Gracias por la lucha

Gracias por la lucha es una prédica cristiana apropiada para el Día de Acción de Gracias o Thanksgiving con un bosquejo de sermón listo para predicar.

¿Dar gracias? ¿A quién? ¿Por qué?

Para muchas personas, la idea de dar gracias a Dios puede parecer como un chiste de mal gusto. Estos han sido años durísimos para nuestros pueblos, donde hemos enfrentado epidemias, catástrofes naturales, inestabilidad política, polarización social y hasta violencia en las calles.

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La vida es una lucha diaria por conseguir los recursos necesarios para asegurar tanto nuestras propias vidas como el bienestar de los nuestros. Todos conocemos personas que, aunque trabajan arduamente, no pueden darle a su familia el techo, el alimento, la educación, el transporte y el cuidado médico que tanto necesitan.

Entonces, ¿por qué vamos a dar gracias?

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Cada vez son más las personas que dicen no creer en Dios, o por lo menos, no creer en el Dios que proclaman las distintas iglesias. 

  • No creen en el Dios que predican los católicos, los protestantes, o los pentecostales. 
  • Mucho menos creen en el Dios que predican los musulmanes, particularmente aquellos que siguen a los líderes extremistas. 
  • Como tampoco creen en el Dios que reclaman aquellos “cristianos nacionalistas” que abogan por la “supremacía blanca”.

Así llegamos al centro del problema: si usted no cree en Dios, ¿a quién va a darle gracias?

Por otro lado, hay personas que sí creen en algún tipo de fuerza espiritual, quienes no encuentran por qué dar gracias a Dios. Están convencidas de que sus vidas están en sus propias manos, no en las manos de Dios. Por eso piensan que, si Dios no les da nada, ¿por qué han de darle gracias?

Por lo tanto, el acto de dar gracias depende de su concepto de Dios.

  • Si usted ve a Dios como un dictador cósmico, no hay razón alguna para dar gracias.
  • Si usted ve a Dios como un “viejito celeste” retirado en algún tipo de “ancianato” o “nursing home” en una nube, no hay razón alguna para dar gracias.
  • Si usted ve a Dios como una fábula forjada por buscones religiosos para agenciarse la buena vida, no hay razón alguna para dar gracias.

Empero, hay otra forma de ver a Dios. Yo entiendo que, leída correctamente, la Biblia presenta a Dios como la fuerza vital del universo, como el soplo de vida que da razón a todo lo creado. Dios es, pues, la vida misma. Por eso Jesús de Nazaret dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14.6 RVR 1960).

El Dios que se ha revelado a la humanidad por medio de la persona histórica de Jesús de Nazaret no es el causante de nuestro sufrimiento. ¡Todo lo contrario! Es el Dios de la Vida que sufre con nosotros. Por eso, el símbolo principal de la fe cristiana es la cruz, donde Jesús—la encarnación de Dios en el mundo humano—sufre la muerte para solidarizarse con todo aquel que sufre, para acompañarnos en nuestro dolor y para librarnos del sufrimiento. El símbolo central de la fe cristiana no es triunfalista, sino una cruz, señal de que el poder de Dios se muestra en la debilidad (2 Co 12.9).

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Las personas de fe saben que Dios está con ellas en medio del sufrimiento. Por eso, ven los problemas y las dificultades que les plantea la vida como exámenes o pruebas que pueden ser superadas con la ayuda de Dios. A manera de ejemplo, veamos lo que el Apóstol Pedro escribió sobre este tema:

1 Pedro 1.6-7 (TLA)

Sobre esta base y a pesar de todos los problemas que enfrentamos en la vida, hoy yo quiero dar gracias a Dios—quien es la vida misma—por acompañarme en la lucha por la vida. Sí, le doy gracias a Dios por la lucha, porque es el fuego que nos refina, como se purifica el oro.

2 Corintios 4.8-11 (TLA)

Por todas estas razones, hoy le invito a dar gracias a Dios por el privilegio de vivir, por acompañarnos en nuestro sufrimiento y por capacitarnos para seguir luchando por la vida.

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Bienaventurado el varón (Salmo 1) – Un sermón para el Día de los Padres

Bienaventurado el varón es un sermón para el Día de los Padres basado en el Salmo 1, con un bosquejo listo para predicar.

Audio:

Texto bíblico: Salmo 1

Ocasión: Día de los Padres (o culto especial para hombres)

Propósito: Exhortar a los hombres a vivir con integridad en una sociedad en crisis.

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Celebramos el Día de los Padres en un mundo profundamente marcado por la incertidumbre. Vivimos tiempos convulsionados, donde se combinan crisis económicas, desgaste emocional, tensiones familiares y, sobre todo, una gran pérdida de valores.

En medio de este panorama difícil, necesitamos levantar una voz de profética, llena de esperanza. Dios nos llama a vivir en una relación de amor y justicia con nuestro Señor. Esto nos convertirá en hombres que aman a Dios, que cuidan de sus familias y que viven con integridad. Hoy, queremos recalcar ese llamado, porque la Palabra de Dios afirma que es “bienaventurado el varón” que persevera en la justicia.

Para guiarnos en esta reflexión, vamos al Salmo 1.


El Salmo 1 no es simplemente otro poema bíblico: es la puerta de entrada al libro de los Salmos. Este cántico presenta un retrato del hombre bendecido por Dios: un hombre que no sigue el consejo de los malos, que no se detiene en el camino del pecado, y que no convive con burladores.

Este hombre justo se deleita en la Palabra de Dios. No se limita a leerla ocasionalmente: la medita día y noche en la Ley de Dios , permitiendo que esa verdad transforme su vida.

En medio de un mundo donde muchos se dejan arrastrar por lo fácil, el hombre que medita en la Palabra de Dios tiene raíces firmes. Puede resistir la presión y dar fruto a su tiempo.

El salmista utiliza una herramienta poderosa: la comparación. Contrasta al hombre justo con el injusto. No hay puntos medios. No se puede caminar con Dios y seguir la maldad al mismo tiempo.

Veamos tres áreas donde este contraste es evidente:

El hombre justo florece como árbol plantado junto a corrientes de agua. Su vida tiene propósito, dirección, fruto.

En cambio, el impío se desvanece. No tiene raíces. Es como paja que se lleva el viento.

El justo se aparta del mal y busca la comunión con otros que aman a Dios.

El injusto, por su propia conducta, queda fuera de la comunidad de los justos. No encaja en el pueblo que vive conforme a los valores del Reino.

El Señor cuida el camino del justo. Pero el camino del impío… lleva a la perdición.

Hoy, más que nunca, la sociedad necesita hombres valientes, hombres de fe, hombres que opten por la justicia. No perfectos, sino decididos a caminar con Dios.

El mundo necesita hombres que:

  • Honren a sus familias 🏠
  • Sean honestos en el trabajo 💼
  • Sirvan a su comunidad 🤝
  • Busquen a Dios con sinceridad 🙏
  • Sean ejemplo de vida íntegra 💡

Dios está llamando a todos los hombres —especialmente a los padres— a tomar una decisión de fe. Si eliges caminar con Cristo, si eliges deleitarte en su Palabra, serás como árbol junto a corrientes de agua, darás fruto en tu tiempo, y todo lo que hagas prosperará.

Ese hombre es bienaventurado. Ese hombre eres tú, si decides hoy vivir para Dios. Amén.


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¿Amigo o enemigo? Un sermón para el Día de los Padres

Amigos o enemigos es un sermón apropiado para el Día de los Padres, sobre la figura de David, de acuerdo a 2 Samuel 18.32-33.

Texto: 2 Samuel 18:32-33

Tema: Dios llama a los hombres a ser padres responsables.

Área: Consejo Pastoral

Propósito: Exhortar a padres e hijos a mejorar su relación.

Diseño: Sermón en ocasión del día del padre

Lógica: Deductiva

Introducción

Pedro llegó tarde a su casa. Como de costumbre, había estado trabajando horas extras en un nuevo proyecto de su compañía. Al llegar a casa, encontró a su esposa con sus niños pequeños, pero Esteban, su hijo mayor, estaba en la calle con un grupo de amigos. Pedro lo esperó hasta la madrugada. Cuando Esteban llegó Pedro lo confrontó. Empero, su hijo le contestó: “Te odio”.

Comunicarse efectivamente con sus hijos y sus hijas es uno de los grandes desafíos que enfrenta un padre. La distancia entre las generaciones dificulta la comunicación. Dado que la juventud tiene su propio lenguaje y sus propias prácticas, hablar con una persona joven es tan difícil como hablar con una persona extranjera que hable un idioma extraño.

Los padres queremos que nuestros hijos e hijas no cometan los mismos errores que nosotros cometimos. Sin embargo, lo que decimos con nuestras palabras lo negamos con nuestra conducta. Nuestros hijos e hijas aprenden a hacer lo que nos ven haciendo a nosotros. La teoría de sistema de familias nos enseña que los patrones familiares predeterminan la conducta de los hijos.

Tomemos, a manera de ejemplo, el caso de un padre divorciado que le recalca a su hijo que no debe divorciarse. Ahora bien, ¿cómo el hijo va a aprender a ser un buen esposo y un buen padre si vive solo con su madre? Por mejor madre que sea una mujer, no puede enseñarle a un hijo varón a ser un hombre de provecho. 

Los estudios psicológicos demuestran que la repetición de patrones familiares es más la norma que la excepción. Por esta razón, cuando una generación se ha visto afectada por problemas tales como la adicción, los embarazos fuera del matrimonio y el divorcio, las nuevas generaciones tienden a repetir el mismo problema.

David: ¿buen rey y mal padre?

David es uno de los personajes centrales del Antiguo Testamento. En términos generales, es uno de los héroes de la Biblia Hebrea. El texto bíblico lo presenta como un joven talentoso que creció en gracia y sabiduría ante Dios. Sin embargo, como todo hombre, David tenía un lado débil. En su caso, era el manejo de su vida personal. 

Algunos problemas personales de David son:

  • David está prometido a Merab, pero se casa con Mical, ambas hijas de Saúl (1 S 18).
  • David conoce a Abigail y se queda de ella después de la muerte de su esposo (1 S 25).
  • Mical repudia a David (2 S 6.16)
  • David hostiga a Betsabé, matando a su esposo, Urías el heteo (2 S 11) 

Eventualmente, esos problemas también comienzan a manifestarse entre los muchos hijos que David tuvo con muchas mujeres (compare con 2 S 3.2-5).

  • Amnón viola a Tamar, su media hermana, pero David se niega a castigarlo (2 S 13).
  • Absalón, el hermano de Tamar, mata a Amnón para vengar a su hermana (2 S 13).
  • Esta vez, David castiga a su hijo Absalón, condenándolo al destierro (2 S 13).
  • Por medio de la intercesión de Joab, Absalón vuelve a casa de su padre (2 S 14). Sin embargo, conspira contra su padre (véase 2 S 15.1-6).
  • Finalmente, Absalón se subleva contra su padre en una guerra civil (2 S 15-17).

La guerra civil terminó con la muerte de Absalón (1 S 18). Aunque David le pidió a sus generales que no mataran a su hijo (v. 5), Joab lo asesinó cuando lo encontró colgado de la rama de un árbol (v. 14). La muerte de Absalón dejó a David llorando por el joven príncipe: “¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera haber muerto en tu lugar, Absalón, hijo mío, hijo mío!”

La ausencia de David dejó a sus hijos a la deriva. David no pudo atajar los problemas de sus hijos a tiempo. Tampoco pudo ayudarlos a alcanzar su pleno potencial. En resumen, los príncipes y las princesas carecían de una persona que les diera una imagen paternal positiva. 

Cómo mejorar la comunicación

Las confrontaciones entre padres e hijos puede causar tanto resentimiento que termine convirtiéndolos en enemigos. Las luchas entre padres e hijos destruyen el hogar. Además, las luchas entre padres e hijos casi siempre terminan trayendo vergüenza a la familia.

A continuación ofrecemos algunos consejos prácticos para mejorar la comunicación con sus hijos.

1. Sea un padre, no un amigo: Ejerza su rol de padre. No trate de ser un “amigo” de sus hijos e hijas. Estos tienen sus propios amigos en la escuela, la iglesia y la comunidad. Sus hijos necesitan un padre, no un “amigo” más. Muchas de los padres que intentan ser “amigos” de sus hijos terminan siendo una mala influencia en ellos. 

2. Permita que busquen su propio camino: No trate de alcanzar sus propios sueños a través de sus hijos. Trate de aceptarlos tal como son, comprendiendo que ellos tienen su propia manera de ser, que puede ser muy distinta a la suya. Los hijos resienten que les obliguen a hacer cosas que no les interesan. No les obligue a perseguir sus propios sueños.

3. Ofrezca un buen ejemplo a seguir: La contribución más importante que los padres pueden hacer a la vida de sus hijos e hijas es tener un matrimonio estable. Las estadísticas indican que las personas jóvenes que provienen de hogares estables pueden manejar más efectivamente los problemas y las tensiones de la adolescencia.

4. Busque la armonía familiar: Las personas adultas divorciadas que están criando jóvenes deben procurar la mayor armonía posible en su relación con su ex-pareja. El padre debe mantenerse involucrado y activo en la vida de sus hijos. Si el padre ha abandonado a sus hijos, es importante que uno de los abuelos o de los tíos les presente una imagen masculina positiva que llene el vacío dejado por el padre.

5. Lo mismo que usted: También es importante que los padres den darle un buen ejemplo de moralidad y de sexualidad responsable. La persona que tiene la custodia de los hijos no debe convivir con otra persona sin casarse. Quien rompe esta regla se expone a escuchar de los labios de sus hijos frases como la siguiente: “Si tú lo haces, yo lo puedo hacer también.”

6. El ojo del amo: Los adolescentes deben tener supervisión familiar en las tardes, después de llegar a casa de la escuela. Los jóvenes que pasan varias horas solas en sus casas durante las tardes pueden emplear ese tiempo en cosas negativas, tales como ver pornografía, ingerir bebidas alcohólicas o usar otras substancias controladas. Además, pueden sentirse tentados a tener relaciones sexuales pre-matrimoniales en su propio cuarto.

7. Comparta su fe: Los padres deben compartir su fe en el hogar. Es importante que la juventud aprenda la «disciplina espiritual» en su propia casa. Enséñeles a sus hijos por medio de su ejemplo a asistir a la iglesia, a leer la Biblia y a orar regularmente.

8. Hable con ellos: Un padre debe pasar diariamente unos 10 o 15 minutos hablando a solas con cada uno de sus hijos. Esto les ayudará a cultivar relaciones familiares abiertas, profundas y duraderas. Use este tiempo para hacer preguntas que le permitan conocer los intereses de sus hijos.

9. Qué ven, qué escuchan: Se debe estar al tanto de la influencia de los medios de comunicación masiva en la juventud. Los padres deben sentarse a ver televisión con sus hijos. También deben leer o escuchar las letras de las canciones que están de moda. Antes de darle permiso para ir al cine, deben leer alguna reseña periodística de la película en cuestión.

10. Señales de peligro: Se debe prestar atención a las «señales de peligro» que los jóvenes puedan manifestar. Por ejemplo, un adolescente que está deprimido, manifiesta problemas de conducta en el hogar o en la escuela, baja las notas súbitamente, aumenta o pierde peso considerablemente, manifiesta interés en el ocultismo, guarda aparatos sexuales en su cuarto, tiene parafernalia de drogas, o roba, necesita ayuda profesional.

Conclusión

La conducta familiar y personal de David revela las consecuencias funestas que tiene el dar un mal ejemplo a los hijos. Aprendamos de este modelo bíblico que Dios nos llama a vivir en santidad, una santidad que nuestros hijos e hijas puedan imitar. En gran medida, su futuro depende de ello.

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¿Qué es el Evangelio?

El evangelio es el anuncio de la buena noticia de que Dios desea salvar a la humanidad del pecado y de sus consecuencias.

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La Iglesia de Jesucristo tiene dos propósitos principales. El primero es adorar a Dios, honrándole en todas nuestras acciones y relaciones. La adoración nos conecta con Dios y nos permite colocar la vida en la perspectiva correcta. El ser humano que no adora, no cultiva su espiritualidad y, por lo tanto, no puede alcanzar una vida plena. Para poder ser verdaderamente humano, hay que buscar, sostener y desarrollar una relación con Dios.

El segundo propósito de la Iglesia cristiana es predicar el mensaje del Evangelio de Jesucristo. Por eso, en el mundo de habla hispana las iglesias protestantes de conocen como “evangélicas”, ya que su actividad principal es proclamar el mensaje del Evangelio de Jesucristo.

Ahora bien, ¿qué es el Evangelio? ¿Qué quiere decir esta palabra tan importante para la iglesia? ¿Cuál debe ser la respuesta de la humanidad al Evangelio de Jesucristo?

El Evangelio es anuncio de la buena noticia que Dios desea transmitir al ser humano; la buena noticia de que Dios desea acercarse a la humanidad para salvarla del pecado y de sus consecuencias, para que pueda alcanzar la salvación.

El Evangelio es la buena noticia de que Dios se ha acercado a la humanidad por medio del ministerio de Jesús de Nazaret. La iglesia entiende que Dios se ha revelado en las acciones, las palabras y las enseñanzas de Jesús. También se ha revelado en su vida, tanto en su nacimiento como en su muerte. Jesús es, pues, el rostro humano de Dios, quien nos revela el carácter de Dios y quien nos llama a vivir en relación con Dios.

En Marcos 1:14-15 Jesús afirma que la buena noticia consiste en que el “reino de Dios” se ha acercado a la humanidad.

14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el Evangelio del reino de Dios, 15 diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el Evangelio.

El reino de Dios es el gobierno de Dios sobre el mundo. Este reino de Dios se opone a todos los reinos humanos, particularmente contra aquellos que explotan, matan y destruyen al pueblo.

Queda claro, pues, que el anuncio del Evangelio siempre llama al ser humano a tomar una decisión. Usted y yo tenemos que escoger a cual reino habremos de dar nuestra lealtad. Podemos darle nuestra libertad a los reinos de este mundo, que son gobernados por los seres humanos pecadores que se dejan llevar por su propios malos deseos. O, por el contrario, podemos depositar nuestra fe y confianza en el reino de Dios. El reino de Dios nos lleva a vivir de acuerdo a los valores divinos; nos invita a crecer en la fe imitando el carácter de Dios.

Cuando una persona comprende y acepta el mensaje del Evangelio de Jesucristo, comienza una relación con Dios. La persona que acepta a Jesucristo como Señor y salvador, pasa a formar parte del pueblo de Dios. Además, comienza a vivir en el poder del Espíritu Santo, el consejero enviado por Dios par acompañar pastoralmente a las personas que confiesan tener fe y confianza en la persona y la obra de Jesucristo.

Dios ya ha dado el primer paso en beneficio de la humanidad. Dios ya ha dado el primer paso para acercarse a usted, para bendecirle y para salvarle. Lo que resta es que usted se acerque a Dios.

Nos toca a nosotros, a usted y a mi, tomar una clara decisión de fe. Demuestre su fe y su confianza en Dios haciendo una oración que exprese su fe en Jesucristo. Repita esta oración de fe conmigo:

OREMOS: Dios bueno, te doy gracias por el mensaje del Evangelio, que has revelado por medio de Jesucristo. Yo me arrepiento de mis pecados y pido tu perdón. Yo confieso a Jesucristo como Señor y Salvador. Cúbreme con la sangre de Jesucristo. Sálvame del pecado y úsame para bendecir a los demás. En el nombre de Jesús. AMÉN.

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El Dios Maternal (Génesis 21)

El Dios Maternal es un sermón listo para predicar sobre Agar, basado en Génesis 21, apropiado para la celebración del Día de las Madres.

Audio:

Texto: Génesis 21.7-19

Tema: El amor de Dios por la humanidad es comparable al amor de una madre por su cría.

Área: Sermón en ocasión del día de las madres

Propósito: Que la audiencia reflexiones sobre el aspecto maternal y femenino del amor de Dios.

Diseño: Narrativo

Lógica: Inductiva

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 Para establecer el tono

Hay experiencias que hermanan a la humanidad. Una de ellas es la maternidad. Todo ser humano conoce el amor maternal. Tanto hombres como mujeres hemos visto de cerca el inmenso amor y los cuidados que le proporciona una madre a su hijo.

La Biblia presenta varios ejemplos del amor maternal. Uno de los más emotivos es el caso de Agar.

Marco escénico

La historia de Agar forma parte del ciclo de historias relacionadas a Abram, el patriarca hebreo.

Abram había recibido la promesa de parte de Dios de que sería padre de un niño. Este sería su heredero (15.4). Sin embargo, al retardarse el cumplimiento de la promesa, su esposa Sara le sugiere que tome a su esclava como “madre sustituta.” Agar, la esclava, no tenía opciones. Su condición de esclava la obligaba a someterse a los deseos de su ama. Por eso Sara la trata como si fuera un objeto.

Trama

Agar concibió. Su embarazo cambió su situación en la casa de Abram. Agar ya no era un objeto; ahora era la madre del heredero. Esto provoca una situación de tensión y rivalidad entre Sara y Agar (16.4). Agar huye al desierto, quizás tratando de volver a su tierra (16.7). Y es precisamente en el desierto donde Dios viene al encuentro de Agar.

Pero esta no fue la única vez que Dios tuvo que venir en auxilio de la mujer egipcia. Unos 14 años después del nacimiento de Ismael, Abram vio cumplida la promesa del Señor. Abram hizo un pacto con Dios, pacto que cambió su nombre en el proceso a Abraham. Como señal del pacto, Abraham tuvo un hijo con Sara, llamado Isaac.

Esto sólo agravó la rivalidad entre Agar y Sara. Finalmente, Sara le ordenó a Abraham que echara a Agar a la calle. Abraham le dio un poco de comida para el camino—pan y agua—y Agar se encaminó al desierto.

Vencida por el hambre y la sed, Agar se echó a morir (21.15-16). Una vez más, Dios vino a su encuentro proveyendo agua en forma milagrosa, dándole así un nuevo futuro (21.17-19)

Punto culminante

¿Por qué Dios vino en auxilio de Agar? Hay varias respuestas posibles:

  • Podemos decir que Dios ama a todo el mundo.
  • O podemos explicarlo a base de la misericordia de Dios.
  • Quizás sea parte de su plan para la vida de Agar.

Ahora bien, creo que la respuesta es más profunda que eso. Dios intervino a favor de Agar porque Dios conoce de primera mano el amor que siente una madre por su hijo. Dios conoce el amor maternal porque ama a la humanidad como una madre a sus hijos.

Debemos recordar que Dios no es un hombre, sino un espíritu. Por lo tanto, queda claro que Dios no es un “varón”. De hecho, la Biblia emplea varias imágenes femeninas para describir el carácter y la acción de Dios.

Por ejemplo, hay varios pasajes bíblicos que describen a Dios como un ave que guarda a sus pollitos bajo sus alas. Deuteronomio 32.11-12 se compara a Dios con un águila y Mateo 23.37 con una gallina de pollos.

El libro de los Salmos se refiere constantemente a la protección que reciben los justos bajo “las alas de Dios” (Sal 17.8; 36.7; 57.1; 61.4; 63.7; 91.4).

Quizás el texto que relaciona más directamente el amor de Dios al amor maternal es Isaías 66.13, donde la profecía afirma que Dios consolará al pueblo exilado como una madre consuela a sus hijos e hijas.

Desenlace

En este sentido, hoy estamos celebrando el día del amor de Dios, encarnado y revelado en al amor de una madre. Del mismo modo que una madre ama, cuida y protege a sus hijos e hijas, Dios te ama, te cuida y te protegerá por siempre. Amén.

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Corona de la creación (Génesis 2)

Corona de la creación es un sermón sobre la creación de la mujer, basado en Genesis 2, apropiado para el Día de las Madres.

La celebración del Día de las Madres brinda una oportunidad especial para reflexionar no solo sobre la maternidad, sino también sobre la dignidad de todas las mujeres. Desde esta perspectiva amplia, proponemos considerar a la mujer como la “corona de la creación”, basándonos en el relato bíblico de Génesis 2:18-23. Esta visión no solo honra la capacidad de las mujeres para la maternidad, sino que también afirma su lugar esencial en el plan de Dios para la humanidad.

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El relato de la creación en el Génesis ofrece dos versiones complementarias. La primera, de carácter más poético, presenta la creación del ser humano —hombre y mujer— a imagen de Dios (Génesis 1.27). Sin embargo, la segunda narración, más detallada y narrativa, desarrolla la creación de la mujer de manera especial. Dios primero forma al varón del polvo de la tierra, pero observa que “no es bueno que el hombre esté solo”. A partir de esta necesidad, crea a la mujer, no de nuevo polvo, sino de la misma esencia del varón, subrayando su igualdad en dignidad y naturaleza.

El acto de crear a la mujer a partir del varón, tal como se describe en Génesis 2.21-23, expresa su profunda conexión con el hombre. La mujer no es un ser secundario ni accesorio, sino una parte integral del propósito divino. La narración bíblica recalca que la creación alcanza su plenitud solo con la formación de la mujer. No hay nueva creación después de ella; su existencia marca la culminación de la obra creadora de Dios.

El significado teológico de este relato es profundo: la mujer no es un añadido al final de la creación, sino su culminación. Ella completa el orden creado, trayendo equilibrio, comunión y plenitud. Así, en el plan de Dios, la mujer representa no solo la capacidad de dar vida, sino también la encarnación de valores divinos como el amor, la compasión y la sabiduría.

Celebrar el Día de las Madres, entonces, es reconocer y honrar a todas las mujeres —madres biológicas, madres de crianza, mujeres solteras, casadas, divorciadas o viudas— como portadoras de esta dignidad intrínseca. Es un acto de gratitud por su presencia, que refleja la plenitud de la creación y la gracia divina.

Al afirmar a la mujer como corona de la creación, reconocemos su valor eterno y su lugar insustituible en la historia humana y en la comunidad de fe. Bendecimos a Dios por su sabiduría al otorgar a la humanidad este regalo tan precioso.

Corona de la creaciónro
Día de las Madres
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A puerta cerrada (Juan 20.19-23)

A puerta cerrada es un sermón para el Domingo de Pascua de Resurrección, de la Semana Santa, basado en Juan 21, escrito por el Dr. Pablo A. Jimenez.

Rudimentos

Texto: Juan 20:19-22

Idea Central: Cristo nos llama a participar activamente en la misión de alcanzar el mundo con el mensaje del evangelio.

Área: Desafío profético

Propósito: Exhortar a la audiencia a abrazar la misión cristiana.

Tipo: Expositivo

Lógica: Inductiva


Media

Audio:

YouTube:


Manuscrito

Introducción

Hace un tiempo atrás, cuando dirigía el Instituto Bíblico de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico, el Pastor General de la denominación me asignó la tarea de escribir material de escuela bíblica dominical para nuevos creyentes. Esa tarea fue muy difícil para mi, tanto que me vi obligado a investigar el tema con cierto detalle. Aparte de leer varios manuales para nuevos creyentes, hablé con muchas personas que apenas comenzaban en la fe. En uno de esos diálogos, un hombre de mediana edad me preguntó por qué la Biblia tenía cuatro evangelios en lugar de uno. Él no entendía por qué el Nuevo Testamento (NT) narra la historia de Jesús desde cuatro perspectivas distintas.

La pregunta de este hermano es sumamente importante para la cristiandad. La existencia de cuatro versiones de la vida de Jesús crea serios problemas. Por ejemplo:

1. Hay algunas diferencias o discrepancias entre las versiones de algunas historias que aparecen en varios de dos evangelios o más. Tomemos el caso de la infancia de Jesús. Mateo no menciona la visita de los magos y Lucas no menciona el viaje de la sagrada familia a Egipto. 

2. El otro problema está relacionado a la figura de Jesús. En Mateo y en Juan, Jesús pronuncia largos discursos en varias ocasiones. En Lucas y en Marcos, hay menos discursos y, los que hay, son más cortos. Mateo presenta a Jesús como un maestro de la ley; Marcos como un hacedor de milagros; Lucas como un filósofo que iba de sitio en sitio; y Juan como un predicador de sabiduría. ¿Cuál es, pues, la imagen correcta?

La Iglesia Antigua trató de solucionar el problema compilando los cuatro evangelios en un solo documento llamado “Armonía de los cuatro evangelios”. De hecho, esta tradición sigue hasta el día de hoy, como puede comprobar cualquier persona que visite una librería religiosa bien surtida. Sin embargo, la inmensa mayoría de los creyentes preferimos usar los evangelios tal y como están en el NT. La pregunta que se impone una vez más es, ¿por qué?

Perspectivas

La iglesia decidió incluir los cuatro evangelios en el NT precisamente porque son distintos. En su sabiduría, el liderazgo de la Iglesia Antigua reconoció que los seres humanos estamos condicionados por nuestras propias perspectivas. Cada cuál “lee” la realidad desde un punto de vista distinto, y por eso la entiende de manera diferente.

Se cuenta que en una ocasión un elefante visitó el país de los ciegos. Como no podían verlo, los ciegos le pidieron al elefante que les permitiera tocarlo. El elefante accedió gustoso, pero pronto tuvo que continuar su viaje. Ido el animal, los ciegos se reunieron a discutir cómo eran los elefantes. Unos dijeron que un elefante es como una pared; otros lo compararon con una serpiente; y aún otros afirmaron que era como el tronco de un árbol. Cada cual habló desde su propia experiencia y, por eso, cada tenía un pedacito de la razón.

Queda claro, pues, que cada ser humano aprende de manera distinta. Nuestra habilidad para percibir está condicionada por nuestra cultura, por el momento histórico en el cual vivimos y por nuestro propio temperamento. Pero, quizás más importante que todos estos elementos, nuestra habilidad para aprender está condicionada por nuestras propias experiencias.

En parte, esto explica por qué los discípulos y las discípulas de Jesús reaccionaron de maneras tan distintas al milagro de la resurrección. El capítulo 20 del Evangelio según San Juan describe variadas respuestas a la tumba vacía.

1. La mayor parte de las mujeres que fueron al sepulcro el domingo en la mañana reaccionaron con fe. La tumba vacía trajo a su memoria las muchas enseñanzas de Jesús sobre su propia muerte. Aun llenas de temor y gozo, las mujeres corrieron a compartir la buena noticia de la resurrección , piedra angular del mensaje evangélico hasta el día de hoy.

2. Pedro y Juan corrieron al sepulcro. Juan se quedó fuera, quizás para no contaminarse. Pero Pedro entró a la tumba y rebuscó la mortaja que una vez encerró a Jesús. 

3. Por su parte, María Magdalena reacciona con dolor ante la tumba vacía. Para ella, el sepulcro abierto evidencia que se ha cometido un grave crimen. Está segura de que alguien ha robado el cuerpo de Jesús para desacrarlo. El dolor que la invade es tan grande que no le permite reconocer al Cristo Resucitado que viene a su encuentro. ¡El dolor no la deja! Por eso, confunde a Jesús con el jardinero que estaba a cargo de la huerta y le acusa de desacrar la tumba. No es hasta que Jesús grita su nombre que María la de Magdala lo reconoce. Entiendan bien, aún estando ante la visión del Cristo Resucitado, María no pudo reconocerlo por sí misma.

4. Finalmente, el resto de los discípulos se resistían a creer el testimonio de las mujeres. También tomaron con un grano de sal el testimonio de Pedro y de Juan. Al final de cuentas, ellos no habían tenido visión alguna. Hasta ese punto, la visión del Cristo resucitado era una realidad para las mujeres y para los dos discípulos más atrevidos. Sin embargo, la visión todavía no se había hecho una realidad en las vidas del resto de los discípulos.

A puerta cerrada

La Biblia nos indica que los discípulos se encontraban aún encerrados y escondidos tres días después del asesinato de Jesús. Temían ser arrestados y asesinados; temían sufrir la misma suerte de su maestro.

Es precisamente cuando estaban a puerta cerrada que el Cristo resucitado se les aparece en visión. Jesús sabía que el testimonio de las mujeres no sería suficiente. El sabía que sus discípulos necesitaban tener una experiencia personal con lo divino para ser transformados.

Lo que es más, Jesús sabía que la cultura y la historia conspiraban contra la fe en el milagro de la resurrección. Después de todo, la cultura judía menospreciaba el testimonio de las mujeres y la historia indicaba que él había muerto pocos días atrás. Por todas estas razones, el antes crucificado aparece ahora resucitado para llevar a sus amados discípulos al camino de la fe.

Lo sorprendente es que Jesús no les recrimina ni su cobardía ni su poca fe. Y comprendan que bien pudo hacerlo. Después de todo, los discípulos y las discípulas que se atrevieron ir hasta la tumba vacía tuvieron sus respectivas visiones a la luz del sol. Ellos muy bien pudieran haber salido de su encierro para encontrarse con el Resucitado.

Pero ese no fue el caso. Estaban encerrados; paralizados por el miedo; y convencidos de su propia debilidad. Demos pues, gracias a Dios porque el Resucitado venció todo obstáculo para poder llegar a sus discípulos incrédulos con el mensaje liberador del evangelio.

En esta hora, debemos preguntarnos a nosotros mismos cuál es nuestro lugar en esta historia. Es decir, debemos preguntarnos con cuál personaje nos identificamos; cual de ellos o de ellas nos representa.

Esta pregunta es importante porque Dios continúa hablándole a la humanidad, revelando el mensaje liberador del Evangelio de Jesucristo. Sí, mis buenos hermanos y mis buenas hermanas, Dios continúa revelando su carácter y su santa voluntad a la humanidad. El Cristo Resucitado está presente en nuestro mundo, por medio del poder del Espíritu Santo, transformando vidas torcidas y sanando corazones rotos.

El Cristo Resucitado está presente en nuestro mundo, por medio del poder del Espíritu Santo, transformando vidas torcidas y sanando corazones rotos.

Y si Dios sigue hablando a la humanidad, también sigue hablando al liderazgo de su iglesia cristiana. Para aquellos que se atreven a caminar hasta la tumba vacía–rodeada por los militares que defienden los intereses de este mundo–la visión es clara. Dios llama a su iglesia a:

  • Sanar
  • Bendecir
  • Ayudar
  • Transformar
  • Encarnar el carácter de Dios ante nuestro mundo

Sí, algunos entre nosotros tienen el mismo celo misionero de las discípulas, de la Magdalena, de Pedro y de Juan. Sin embargo, debemos reconocer que la mayor parte de nosotros, al igual que el resto de los discípulos, estamos encerrados por nuestros propios temores. Nos han enseñado

  • Que no tenemos la inteligencia
  • Que no tenemos la habilidad
  • Que no tenemos los recursos financieros
  • en fin, que no podemos

Por eso es fácil encerrarse; quedarse a puerta cerrada; atemorizados ante la inmensa tarea que tenemos por delante. 

Pero hoy Dios nos llama a echar fuera todo temor. El Cristo Resucitado atraviesa las puertas que nos aíslan y nos separan. Jesús se hace presente aún en medio del dolor, del temor, y del sufrimiento, diciendo: “Paz”.

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Si rasgaras los cielos (Isaías 64)

Si rasgaras los cielos es un sermón expositivo, apropiado para la temporada de adviento y basado en Isaías 64, con un bosquejo de sermón listo para predicar.

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Texto: Isaías 64:1-3

Idea central: La iglesia espera la intervención milagrosa de Dios en la historia.

Área: Desafío profético

Propósito: Dar voz a las esperanzas del pueblo.

Diseño: Expositivo, apropiado para la temporada de Adviento

Lógica: Inductiva


Isaías abre su oración con un clamor desgarrador: «¡Oh, si rasgaras los cielos y descendieras!». Esta súplica suena como la oración desesperada de quien no ve salida alguna a su situación. Es la misma oración que usted y yo hemos hecho en tiempos de crisis. Hay momentos en los que deseamos que Dios intervenga con poder, rompiendo los cielos como quien rasga una tela vieja, descendiendo con gloria para actuar a nuestro favor. Anhelamos que su presencia mueva montes, haga hervir las aguas y transforme lo imposible en realidad. El clamor del profeta se convierte, entonces, en el clamor de todo creyente que espera un milagro.

Esta oración nace en uno de los momentos más dolorosos de Israel. El pueblo regresaba del exilio en Babilonia solo para encontrar Jerusalén en ruinas: el templo destruido, las murallas derribadas, la economía en crisis y el liderazgo local en manos de extranjeros. A ello se sumaba el hambre, el desempleo y la pérdida de hogares. En medio de esa devastación, el profeta ora porque vive cerca de Dios; su relación con el Señor sostiene su fe aun durante la crisis. Además, recuerda los grandes actos de Dios en la historia: el llamamiento de Abraham, la destrucción de Sodoma, las plagas sobre Egipto, el Éxodo y la conquista de la Tierra Prometida. Inspirado por estas memorias, se atreve a pedir lo imposible: «¡Oh Señor, si rasgaras los cielos y descendieras!». El recuerdo del ayer alimenta la esperanza del hoy.

Aunque no todos hemos vivido en el exilio, todos conocemos el dolor: un hijo enfermo, un matrimonio roto, o un ser querido que muere. Sabemos lo doloroso que es perder un trabajo, no tener para pagar deudas, o enfrentar una quiebra.

Sin embargo, así como conocemos el dolor, también hemos conocido el poder de Dios. Lo hemos visto responder oraciones, sanar vidas, proveer en la necesidad y regalarnos amor y comunidad. Por eso, al igual que Isaías, clamamos: «¡Oh Señor, si rasgaras los cielos y descendieras!». Nuestra fe se nutre de los milagros que ya hemos visto.

Adviento es una temporada de expectativa, un tiempo en el que recordamos que Dios viene, interviene y actúa en la historia humana. No tenemos nuestra mirada puesta en el pasado, sino en el futuro glorioso de la venida de Cristo. La iglesia espera, con esperanza viva, la intervención milagrosa de Dios en nuestra historia porque la necesitamos. Por todas estas razones, hoy oramos con Isaías: «¡Oh Señor, rasga los cielos y desciende para salvarnos!».

Vea otros sermones para Adviento, Navidad y Epifanía.

Vicios, virtudes y valores

Vicios, virtudes y valores es una conferencia sobre la fuente de los principios cristianos, por el Rev. Dr. Pablo A. Jiménez.

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Los valores son principios centrales que dan propósito a la vida y cohesión a las comunidades. En sociedades complejas, el grupo dominante impone sus valores mediante instituciones como la educación y los medios, mientras las minorías forman subculturas con cosmovisiones y principios propios.

Los valores surgen de la historia, literatura y tradiciones de cada grupo. Para la Iglesia Cristiana, provienen de la Biblia, la liturgia, la teología y la práctica pastoral. Más profundamente, Dios es la fuente de los valores cristianos: bondad, justicia y amor reflejan su carácter revelado en las Escrituras.

La Biblia no habla de “valores” sino de “virtudes” (areté), como en Filipenses 4.8 y 1 Pedro 2.9. Las virtudes son cualidades dignas de alabanza, mientras los vicios (Gálatas 5.19-23) representan antivalores. Enseñar principios cristianos es un desafío, pues los del Reino de Dios suelen oponerse a los valores sociales, generando tensiones.

Los valores pueden ser positivos (virtudes) o negativos (vicios). Por ejemplo, algunas culturas defienden la castidad pero toleran violencia en su nombre. La Biblia distingue claramente entre ambos, como en los catálogos de Gálatas 5, donde el amor y la paz contrastan con la enemistad y la envidia.

No todo lo legal es moral, ni viceversa. Por ejemplo, muchas iglesias acogen a migrantes indocumentados, alineándose con el valor bíblico de la hospitalidad aunque contradiga la ley civil. El Evangelio mismo es un escándalo: Dios ama al pecador antes de su arrepentimiento (Juan 3.16), lo que exige humildad y misericordia en nuestra conducta (Romanos 3.23).

La Iglesia debe vivir según los valores del Reino de Dios, que reflejan su carácter y la práctica de Jesús. Como enseñó Cristo, lo prioritario es buscar “primero el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6.24).

Valores
La fuente de los valores
Valores cristianos
Gálatas 5.22-23
Gálatas 5.22-23
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