esos que los engañan diciendo: ¡Aquí está el templo del Señor, aquí está el templo del Señor!» (Jer. 7.4)

Los profetas acostumbraban acompañar sus mensajes con actos proféticos que, de alguna manera, ilustraban sus enseñanzas. Jeremías hizo varios actos proféticos, pero quizás el más memorable es el que hizo en la casa del alfarero.

Jeremías escuchó la voz de Dios que le decía: «Levántate y desciende a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras» (18:2). Al llegar allí, el profeta vio al alfarero de la vecindad que estaba trabajando en el torno.

El torno de alfarero es una máquina que tiene una superficie redonda y plana (también llamada la «platina») sobre un eje que la hace girar. Sobre la platina, el alfarero modela o tornea el barro con las manos mojadas en una substancia llamada «barbotina» (una pasta con alto contenido de agua). El artesano moldea el barro por medio de apretones y estiramientos.

En la antigüedad, el torno era movido por el pie del alfarero, que actuaba sobre una pesada rueda de madera. Esto le daba al sistema suficiente inercia para girar constantemente a pesar de la presión y el freno que ejercía el alfarero sobre el barro.

Mientras el profeta veía al alfarero trabajar, notó que la vasija le estaba saliendo mal (v. 4). Entonces, usando el mismo barro, el alfarero unió la masa y volvió a empezar. Esta vez, la vasija quedó bien y el alfarero pudo colocarla en el horno (v. 5).

En ese momento, Dios volvió a hablarle al profeta, diciendo: «¿No podré yo hacer con vosotros como este alfarero, casa de Israel?, dice Jehová. Como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en mis manos, casa de Israel.» (v. 6).

Ese día el pueblo de Judá comprendió el mensaje que Dios le había dado a Jeremías. Dios no deseaba destruir a su pueblo. Del mismo modo que el alfarero podía hacer otra vasija de la misma masa de barro, Dios quería darle una nueva forma a su pueblo. Como el alfarero no desecha el barro, Dios no deseaba desechar a su pueblo.

Dios desea que su pueblo comprenda que ha pecado y que, arrepentido, regrese a la comunión con Dios. Dios no desea destruir a su pueblo, como tampoco desea substituirlo por otro pueblo. Dios desea darnos una forma nueva, un camino nuevo, un futuro nuevo.

Lamentablemente, el pueblo de Judá no cambió sus caminos y terminó oprimido por los babilonios. El liderazgo político, cívico y religioso fue deportado a Babilonia, donde fue encarcelado en campos de concentración. El liderazgo militar fue asesinado. Pasaron varias décadas antes que el pueblo judío pudiera volver a su tierra.

Lamentablemente, muchas personas hoy leen este pasaje como una pieza arqueológica. Lo ven como una reliquia del pasado, que habla de las tribulaciones del antiguo pueblo de Israel. No piensan que tiene pertinencia alguna para sus vidas.

Yo les propongo otro camino. Leamos este pasaje bíblico como lo que es: palabra de Dios para nosotros hoy. Dios le dice hoy a nuestro pueblo que debe mejorar sus caminos y sus obras si quiere un futuro de paz y prosperidad. Por mucho tiempo nos hemos amparado en la idea de que «nada malo nos puede pasar». Mientras tanto, el crimen arropa nuestra tierra, derramando la sangre de personas inocentes.

Basta ya; basta ya de usar el nombre de Dios en vano para justificar nuestros excesos. La corrupción tiene un precio muy alto. La crisis de valores que carcome nuestro pueblo nos está matando a plazos cómodos. Si no cambiamos nuestros caminos, enfrentaremos el juicio de Dios.

La buena noticia es que el juicio de Dios no destruye, sino que transforma. Dios no quiere destruirte, sino que quiere darle una vida nueva.

Dios no quiere destruir a la iglesia, sino que quiere transformarla en una comunidad de fe vibrante que bendiga a toda nuestra comunidad tanto con sus palabras como con sus obras de misericordia.

Dios no quiere destruir al pueblo, sino que quiere darle un nuevo futuro, en el nombre del Señor. AMÉN.

En las manos del alfarero
En casa del alfarero
Jeremías 18
Jeremías 18.1-6
The Potters's House
Vea otros sermones sobre el Antiguo Testamento

Comunidad

Comunidad es una meditación sobre la naturaleza de la Iglesia, que ha sido llamada por Dios para ser una verdadera comunidad de fe y esperanza.

Medios

Texto

En esta hora hablaremos acerca de la comunidad. Al hablar de la comunidad no nos referiremos al pueblo, al país o al lugar donde vivimos. Por el contrario, hablaremos de la Iglesia como una comunidad; como un grupo de personas unidas por la cruz de Cristo que se reúnen para adorar a Dios y servir a los demás en amor.

En primer lugar, debemos decir que la comunidad cristiana es creada por la Palabra de Dios. La Iglesia surge cuando diversas personas responden a la predicación del Evangelio y se unen para adorar a Dios. En cierto sentido, la comunidad cristiana se forma en base al testimonio de los escritores bíblicos y se convierte en una comunidad de nuevos testigos que continúan la tarea de la evangelización.

En este punto pudiéramos preguntar, ¿cómo es que la comunidad de fe puede llevar a cabo su tarea evangelística? ¿Cómo es que la Iglesia “habla” la palabra divina? En fin, ¿cómo es que la Iglesia da testimonio de Jesucristo?

La respuesta más sencilla a esta pregunta es que la Iglesia da testimonio por medio de la predicación y la enseñanza. Es decir, la Iglesia “habla” a través de las palabras, habladas y escritas, que enuncian sus miembros cuando predican, cuando ofrecen clase de Escuela Bíblica, cuando conducen talleres, conferencias, dinámicas y cualquier otra actividad parecida en la Iglesia.

Pero debemos tener claro que la Iglesia no habla sólo con sus palabras. La mera existencia de una comunidad cristiana en un lugar determinado es un testimonio vivo del poder de Dios. El que un grupo se reúna a adorar a Dios ya es un testimonio firme de la misericordia divina.

Por otro lado, la comunidad de fe da testimonio de Jesucristo al servir al prójimo. Cuando la Iglesia sirve a los necesitados, los incapacitados y los débiles, está “hablando” elocuentemente; también está dando testimonio de Jesucristo.

En segundo lugar, encontramos que la misma Palabra que crea la comunidad, la confronta y la desafía. La Palabra de Dios siempre le está preguntando a la Iglesia si su testimonio es verdadero, si está mostrando el amor de Dios en forma clara, si está proclamando el mensaje del Evangelio en forma sencilla y pura.

Pero debemos tener claro que, si nosotros formamos parte de la comunidad cristiana, ese reto, esa confrontación que hace la Palabra de Dios es también para nosotros al nivel individual. En esta hora Dios nos pregunta si estamos siendo una comunidad de testigos; una comunidad viva, santa donde cada persona refleje claramente el amor de Dios. Dios quiere que cada uno de nosotros demuestre en su vida lo que cree.

¡Así nos ayude Dios!

Suscríbase a este podcast por medio de www.prediquemos.com

Visite www.predicar.net

Visite www.drpablojimenez.com 

Suscrí­base a este podcast por medio de iTunes, para dispositivos Apple: https://itunes.apple.com/us/podcast/prediquemos/id1358157330?mt=2 

Suscríbase a este podcast por medio de Stitcher, para dispositivos Androide: http://www.stitcher.com/s?fid=177200

Suscrí­base a nuestro canal de YouTube, donde podrá ver y escuchar centenares de sermones y conferencias: http://www.youtube.com/user/drpablojimenez

Escuche Prediquemos en Spotify: https://open.spotify.com/show/1JqEInrAUgNunx0nfyKc9l

Comunidad
comunidad de fe
la naturaleza de la Iglesia

Flores en el desierto

Flores en el desierto es una prédica cristiana sobre la profecía que aparece en el capítulo 35 del libro del profeta Isaías, apropiada para la temporada de adviento.

Texto: Isaías 35:1-10

Idea central: La esperanza de vida y salvación nos lleva a proclamar que el futuro que Dios tiene deparado para la humanidad traerá grande bendición. 

Área: Desafío profético

Propósito: Dar ánimo y esperanza a la audiencia.

Diseño: Expositivo

Lógica: Inductiva

Vea este sermón en nuestro canal de YouTube

Cuando uno viaja por las riveras del Río Jordán, usted puede ver en medio del desierto toda una serie de árboles frutales. La escena es impresionante, pues evoca la profecía que aparece en el capítulo 35 del libro de Isaías.

El capítulo 35 de Isaías contiene una serie de profecías muy hermosas. La más conocida se encuentra en los vv. 1-2. 

Isaías 35 afirma que el desierto florecerá. Esta es una profecía sobre el final de los tiempos. Empero, no es una profecía de juicio, sino de salvación. Las flores en el desierto simbolizan la renovación de todas las cosas, la victoria de la vida sobre la muerte y el gozo de la salvación. Esta profecía de salvación le da ánimo al creyente. Por eso, el profeta exhorta a quienes han perdido la esperanza en los vv. 3 y 4.

¿Cómo describe el profeta los actos salvíficos de Dios? En los vv. 5 y 6a el profeta afirma que Dios ha de hacer grandes prodigios y milagros en medio de su pueblo. El texto bíblico describe cómo Dios restaura a la humanidad. Al final de los tiempos, los ciegos verán, los sordos escucharán, los cojos saltarán y los mudos cantarán. Estas también son «flores en el desierto» que sugieren que nada hay imposible para Dios. Del mismo modo que el desierto puede florecer, la humanidad puede ser regenerada, en el nombre del Señor.

El profeta describe un terreno fértil por donde corren torrentes de aguas.(vv. 6b-7). ¡Hasta las partes más secas se convertirán en estanques! ¡Hasta las cuevas de los perros salvajes serán campos fértiles! Estas son imágenes de fertilidad, de gozo y de esperanza.

Ahora bien, la promesa de vida y salvación va de la mano con una demanda o condición: Dios exige que el ser humano viva en santidad (v. 8). 

La santidad es integridad. La persona que vive en santidad, actúa con integridad. Tiene una sola cara, una sola voz y una sola palabra; sus palabras y sus acciones son congruentes; y su conducta es consistente. 

Para el justo, el juicio de Dios trae alegría y esperanza. La persona justa no teme al juicio divino. Quien vive en comunión con Dios, vive confiado en el cuidado divino. Por el contrario, quien practica la injusticia vive en el miedo, en la ansiedad y en la desesperación. Teme al juicio divino, porque sabe que está actuando de manera indebida. Por eso ve el futuro con desconfianza y aprensión. 

El poema profético de Isaías concluye con palabras tan conmovedoras como hermosas (vv.9-10). Quienes creemos en Cristo Jesús, Señor nuestro, esperamos con ansias el día cuando desaparezcan los peligros del camino. Esperamos el día cuando las personas redimidas y liberadas por Dios puedan regresar al santuario.

Esta esperanza de vida y salvación nos lleva a proclamar que el futuro que Dios tiene deparado para la humanidad traerá grande bendición. Será un futuro de gozo, de paz y de alegría. Será un futuro de renovación y victoria. Sabemos que todo esto es cierto porque la iglesia ve flores en el desierto todos los días. Vemos personas que reciben sanidad, que superan vicios y que cambian sus vidas. Cada vez que una mujer escapa de una situación de violencia, que un hombre asume sus responsabilidades como padre, y que una familia se restaura, vemos flores en el desierto. 

¡Proclamemos con esperanza que el desierto florecerá, en el nombre del Señor, Amén!

Flores en el desierto
Isaías 35
Vea otros sermones listos para predicar


Mujer Virtuosa (Proverbios 31.10-31)

Mujer virtuosa es un manuscrito o bosquejo de un sermón listo para predicar, apropiado para el día de las madres, por el Dr. Pablo A. Jiménez.


Texto: Proverbios 31:10

Tema: La mujer que tiene fe en Dios llega a ser verdaderamente virtuosa.

Área: Desarrollo espiritual

Propósito: Invitar a la audiencia a pensar en las características de la mujer virtuosa.

Diseño: Sermón de ocasión especial

Lógica: Inductiva

Introducción

«Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Su valor sobrepasa largamente al de las piedras preciosas», así comienza una de las porciones más hermosas de las Sagradas Escrituras. Se encuentra al final del libro de los proverbios, en el capítulo 31, a partir del versículo 10 y hasta el 31. Es un poema en forma de acróstico, donde cada una de las líneas comienza con una palabra que sigue el orden del alfabeto hebreo

La pregunta retórica apunta a una gran verdad, la virtud no abunda en nuestros medios. La gente tiende a vivir «a tontas y a locas», sin ponderar las consecuencias de sus actos. La persona simple termina viviendo para comer y comiendo para vivir. Se levanta y se acuesta pensando sólo en las necesidades físicas de hoy, sin sopesar las consecuencias de su conducta para el mañana.

Por eso es importante buscar y valorar la virtud. 

Por eso el poeta bíblico afirma el valor de la mujer. 

Por eso firma que una mujer virtuosa vale más que las piedras preciosas. 

Las características de la mujer virtuosa 

El poema comienza afirmando a la mujer con una palabra que puede ser traducida de varias maneras: virtuosa, capaz y noble (v. 10).

Después de afirmar el valor de la mujer, la palabra divina procede a describir las características de una mujer virtuosa. La mujer descrita en esta porción se distingue por su piedad y por sus buenos sentimientos. Además, es una mujer casada, de cierta posición social y con habilidades para el comercio. 

El texto comienza destacando la hermosa relación que la mujer virtuosa tiene con su esposo. Es una relación de confianza y mutualidad, pues el esposo sabe que su esposa siempre hace el bien. El texto dice:

(11) El corazón de su marido confía en ella

y no carecerá de ganancias. 

(12) De ella recibe el bien y no el mal

todos los días de su vida. 

¡Cuán hermoso es tener una relación basada en la mutua confianza! ¡Cuán hermoso es saber que nuestra pareja sólo nos hará el bien!

El texto pasa a describir la industria de esta mujer. 

(13) Ella busca la lana y el lino,

y trabaja gustosamente con sus manos. 

(14) Es como la nave del mercader,

que trae su pan desde lejos. 

(15) Siendo aún de noche, se levanta

para dar la comida a su familia

y la ración a sus criadas.

(16) Considera la heredad y la compra,

y con sus propias manos planta una viña. 

(17) Se ciñe firmemente la cintura

y esfuerza sus brazos. 

(18) Ve que van bien sus negocios;

su lámpara no se apaga de noche. 

(19) Aplica sus manos a la rueca

y sus dedos manejan el huso. 

Y,

(21) No teme por su familia cuando nieva,

porque toda su familia va vestida de ropas abrigadas. 

(22) Ella se teje los tapices,

y de lino fino y de púrpura es su vestido. 

Además, 

(24) Teje telas y las vende,

y provee de cintas al mercader. 

Aquí debemos reconocer que esta mujer se aparta de la norma del mundo antiguo. La inmensa mayoría de las mujeres del pasado no tenían oportunidades de estudio o de trabajo. La industria y el comercio se veían como campos donde sólo los hombres podían transitar. 

Sin embargo, esta mujer tiene varios negocios: hace ropa, teje tapices y hasta compra y vende propiedades. Repito, esto no era común en el mundo antiguo. 

Lo interesante es que su interés comercial no empañó su corazón. Por el contrario, de acuerdo al v. 20, la mujer virtuosa «alarga su mano al pobre; extiende sus manos al menesteroso».

Los valores de la mujer virtuosa

En la próxima sección podemos ver que esta mujer goza de una posición social muy alta. El v. 23 dice: «Su marido es conocido en las puertas de la ciudad,cuando se sienta con los ancianos del país». Esta es una referencia a una práctica muy antigua, donde los hombres más prominentes de la ciudad–los líderes de los clanes familiares–se sentaban a la puerta de la ciudad para discutir el futuro de la ciudad y para juzgar los casos legales que el pueblo les presentaba. 

Esto es lo que vemos en el capítulo 4 del libro de Ruth, cuando Booz acude a la puerta de la ciudad donde un improvisado tribunal decide quién tiene derecho a casarse con la viuda moabita (4:1-12).

Por lo tanto, la mujer virtuosa de Proverbios 31 es la esposa de un hombre importante; equivalente a alcalde o un legislador. Esto presenta un gran peligro para quienes leemos, estudiamos y exponemos este pasaje bíblico. Corremos el peligro de pensar de pensar que sólo las mujeres casadas, adineradas y prominentes son verdaderamente virtuosas.

Y esto sería un grave error. El valor de esta mujer no depende de su dinero, de su posición social o del trabajo de su esposo. Lo que distingue a esta mujer es su fe en Dios y los valores que se derivan de su fe. Por eso, los vv. 25 al 27 destacan su fuerza, su honor, su confianza, su sabiduría, su clemencia y su dedicación. 

(25) Fuerza y honor son su vestidura,

y se ríe de lo por venir. 

(26) Abre su boca con sabiduría

y la ley de la clemencia está en su lengua. 

(27) Considera la marcha de su casa

y no come el pan de balde. 

Conclusión

El texto termina enfocando precisamente en la fe y en los valores que distinguen a este mujer. Su valor es tal que su propia familia la alaba diciendo: 

(28) Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada,

y su marido también la alaba: 

(29) «¡Muchas mujeres han hecho el bien,

pero tú las sobrepasas a todas!». 

Y el texto concluye con una advertencia que hoy, en nuestra cultura de la celebridad, cobra una importancia crucial: 

(30) Engañosa es la gracia y vana la hermosura,

pero la mujer que teme a Jehová, esa será alabada. 

(31) ¡Ofrecedle del fruto de sus manos,

y que en las puertas de la ciudad la alaben sus hechos! 

En resumen, lo que hace a una mujer verdaderamente virtuosa es su fe en Dios. Y este mensaje es una «buena noticia» para todas las mujeres en nuestro entorno:

  • Las casadas y las solteras;
  • Las viudas y las divorciadas;
  • Las madres y las que nunca han tenido hijos o hijas;
  • Las que gozan de posición social y las de condición humilde;
  • Las que tienen títulos universitarios y las que no tuvieron oportunidades de estudio;
  • Las que tienen negocios y las que son amas de casa;
  • Las jóvenes y las ancianas.

El mensaje para todas ustedes es el mismo: «La mujer que honra al señor es digna de alabanza» (Prov. 31:30 DHH).

Mujer virtuosa 
Proverbios 31
Día de las Madres
Vea otros sermones para el Día de las Madres

A las madres trabajadoras

Un ensayo en honor a la madre trabajadora, en ocasión del día de las madres, escrito por el Dr. Pablo A. Jiménez.


Te levantas temprano en la mañana, habiendo dormido pocas horas, para atender a los tuyos y prepararte para salir a laborar.

Vea este vídeo en nuestro canal de YouTube.

Cocinas desayuno, almuerzo y a veces hasta la cena antes de las seis de la mañana. Preparas a tus chicos y a tus chicas para ir a la escuela. En ocasiones, hasta tienes que llevarlos tú misma.

Aún así, tu día apenas comienza. Tienes que llegar al trabajo, a veces en tu vehículo privado y otras en transporte público. Trabajas horas y horas, quizás haciendo labores que no te agradan, para mantener a tu familia. Enfrentas sexismo y hostigamiento de parte de hombres que te ven como presa fácil. Y, a veces, pasas el día sin comer.

Quizás tienes un esposo amoroso y trabajador, lo que aliviaría tu carga, pero no siempre es así. A veces tienes una pareja errática, que no abona a tu estabilidad emocional ni financiera. Puede que tu esposo sea un hombre cuya condición de salud no le permita trabajar. Sea por machista, por estar confinado, por estar ausente, por trabajar tiempo extra o, sencillamente, por pereza, tu pareja no coopera. Ve las tareas de la casa como responsabilidad exclusiva de la mujer.

Y no puedo olvidar que quizás nunca te casaste legalmente o, si lo estuviste, ahora estás divorciada. Eso hace tu carga aún mayor, principalmente cuando tu ex-pareja no cumple con sus responsabilidades financieras.

Sales del trabajo, pero tienes compras que hacer. Llegas a tu casa tarde en la tarde, a terminar de cocinar, a supervisar asignaciones y a hacer otras tareas del hogar. Y las tareas son interminables, tantas que no voy a enumerarlas aquí.

No puedo olvidar que también trabajas como voluntaria en tu comunidad, ya sea en la escuela local, en alguna institución social o en la Iglesia. No sé como haces tantas cosas a la vez, pero las haces. Las haces aunque te agotan y te obligan a acostarte muy tarde.

¿Cuánto duermes? Pocas horas. Mañana te levantarás temprano–aunque agotada–para volver a comenzar.

A ti, madre trabajadora, te deseo felicidad, justicia y paz en el Día de las Madres. Que Dios te bendiga hoy y siempre.

madres
A las madres trabajadoras

Vea otros vídeos, ensayos y sermones para el Día de las Madres.

Y serás bendición: Un sermón sobre Génesis 12.1-4

Y serás bendición es un sermón sobre el tema de la ley de la bendición, basado en el relato del llamamiento de Abram en Génesis 12:1-13.

Este sermón se basa en Génesis 12:1-3, donde Dios llama a Abram a dejar su tierra y le promete bendecirlo para que sea una bendición para toda la humanidad.

Comienza indicando que las modas también influyen en la iglesia, tomando como ejemplo el término “bendición”. Algunas prácticas modernas han reducido su significado a una simple confesión verbal o a la prosperidad material.

Vea este sermón en nuestro canal de YouTube.

Bendecir significa hablar bien de alguien, pero en un sentido más profundo, es un acto profético en el que se pide a Dios que otorgue su gracia y vida a las personas. La bendición proviene de Dios, quien es la fuente de toda vida y bien.

Dios llamó a Abram y le dió una promesa de bendición, diciéndole que lo usaría como un instrumento para formar un pueblo que viviera en comunión con Él. El propósito divino era bendecir a Abram para que, a su vez, su descendencia y toda la humanidad fueran bendecidas.

En el v. 3, Dios promete bendecir a quienes bendigan a su pueblo y maldecir a quienes lo maldigan. La maldición implica alejarse de Dios, quedando a merced del mal. La historia de David y Goliat ilustra cómo los enemigos de Dios no pueden prevalecer sobre sus bendecidos.

El propósito divino es que todas las naciones sean bendecidas a través del pueblo de Dios. En Gálatas 3:13-14, Pablo enseña que esta promesa se cumple en Cristo, quien redimió a la humanidad de la maldición y abrió el acceso a la bendición de Abraham para los gentiles.

Dios nos llama a ser canales de bendición para nuestras familias, comunidades y el mundo. El mandato dado a Abram también es nuestro: “Y serás bendición”.

Bendición
Y serás bendición
Génesis 12.2
Génesis 12.2
Vea otros sermones sobre el Antiguo Testamento.

En la plenitud del tiempo (Gálatas 4.4-5)

En la plenitud del tiempo es un sermón para las temporadas de Adviento y Navidad, sobre Gálatas 4:4-5, con un bosquejo listo para predicar.

Vea este material en nuestro canal de YouTube.


Texto: Gálatas 4:4-6

Idea central: Jesús nació «en la plenitud del tiempo» para salvar a la humanidad.

Área: Formación espiritual

Propósito: Explorar el significado del nacimiento de Jesús.

Diseño: Expositivo, en ocasión de Adviento y Navidad

Lógica: Inductiva


Una de las cosas más preciadas que los seres humanos podemos intercambiar es una promesa. Una promesa compromete nuestro honor. No es un artículo que puede perderse ni un objeto que pueda romperse. Es, sencillamente, una idea, una frase, una oración donde empeñamos nuestra palabra asegurando que haremos algo en el futuro. Sin embargo, a pesar de su sencillez, las promesas son peligrosas. Son peligrosas porque crean dos cosas: primero, un pacto entre quien promete y quien recibe la promesa; y segundo, crean expectativa, pues quien recibe la promesa queda esperando su cumplimiento.

Navidad es, precisamente, una promesa. En esta temporada celebramos el cumplimiento de la promesa que Dios hizo a la humanidad: la promesa de enviar un Salvador que liberara al mundo del pecado, la maldad y la opresión. Lo notable es que ese Salvador no sería un ángel ni un ser sobrenatural, sino una persona. La fe de Israel esperaba el cumplimiento de lo anunciado por el profeta Isaías 7.14: «La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel». Por lo tanto, el Salvador sería un ser humano ungido por Dios para una tarea extraordinaria, plenamente humano y plenamente divino. Ese es el motivo por el cual su nacimiento era tan esperado.

El apóstol Pablo, profundo conocedor de las Escrituras, interpreta el nacimiento de Jesús como el cumplimiento de esa promesa divina. Escribiendo a las iglesias de Galacia, declara que «cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley» (Gá 4.4). Con esta frase, Pablo afirma que Jesús nació en el momento perfecto de la historia, en la “plenitud del tiempo”, convirtiendo en realidad la promesa largamente esperada.

Pablo también destaca que Jesús nació de una mujer, subrayando así el papel de la mujer en el plan redentor y afirmando la plena humanidad de Cristo. Jesús no fue un ser etéreo ni un espíritu ilusorio, sino un ser humano real que conoce nuestras pasiones, luchas y necesidades. Finalmente, Pablo enseña que, por medio de la obra del Hijo, recibimos la adopción como hijos e hijas de Dios. El Espíritu Santo transforma nuestro corazón y nos permite clamar «¡Abba, Padre!» (Ro 8.15; Gá 4.6), una expresión íntima que significa “papá”, “papi”, la palabra que un infante usa para dirigirse con confianza a su padre.

Hoy, mientras nos preparamos para celebrar la Navidad, recordamos que Jesús nació «en la plenitud del tiempo» para salvar a la humanidad. En medio de las fiestas, los regalos y las comidas, hagamos un alto para celebrar el cumplimiento de la promesa divina. Que esta Navidad sea un recordatorio de la fidelidad de Dios y de nuestra identidad como hijos e hijas del Padre celestial.

Adviento
Gálatas 4.4-5
sermón para adviento
Gálatas 4
En la plenitud del tiempo
Sermón para navidad
Gálatas 4.4-5
Vea otros sermones para Adviento, Navidad y Epifanía.

Gracias por la lucha

Gracias por la lucha es una prédica cristiana apropiada para el Día de Acción de Gracias o Thanksgiving con un bosquejo de sermón listo para predicar.

¿Dar gracias? ¿A quién? ¿Por qué?

Para muchas personas, la idea de dar gracias a Dios puede parecer como un chiste de mal gusto. Estos han sido años durísimos para nuestros pueblos, donde hemos enfrentado epidemias, catástrofes naturales, inestabilidad política, polarización social y hasta violencia en las calles.

Vea este material en nuestro canal de YouTube

La vida es una lucha diaria por conseguir los recursos necesarios para asegurar tanto nuestras propias vidas como el bienestar de los nuestros. Todos conocemos personas que, aunque trabajan arduamente, no pueden darle a su familia el techo, el alimento, la educación, el transporte y el cuidado médico que tanto necesitan.

Entonces, ¿por qué vamos a dar gracias?

Escuche el Podcast “Prediquemos”

Cada vez son más las personas que dicen no creer en Dios, o por lo menos, no creer en el Dios que proclaman las distintas iglesias. 

  • No creen en el Dios que predican los católicos, los protestantes, o los pentecostales. 
  • Mucho menos creen en el Dios que predican los musulmanes, particularmente aquellos que siguen a los líderes extremistas. 
  • Como tampoco creen en el Dios que reclaman aquellos “cristianos nacionalistas” que abogan por la “supremacía blanca”.

Así llegamos al centro del problema: si usted no cree en Dios, ¿a quién va a darle gracias?

Por otro lado, hay personas que sí creen en algún tipo de fuerza espiritual, quienes no encuentran por qué dar gracias a Dios. Están convencidas de que sus vidas están en sus propias manos, no en las manos de Dios. Por eso piensan que, si Dios no les da nada, ¿por qué han de darle gracias?

Por lo tanto, el acto de dar gracias depende de su concepto de Dios.

  • Si usted ve a Dios como un dictador cósmico, no hay razón alguna para dar gracias.
  • Si usted ve a Dios como un “viejito celeste” retirado en algún tipo de “ancianato” o “nursing home” en una nube, no hay razón alguna para dar gracias.
  • Si usted ve a Dios como una fábula forjada por buscones religiosos para agenciarse la buena vida, no hay razón alguna para dar gracias.

Empero, hay otra forma de ver a Dios. Yo entiendo que, leída correctamente, la Biblia presenta a Dios como la fuerza vital del universo, como el soplo de vida que da razón a todo lo creado. Dios es, pues, la vida misma. Por eso Jesús de Nazaret dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14.6 RVR 1960).

El Dios que se ha revelado a la humanidad por medio de la persona histórica de Jesús de Nazaret no es el causante de nuestro sufrimiento. ¡Todo lo contrario! Es el Dios de la Vida que sufre con nosotros. Por eso, el símbolo principal de la fe cristiana es la cruz, donde Jesús—la encarnación de Dios en el mundo humano—sufre la muerte para solidarizarse con todo aquel que sufre, para acompañarnos en nuestro dolor y para librarnos del sufrimiento. El símbolo central de la fe cristiana no es triunfalista, sino una cruz, señal de que el poder de Dios se muestra en la debilidad (2 Co 12.9).

Vea este material en nuestro canal de YouTube

Las personas de fe saben que Dios está con ellas en medio del sufrimiento. Por eso, ven los problemas y las dificultades que les plantea la vida como exámenes o pruebas que pueden ser superadas con la ayuda de Dios. A manera de ejemplo, veamos lo que el Apóstol Pedro escribió sobre este tema:

1 Pedro 1.6-7 (TLA)

Sobre esta base y a pesar de todos los problemas que enfrentamos en la vida, hoy yo quiero dar gracias a Dios—quien es la vida misma—por acompañarme en la lucha por la vida. Sí, le doy gracias a Dios por la lucha, porque es el fuego que nos refina, como se purifica el oro.

2 Corintios 4.8-11 (TLA)

Por todas estas razones, hoy le invito a dar gracias a Dios por el privilegio de vivir, por acompañarnos en nuestro sufrimiento y por capacitarnos para seguir luchando por la vida.

Thanksgiving
Acción de gracias
Gracias por la lucha
Vea otros sermones para el Día de Acción de Gracias.

El valor de la familia (Salmo 127)

El valor de la familia es un mensaje sobre el tema de la mayordomía cristiana, basado en el Salmo 127, por el Dr. Pablo A. Jiménez. Esta prédica cristiana presenta una visión de la familia como don divino.

Audio

Video

YouTube

El valor de la familia - Salmo 127
Salmo 127
Vea otros sermones sobre el Antiguo Testamento

Como las águilas (Isaías 40.28-31)

Como las águilas es un sermón listo para predicar sobre el tema de la esperanza, basado en Isaías 40.28-31.

Vea este sermón en nuestro canal de YouTube.

Escuche este sermón en PREDIQUEMOS, nuestro podcast cristiano.

Texto: Isaías 40.28-31

Tema: El pueblo de Dios debe mirar el futuro con esperanza, sabiendo que Dios está con él en medio de la crisis. 

Área: Desafío profético

Propósito: Dar esperanza al pueblo de Dios.

Diseño: Expositivo

Lógica: Inductiva

Decir “adiós” se ha convertido en una costumbre en nuestro países. En el mundo de habla hispana la migración es común, tanto entre países hispanoamericanos como de nuestros países a los Estados Unidos.

Claro está, la emigración masiva de nuestros pueblos se debe a una combinación de factores muy particulares. 

  1. La gente emigra para escapar de situaciones de violencia y pobreza, esperando encontrar estabilidad social y económica en un nuevo hogar. 
  2. La gente emigra para reunirse con familiares que se han reubicado en otros países.
  3. La gente emigra cuando se ve desplazada por gobiernos corruptos u organizaciones criminales.

Lo triste es que las personas que emigran muchas veces son rechazadas en los países donde intentan reubicarse. Lo que es más, en varias ocasiones hasta se tilda a los inmigrantes de ser criminales, es decir, de ser una carga para la sociedad.

Sin embargo, la fe nos da herramientas espirituales para lidiar con la crisis. La Biblia—la maravillosa Palabra de Dios—nos capacita para enfrentar y vencer los problemas de la vida. Este caso no es la excepción: La Biblia hace referencias continuas a situaciones de exilio muy similares a las nuestras.

Aunque podríamos hacer referencia a toda una variedad de textos y períodos bíblicos, hoy quiero centrarme en los tiempos del “Exilio Babilónico”. “¿Qué es eso?”, usted preguntará. El Exilio fue un período en la historia de Israel y Judá caracterizado por la deportación en masa de la población.

Comencemos recordando que Israel se constituyó como un reino en el Siglo X antes de la Era Cristiana. Sus primeros reyes fueron Saul, David y Salomón. Después del reinado de Salomón, el Reino se dividió en dos. Al norte quedó Israel, cuya capital estaba en la ciudad de Samaria. Al sur quedó Judá, cuya capital estaba en la ciudad de Jerusalén.

Israel, también conocido como “El Reino del Norte”, estuvo gobernado, en su mayoría, por una serie de hombres malvados, quienes vivían muy lejos de Dios. La historia de este reino es violenta, pues en varias ocasiones sufrió sangrientos golpes de estado que sacudieron las bases de la sociedad.

Judá, también conocido como “El Reino del Sur”, estuvo gobernado por descendientes del Rey David. En términos generales, estos hombres fueron un más piadosos que los reyes del Norte. Sin embargo, algunos fueron infieles, tanto que llevaron a Jerusalén al colapso.

Israel fue el primero que cayó en manos extranjeras, cuando fue conquistado por los Asirios. Eventualmente, Judá también cayó ante el ejercito de Babilonia.

Los babilonios tenían una práctica opresiva muy particular. Cuando conquistaban un reino, encarcelaban en campos de concentración a los hombres adultos que habían sobrevivido la invasión militar. Este fue el caso de Judá, pueblo que vio como sus líderes más hábiles y sus jóvenes de mayor potencial fueron deportados a Babilonia.

Para complicar la situación, la juventud hebrea en Babilonia sufría una enorme presión para asimilarse, es decir, para abandonar su identidad judía y para abrazar la identidad de sus captores.

Sí, la situación es dura. Empero, la Palabra de Dios trae consuelo aun en medio de las situaciones más difíciles. Leamos el capítulo 40 del libro del Profeta Isaías. Allí encontramos palabras de consuelo, cuando Dios le ordena al profeta que anuncie el final del cautiverio. El texto dice: 

El Dios de ustedes dice: «Consuelen a mi pueblo; ¡consuélenlo! ¡Hablen al corazón de Jerusalén! ¡Díganle a voz en cuello que ya se ha cumplido su tiempo, que su pecado ya ha sido perdonado; que ya ha recibido de manos del Señor el doble por todos sus pecados.» (Isaías 40.1-2)

Dios también le ordena al profeta que anuncie la construcción de un camino que llevará a su pueblo de vuelta a Jerusalén. El texto dice:

Una voz clama en el desierto: “Preparen el camino del Señor; enderecen en el páramo una calzada a nuestro Dios. Que todo valle sea enaltecido; que se hunda todo monte y collado; que se enderece lo torcido y que lo áspero se allane. Se manifestará la gloria del Señor, y la humanidad entera la verá. La boca del Señor ha hablado.” (Isaías 40.3-5)

Nótese que estos anuncios fueron proféticos, es decir, que ocurrieron antes de los eventos que anuncian. Pasaron varios años antes de que estos anuncios proféticos se convirtieran en realidad. 

De manera sarcástica y pesimista, algunas personas podrían cuestionar las bondades de estas profecías. ¿De qué vale saber que la situación mejorará en el futuro, cuando estamos sufriendo hoy? Y esta es la actitud de mucha gente negativa, que vive derrotada por los problemas que enfrenta.

Sí, hay personas negativas, sarcásticas y pesimistas. Pero el pueblo de Dios no puede dejarse vencer por estas actitudes malsanas. Quienes adoramos al Dios del Cielo, al Señor de la Vida, no podemos dejarnos vencer por el desánimo. Dios no nos llama a vivir derrotados. Por el contrario, Dios nos llama a vivir en esperanza, sabiendo “que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, es decir, de los que él ha llamado de acuerdo a su propósito”.(Romanos 8.28).

Una de las expresiones más hermosas de la esperanza que Dios da a su pueblo se encuentra al final de Isaías 40. El texto dice:

Tú, Jacob, ¿por qué dices que tu camino está oculto para el Señor? ¿Por qué, Israel, alegas que Dios pasa por alto tu derecho? ¿Acaso no sabes, ni nunca oíste decir, que el Señor es el Dios eterno y que él creó los confines de la tierra? El Señor no desfallece, ni se fatiga con cansancio; ¡no hay quien alcance a comprender su entendimiento! El Señor da fuerzas al cansado, y aumenta el vigor del que desfallece. Los jóvenes se fatigan y se cansan; los más fuertes flaquean y caen; pero los que confían en el Señor recobran las fuerzas y levantan el vuelo, como las águilas; corren, y no se cansan; caminan, y no se fatigan. (Isaías 41.27-41)

¡Escuchen la Palabra de Dios! La Biblia no niega la crisis, sino que nos recuerda que el Señor está con nosotros en medio de la crisis.

Este hermoso pasaje bíblico nos recuerda que:

  • Dios se preocupa por nosotros, ya que no se olvida de su pueblo.
  • Dios no se cansa de amarnos, de cuidarnos y de bendecirnos.
  • Dios continúa siendo poderoso, ya que los problemas humanos no anulan el poder divino.
  • Dios renueva las fuerzas de su pueblo; Dios da nuevas fuerzas a los hombres y a las mujeres que le buscan con fe.
  • Dios renueva a las personas que confían en él.

Hermanos y hermanas, este es un mensaje muy pertinente para nuestra iglesia local, para nuestra comunidad, y para todo nuestro pueblo: El pueblo de Dios debe mirar el futuro con esperanza, sabiendo que Dios está con él en medio de la crisis. 

Dios nos llama a levantarnos sobre la crisis, así como las águilas remontan vuelo sobre la tierra. ¿Por qué?

  • Porque la crisis tendrá fin.
  • Porque nuestro problemas no son eternos.
  • Y porque nos esperan nuevos tiempos de prosperidad, en el nombre del Señor. Amén. 
Vea otros sermones sobre los profetas del Antiguo Testamento.
Cómo las águilas
Isaías 40.27-31
Consuelen a mi pueblo
esperanza
Isaías 40.27-31