El Rey desconocido es una prédica sobre Mateo 2.1-12, apropiada para las temporadas de Navidad y Epifanía, diseñada especialmente para predicar el Día de la Epifanía, es decir, el Día de Reyes. Incluye un bosquejo listo para predicar.
Idea central: Los magos buscan al niño-Dios sin saber quién era; conocían que era el Mesías, pero no conocían aún a Jesús.
Área: Evangelización
Propósito: Exhortar a la audiencia a buscar a Jesús, el Mesías.
Lógica: Inductiva
Diseño: Sermón narrativo
Marco escénico
Comience el sermón presentando el contexto inicial del relato. Destaque a los magos como sabios del Oriente, buscadores sinceros de la verdad que, guiados por las profecías y una señal celestial, llegan a Jerusalén en tiempos del rey Herodes. Aunque conocen que ha nacido el Mesías, aún no conocen a Jesús. El escenario se completa con la figura de Herodes, un gobernante violento y temeroso de perder el poder, lo que crea desde el inicio una tensión entre la búsqueda genuina de Dios y las estructuras políticas y religiosas amenazadas por la novedad del evangelio.
Trama
La narración avanza cuando los magos llegan al palacio y preguntan por el “rey de los judíos”, provocando el temor de Herodes y de toda Jerusalén. Herodes recurre a los líderes religiosos, quienes, con pleno conocimiento de las Escrituras, identifican a Belén como el lugar del nacimiento del Mesías, pero sin comprometerse a buscarlo. En una alianza inquietante entre poder político y saber religioso, Herodes engaña a los magos con falsas palabras de adoración, revelando cómo la verdad puede ser manipulada cuando se separa de la fidelidad a Dios.
Punto culminante
El punto alto llega cuando los magos, guiados nuevamente por la estrella, llegan al lugar donde está Jesús y experimentan una profunda alegría al encontrar al niño con María. Allí se postran y lo adoran, ofreciendo oro, incienso y mirra, regalos que simbolizan la realeza, la divinidad y el sufrimiento futuro de Jesús. En este encuentro, el Mesías deja de ser una idea profética para convertirse en una persona concreta, revelando su verdadera identidad como rey, Dios y siervo sufriente.
Desenlace
El relato concluye cuando Dios advierte a los magos en sueños que no regresen a Herodes, llevándolos a volver a su tierra por otro camino. Este gesto simboliza la transformación que produce el encuentro con Cristo: quien busca y encuentra a Jesús no puede continuar igual ni transitar las mismas rutas. El desenlace afirma que el evangelio introduce una novedad que cambia la dirección de la vida y llama a discernir la verdad divina en medio de un mundo lleno de voces contradictorias.
Introducción: La búsqueda de lo real en un mundo falso
Vivimos en un mundo de performance. Desde la perfección cuidada de un feed de Instagram hasta el drama artificial de los reality shows, estamos constantemente rodeados de un “espectáculo”, de un “show”. Es una cultura del espectáculo, donde el entretenimiento es el valor más alto y escapar del aburrimiento se ha convertido en una pasión universal. En esta búsqueda incesante de la siguiente distracción, surge una pregunta persistente: ¿Cómo encontramos algo auténtico? ¿Cómo construimos conexiones reales en una cultura que valora la apariencia de las cosas por encima de las cosas en sí mismas?
El Dr. Pablo Jiménez, pastor y teólogo, aborda esta cuestión de frente. Inspirado en el libro de Mario Vargas Llosa titulado La civilización del espectáculo, el Dr. Jiménez ofrece una crítica contundente de cómo esta cultura del “espectáculo” está transformando silenciosamente nuestra fe, nuestras iglesias y nuestra relación con Dios. Aquí presentamos cinco de sus verdades más sorprendentes e impactantes para navegar la fe en la era del espectáculo.
1. La idea de que vivimos en “los peores tiempos” es un mito.
Es un cliché común en los círculos cristianos decir: “Estamos viviendo el peor momento de la historia”. Jiménez argumenta que esta idea no solo es falsa, sino también una forma ineficaz de conectar con la gente. Es una frase desgastada que hace que el público se desconecte incluso antes de que comience el mensaje.
La realidad, señala, es que el mundo siempre ha estado en crisis. Consideremos la constante amenaza nuclear de la Guerra Fría, la devastación global de las Guerras Mundiales, o las brutales realidades de la época romana. En la Roma del primer siglo, la esperanza de vida era de tan solo 40 años, y la mortalidad infantil era tan desenfrenada que los padres a menudo se negaban a ponerle nombre a su bebé hasta que cumpliera un año, “para no encariñarse con él”. En lugar de comparar épocas inútilmente, hoy el verdadero reto para las personas de fe es comprender los desafíos únicos de nuestro momento actual.
“Esta idea de que vivimos el peor momento de la historia es, ante todo, falsa… el mundo siempre ha estado en crisis… lo que debemos hacer es tratar de comprender los desafíos que tenemos hoy.”
2. Un ministerio eficaz requiere diálogo, no una declaración de guerra a la cultura.
Para que la fe tenga algún impacto, no puede aislarse dentro de una subcultura protegida. El Dr. Jiménez presenta argumentos convincentes para encontrar puntos en común con la cultura circundante, argumentando que la iglesia debe dialogar con la sociedad, no declararle la guerra.
Utiliza el Evangelio de Juan como una lección magistral sobre este enfoque. A los griegos y a los romanos, Juan les presenta a Jesús como el Logos (“la Palabra”, Jn 1.1), adentrándose en sus conceptos filosóficos más profundos. Pero el genio de Juan se manifiesta plenamente en la historia de Jesús y la samaritana junto al pozo (Jn 4.1-41). En la Biblia hebrea, el encuentro donde un hombre conoce a una mujer junto a un pozo casi siempre conduce a una escena de compromiso (como el caso de Jacob). Al enmarcar este encuentro de la misma manera, Juan presenta a Jesús como el “Novio” divino que viene a buscar a su “novia”, la comunidad de fe entre la cual se encuentran los samaritanos y, por extensión, todo el mundo no judío. Juan no desestimó su mundo, sino que se adentró en su historia para revelar una verdad más profunda.
“No se puede ir a la cultura y decir: ‘No quiero saber lo que crees, no me importa lo que pienses’… Hay que saber dónde está la gente para luego entablar un diálogo y explicar cómo el evangelio de Jesucristo responde a sus necesidades”.
Esto plantea un desafío difícil para las iglesias modernas que, en sus palabras, han “abandonado el mundo”. Cuando se niegan a entrar en contacto con la sociedad, pierden la cultura evangelística que fueron llamados a cultivar.
3. Nuestras iglesias corren el peligro de convertirse en “no lugares” no auténticos.
Cuando una iglesia declara la guerra a la cultura y “abandona el mundo”, no se convierte en una fortaleza sagrada. ¡Todo lo contrario! Corre el riesgo de convertirse en algo mucho peor: una comunidad falsa. Para comprender este peligro, el Dr. Jiménez recurre a dos pensadores franceses que lo previeron hace décadas. Primero, Jean Baudrillard advirtió sobre un mundo de simulacros —cosas que parecen reales pero son completamente artificiales— prediciendo que un día crearíamos mentiras más convincentes que la verdad misma.
Esto nos lleva directamente a la obra de Marc Augé y su concepto de “no lugares”. Un “no lugar” es un espacio donde las interacciones humanas son fundamentalmente falsas y transaccionales, aunque parezcan amistosas. Piense en la amabilidad ensayada de su conductor de Uber o en un camarero de restaurante que lo trata como a un amigo hasta que llega la hora de pagar. La relación es simulada, alimentada por una transacción comercial. El Dr. Jiménez plantea una pregunta crucial: “¿En cuántas iglesias se tiene una comunidad falsa en lugar de una real?”. El peligro es que las iglesias se conviertan en meros “auditorios evangélicos”, donde la gente disfrute de un espectáculo religioso refinado, pero se marche sin experimentar una auténtica comunidad, comunión o atención pastoral.
4. La cultura de la celebridad convierte al pastor en el objetivo, no a Jesús.
La transformación de la iglesia en un “auditorio evangélico” conduce lógicamente al desarrollo de su “artista” estrella: el pastor “celebridad” o “influencer” religioso. En la economía del espectáculo, la indignación es moneda de cambio. El Dr. Jiménez critica esta cultura que prospera sobre la base del escándalo y la controversia —lo que en el mundo del reggaetón se llama “tiraera”— porque, “el escándalo te pauta” y las mentiras monetizadas mantienen la relevancia de la marca.
El principal peligro espiritual aquí es profundo. Cuando el ministro se convierte en una celebridad, sin darse cuenta se convierte en el centro de atención. El objetivo cambia de guiar a la gente a Jesús a atraer el público por la personalidad del pastor. El Dr. Jiménez ofrece un ejemplo del verdadero rol del predicador para contrarrestar esta distorsión.
“Como predicador, no soy más que una señal de tráfico que dice: ‘Por aquí se llega a Jesús’. Yo no soy la meta; la meta es Jesús.”
En una época donde el auge de la marca personal (o “branding”) a menudo se confunde con un ministerio fructífero, esta distinción es más crucial que nunca. La señal nunca es más importante que el destino; la persona que predica nunca será más importante que Jesús.
5. El antídoto contra el espectáculo se encuentra en la conexión humana real.
Si el problema es una fe construida sobre la apariencia, la solución no es un espectáculo mejor. El antídoto, insiste el Dr. Jiménez, es volver a las transacciones auténticas y reales.
Comparte una conmovedora historia sobre su encuentro con un padre cuya hija acababa de ser brutalmente asesinada. Mientras el padre lloraba frente a la funeraria, Jiménez se acercó a él. No le ofreció un rito religioso prefabricado ni le pidió que relatara su trauma. En cambio, le dijo al padre afligido: “Ya conozco la historia. Usted hizo todo lo que pudo para salvarla”. El acto pastoral consistió en liberar al padre del dolor de tener que volver a contar la historia del asesinato de su hija. Luego, Jiménez simplemente prometió acompañarle al día siguiente en el funeral, gesto que el padre agradeció. Fue una interacción real, basada en la humanidad compartida.
Es un privilegio que alguien te diga: ‘Por favor, acompáñame en el momento más difícil de mi vida’. Esas son transacciones reales. Necesitamos transacciones reales.
En última instancia, la verdadera fe no se confirma con argumentos intelectuales ni producciones deslumbrantes. Se confirma mediante un encuentro personal con el Cristo vivo, un encuentro matizado por estos pequeños momentos reales y humanos.
Conclusión: Elegir la autenticidad en un mundo que espera un espectáculo
Las reflexiones del Dr. Jiménez revelan el conflicto central que enfrentan las personas de fe hoy: ceder ante el atractivo seductor de la Civilización del Espectáculo o afirmar el llamado silencioso, a menudo difícil, a la verdad, la autenticidad y la verdadera comunidad. En una era de falsificaciones profundas (“deep fakes”), relaciones artificiales y presentaciones refinadas, quizás el testimonio cristiano más radical sea establecer una conexión humana genuina basada en la realidad de un Cristo vivo.
En un mundo que recompensa el performance y el show, ¿qué paso puedes dar hoy para cultivar una fe más auténtica?
Mi lugar seguro es una prédica cristiana que explora el oculto mensaje del Salmo 91.
Este sermón presenta un análisis expositivo del Salmo 91, que presenta a Dios como el protector de aquellos que le son fieles. Este salmo se desarrolla la idea central de que Dios bendice y protege a quienes buscan refugio en Él. El sermón destaca la relación entre el creyente y Dios, utilizando metáforas como un “castillo” o “fortaleza” para representar la seguridad y protección que Dios ofrece.
Mi lugar seguro explora varios temas, como la presencia de Dios en tiempos de peligro y cómo la presencia divina actúa como un refugio en momentos de angustia. El sermón sobre el Salmo 91 hace referencia a los peligros que enfrentaban los viajeros en la antigüedad, como cazadores, enfermedades, violencia y ataques de animales, y cómo Dios brinda un “camino seguro” para quienes confían en Él.
Esta prédica cristiana también resalta la importancia de la fidelidad, señalando que Dios protege especialmente a quienes le son leales. El Salmo 91 menciona a los ángeles como seres que acompañan y protegen a los creyentes en su travesía por la vida. En ciertos momentos, Dios habla directamente al creyente, reafirmando su amor y protección.
En su conclusión, el sermón sobre el Salmo 91 enfatiza que, aunque el mal existe, Dios está del lado de quienes sufren y los protege. La protección divina es una muestra de la bendición de Dios, y la invitación es entrar en una relación de pacto con Dios para experimentar su protección y bendiciones. El llamado final es vivir de acuerdo con los valores del reino de Dios y disfrutar de la seguridad que Él ofrece.
Bosquejo o manuscrito de un sermón listo para predicar sobre Juan 3.16
Introducción
Hace un tiempo asistí a un taller de capacitación para personas que están organizando nuevas congregaciones. Una de las actividades del taller consistió en una conferencia sobre métodos de evangelización. Como parte de la conferencia, la persona recurso le pidió al grupo de pastores y pastoras que describieran las frases que usan para invitar a personas nuevas a asistir a la iglesia. Las respuestas a tal pregunta fueron muy interesantes.
Algunas personas contestaron que, cuando invitan a alguien a visitar su iglesia local, recalcan el entusiasmo de la congregación, la música movida y la adoración contemporánea.
Otras indicaron que motivaban a la gente a visitar su iglesia porque su pastor era un buen predicador y un excelente maestro de la Palabra de Dios.
Aún otros señalaban el amor y el compañerismo cristiano como la razón principal para visitar su congregación.
Lo que me sorprendió de estas respuestas no fue lo que dijeron, sino lo que callaron. Ninguna de las personas presentes mencionó a Dios en su respuesta. Es decir, nadie motivaba a los demás a asistir a la iglesia para conocer a Dios, para establecer una relación más profunda con Dios, o para vivir más cerca de Dios. En todos estos casos, Dios estaba ausente del discurso de la iglesia local.
El carácter de Dios
Esta experiencia me ha hecho reflexionar sobre el lugar que ocupa Dios en la predicación y la enseñanza de la Iglesia contemporánea. Con tristeza, he llegado a la conclusión de que muchos de nosotros hemos olvidado que el propósito principal de la Iglesia es anunciar quién es Dios y proclamar las grandes cosas que ha hecho en beneficio de la humanidad. Es decir, la Iglesia Cristiana tiene la tarea de proclamar el carácter de Dios.
¿Cómo se comporta Dios?
¿Qué es importante para Dios?
¿Qué es agradable a Dios?
¿Qué desea Dios para humanidad?
En fin, ¿cuál es el carácter del Dios que revela el Evangelio de Jesucristo?
Quizás comprendan mejor lo que estoy tratando de decir si comparamos nuestra relación con Dios con nuestras relaciones humanas. Los seres humanos podemos afirmar que conocemos a otra persona cuando podemos dar fe de su carácter. Si conocemos una persona a profundidad, podemos decir si es paciente o colérica, si es activa o pasiva, si es misericordiosa o egoísta. Del mismo modo, la persona que conoce a Dios puede dar testimonio de su carácter, afirmando que es bueno, paciente, misericordioso, honesto, justo, alegre, y bondadoso.
Algunos se preguntarán, ¿cómo podemos conocer el carácter de Dios? La respuesta es obvia: por medio de la Biblia. Las Sagradas Escrituras nos revelan a este Dios que liberó al pueblo de Israel del cautiverio en Egipto y que envió a su único hijo a salvarnos. De hecho, podemos decir que el texto bíblico que mejor revela el carácter de Dios es Juan 3.16, que dice:
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna
Juan 3.16
El Dios misionero
Juan 3.16 nos habla del carácter de Dios de manera elocuente.
1. En primer lugar, afirma que Dios ama al mundo, un concepto que reitera la Primera carta de Juan 4.8 cuando declara que «Dios es amor».
2. En segundo lugar, afirma que Dios es misericordioso, dado que ha enviado a su único hijo a salvar a la humanidad que se encuentra esclavizada por las fuerzas de la maldad, el pecado y la muerte.
3. En tercer lugar, afirma que Dios es vida. El Dios revelado en el ministerio, la muerte, pasión y resurrección de Jesucristo es el Dios de la Vida (sí, con «v» mayúscula). Este Dios desea salvarnos de la muerte espiritual y emocional que sufren aquellas personas que viven esclavas de la maldad.
Este corto versículo de la Biblia nos enseña todos estos conceptos acerca de Dios. Creo que esto sería suficiente para comenzar a conocer el carácter divino. Sin embargo, cuando tomamos el texto en su contexto nos damos cuenta que Juan 3.16 tiene un mensaje aún más profundo. Este versículo afirma que el Dios de Jesucristo es el «misionero» por excelencia.
Basta re-leer las primeras líneas del texto para ver que Dios desea salvar a la humanidad perdida. Desea salvarla de la influencia de las fuerzas del pecado y de la muerte. Estas fuerzas malignas nos llevan a la destrucción, tanto de nosotros mismos como de las personas que nos rodean. Existe el mal en el mundo, y los seres humanos necesitamos la ayuda de Dios para superar su influencia.
La buena noticia es que Dios ha enviado a Jesucristo, su hijo, a salvarnos del poder de las fuerzas del mal. Jesús de Nazaret nos enseña a vivir de forma agradable a Dios, sirviendo a los demás y alcanzando plena madurez como seres humanos. Por medio del ministerio del Espíritu Santo, la presencia del Cristo Resucitado continúa en nuestros medios salvando y sanando a la humanidad perdida. Es esta presencia divina lo que nos permite resistir, enfrentar, y hasta desenmascarar tanto a las fuerzas de la muerte como a las personas e instituciones que le sirven de instrumentos.
Notemos, pues, que es Dios quien ha tomado el primer paso.
Dios es quien se ha revelado en la historia de Israel.
Dios es quien ha enviado a Jesucristo, su hijo.
Dios es quien nos capacita con su Espíritu Santo.
Dios es quien llama a la Iglesia a colaborar en la misión de alcanzar al mundo perdido.
En fin, Dios es el «misionero» que salva y libera a la humanidad.
Anunciar al Dios de la Vida
La tarea principal de la Iglesia Cristiana es anunciar el carácter de Dios a un mundo perdido. Tenemos la responsabilidad de proclamar al Dios de la vida en medio de un mundo esclavizado por las fuerzas de la muerte.
Por esto me preocupa tanto nuestro extraño silencio sobre Dios. A veces me pregunto si estamos avergonzados de hablar de Dios en medio de una sociedad que, para todos los efectos prácticos, es atea. Lo que es más, a veces me pregunto si muchos de nosotros también somos funcionalmente ateos, es decir, si vivimos como si Dios no existiera.
Para explicar mi punto, permítanme volver al ejemplo con el cual empecé estas reflexiones.
¿Por qué no le decimos a la gente que deben ir a la Iglesia porque necesitan conocer a Dios?
¿Por qué no le decimos a nuestras amistades, nuestros vecinos y nuestros seres amados que necesitan la presencia de Dios para poder vivir con provecho?
¿Por qué presentamos tantas excusas, tratando de llamarle la atención a la gente con trucos o con técnicas de mercadeo?
Me temo que la respuesta a estas preguntas puede ser que nosotros mismos no estamos dedicando suficiente tiempo a conocer a Dios. Me temo que algunos de nosotros todavía funcionamos con falsos conceptos de Dios, tales como.
«Papá» Dios: Cuando niños, algunos de nuestros familiares nos hablaban de Dios como si éste fuera un ancianito celeste. Nos decían: «Pórtate bien, porque si te portas mal ‘Papá’ Dios llora». Esto fijaba una falsa idea de Dios en nuestras mentes, como un ser débil e impotente.
El Dios violento: Otros aprendimos que Dios era una especie de policía omnisciente que nos castigaba con rudeza cuando hacíamos algo malo. Este tipo de Dios carecía de misericordia, trayendo a la gente al «buen camino» por medio de calamidades y de castigos.
El Dios ausente: Aún otros aprendimos que Dios había creado el mundo para que corriera por sí solo. Una vez terminada la creación, Dios se retiró y desde entonces se mantiene al margen de la actividad humana.
Conclusión
Sí, hay muchas personas que operan con falsos conceptos de Dios, tales como los que acabamos de enumerar. Creo que son más las personas que no dedican tiempo alguno a pensar en Dios, viviendo como si Dios no existiera.
La Iglesia de Jesucristo tiene la tarea de predicar al Dios verdadero en medio de un mundo que tiene tantos conceptos falsos sobre Dios. Tenemos que combatir los «ídolos» que la gente adora, pensando equivocadamente que están adorando al Dios de Jesucristo.
Dios invita a la Iglesia a compartir su ministerio misionero, recalcando su amor por la humanidad perdida. En este sentido, cuando hablamos de la «misión» de la Iglesia, en realidad estamos hablando de la misión de Dios. La misión es de Dios, no es nuestra.
Aceptemos, pues, la invitación y el mandato de Dios a compartir su misión de salvar a un mundo perdido.
Prediquemos a este Dios misionero, paciente y amoroso.
Anunciemos el carácter de Dios, dando a conocer su obra en medio de los tiempos.
Hagamos el esfuerzo de conocer más y mejor a Dios cada día de nuestra vidas.
¡Dediquemos nuestras vidas a anunciar y a conocer al Dios que «de tal manera» nos amó!
Una entrevista al Pastor Enoc Osorio, sobre un modelo de iglesia celular para la revitalización de la iglesia llamado “La estrategia de Jesús”.
La estrategia de Jesús es un modelo de evangelización y discipulado desarrollado por la Asamblea Apostólica de la fe en Cristo Jesús, una denominación hispana pentecostal cuyas oficinas centrales está en el sur de California pero que se extiende por toda América latina, varias regiones de Europa y otras partes del mundo.
El pastor Enoc Osorio es miembro de la Iglesia “La Misión”, ubicada en la hermosa ciudad de Mazatlán, en el Estado de Sinaloa, en México. El pastor rector de “La Misión” es el obispo Elias Paez de la Cerda. Esta iglesia tiene más de 200 grupos de amistad en Mazatlán y áreas limítrofes. El obispo Paez ofrece talleres y conferencias sobre la estrategia de Jesús al nivel internacional, en distintos puntos del mundo de habla hispana.
La estrategia de Jesús – Vídeo sobre la revitalización de la iglesia
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Encuentro del Movimiento La Red para el 5 de junio de 2022, Día de Pentecostés. La meditación se titula “Un nuevo Pentecostés” y gira en torno al tema de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia y en el orden creado.
Encuentro de adoración y predicación del Movimiento La Red para el 27 de febrero de 2022. La meditación se basa en el Filipenses 1.12-30. Su idea central es: «Las personas maduras en la fe tienen a Jesucristo como su modelo de fe y espiritualidad». Parte de la serie titulada Para vivir en Cristo. Visite la página web del Movimiento La Red.
Encuentro de adoración y predicación del Movimiento La Red para el 20 de febrero de 2022. La meditación se basa en el Filipenses 1.12-30. Su idea central es: «Las personas maduras en la fe de Jesucristo enfrentan los problemas de la vida con esperanza». Parte de la serie titulada Para vivir en Cristo. Visite la página web del Movimiento La Red.
Encuentro de adoración y predicación del Movimiento La Red para el 23 de enero de 2022. La meditación gira en torno a la oración y se basa en el Salmo 5. Visite la página web del Movimiento La Red.